viernes, 30 de noviembre de 2012

papel a punto de, de Estíbaliz Espinosa por Edgar Campos


Estíbaliz Espinosa

[…]

hemos advertido que has soñado con ella.

Sus dedos en tu lengua.

La que hoy teclea este texto con sus yemas secas

Las inundó toda la noche en el cielo de tu boca

[…]

Anotamos que su mano en tu boca te dolía.

Te dolía su inminente modo de no ser tuya.

Su dedo deslizó una mina bajo tu lengua

como un punto suspensivo perdido de su frase.



papel a punto de, Estíbaliz Espinosa, (2011)
                                                                                                                                            ***

Leer el libro de Estíbaliz es un acto de doble significado: muy rápido el libro se hunde en el libro para aparecer en su poesía. La cópula de contenido y continente parece inaugurar un espacio poético poblado de espejos aquí y allá. El libro de Estíbaliz es, efectivamente, un libro dentro de un libro. A lo largo del poemario aparecen los detalles del libro para formar parte del universo poético: la página, por ejemplo, forma parte del título de la primera parte materia oscura ([abismo y superficie de página]). De tal forma que el libro y sus intimidades salen a la luz. La tinta, tiene también parte de protagonismo en el poema “| tinta a punto de |”: « A las cinco hora solar encontrarán nuestros cadáveres / con la tinta de esta palabra entre los dientes.». Incluso el poema como texto impreso en una hoja también aparece como lugar fantástico por el que caminar: «Alguna vez te has sentado por la parte de atrás de un poema / Entonces la has visto a ella». Tanto es así que el lector puede verse a veces sorprendido por la tentación de volver la página y comprobar si se ve realmente lo que Estíbaliz dice que se ve. 

Pero no sólo la arquitectura del Libro indica un gusto por el cuerpo de éste, sino que además, el Libro es el lugar donde el lector como figura poética está involucrado en el desarrollo de la propia poesía. Algunas veces cómplice, otras víctima y en ocasiones cadáver, porque, como dice Estíbaliz en su poema “abra”: «Lo que la vida no permite tendrás que / morirte un poco / una vena de muerte, no más / basta para la pervivencia de los mínimos gestos». Esta participación de la figura del lector en el poema queda perfectamente expresada en el mismo poema “abra”: «Tendrás que intercalarte en el verso obstinadamente / con la decisión de la piedra de agua / que no sólo intercala / sino que se involucra, se incrusta». 

La escritura, o el tiempo de escritura, también se ven reflejados en la poesía de Estíbaliz. Basta a veces con un único verso de una sola palabra para que éste provoque la atención de la voz poética y que, inmediatamente después, el siguiente verso dé constancia de ese giro del poema sobre sí mismo. En otro poema, un tierno despiste de la voz poética conduce a ésta a perderse en la contemplación por una ventana, para finalmente confesar su olvido sin remedio. 

Leer y escribir parecen acoplarse y desarrollarse en un escenario muy concreto, entre las páginas de un libro, páginas que son camas desechas, la imagen para mí más fuerte de todo el poemario: «Es ésta una cama hecha para deshacerse». Más adelante, en el poema “| la mujer que |”, la imagen vuelve con todavía más fuerza: «y tu almohada blanca se deshilacha hacia esta página / y sobre ella tu sueño y su pelo se trenzan hasta el mediodía.» 

En definitiva, toda esta elaboración de una poética de los actos de lectura y de escritura parece querer dirigir la atención hacia esos elementos que estos dos actos tienen de ritual. O simplemente dirigir la atención del lector hacia aquella mágica e indescifrable esfera que siempre desprende el rito: la imagen, el sueño o la alucinación ―es decir su estética. 

Pero eso no es todo todavía. Es fácil observar de qué modo la poesía de Estíbaliz estructura un deseo de totalidad muy peculiar. El Libro es escenario del cosmos. Para demostrarlo basta con mencionar que las tres partes del libro se dividen en tres materias: materia oscura […], materia gris y fluido rosa. Pero no es un cosmos estático, sino que el Libro alberga la vida y duración de este mismo cosmos, es decir que la materia tiene un decurso, un Tiempo. El primer poema: “| la contención, el aliento |” marca ese mismo punto inicial a punto de. Después, el decurso o despliegue de la materia acontece a lo largo de todo el poemario, y finalmente en “| soak – somsok |”, el penúltimo poema del poemario marca el recogimiento o repliegue de ese mismo cosmos. 

