viernes, 29 de octubre de 2010

Ángel Guache lleva sus erosonetos al I Salón Erótico de Asturias

Parto y celebración

Paseo por el mapa de tu cuarto
caminando de manos, boca abajo.
¿Un número de circo no es trabajo?
Asístanme las musas en el parto.

Pariré este soneto mal parido,
me comeré tus peras y tu higo,
y así una y otra vez yo te bendigo
por lo que habrá de ser bien digerido.

Me emociona tu pose soberana,
mirándote he perdido alguna cana.
Y cuando termino el primer terceto,

quisiera hacer lo que me viene en gana,
poniendo broche de oro a este soneto:
elegimos postura y te la meto.

Ángel Guache, Veinte erosonetos y una declaración desesperada, El Gaviero Ediciones, 2005.


ÁNGEL GUACHE LECTURA DE POESÍA ERÓTICA
EROS ASTURIAS (I SALÓN ERÓTICO DE ASTURIAS)
Sabado 6 de noviembre, 22'30h.
Recinto Ferial Luis Ádaro. Gijón.

jueves, 28 de octubre de 2010

Idioteca de Raúl Quinto por Mario Cuenca Sandoval

Idioteca de Raúl Quinto. Prólogo de Alberto Santamaría.  El Gaviero Ediciones, Almería, 2010. 146 pp.
Esto no es un libro, pero no se asuste. Siga mis instrucciones. Antes de entrar en Idioteca, tendrá que atravesar un pórtico. Deberá ingresar en el estado mental propicio, poner entre paréntesis el mundo exterior, ajustar su ritmo cardíaco, aceptar la apuesta. Porque Idioteca no es una novela, ni un conjunto de relatos, ni de poemas en prosa, ni siquiera el catálogo de una exposición. Es, como acierta Alberto Santamaría en su espléndido prólogo al libro, un extraño museo, hecho de fantasmas que se alzan alrededor de nosotros, de hologramas. Y es sabido que se precisa de cierto estado de sugestión para ver fantasmas.
Si quiere ver fantasmas, haga epoché, ponga entre paréntesis el hecho de que hay un mundo fuera del texto, y ponga entre paréntesis que el texto forma parte de ese mundo. Entonces, las piezas que componen esta cámara-libro, o caverna-libro, comenzarán a girar a su alrededor, veintidós textos en prosa con los que, diseccionando la vida y obra de ilustres convidados como Goya, William Blake, Klein y los artistas del Nuevo Realismo, etc.  Raúl Quinto (Carboneras, 1978) disecciona para usted las particulares obsesiones e intereses de Raúl Quinto, su mundo propio, su idion, de ahí el título que el poeta toma en préstamo de Radiohead.
Pero, insisto, no se asuste: no se trata de aceptar obsesiones en préstamo; usted ha sido convocado a la cabina central del panóptico. La imagen del panóptico de Bentham, eliminadas sus connotaciones punitivas, viene como anillo al dedo a esta colección de fragmentos: todo gira alrededor de una conciencia que ocupa la cabina central, o que no la ocupa. En el segundo caso, ocupe usted el asiento. Una de las ventajas del panóptico, a juicio deBentham, era que los presos circundantes se sentirían siempre vigilados, sin que hubiera necesariamente un vigía en la cabina. Ahora conoce el secreto: tal vez en el corazón de Idioteca no haya un yo, un sujeto, una identidad firme, sino sólo un centro imaginario en torno al que giran veintidós proyecciones, un narrador convertido en ojo, «un texto entendido como una forma de mirar» (p. 12), escribe Alberto Santamaría en su prólogo. El puesto vacante le pertenece; reclámelo.
A esta altura estará usted implicado en el enigma fundamental de la poética de Raúl Quinto: el problema de la representación, la relación entre el mundo y la mirada, entre pintura y realidad, entre palabra y realidad. Pero no en el sentido de que el lenguaje sea un espejo, no en el sentido del lenguaje-retrato del que hablaba Wittgenstein: la pregunta es qué le hace la representación a la realidad, qué daños provoca, qué heridas, o qué fantasmas pone en pie. La pregunta no es cómo el arte retrata lo real, sino cómo lo real es manoseado, mimado o lacerado por el arte. Por eso sostiene Quinto que la pintura nació «para hacer más real lo real» (p. 21). A Raúl Quinto le interesa peculiarmente la materialidad de la palabra, incluso el carácter orgánico de la palabra, y de ahí su preocupación por el arte pictórico, en donde representación y carne se aúnan, a diferencia de lo que sucede en el lenguaje, la casa del ser, decía Heidegger, pero su casa inmaterial, su palacio en el aire. El de Raúl Quinto, insisto, es un lenguaje que querría ser materia. Se pregunta cómo nació la representación pictórica; tal vez no fuera cosa de los hombres ni los dioses, sino que esté relacionada con la materia orgánica: con la «saliva, heces, sangre menstrual, orina, esperma, heridas abiertas, barro en las pezuñas, baba blanquecina en las quijadas» (p. 22).
Bienvenido, entonces, a un texto híbrido, a medio camino entre la narración, el ensayo, la estampa, el texto de catálogo artístico, donde alta y baja cultura, si existen esas dos alturas, se dan la mano y «Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante» (p. 32).
Fuente: Culturamas

