domingo, 20 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 15

Foto: Ana Santos Payán

HILO DE NADIE

Aquí, entre tantos círculos
rotos,
el acto de mirar queda hecho trizas.

Incluso el aire, que no tiene límites,
descubre cada nudo oculto en él
y besa el laberinto.

¿Cómo resolverán la luz, el viento
su paso por tan tensa encrucijada?

Desdoblar,
agrietar
un núcleo y ver que crece
hacia otra identidad,
ebrio en perfiles.

Oficio de la seda,
hilo de mí,
de ti,
hilo de nadie,
devanarse la mente, el corazón
desde ese centro negro,
entretejer sin fin astros ficticios
y tender esa red hacia la vida
-la más preciada presa-
sin descubrir jamás quién caza a quién.

Lorenzo Oliván, La noche a tientas, El Gaviero Ediciones, 2006.

lunes, 14 de septiembre de 2009

cuaderno estival 14

Foto: Ana Santos Payán

Todos somos hijos
de un dios borracho.

Ávido de sangre, de un dios herido
por el canto negro y el manto blanco
que nos cubre como mortaja
y señala con el dedo.

Todos somos hijos
de un dios anciano y borracho.

Una vesícula como la tierra
que nos roba la plegaria de sabernos
muertos. En una zanja de por vida
con aquellos que nos precedieron.

Kepa Murua, Cantos del dios oscuro, El Gaviero Ediciones, 2006.

domingo, 13 de septiembre de 2009

cuaderno estival 13

Foto: Ana Santos Payán

Boyz in the hood

Yo no soy un chico de barrio,
ni siquiera me hubiese gustado serlo.
Yo soy más de ronda, de yo pago esta ronda y tú la siguiente,
de rondar con el estómago crujiendo y la espalda hecha una joroba.
Yo soy más bien de que me ronden.

Y aunque no soy una chica de barrio en peligro de extinción
ni nunca me peleé con nadie que no fuese de mi sangre,

ten cuidado,

nunca es tarde para encontrarnos en el patio del recreo.

Alejandra Vanessa, El hombre del saco, El Gaviero Ediciones, 2006.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 12

Foto: Ana Santos Payán

30 de noviembre de 2004

Pasear
Always been a shoe made for the city
[…] accuse me of just singing about places

Rufus Wainwright

El príncipe es aquel que dispone de su tiempo para sí. Luego, yo soy un príncipe. Me ordenaron cuando llegué a Roma que no me encerrara en mi estudio más de dos días. Que este tiempo se me había concedido para otras labores, no para perder la vida. Eso lo digo yo. Yo he decido que mi tarea será aprender el gusto de andar sin dirección por Roma, sabiendo que nadie me espera y que no tendré que revelar los lugares en los que detuve mis rutas. He llegado a olvidarme de los destinos programados y las guías turísticas. Me sirvieron, no las olvido. Me he perdido en todas las franjas horarias posibles, a veces en barrios por donde circulaba la inquietud, pero siempre he vuelto. Cansado y alegre de haber extraviado las direcciones he regresado a mi cama a cualquier hora. He llegado a conocer el orgullo del paseante ocioso. Jamás volveré a ser tan libre. Perderé mi condición real, lo sé, y sólo podré disculpar mi corazón sin mudanza diciendo que paseé mil veces hasta perder los pasos por la única ciudad que se hizo para eso.
Antonio Portela, Ciudadano romano, El Gaviero Ediciones, 2006.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 11

Como alguien que ha sentido su corazón y sus sueños poseídos por ese estremecimiento, voy a escribir sobre lo que he «visto» en las obras de William Shakespeare, sobre lo que he aprendido con su representación y su lectura. No voy a desmenuzar críticamente esos textos, tarea que me repugna y que no creo que sirva nunca para nada. A lo largo de mi vida he hecho lo que pedían Heminge y Condell en el Prefacio al First Folio: Reade him therefore, and againe, and againe. Estoy recordando a un hombre y una obra que ha tenido y tiene la más decisiva influencia en mi vida y en el desarrollo de mi idea del mundo. Kenneth Clark decía que las obras de Shakespeare son, entre otras cosas, el cumplimiento de la honradez intelectual de Montaigne. Y Montaigne es otro escritor que, como Tácito, como el propio Shakespeare, ha acompañado mi vida desde muy joven.

El Arte, la Literatura, no son sino la invitación al viaje a través de unas contadas y grandes preguntas, y de la intensidad de sus respuestas. A través de las obras de Shakespeare yo he contemplado –modificándose con la edad en cada lectura o representación–, un discurso que bien se asemeja al pasar de la vida por cada hombre: desde la exultación juvenil hasta la mirada desencantada –mas no por ello fría o, quizá, fría, pero no por ello desencantada–, de la madurez. Desde las Comedias primeras a los últimos Romances, todas las emociones, todos los abismos serán recorridos.

Quiero reflexionar sobre ideas que imagino se desprenden de esas obras de Shakespeare, lo que creo que sería su enseñanza sobre cómo vivir. Y repito, de las obras, no de Shakespeare. Ideas que me parece que siguen vivas, tan vivas como el día que fueron alumbradas, y que, como toda gran obra, tienen el poder de ayudarnos en nuestra propia comprensión y entendimiento, ayudarnos a vivir este vasto y misterioso sueño que es la existencia.

José María Álvarez, Sobre Shakespeare, El Gaviero Ediciones, 2005.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 10

Foto: Ana Santos Payán

Parto y celebración

Paseo por el mapa de tu cuarto
caminando de manos, boca abajo.
¿Un número de circo no es trabajo?
Asístanme las musas en el parto.

Pariré este soneto mal parido,
me comeré tus peras y tu higo,
y así una y otra vez yo te bendigo
por lo que habrá de ser bien digerido.

Me emociona tu pose soberana,
mirándote he perdido alguna cana.
Y cuando termino el primer terceto,

quisiera hacer lo que me viene en gana,
poniendo broche de oro a este soneto:
elegimos postura y te la meto.

Ángel Guache, Veinte erosonetos y una declaración desesperada, El Gaviero Ediciones, 2005.