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sábado, 23 de febrero de 2013

9 años 9 libros. Sorteo.


Cumplimos nueve años y queremos celebrarlo regalando libros. Sortearemos un lote de nueve libros. Uno por cada año cumplido. 

Participar en el sorteo es muy fácil, sólo debes residir en España y seguir estos tres pasos:

Paso 1 - Seguirnos en Facebook: https://www.facebook.com/ElGavieroEdiciones y en Twitter: @anagaviera.

Paso 2 - Compartir este sorteo en el perfil de, al menos, una de estas dos redes sociales.

Paso 3 - Dejar un breve comentario en esta entrada acerca de lo que significa para ti ser gaviero.

Puedes participar hasta el día 28 de febrero. El día 1 de marzo daremos a conocer al ganador.

El lote de libros se compone de los siguientes títulos:

2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013

¡Mucha suerte!

Todos nuestros libros aquí

lunes, 1 de octubre de 2012

1 de octubre: inicio de la ciudadanía romana de Antonio Portela


1 de octubre de 2004
Academia de España

La Academia de España forma parte del terreno español de Roma. Está situada en el Gianicolo, por eso tiene las mejores vistas de la ciudad. Es un edificio adjunto a San Pietro in Montorio y a la Embajada de España. Es curioso que esté emplazado en un lugar decisivo para Italia como estado moderno. Aquí Garibaldi luchó por su país posando como en una postal, con lo mejor de Roma detrás de él. Si he de morir en la batalla, quiero que sea frente al objetivo futuro de las tiendas de recuerdos. 

A la Academia, que era antiguamente un convento franciscano, no le faltan pasillos. Están decorados con cuadros y esculturas (con mayor o menor acierto artístico) de becarios anteriores. Arquitectónicamente es un laberinto propicio para una novela de asesinato, pero quienes encajarían mejor en este género son algunos de sus moradores. No me refiero a los becarios solamente. 

Mi habitación está bien, teniendo en cuenta que me separa de mi vecino, Daniel Crespo, el fondo del armario, y no hablo de ropa sino de madera. La planta en donde duermo está destinada a escritores y a investigadores. Yo creía que todos los estudios eran iguales. Pero los de los artistas son inmensos, con vistas a Roma y baño incluido. Cosas de no ser un artista. Al menos ten-go un balcón compartido con otros cuatro estudios, por donde pueden venir si desean sus habitantes. Antonio ha decidido que abandone la academia… El balcón, por cierto, da a unos jardines cuidados con verdadera devoción desde las…, siete de la mañana, la hora en que el jardinero pasa el cortacésped. Por estos jardines paseé la noche en que llegué. 

Ayer conocí a Emilio Gañán, y me enseñó su estudio. Está en la llamada torre de los pintores. Ve toda Roma desde unos ventanales inmensos, y la luz de la ciudad entra en la estancia tomando cada rincón y cada milímetro. Luego le enseñé la mía. Disgusto. Por mi parte, claro.


La biblioteca ha sido arrasada continuamente por los becarios, pero entre sus escasos tesoros se halla la Espasa, esa enciclopedia de pura literatura que dejaba a la Britannica como manual de primaria. Por encima de ella, se ha situado la sala de ordenadores. Tres para todos. He observado que si uno no se previene sobre este sitio, puede devorarle. Las horas en la Academia tienden a dejarte sin fuerza, te cierran la perspectiva de que debajo de ella está la ciudad más hermosa del mundo, y te conducen a una espiral de minidepresiones que hacen que no te muevas en una semana de sus pasillos. Y eso sólo cuando te das cuenta. 

Ya he realizado la salutatio al Director de la Academia, Juan Carlos Elorza. Me comenta que soy el más joven de todos. Me llevó ayer en su coche a Piazza Navona, y me estremecí. Un detalle me emocionó el primer día. Junto al teléfono del estudio han dejado una lista fotocopiada de todos los becarios y sus habitaciones. Han puesto a cada uno su especialidad. Me designan como poeta, y no como escritor. Se percibe que en la Academia se cuidan estos detalles, que sirven para que uno pueda sentirse más a gusto, reconocido con exactitud. Afortunadamente, no se respetan las categorías sociales tradicionales. La delicadeza de nombrarme como poeta y no como escritor me alegra. Me afirma, en cierto modo, en mi condición verdadera. No puedo ser escritor, por más que lo intente. Un escritor vive para escribir, y un poeta vive para vivir. Y he venido para eso. Para vivir como un griego en Roma.

Puedes comprar el libro aquí 

martes, 21 de junio de 2011

Gavieros al sol


Nunca he creído demasiado en el concepto de libros para el verano, considero que un buen libro merece siempre ser leído en cualquier época del año, sin embargo y tan sólo porque se trata de la casualidad de que vamos entrando en calor en todos los sentidos, trataré de dar lo que a mi juicio son letras imprescindibles para encomendarse al sol o a la sombrilla.

Mi primera relación con El Gaviero tuvo que ver con Ciudadano romano de Antonio Portela. Mientras leía sus páginas visité Roma, no físicamente pero sí con el alma. Yo también pertenecí al asfalto romano, devolví a las estatuas una sonrisa mórbida, y me sentí inmortal cuando la lluvia de Roma mojó mis pestañas.  Era parte de la historia del protagonista, una historia corriente que tiene de especial la ilusión, la amistad, el ansia de soñar y de estar vivo. Un diario novelado, que incorpora la lírica como medio para alcanzar el éxtasis. Comprendo a Portela, hice sus sensaciones las mías y le doy las gracias por haber sumergido la luz itálica en todas sus palabras.

María del Mar Domínguez


lunes, 4 de abril de 2011

Grandes lectores de pequeñas editoriales

Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?


No les hicimos caso. Ya todos eramos parte de un océano minúsculo, imparable.

Antonio Portela

Fotografía: María del Mar Domínguez

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 12

Foto: Ana Santos Payán

30 de noviembre de 2004

Pasear
Always been a shoe made for the city
[…] accuse me of just singing about places

Rufus Wainwright

El príncipe es aquel que dispone de su tiempo para sí. Luego, yo soy un príncipe. Me ordenaron cuando llegué a Roma que no me encerrara en mi estudio más de dos días. Que este tiempo se me había concedido para otras labores, no para perder la vida. Eso lo digo yo. Yo he decido que mi tarea será aprender el gusto de andar sin dirección por Roma, sabiendo que nadie me espera y que no tendré que revelar los lugares en los que detuve mis rutas. He llegado a olvidarme de los destinos programados y las guías turísticas. Me sirvieron, no las olvido. Me he perdido en todas las franjas horarias posibles, a veces en barrios por donde circulaba la inquietud, pero siempre he vuelto. Cansado y alegre de haber extraviado las direcciones he regresado a mi cama a cualquier hora. He llegado a conocer el orgullo del paseante ocioso. Jamás volveré a ser tan libre. Perderé mi condición real, lo sé, y sólo podré disculpar mi corazón sin mudanza diciendo que paseé mil veces hasta perder los pasos por la única ciudad que se hizo para eso.
Antonio Portela, Ciudadano romano, El Gaviero Ediciones, 2006.