Este universo móvil o viviente contiene toda una constelación de materias poéticas posibles e imaginables: la tecnología, la física cuántica, la matemática, las pasiones humanas, el intelecto, el cuerpo orgánico. Merece, por ello, especial atención el universo tecnológico que Estíbaliz pone en juego en su poemario ya que éste mismo padece las vicisitudes de este universo en constante movimiento y mutación. Me permito aquí transcribir unas pocas líneas de una de las magníficas y escasas prosas del poemario. Lleva como título  “| preguntas para un abismo a punto de |”:   


«Quién observará la lenta corrosión de los aerogeneradores de A Faladoira y el óxido deshuesando los argumentos de los triunfadores. De cualquier época y de un lugar cualquiera. Quién se apoderará del trono de una hoja de papel por un instante. Al dorso de esta página, quién dibujará el croquis de una nave celeste. Dime qué piensas, quién será, pregunto. Quién creerá en el espejismo de la vida escrita en medio del desierto de viva muerte. La maleza en torno a tus manos, quién la cortará. Quién verá al sol protagonizar la novela del firmamento, adoptar los gestos de un hongo nuclear y quién ―pregunto quién― se volverá carbón junto a este texto y todos aquellos textos ―pregunto quién― increíbles. En la mano de quién se fragmentará el último ejemplar de Swift, los ojos de quién serán los últimos en leer a Rulfo, junto al corazón de quién estallarán las Follas Novas desrevoloteando como una golondrina flechada en pleno vuelo. Quién por sobre ti por sobre mí verá cómo los tallos de hierba engullen lo humano. Digieren lo humano. Eructan lo humano en forma de quién sabe qué fruto o esperma o flor. Con su parsimonia algo macabra fotosintetizan ideas, se injertan en lo inolvidable. Con su torpeza de rama, su ceguera de raíz, socavan una casa abandonada. A los pies de una civilización. Quién irá desrepitiendo esas anáforas. Quién neiuq. Descosiendo el aliento vital, puntada a puntada, los televisores, los umbrales, las presas, los petroglifos, las bateas, los cines, las plataformas petroglíferas, los peep-shows, los grandes telescopios punto a punto, despuntando, reduciendo a hilachas la magnitud.»

Para acabar, me gustaría comentar una última idea que me parece subyace a lo largo del poemario y que solamente en “| soak – somsok |” adquiere cierta presencia y relevancia. A parte del anagrama del título (kaos – kosmos) que sugiere esa misma idea de repliegue que la poeta trabaja en los últimos poemas de papel a punto de, el poema también parece hacer alusión a aquello que a pesar de la corrupción, permanece: «lo transmoderno pasa a postmoderno / a moderno y a –sin más- antiguo / -y quien dice antiguo dice arcaico.» A mi modo de ver, dentro de este carnaval de la materia, donde todo parece correr hacia su fin y extinción, esa dimensión arcaica aparece como una tierra poética prometida, un espacio aparentemente intocable por este proceso de aniquilamiento, un espacio que a pesar de todo rápidamente queda violado por la voz poética: «y tocar por vez primera el rostro animal de nuestra joven madre». Aun así, para mí que, aparte de esta invasión táctil, esa dimensión de lo arcaico parece permanecer inquebrantable a lo largo del poemario, hasta el punto que en el poema “| caza |”, donde, «él, el cazador que en las estrellas vio el recorrido de la especie / y acostó semen sobre la hierba y la mujer amamantó”, es quien, poco después parece dictarle a la voz poética lo que debe decir. 

Hay por tanto, un claro movimiento de corrupción de la materia palpable a lo largo de todo el poemario y únicamente interrumpido por estas imágenes que ponen en juego lo primordial. Sin embargo, Estíbaliz, en una última vuelta de tuerca, parece querer sumergirnos en una dimensión trágica de la creación. En este teatro de la creación cósmica, el lector queda avisado muy tempranamente: el acto de lectura va a jugar un papel muy importante en la desaparición de la materia: «La extinción de las formas sigue tu ritmo de lectura». Por lo tanto, doble juego, doble filo: la poesía necesita de la actualización por parte de la lectura, como chispa avivadora,  pero a la vez encamina la poesía hacia su propia aniquilación. 

