lunes, 28 de enero de 2013

Mi Padre y yo. Un western en Granada es cool


Martes 29 de enero 20.00h en la Biblioteca de Andalucía (C/ Profesor Sainz Cantero 6). Entrada libre.

Hay libros que desbordan. Páginas que contienen letras pero que son incapaces de contener todo lo que éstas significan. Historias de las que apenas se nos presenta un corte longitudinal suficiente para cautivarnos precisamente por el material que falta, por lo que se intuye detrás. Hay libros que dejan un regusto duradero muy parecido a la felicidad. Mi padre y yo. Un western (El Gaviero, 2012) es uno de esos libros.
Camino de convertirse en un libro de culto, esta obra del almeriense Juan Manuel Gil se ha ganado ya el derecho de ser una de las mejores noticias editoriales de los últimos meses. ¿Por qué? Les dejo un apunte: el autor da en la tecla exacta para retratar un mundo muy particular, el que se crea entre un padre nada convencional y su hijo, y lo hace mediante unos brevísimos e inspiradísimos diálogos que trazan un camino de aprendizaje donde el humor señala, en un puzle que el lector enseguida reconoce y recompone, el camino hacia el amor.
Juan Manuel Gil estará en Granada presentando esta genial incursión en la literatura más inclasificable.
[Al teléfono]
Yo: Papá, ¿cómo estás hoy?
Mi padre: Espera, que es tu madre la que lleva ese asunto. Te paso con ella.

Escrito por Antonio Mochón 

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domingo, 27 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Jorge Díaz Martínez


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El sueño de Visnu de David Meza

 El Gaviero Ediciones, 2012



¿Dónde empieza el Barroco y dónde acaba? ¿Puede hablarse de un barroco anterior al siglo XVII? ¿Qué paralelismos podemos encontrar entre la épica mitológica, las alegorías pictóricas medievales, las imágenes surrealistas del inconsciente o el sudamericano realismo mágico? A responder preguntas como estas –y no siempre con las mismas conclusiones- dedicaron  importantes estudios teóricos tan influyentes como Wölfflin, Hauser, Walter Benjamin o Eugeni d´Ors, entre muchos otros. Estas mismas cuestiones me vuelven a la mente durante la lectura de El sueño de Visnu, de David Meza, un verdadero bildungsgedicht del cual ésta es solo la primera entrega. Maravillosa escritura, maravillosa en el mismo sentido que se puede decir de las obras de Lezama Lima, García Márquez, Octavio Paz, Valle Inclán, García Lorca, Góngora, Apollinaire, Dalí, Escher, Hieronymus Bosch (El Bosco), Cortázar, Magritte, Rimbaud… con la peculiaridad de que el autor contaba tan solo veinte años en el momento de su publicación. Si la precocidad es notoria, no lo es menos el talento.  

Las cosas están cambiando en la poesía española, y posiblemente también en la de otros países. Los versos de este joven mexicano publicado en Almería recuerdan a los versos de otros jóvenes (y no tan jóvenes) poetas españoles como Juan Andrés García Román, Alberto Santamaría, Elena Medel o David Leo García, entre otros. Estos autores tienen en común -en distintas proporciones- la determinación del verso libre, libérrimo, la inclinación por las formas abiertas, también una tendencia hacía la mirada infantil -el espíritu lúdico combinado con la melancolía-, todos ellos exhiben con gusto su artificio, las construcción de conjunto de sus libros, la intención de exprimir los recursos poéticos hasta apurar el jugo. Todo esto lo encontramos también profusamente en El sueño de Visnu, un prodigio de desparrame verbal, de exuberante desorden que no resta por ello coherencia a una poética unitaria de sentido, un discurrir que recuerda a veces casi a una narración donde el poeta ha querido sembrar brillantes aforismos junto a declaraciones de toda índole:

Mi vida es una nota al pie de mi obra.

Comprendo tres veces mejor lo que sentía Góngora como poeta, que lo que yo, como humano.

Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras.

El lector no es una cosa distinta del poema

Y el sueño más hermoso de mi generación es poder seguir soñando.