miércoles, 27 de octubre de 2010

El gaviero llega a Mejorada del Campo

Desde hace unos días, nuestras ediciones forman parte del catálogo de la Biblioteca Pública Hans Christian Andersen de Mejorada del Campo. Estamos muy contentos, es la primera biblioteca madrileña que ha colocado los libros de El Gaviero en sus estanterías.


Fotos: Raquel Melero

Hace unos días se celebró el Día Internacional de las Bibliotecas. Nuestra enhorabuena a todos las personas que hacen posible el funcionamiento de las mismas, nuestra gratitud a las responsables de la Hans Christian Andersen, Esther, Raquel y Susana,  por la confianza depositada en el catálogo gaviero.

martes, 26 de octubre de 2010

Postal de olvido de Verónica Aranda por Ignacio Sanz

Cada poema nos propone un viaje que participa de lo introspectivo y de lo físico. Verónica Aranda, es una consumada viajera; algunos de sus libros son un resumen sus experiencias vitales en países lejanos. Tal es el caso de Cortes de luz, que centra su mirada en India y por el que le dieron el año pasado un accésit al premio Adonáis. Este libro es el resumen de una larga estancia, donde asistimos a escenas cargadas de emoción con una mirada solidaria hacia un entorno lleno de contrastes y carencias que quedan magníficamente retratadas, sin dramatismos añadidos, con serenidad. De modo que finalmente quien se adentra por sus páginas tiene la certeza de haber viajado con ella por aquel vasto país cuyo latido nos acerca con una mirada cómplice, lejos, muy lejos de cualquier atisbo turístico. De la misma manera que cuando se lee Roma, peligro para caminantes, uno tiene la sensación de que en esos sonetos de Alberti se capta la quintaesencia de la Roma eterna. 

Pues bien, en Postal de olvidoVerónica Aranda, siguiendo su vocación viajera nos hace un recorrido por alguna de esas ciudades, regiones o países que han dejado una huella especial en su ánimo. Oaxaca, Trinidad de Cuba, Pinar del Río, Castilla, Bagdad, Ammán, Teherán, Isfahan, Shiraz, Gaza, Kioto, Goa, Ceilán, Rawalpindi, Sudáfrica, Cape Cross, El Cairo, Bruselas, Lisboa, Óbidos, Oporto, Oslo, Tánger, Granada, Córdoba, Medina Azahara, Almería y Madrid. Este larguísimo viaje se abre con el poema “Embarque” que lleva una cita de “Itaca", el célebre poema de Kavafis

Cada poema es una postal que Verónica nos envía, pero que también se envía a sí misma, una postal donde queda patente la sensación primordial que le produce la ciudad. Lo deja claro en el segundo poema del libro: “Te escribo esta postal del Oaxaca/ en una plaza donde hay flamboyanes/ naranjas y el olor que tiene la pobreza:/ mazorca de maíz/ tostada en carromatos.» 

En algunas ciudades, como en Kioto, el homenaje es doble al utilizar el haiku, tan contenido, tan oriental, como forma de interpretación poética: «Lluvias continuas./ Desaparece el monje/ tras los cerezos.» 

La reflexión sobre su labor introspectiva vuelve de nuevo en el poema que dedica a Cape Cross (Namibia): «De repente sentimos/ un deseo imperante de escribir/ a los viejos amantes: la memoria,/ el desaliento de la lejanía,/ el olvido que encierra una postal/ desde una playa atlántica con niebla,/ chacales y preguntas silenciadas.» O en el poema que dedica a El Cairo que comienza de manera inequívoca: «Quise ser escritora en un hotel de El Cairo.» Y que concluye con un puñado de versos metaliterarios, como si la poeta viajara impelida también por el recuerdo de ciertas lecturas: «Y aplazar el momento de entrar en la ciudad/ cubierta de monóxido, entrevista/ desde las fortalezas./ Y en el Khan el Jalili/ sentarse en un café a matar la tarde,/ donde fuman narguile/ los personajes de Naguib Mahfuz.» 