Edgar Campos (08/11/2012)

Gracias a Luna Miguel por hacerme descubrir a Estíbaliz Espinosa. 

La mayoría de poemas citados en el texto pertenecen a la obra papel a punto de publicada por El gaviero Ediciones, 2011. El poema abra, por su parte, fue publicado en la red para una antología de joven poesía gallega, aquí dejo el link para quien esté interesado: http://www.enfocarte.com/PoesiaGallega/espinoza.html

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jueves, 29 de noviembre de 2012

El sueño de visnu de David Meza por Elena Medel

Foto: Ana Santos Payán
David Meza nació en Charleville en 1854, en Santiago de Chuco en 1892 y en Santiago de Chile en 1953. Tataranieto de Rimbaud, bisnieto de Vallejo e hijo de Bolaño, la poesía de este defeño de 1990 —ahora sí— recoge los más intensos frutos de semejante árbol genealógico. El sabor de los descubrimientos osados y puros, la sensación de que habla otro idioma de significados mucho más ricos que el nuestro, la literatura como enfermedad, la belleza-sobre-todas-las-cosas: «mi madre me regañó por llevarme un puñado de tierra a la boca». El volumen que ahora edita El Gaviero contiene dos poemarios, Rebeca y Luis, del total de siete que compondrán 'El sueño de Visnu'; a este libro de libros lo seguirán —o no: ¿no recuerdan las novelas de las novelas de Bolaño?— otras dos entregas, 'El sueño de Brahma' y 'El sueño de Siva', que se unirán en la trilogía Trimurti. 

Fragmento del artículo "Somos nuevos aquí", dedicado a nuevos talentos.

Fuente: Númerocero.es

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martes, 27 de noviembre de 2012

"papel a punto de" Estíbaliz Espinosa en el blog de C C Rider


Foto: C C Rider

PAPEL A PUNTO DE    Estíbaliz Espinosa


Desaparecer desde Gutenberg ha sido la bola de escarabajo pero de papel que el hombre ha deglutido de un par de líneas. No siempre ha sido un terrón de boca pero sin lugar a dudas, indagar el espacio de cualquier materia, esa “inextinguible realidad increada” como decía René Chàr, se desprende como un suave iceberg que se da a leer. Bajo una aparente simplicidad que estructura Estíbaliz en   papel a punto de    es fácil encontrar el tigre, el que no está en el verbo, el macguffin. Transfinito, el papel mora en quien lo protege con el abrazo del tórculo, y con él acuña tres tigres-lugares-innominantes “materia oscura” “materia gris” “fluido rosa”. Aunque para ello la imagen de un terrón ha de ser cambiada por un desierto. [Nota mental- Mañana buscar el libro de Georges Perec, “Especies de Espacios”]

  " papel a punto de
  
Irrumpimos en esta geometría de cantos obedientes a la escritura como feroces carcomidos por una distancia de siglos.

No es más que un nicho de mercado dicen algunos. No es más que un esternón de calcio ausente en mi vida, dices tú. Como sobre una cama revuelta vendavalean mis sujetos con tu predicado. Es su silencio de venda el que nos hizo llorar. Es su aspecto de fotografía velada el que emborronó la luz del día. Sepulcro hermético de una palabra enclenque, aferrada a ti como a un cálculo de probabilidades. Fíjate bien, en su cuadrilátero apenas te noqueará la vida. Si bien nada de esto significa estar a salvo. La extinción de las formas sigue su ritmo de lectura. Rebotamos contra las paredes de esta cárcel del idioma, instalada sobre la estera de un desierto. Qué pájaro querrá beber de este charco de autocomplacencias. Qué humano se contemplará en toda esta agua por la que circula con lentitud de vaca el universo. Una huella seca significa más que esto, relata mejor lo que se entusiasma y se pudre.. A ver, un espejo de harina para el monstruo conmovido. La rectangularidad de este paisaje rebanará tu cuello. Hemos cultivado parterres con inocencia y experimento. Campo magnético de juegos de pelota y puntos y aparte. Schrödinger formula nuestra existencia en términos de ser o no observados. Leídos. Ahora la estricta regularidad de la página nos somete a sus guarismos: tu abuela asoma por el borde que has doblado y hay un borracho dormido entre las fibras vegetales. Nada de esto sucedería en el mundo digital. Las páginas no arderían como libros místicos, sino que se disolverían como gramos de almas. Algo estremece esto que tenemos entre las manos. Tálamo nupcial de la locura y la consigna. Emulsión cuadrada de área igual a base por altura entre los dos. Compuerta por la que cabalga la humanidad casi dispuesta a conquistarnos. Quién escribe y con qué intenciones. Se desalojó
de su materia y llegó a nosotros. Chip nervado. Seixo branco. Palma primitiva. La primera mano virtual. Fosa mariana herida por un rayo. Llaga que nunca termina de cerrar del todo. La lenta supuración humana. A punto de nieve su soledad.