Ruega, Señora, por nosotros las marionetas

En algún momento escribí Copérnico en el cielo y el centro del hombre siguió siendo el mismo

Quiero que mi clase social sea la vida


También me gustaría mencionar la extraña mezcla de ingenuidad y sublimidad que se trenza en la escritura de David Meza, una extrañeza a la que se refiere Luna Miguel en su blog: “Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde.” (01/12/2012). Efectivamente, en ocasiones pensamos que a este libro le sobran demasiadas mariposas y estambres y nos sorprende que alguien pueda ser tan contundente y liviano a la vez. Puede que la explicación consista, simplemente, en que al autor no le importe. Tal vez David Meza entienda que su poesía debe comprenderlo todo, desde el versito más rosa hasta el onirismo ideológico más inesperado. Tal vez David Meza piense que no puede hacer caso a unas censuras que pertenecen también a esa normativa literaria de la que su poesía voluntariamente se aleja. En cualquier caso, junto a la inteligencia y la imaginación desbordada de este poemario,  no puede molestar el vuelo de algunas lepidópteras.

Fuente: Culturamas

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jueves, 24 de enero de 2013

La nave de José Pablo Barragán y Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Agustín Calvo Galán

Foto: Ana Santos Payán
Sin que sirva de precedente, voy a reseñar dos libros de una tajada, y no porque cada uno de estos libros no se merezca una reseña en solitario, sino porque ambos, con sus diferencias evidentes, presentan algunas características comunes: la principal, por supuesto, es que han sido editados por El Gaviero Ediciones, una editorial almeriense de pequeñas dimensiones pero de grandísima sabiduría estética y literaria (no me canso de recordarlo siempre que tengo oportunidad). Otra característica de ambos libros es generacional, pues los dos autores han entrado hace poco en la treintena. Y, además, en ambos libros encontramos una poesía novedosa, que abre las costuras de la poesía tradicional y que, a su vez, es capaz de generar varios niveles de lectura, así como de incorporar la ironía y la sonrisa como forma de armarse de razones críticas frente a la realidad que nos ha tocado vivir. Pero, vayamos por partes.
Por un lado nos encontramos con el libro La nave de José Pablo Barragán, donde la poesía se adentra en los confines gloriosos de una invención imaginativa y donde la ciencia-ficción es tomada no tanto como género, sino como contexto para hablar de temas actuales -y siempre universales- como la libertad, el paso del tiempo, la sociedad, el viaje, la muerte… y, por encima de todo, del amor y las relaciones entre personas.
El libro se divide en dos partes diferenciadas, pero que dialogan entre sí, con los títulos de  “Las islas” y “La nave”. “Las islas” se presentan como “distopías” (palabra que se usa como antónimo de utopías), espacios inventados (aislados) donde se desarrolla esa sociedad indeseada que no es otra cosa que la nuestra, donde no hace falta alejarnos demasiado en el tiempo y en el espacio para comprender que el peor de los mundos es posible y están en el nuestro.
La segunda parte, “La nave”, se presenta con el subtítulo de “homenajes”; en ella podemos encontrar una multiplicidad de referencia literarias y/o cinematográficas de lo más variadas -principalmente relacionadas con la ciencia ficción- que sirven de magnífica excusa al autor para elaborar retratos de personajes o recrear situaciones no evidentes que nos serán familiares, extrañamente familiares:
No hay nada más hermoso que tu cuello
temblando si lo rozan mis pseudópodos
En definitiva José Pablo Barragán crea una poesía fresca, llena de referencias e interpretaciones, con un estilo aparentemente sencillo pero que cuida las formas al detalle, trabajando la expresión escrita desde una creatividad alejada de estereotipos y, por tanto, muy personal.
Por otro lado, el libro de Juan Manuel Gil, con ese niño disfrazado de cowboy en una portada que tan estupendamente ha captado la estética de las novelitas de western que aún podemos encontrar en los kioscos -a las que se refiere el propio autor y que, al parecer, solía leer su padre con gran fruición cuando él era una niño- nos despierta, ya a simple vista, una simpatía y una ternura incondicional. Sin duda, en este pequeño gran libro se cruzan muchos caminos, y permite, al igual que el libro de José Pablo Barragán, varios niveles de lectura. De entrada nos encontramos con esa referencia estética a una literatura popular que apela directamente a nuestra infancia y, por tanto, a nuestra emotividad, y al adentrarnos en el libro descubrimos que se divide en 68 diálogos entre el autor y su padre, 68 joyas, 68 disparos certeros, 68 síntesis vivenciales repletas de una ironía y de una sinceridad extraordinarias, que podemos enmarcar en un diálogo generacional más amplio y, donde la familia, esa entidad que las instituciones religiosas que no la practican se quieren arrogar, se reafirma como raíz referencial de primer orden para los individuos:
48
Mi padre: Hoy me han preguntado si eres poeta.
Yo: ¿Y qué has contestado?
Mi padre: Que son rumores.
En ambas obras la ironía y el humor son muestra no sólo de amena creatividad sino sobre todo de inteligencia. Las jóvenes generaciones de poetas toman referencias nuevas, no evidentes, y las mezclan a su gusto con las tradiciones literarias heredadas, tanto populares como clásicas o vanguardistas -sin rehuir de ninguna-, para crear obras personales y contemporáneas, y que permitirán, -sería deseable-, a nuevas generaciones de lectores acercarse a la poesía. Tal vez, recordar al niño que fuimos todos, y el que no quería ser indio quería ser vaquero o quería ser astronauta, nos harán disfrutar aún más tanto de estas obras como de la vida misma.
Fuente: Revista de Letras