La sombra de los grandes autores también la acompaña en Tánger, de tal modo que, además del viaje, Verónica lleva en su memoria esas lecturas esenciales que la ayudan a calibrar con más hondura las escenas en las que fija su mirada: «Existen los navíos/ porque existe tu rostro, te diría/ con palabras de Andrade, en la baranda/ del ferry, en plena hora.» 

Estas postales de ciudades vividas nos trasmiten escenas de la vida cotidiana, a veces con olor a miseria, pero tampoco se escapan de cierta nostalgia familiar que se centra sobre todo en Cuba, donde el bisabuelo castellano anduvo de soldado y la nieta lo recuerda a través de viejas fotografías que han dejado huella en su memoria. 

En definitiva, estamos ante una jovencísima poeta, inquieta y cultivada, que se conmueve y nos conmueve al acercarnos las emociones que sus viajes por ciudades de medio mundo, una poeta cuya mirada profunda y solidaria se aleja por completo de las sensaciones felices que nos trasmiten las agencias de viajes. 

El lector, encerrado con este libro, siente el vértigo del vacío cuando llega al final, al último poema, “Fragmento de postales” y lee, con nostalgia ya de la propia lectura que concluye y con los ecos de Cavafis que acude a cerrar el círculo: «Ciudades-languidez de hombres enjutos/ fumando pipas de ámbar o ciudades/ con heridos de bala/ y huelga general. Lechos de juncos/ donde yacen, exhaustos, los amantes./ Ésta es tu poética, viajero./ No dudes en los cruces de caminos./ Demora tu regreso varios años.»


sábado, 23 de octubre de 2010

El Gaviero y el Mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán

En ocasiones, cuando estaba solo o con sus compañeros, fingía que era un buzo y que estaba otra vez paseando por el fondo del mar. Nadie, por supuesto, se daba cuenta, aunque si hubieran observado con mayor detenimiento los movimientos de Reiter algo, una ligera variación en su forma de caminar, en su forma de respirar, en su forma de mirar, habrían notado. Una cierta prudencia, una premeditación en cada paso, una economía pulmonar, una vidriosidad en las retinas, como si se le hincharan los ojos por efecto de un bombeo de oxígeno deficiente o como si, sólo en aquellos momentos, toda su sangre fría lo abandonara y se viera de pronto incapaz de controlar el llanto, que por otra parte no acababa nunca de llegar. 

martes, 19 de octubre de 2010

Tú a Madrid y yo a Barcelona


El 22 y el 23 de octubre El Gaviero Ediciones, representado por Maite Dono y Óscar Santos, estará en:


Casa de América
Plaza de la Cibeles, 2  
28014 Madrid,
http://www.poeticofestival.es


El 24 y el 25 de octubre los libros de El Gaviero se mostrarán en Kosmopolis.



Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)

Montalegre, 5

08001 Barcelona



lunes, 18 de octubre de 2010

El Gaviero AnaLógico: El Catálogo


catálogo.
(Del lat. catalŏgus, y este del gr. κατάλογος, lista, registro).
1. m. Relación ordenada en la que se incluyen o describen de forma individual libros, documentos, personas, objetos, etc., que están relacionados entre sí. U. t. en sent. fig.

Fuente: DRAE

miércoles, 13 de octubre de 2010

El Gaviero y el Mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán


Mar de amores


En un mapa sin carreteras ni fronteras,
en un mar,
ahogué con lágrimas 
tu nombre.


En un mar,
hoy,
       tú,
-la que ayer
buceaba, apátrida,
perdida en un mar sin costas,
en un mar empapado
con otros nombres
que tampoco me quisieron-,
lloras arrepentida.


Más
triste
mar.

Lara Cantizani, Ultramar. Revista de literatura, Santander, 2003.

jueves, 7 de octubre de 2010

Grandes lectores de pequeñas editoriales

Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?

Un tren lleno de ciegos 
cruza la noche. Escucha.

Javier Rodríguez Marcos

Foto: Ana Santos Payán

lunes, 4 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

El Gaviero y el Mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán

Y detrás de mí
-más allá de las aguas
relucientes como plomo-
la otra costa
y ellos, los que reinaban.
Seres con futuro
en lugar de rostros.
Soy llevado en mi sombra
como un violín
en su negra caja.
Lo único que quiero decir
reluce fuera de alcance
como la plata
en casa del prestamista.

Tomas Tranströmer , La góndola fúnebre.