Toda la elegancia y la ternura de un pañuelo doblado por nuestra madre al fondo del cajón que en contadas ocasiones miras. Factura de la luz. Esto horizontes móviles pueden con todo. Nada los amenaza, nada los arrasa. Soportan, como columnas de humo, la belleza. Salen indemnes de ella. No se inmutan ante nuestro informe forense. Saben dónde se esconde el delator sin delatarlo. Nunca se leen entrelíneas a sí mismas. Sellado con silicona preservan el corazón de los grandes. En una urna griega, las cenizas de un romántico inglés. En un cáliz que se aparta, las retinas celestes de un peruano. Resiste una copia en carbón de aquellos que se perdieron. Papel carbón.. Páginas de cortesía nos ofrecen su cálida nuca. Páginas, páginas, páginas. Demasiadas. Su insolencia. Léeme. A veces sosa su cáustica, aburrido su paroxismo. Las ocultas, las pálidas, las eclipsadas… Quién lo diría: células fotoeléctricas que se activan con tu mirada. Mazorcas de letras. Ristras de palabras. Hologramas viviendo su existencia a medias en el orden del alfabeto. Es ésta una cama hecha para deshacerse. Una levadura que levita. Cada expresión humana corre a esta ecuación a guarecerse. Del mundo. A pesar de nosotros mismos, su registro nos lamina en pasados y futuros, formas dichas y elididas, nombres propios y comunes. Lo mezcla todo. Sil y Nilo. Monelos y Amazonas. Su ciencia vacuna la ficción. De la escritura no esperes nada, la literatura con su forma de hueco de pala está excavando los contornos de tu muerte. Les planta flores y vías lácteas. En este laboratorio improvisado que fregamos desde los siete años, una casual sucesión de químicas orgánicas convierte esos contornos en bomba.

-
Una bomba permanente en suspense sobre la boca de un niño.
-
Es el hijo de tu hijo, radiactivado en la lectura.
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Thoreau cuenta, dice la historia –aunque de este vicio nunca fueron culpables los indios-, que mientras así festejaban, la colina se tambaleó hundiéndose de repente; aunque se salvó una vieja india llamada Walden, que dio su nombre a la laguna. […] …ya no hay misterio para mí y se me desvela el empedrador. Si el nombre no fue derivado de algún topónimo inglés –como Saifron Walden, por ejemplo- cabría suponerlo originalmente Walled-in Pound. Es adecuado acercarse a cierta poesía como si fuera una laguna mullida por heteróclitos y heteretrópicos, pues en la poesía de Estíbaliz, el mostrar se convierte en maullido, desde ninguna ciudad, desde dentro
 […
de entre todas las formas de hacerte inmortal
escogieron esta 
esta página.]
GATOS: Son salvajes en el corazón de las ciudades,
pero tímidos y asustados en el corazón de los bosques.
Ya no están bien en ninguna parte.
[“El circo del Dr. Lao”, Charles G. Finney]
Aunque como dijera Georges Perec en un  “Pequeño pensamiento plácido”
 Cualquier propietario de un gato dirá con razón que

los gatos viven en las casas mucho mejor que
los hombres. Incluso en los espacios más horriblemente
cuadrados, saben encontrar los rincones propicios.”