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martes, 22 de enero de 2013

Copos de letras para celebrar el Día Mundial de la Nieve


Foto: Ana Santos Payán

En algún momento la vida es un pájaro de nieve.
David Meza, El sueño de Visnu

Aquí todo se reduce a nieve y hielos fósiles, y no sirve de nada que me esfuerce en conversaciones quiméricas que jamás llevarán a ninguna parte.
Francisco J. Martínez Morán, Peligro de vida

¿necesitará el corazón la nieve
para arropar las pieles y sus labios?
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

un abismo chorreando sol
un sur dentellado en nieve.
Estíbaliz Espinosa, Almanaque poético



Bajo los álamos,
las sombras amamantan
grumos de nieve.
Eduardo Moga, Los haikús del tren

La Reina de las Nieves
harta del invierno partió
hacia los Mares del Sur
Sus recuerdos descongelados
en pequeños charcos
humeantes colibríes
Branca Novoneyra, Almanaque poético

me llamo NIEVE mi nombre de nieve tengo los pies muy fríos oh sí!
Maite Dono, Circus girl

La llaga en su vientre de nieve
duele a escombros, sabe a corazón:
el rencor tiene nombre de formas vegetales.
Elena Medel, Vacaciones

Las habitaciones se repetían como los copos de nieve en las nevadas.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da

Nieve y rayo,
abismo líquido,
vértigo de llamas en los ojos.
Carles Duarte, Los inmortales
En algún momento la vida es nieve.
David Meza, El sueño de Visnu


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viernes, 18 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza y Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Óscar Santos


LIBROS

Para qué seguir escribiendo y amontonando folios en carpetas y cajones, anotando palabras y frases en libretas de diseño o en servilletas de cualquier bar. Para qué, yo lo que quiero es leer, esconderme y leer. Y digo esto porque cuanto más leo más necesidad tengo por olvidarme de escribir. Es una ecuación inversamente proporcional, pura matemática. Tengo que dejar de escribir y de fumar. Tengo que leer. Para qué seguir escribiendo cuando ya hay miles de libros que enamoran desde la tapa, que enganchan con una furia salvaje, acarician,  besan, aman, sodomizan, prostituyen, esclavizan... En fin, podría enumerarlos por los siglos de los siglos, por autores y generaciones, por románticos y drogadictos pero no lo voy a hacer. Sólo voy a citar tres libros y tres autores que me animan a dejar de escribir. Del primero ya se ha hablado mucho en la red y no voy a descubrir nada, porque hay tipos y tipas mucho más duchos que yo en esas lides de la crítica literaria. Hablo desde mi punto de vista, de lector empedernido, alcoholizado por el olor de los libros, callejero y con nómina de grandes almacenes. El primero, como antes dije, es EL SUEÑO DE VISNU del escritor  DAVID MEZA editado por EL GAVIERO EDICIONES. Este poemario es la hostia, perdón por la expresión, pero así se definen muchas cosas en una sola palabra, ya sé, podría decir que es increíble, fantástico, innovador... que lo es, pero utilizo la otra expresión porque es de barrio, porque EL SUEÑO DE VISNU es belleza, palabra pura, imaginación, frescura, cuerpo de Cristo. Un poemario escrito desde un lugar no conocido, desde otra galaxia, desde una altura que divisa lo mortal e inmortal y lo entremezcla, y lo sueña y lo sirve en palabras como una ecuación de Einstein o de Feynman, como gol de Messi en la escuadra de la Capilla Sixtina. Tengo que dejar de escribir. El segundo y también de la misma editorial es MI PADRE Y YO. UN WESTERN de JUAN MANUEL GIL. Colección deliciosa esta SERIE B y este pequeño libro que imita a aquellos que se estrujaban en las estanterías de nuestros pescadores, maquinistas, albañiles, carpinteros...señores padres, que leían a sudor y olían a Roberto Alcázar y Pedrín. Un libro, este western, que destila sentido del humor, desbordando el tiempo de su lectura, un humor lleno de disfraces, tan necesario en los tiempos que corren, tan lúcido, tan lleno de ternura, humildad, ingenio, en definitiva, un magistral duelo de palabras vestido por la inteligencia de un escritor con varias muescas en su cinturón y que además sabe y reconoce que su padre, el tipo duro que tiene frente a él es mucho más rápido y más letal, de hecho, las muescas de su cinturón son infinitas. Tengo que dejar de escribir. Por último hablaré de un libro delicioso. Su título es CALCETINES de la editorial BAMBÚ y su autor FÉLIX JIMÉNEZ VELANDO. Es un libro para niños mayores de ocho años, osea para todos, porque quizá el adjetivo delicioso se queda corto. Al abrirlo uno se sumerge en una historia sencilla que se adentra en lo cotidiano con una magia exquisita, como viajar un continente real y que a cada paso nos asalte un hermoso sueño. Sólo alguien con talento puede convertir un cuento de dos calcetines en un largometraje, película con metraje de piel y cosquillas, de las de siempre, las que te enseñan mostrándote la verdad serena, el inteligente humor y una galaxia de sentimientos. FÉLIX J. VELANDO no es nuevo en esto de las palabras. Lleva mucho tiempo haciéndonos reír y embelesándonos, ya sea con su narrativa o con su curro diario siendo guionista de 7 VIDAS, LAS NOTICIAS DEL GUIÑOL, FÍSICA Y QUÍMICA...Literatura con letras mayúsculas. Tengo que dejar de escribir.
Fuente: Infierno sostenido

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lunes, 14 de enero de 2013

Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Antonio Mochón

Mi padre y yo. Un western, Juan Manuel Gil

YO: ¿Papá, quién ha arreglado el termo?
MI PADRE: Sí.
(p. 13)

A pesar de cosas como esta, nada en este libro es absurdo. Al contrario, este librito de 37 páginas con prólogo del mismo autor es un calculado mínimo artefacto. Un libro que siempre da más: se lee en diez minutos pero también esto es una apariencia, porque se vuelve a leer una y otra vez, porque apetece. Un libro que merece más de una lectura es un buen libro.

Hay un juego ficcional sobre la autoría del libro. ¿Lo escribe el autor a partir de lo que dijo su padre? ¿Se lo inventa todo? Este recurso narrativo del manuscrito encontrado, dicho por otro, transcrito o inspirado en otro, tan tradicional, en un libro tan digamos exótico es parte del artefacto. Además del prólogo, está formado por brevísimos diálogos, muchos de dos intervenciones, llegando a admitir acotaciones, lo que los legitima como textos teatrales.

La figura del padre, burlona, cínica, evasiva en sus respuestas, es el tema central. Los diálogos al teléfono, a veces instantáneas delirantes, sortean con ingenio el riesgo de caer en la humorada fácil. Ser gracioso es todo un arte, nadie lo duda, y este padre no desmerece en sus conversaciones telefónicas al mejor Gila haciéndose el loco, jugando al despiste, desbaratando un discurso que, sin embargo, nunca pierde su sentido y, aún más, la emoción de fondo. Porque este libro se convierte desde el prólogo en un emocionado homenaje a la figura del padre, magnética, omnímoda, en la línea quizás de la grandiosa Fun home de una inspiradísima Alison Bechdel, o de Héctor Abad Faciolince haciendo lo propio con su progenitor en el entrañable El olvido que seremos. Juan Manuel Gil aborda el género del treintañero nostálgico que tan bien están popularizando el italiano Ugo Cornia o la citada Bechdel. En todos estos casos se da la presencia paternal como motor y detonante de la silenciosa bomba emocional contenida en nuestros apellidos.

En la dupla padre-hijo hay una química especial, obvia por una parte, pero inesperada. El hijo busca consejo y el padre devuelve un chiste tras otro. Y sin embargo el hijo aprende. Un método de enseñanza por evasión, por desvío, por silencio. Encuentro aquí esa creencia en que la verdad está en el interior de uno mismo. Una mayéutica desmitificadora y necesaria para cambiar el punto de mira y decirse de vez en cuando no es para tanto, nada de lo que hacemos es para tanto. Ni siquiera la escritura.