8y

Gato, lago. Redescubrir lo simple como convergencia de posibilidades; no solo divide sino que también (nos)reúne. Y como decía Deleuze además de Bergson “La diferencia interna habrá de distinguirse de la contradicción, de la alteridad de la negación. Este es el punto en el cual el método y la teoría de Bergson se contraponen a ese otro método, esa otra teoría de la diferencia, que llamamos dialéctica. Tanto a la dialéctica platónica de la alteridad como a la dialéctica Hegeliana de la contradicción”. Ojo, latido de pupila, sutura, secesión de la palabra. Retama dolida o en suspenso, musical huella con transustanción o sin ella, el milagro se produce. La poesía aún así se ha visto y sobre todo en occidente maltratada por un exceso de filosofía y por el romanticismo de origen apoderado. Citaré un texto tirando de la pestaña de “El libro de la almohada” de Sei Shonagon escritora, en el año 994 – “Cosas que hacen latir deprisa el corazón… Gorriones que alimentan a sus crías. Pasar por un lugar donde juegan niños. Dormir en una habitación donde se ha quemado incienso. Advertir que un elegante espejo chino está un poco empañado. Ver a un caballero que detiene su carruaje frente al portón y ordena a sus servidores que lo anuncien. Lavarse el pelo, acicalarse y ponerse ropas perfumadas. Aunque nadie lo vea, sentimos un íntimo placer.
Es de noche y uno espera una visita. De pronto nos sorprende el sonido de las gotas de lluvia que el viento arroja a las persianas.”-  Caminar rectamente debía ser para el japonés de la época un ejercicio de imaginación y juego, como un “bee-line El ritmo narrativo en Virginia Woolf, por ejemplo en “La marca en la pared” pasa por ser un camino vertiginoso pero de un modo inherente, implosivo, llevando al lector al punto que alimenta la red. Alejarse a una cálida minoría distanciándose de la multitud afirmando que se es todos. Alejarse del nicho de mercado, tajar el alarido de la información para sentir la comunicación. ¿En qué estaremos pensando?. "Sporco comunista", "mascalzone", "frocio", "fetuso"... ("sucio comunista", "sinvergüenza", "golfo", "maricón"...). Fueron las últimas palabras que escuchó Pier Paolo Pasolini antes de ser apalizado en mano de sicarios hasta morir en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975. El muro contra el que colisionó el poeta italiano fue sin duda el muro que se obceca en usar las palabras como piedras de contrafuerte. Estiro una pestaña más del libro de Estívaliz y ahora, de la parte central en el libro, “materia gris” y de la parte horizonte en la vida. Será un golpe de cincel en la bruma para este otoño. Carve in etching. Será también preciso decir que ningún escritor es dueño de una lengua. En la medida en que somos pensados por la lengua.


     de Ciudad Juárez"
 
Dentro de este texto. Había algo.

Algo que olvidé, porque el olvido es lo único que dura
Y somos más lo que olvidamos.

He de seguir con este texto, ya que lo comencé.
Tus ojos mimetizan los míos cuando leen esto.
También aquí me detuve yo.

…en posición decúbito dorsal y vestida con pantalón de mezclilla…

Unas pocas palabras que duren para siempre nunca.
Las hay de la exacta duración de tu parpadeo en este instante.
Máquina. Animal. Cromagnon de refinada sonrisa
Esclavo de un algo que viene de más lejos

…de tez morena clara, 1’75cms…pelo castaño, ojos grandes color café, 24 años…

Es más duro aún acabar poemas de circunstancias.
La memoria es un artefacto cuya indolencia tiraniza.
No recordaremos aquello que merece la pena ser recordado.
Dentro de este texto había algo que ya no está.
Localizado el cuerpo de una mujer no identificada

…A veces, no les queda más opción que caminar solas por lotes baldíos y caminos sin iluminación…

A ellas.
Ya las recuerdo.
Le parieron hijos a la adversidad.
No tienen hijos. Son vírgenes.
No sé quienes son.
No les gustaba el café.
Les chiflaba el café.
Durante un instante parpadearon en este texto.
El texto acaba aquí.

  

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Foto: C C Rider
Fuente: mamaquchanayay

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jueves, 22 de noviembre de 2012

Grandes lectores de pequeñas editoriales. 60 aniversario del Señor Potato


Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?

Foto: Ana Santos Payán
 Solo creo en el láser de mi espada
Carlos Marzal

Foto: Ana Santos Payán

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Triste España, triste Comunidad Internacional paralizada, triste poesía

Foto: Ana Santos Payán

Querida Ana: qué tristeza hoy, qué día pálido. "Je ne sais pas" es la canción imaginaria que suena dentro de mí. A veces preferiría estar muerta, mais...
Elise Plain, Pan para la princesa

al pie de los párpados
la tristeza ha rebasado sus límites
el corazón ya no resiste
Maite Dono, Almanaque poético

Un poco de tristeza hace brillar a una menta que llora
Fatena al-Gurra, Excepto yo

Escribo en nombre de ellos, para los que el Coliseo sigue siendo una muestra de tristeza y tortura.
David Meza, El sueño de Visnu

La luz de tu suicidio. La tristeza en los ojos. Hace falta morir para dibujarte desnuda.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Pero nosotros no tenemos palabras para ti;
no hay nombre que valga para la tristeza de tu rostro.
Martín Espada, Soldados en el jardín

en la peluquería se desentraña el cardado de la soledad
el pasador de la tristeza sujeta
con los bigudíes del olvido
la permanente rizada del tiempo
María Eloy-García, Cuánto dura cuanto

Boca sembrada de grietas.
Cuerpo opaco de la tristeza.
Germán Guirado, Menos tú

Eeva aprendió a hablar español y Moira aprendió a dejar que su tristeza fluyera en
torrente calle abajo.
Natalia Manzano, Apnea

Pobre siglo veinte
vapuleado por nuestra tristeza.
Yo nací en él. Nací en él.
Y le he sobrevivido.

Tanto deseo en
medio de toda esta
tristeza de sal.
Sara Gallardo, Epidermia

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jueves, 15 de noviembre de 2012

Poema abstemio de Verónica Aranda para el Día mundial sin alcohol


Shiraz (Irán)
 

Bebe vino y contempla la luna
evocando las muertas civilizaciones
que alumbró en su apogeo.

Omar Khayyâm

Las muchachas se sientan en la tumba de Hafez,
abren con fe el Diwan y, entrada ya la noche,
recitan sus poemas al relente
de los cipreses y los azulejos
con intensos turquesa. Te confieso
que me conformaría con dejar
un par de estrofas sabias que tuvieran
un tono de sentencia,
con amarte
como lo harían los poetas místicos,
ofreciéndote cofres llenos de ámbar
y tinajas con vino de Shiraz.
Pero no soy capaz de traducir
manuscritos en persa. Bebo agua azucarada
con un néctar de rosas, converso con libreros
acerca de Khayyâm o los derviches,
y en el antiguo zoco una gitana
me echa las cartas en un velador
en donde se reflejan los gavieros
y me habla de la fama, de los barcos,

de un amor absoluto. Borbotea
el té rojo en un samovar de cobre,
compro dos amuletos y me invade
el miedo irracional a los regresos
y a los salteadores de caminos.

Verónica Aranda, Postal de Olvido


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martes, 13 de noviembre de 2012

Hoy no me subo a la gavia

Una mirada más de Isabel Aranda, vuelve


La autora
Isabel Aranda Jiménez (Almería, 1962) desarrolla su labor profesional en la ciudad donde nació. Fotógrafa autodidacta, inicia su faceta artística a finales de los años noventa. Entre 2000 y 2009 participa en numerosas exposiciones colectivas de toda la geografía nacional, y en 2002 el Centro de Visitantes de Las Amoladeras recoge su primera exposición individual. Almería le ha dado la posibilidad de perfilar su técnica gracias a los conocimientos adquiridos en la Escuela de Artes y Oficios, en los talleres de Carlos de Paz y del Centro Andaluz de la Fotografía. Su obra ha sido merecedora de premios diversos, y ha aparecido publicada en diarios, revistas, libros artísticos y catálogos.