MI PADRE: ¿Qué buscas en ese cajón?
YO: Mi cuaderno.
MI PADRE: A ver si me vas a perder algo importante.
(P. 24)

Y hacerlo desde el humor y desde el amor, en ese duelo dialéctico de pistoleros, afilado y tierno como una tira cómica que enseña de un golpe de vista más que cien páginas de otra cosa. Construirse una presencia, una voz y un espacio, infundir respeto y admiración a partir del silencio. Esa lección vital que Juan Manuel Gil, personaje, le debe a su padre, personaje, y nosotros a los dos. La pega, quizás la única pega que le puedo encontrar a este libro es que termine en la página 37. El lector queda a la espera y esto, quedar pendiente de una espera que es casi lo mismo que decir albergar una esperanza, debe de ser un mérito añadido atribuible a ese padre y su manía, mal que nos pese, de callar a tiempo.

YO: Domingo soleado en el sur. ¿Se puede pedir más?
MI PADRE: Silencio.
(p. 17)



Fuente: Blog de Antonio Mochón


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domingo, 13 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Hasier Larretxea



La edi­to­rial alme­riense El Gaviero ha cerrado este 2012 por todo lo alto con la publi­ca­ción de El sueño de Visnu de David Meza (Ciu­dad de México, 1990) des­pués de publi­car, este mismo año, sen­dos libros de poe­sía de Alberto San­ta­ma­ría o Pablo López-Carballo. Según David el viaje no ha hecho más que comen­zar; los pri­me­ros ver­sos de este libro los escri­bió a los die­ci­nueve años. De las siete par­tes que com­po­nen la obra, estre libro recoge las dos pri­me­ras par­tes: Rebeca y Luis.
La poe­sía de Meza es una con­tra­dic­ción en sí misma. Un barrido por los con­ven­cio­na­lis­mos a tra­vés de su estruc­tura expe­ri­men­tal, rica en imá­ge­nes, evo­ca­dora y mís­tica, decons­tru­yendo los dis­cur­sos y su reali­dad, así como favo­re­ciendo lo pode­roso en sus cons­truc­cio­nes yux­ta­pues­tas. De esta manera, nos acerca a un sin­fín de posi­bi­li­da­des en este libro con una sin­gu­lar visión que con­cibe una poe­sía empu­ñada con mayús­cu­las y su riesgo, sin miedo ni con­ten­ción, desde un surrea­lismo pode­roso que nos brinda la posi­bi­li­dad de seguir soñando (la crea­ción de mun­dos propios).
Cada verso es una nueva ven­tana abierta den­tro del ima­gi­na­rio des­bor­dado del joven­cí­simo autor. Su poe­sía es un cho­rro visio­na­rio que entre­teje posi­bi­li­da­des de mun­dos en otros mun­dos. El sueño de Visnu es un canto pagano, es el des­ga­rro de la humi­lla­ción, es una poé­tica que atra­viesa de par en par la vida; que la idea, que la ama­manta. Es un libro que sueña otros sue­ños. Es un libro que tiene la cua­li­dad de ser mundo. Una poé­tica coral con­ce­bida desde el con­junto, desde la uni­dad esti­lís­tica, en la fron­tera entre el monó­logo y el dietario.
David Meza entre­laza la escri­tura narra­tiva cor­tada por el aliento poé­tico de ver­sos con­ci­sos que en su ali­nea­ción ejer­cen como ilu­mi­na­do­res de la visión amplia, extensa y fugaz del autor que, sin una brú­jula exacta, lleva al lec­tor con su des­bor­dante dis­curso a tra­vés de su pro­puesta de rup­tura esté­tica, con la cua­li­dad del enun­ciante a un mundo asal­va­jado. No extraña que cite como refe­ren­tes a auto­res como Leo­poldo María PaneroLuis Rosa­les o Vicente Hui­do­bro. Entre otros, se podría con­si­de­rar tam­bién a Juan Car­los Mes­tre.
En este doble libro se evoca un mis­ti­cismo des­ca­be­llado desde una poe­sía que tiene el poder de trans­for­ma­ción de la pala­bra y de la ima­gen, tan ani­ma­lís­tica y ances­tral. Sus dis­curso está afe­rrado a la tie­rra y a la crea­ción, desde una suce­sión de his­to­rias que dan aliento a las vidas que pudie­ron ser. La lite­ra­tura como ejer­ci­cio de dar vida a lo que no pudo (ser).
El sueño de Visnu es libro impreg­nado de flu­jos y esen­cias, es el vuelo del pájaro que todo lo ve. Es la poé­tica de la nos­tal­gia y del mañana. De las siguen­tes gene­ra­cio­nes que están preen­tes. Poe­sía que (se) sale de sí misma, con­vir­tién­dose en mar­gen, en fuerte, en mura­lla de una expre­sión expan­siva y gene­ra­dora de (nue­vos) len­gua­jes. Poe­sía enfren­tada al mundo que (se) niega a ser. Escrita desde “el pecho lleno de musgo, de nieve, de agua, de tie­rra y de semi­llas que flo­re­cen como soles”.
Fuente: Koult
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jueves, 10 de enero de 2013