La obra
Viajamos con Isabel Aranda, su música insinúa la dulzura de la vida, y nos ayuda a percibir una armonía universal: un conmovedor sentimiento de humanidad. Cada imagen de esta muestra adquiere una significación autónoma, pero al mismo tiempo contribuye a una textura común, a una especie de magma que impregna todo, se relacionan unas con otras mediante redes invisibles, conexiones profundas de la mirada. Asimismo, las diferentes series y parejas establecen un sugerente discurso entre ellas sobre la presencia humana, originando una coherencia, un entramado que aquilata el sentido de la imagen y del conjunto. Pocas veces una exposición fotográfica tiende estos cables de manera que quedemos tan subyugados en sus circuitos. Cuentan que en el norte existe un gigantesco bosque de árboles frondosos y que ese bosque es el mayor organismo vivo del planeta, porque las raíces se comunican todas bajo tierra.
Pedro J. Miguel, Epílogo al catálogo Una mirada más, (Fragmento).

Las fotos
Web Una mirada más

La Exposición
Lugar: Restaurante-Tetería Aljaima
Del 10 de noviembre de 2012 al 15 de enero de 2013

Cuaderno catálogo
"Una mirada más"
Fotografías: Isabel Aranda.
Epílogo: Pedro J. Miguel.
Colección: Salamandria 6.
ISBN: 987-84-936617-7-9.
PVP: 8 euros.

Primera edición, 666 ejemplares numerados.
62 páginas.
10 x 15 cm.
Papel: Soft White Naturalis de 120 g para el interior y de 330 g para la cubierta.
Tipos: Bodoni y Hand Writing.




















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sábado, 10 de noviembre de 2012

Fragmentos de sueños: David Meza


Nací el 39 de Marte de 1559. Nací en una pradera de murciélagos y rosas muertas. Crecí con los dedos cortados. Crecí sangrando arena. Mi arena sepultó un patio de tambores. En la mano de mi madre se posó un gorrioncillo con sangre en las patas. Lloré. Lloré todos los días y todas las noches y todas las casas de los decapitados. Lloré con los matemáticos y con los pájaros sobre un campo geométrico y fabuloso.


Tengo una mariposa de cemento revoloteando en mis pulmones
Me sale por la boca y dice:

18:39
El tiempo no existe. Y si existe nada quiero saber de él.


Solo me queda el curso detenido de estos trenes marcándome
la boca con el ardiente pulso de su riel.


Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo
y no una postura frente a los años


Y así, también entonces, le digo que este es un nuevo siglo, y no estamos en tiempos de cambiar el mundo, sino de crear de nuevo el mundo, y he ahí la belleza de la palabra recreo; este es un nuevo siglo, y en nuestros labios aún está la narración del mundo.


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jueves, 8 de noviembre de 2012

Novedad: El sueño de Visnu de David Meza

Hoy en día es difícil encontrarse con voces poéticas de este tamaño. Voces enormes, de aliento largo, de frases que pesan, de frases que lapidan, destellan, todo, qué sé yo. Es difícil encontrar una voz que emocione tanto en la lectura. Una voz como la de David Meza, joven mexicano cuya poesía podría recordarnos a poéticas tan dispares pero impresionantes como las de Roberto Bolaño, Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero, o Vicente Huidobro. Hoy en día es difícil encontrarse con un escritor como David Meza. Muy difícil. Pero mirad: aquí están él y El sueño de Visnú. Aquí están. Son ellos los que, llenos de magia, nos han encontrado.
Luna Miguel

David Meza anuncia lo que los poetas nacidos a principios del s. XXI abrigarán: los colores del Universo, un campo de dinamita simbólica. Una montaña más alta.
Yaxkin Melchy




David Meza, El Sueño de Visnu
Colección Salamandria, 13
ISBN: 978-84-15048-13-8
PVP: 16 euros

Datos técnicos
Primera edición, 666 ejemplares. 
100 páginas 
15 x 20 cm
Papel: cyclus offset de 100 g
Cubierta: Cartulina cyclus offset de 350 g
Tipos: Garamond

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miércoles, 7 de noviembre de 2012

El gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán
Sí, todo lo lamía y recogía la luz del faro. Las sombras, los sueños, los secretos. Tal vez todavía los guarda. Debajo del faro, en un osario de luz. Las intermitencias, las aspas luminosas, recorrían los tejados, entraban por las láminas de las persianas, destellos pasajeros que guillotinaban el techo, pero luego hacían más oscura la oscuridad. La linterna del faro cosía lo de fuera y lo de dentro, la vigilia y el sueño. El mar infinito y las habitaciones angostas.
Manuel Rivas,  Las voces bajas,  Alfaguara.