Imaginando #2013añopoético: fragmentos de poesía gaviera

Foto: Ana Santos Payán

cuando nadaba dentro de mi madre
ya existía la poesía
Juan Manuel Barrado, Fragmentos de cal



Me obsesiona que a esto le llamemos poesía sólo porque
he querido cortar la frase ahí: qué hay de truco en todo eso?
Estíbaliz Espinosa, papela punto de

La poesía es ficción (y un cuerno)

la muerte debe ser
poesía tanto tiene de misterioso
Elise Plain, Pan parala princesa

¿la poesía

no es vida?
Sofía Rhei, Química


me corregías las letras
repetías las líneas confundidas
cada instante me ayudabas a aprender poesía
dicción
y desde tu néctar para mí todo ello creabas
Fatena al-Gurra, Almanaque poético

la poesía es una herida sajada que se cose con el verbo
desgastado
Sara R. Gallardo, Epidermia

Toda poesía
es una puta mierda,
antipoeta
Basho Bin-Ho, Hiperhíbridos


Es, entonces, la poesía el intento por mentir en la menor medida.
Camilo de Ory, 300

Allí donde se detiene la filosofía, comienza la poesía.


He descubierto que la poesía es un juego en el cual está
prohibido seguir las reglas; que es entender que tenemos
el pecho lleno de musgo, de nieve, de agua, de tierra
y de semillas que florecen como soles; que la poesía es
una parvada de golondrinas despedazándote el cuerpo
de adentro hacia fuera; que la poesía es platicar con las
palomas en el techo de las catedrales. He descubierto,
que quizá, incluso, la poesía es.
David Meza, El sueño deVisnu


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domingo, 6 de enero de 2013

El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes


Foto: Ana Santos Payán

El ascenso del Pacífico

Se encumbró entonces el océano
y nuestras pupilas miraban el portento
sin todavía creerlo
Escuchamos de nuevo las rompientes, las
infinidades de islas
subiendo igual que estrellas sobre el cielo
Allí está el Pacífico hombre, allí, encima,
de nuestras cabezas
y no lo crees y tus ojos lloran
y no puedes entenderlo y tus ojos lloran
todos los que amamos son el mar

Todo lo que amamos es el mar
América es un mar con otro nombre

Raúl Zurita, La Vida Nueva 

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viernes, 4 de enero de 2013

Lectores gavieros

Hay muchas clases de lectores. 
A todos dedicamos esta entrada. 
Leer es un acto de belleza insuperable.
Buzz Lightyear  y Mr. Potato Darth Vader en una de sus sesiones terapeúticas de lectura.
Foto: Ana Santos Payán

Vera leyendo Inopia de Juan Manuel Gil

Chus soñando en la gavia.
Foto: Ana Santos Payán
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jueves, 3 de enero de 2013

Oscuras amapolas: breve antología de la fragilidad


Para Luna 

Sale el sol,
y se cruzan en un mar las amapolas,
se besan las alondras,
y se acarician los árboles dormidos.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


Paseo entre los vigías infantiles. Entre las oscuras amapolas. Llega un viento que
arroya mi alma, lleno de rostros inocentes. Me siento en el umbral de tus labios como
un poema pequeñísimoooooooo.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre


El catártico susurro de las amapolas
ha desatado impetuosamente
el nudo de mi corazón.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Sus movimientos son extraños,
pero su mente es fuerte. No puede ser cegada por amapolas modificadas.
Natalia Manzano, Apnea


Es el tiempo de la siega y las amapolas,
de los verdes que grisean,
de tardes que se alargan
por encima de las miradas.
Carles Duarte, Los inmortales


Descansemos en la pradera
de amapolas instantáneas.
Guillermo Lago, Qué es lo que es


Imagino que me sueña escribiendo, como ahora, cosas de ella y los tres dioses que se recuestan y le hacen el amor sobre un puñado de amapolas negras.
David Meza, El sueño de Visnu

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