martes, 10 de marzo de 2009

Entrevista de Javier Cantalapiedra

Hace apenas un par de semanas me encontré a la salida del Ayuntamiento de Valladolid una cola impresionante de gente esperando ante un puestecito improvisado con un par de pancartas de un sindicato agrario. Ver una fila de gente de más de 100 metros es chocante en Valladolid, bueno lo raro aquí es ver gente haciendo cola a no ser en el cine o algo así: preferimos mandar a la mierda lo que sea por no esperar. El caso es que, como medida de presión, iban a regalar pan y algunas lentejas para llamar la atención sobre el aumento desproporcionado del precio de los productos agrícolas debido a los intermediarios, en concreto los distribuidores.

A algunos esta introducción tan prosaica les puede doler en su idealización romántica del libro, pero quiero hablar de “dineros”, así que lo mismo da libros que churros (algunos así los hacen).

Para los no iniciados me gustaría repasar, grosso modo, los porcentajes del precio del libro y cómo se establece éste. Aviso de antemano que varía de una editorial a otra, como es lógico, y que tiene mil condicionantes que no son el tema de esta entrada.

Por ejemplo, queremos publicar un libro y que sólo la imprenta nos cobra 1.000€ por 500 ejemplares, es decir: 2€ por libro. Ya tenemos nuestra base. Tendríamos que sumar la maquetación (500€) y la corrección (250€). En total llevamos 1.750€, que entre 500 ejemplares nos sale a 3’5€ la unidad, éste es el gasto directo. Ahora viene lo bueno:

Somos pobres, pero como hacemos unos libros de lujo con dos duros, el boca-oreja ha hecho que el mismísimo Dan Brown quiera publicar su nueva novela sobre un misterioso hallazgo en el Vaticano: los restos de un pijama a rayas talla infantil. Podemos afirmar desde ya que éramos pobres, pero mientras llegan los sacos de dinero sigamos con nuestras cuentas. Al autor le damos el 10% de los libros como pago, es decir: 100 ejemplares. Podemos hacer varias “trampas” para calcular el precio, o restamos los 100 del total antes de dividir para hallar nuestro precio o no lo hacemos para ajustar nuestro precio si es que tenemos que dar explicaciones a nuestro jefe. Esto ya según gustos o necesidades de cada uno. Nosotros seguiremos sin restar.

Como los editores tienen la necesidad de comer (igual que los autores, por eso se les da el 10% en libros porque de eso se alimentan) se puede multiplicar por 2’5 ó 2’7, pero ya os imaginaréis que esto varía enormemente y es más bien un planteamiento tradicional existen muchos índices para conseguir diferentes objetivos en ventas. Elegimos 2’5 porque no queremos inflar demasiado nuestro best seller. Total: 4.375 / 500 = 8’75€ por libro. Ya nos hemos calentado. Pero nos falta el último paso que es colocar el libro en las librerías y ahí ocurre algo. El precio que hemos intentado ajustar regateando con la imprenta, gorroneando al autor y abusando (laboralmente) de nuestro becario se hincha. La distribuidora que ha aceptado, porque no todas aceptan, distribuir nuestros libros nos cobra el 60%. Dicho de otra manera: ahora nuestro libro vale 14€. Menos mal que el librero cobra de ese porcentaje aunque algún librero seguramente tenga mucho que decir.

Los editores de El Gaviero Ana Santos y Pedro J. Miguel, editorial ejemplar de la queya he hablado en este blog, han tenido a bien responder a unas preguntas sobre el espinoso tema de la distribución.

¿Prescindir de una distribuidora fue una actitud o una necesidad? ¿Da más independencia a una editorial?
Prescindir de los canales habituales de distribución fue una actitud, pero también un criterio económico, pues pretendíamos mantener unos precios asequibles para los lectores. Con una distribución al uso esto hubiera sido imposible. Antes de fundar El Gaviero Ediciones realizamos un trabajo de documentación y pedimos consejo a los editores literarios que admirábamos. Todos coincidían en una queja, en una traba, en un problema: la distribución. Así que eliminamos esta dificultad de raíz, confiamos en las nuevas tecnologías como base estratégica de nuestra posición en el mercado y asumimos que el Gaviero no podría llegar a todos los puertos.
Sabemos que una editorial independiente como la nuestra no está bien considerada por esta decisión, pero pensamos que era mejor ser invisible cuando controlas tu producto que ser invisible con un coste del 60 %, con multitud de ejemplares estropeados y arrinconados
¿El contacto comercial directo con el librero o con el lector final de una obra es una solución para las pequeñas editoriales?
El contacto directo con los lectores y los libreros, tal vez pueda ser una solución para las más pequeñas, no lo sabemos, pero sí supone un enriquecimiento continuo. Una toma de conciencia de dónde nos encontramos realmente.
¿Aumentan los márgenes de beneficios con este sistema?
¿Márgenes? no, no aumentan. No en nuestro caso, pues editamos con materiales de primera calidad, con tiradas cortas (666 ejemplares) y numeradas que provocan que cada ejemplar sea exclusivo. A pesar de esto, nuestros precios no son muy distintos de los de otras editoriales.
Sin miedo… ¿Qué opinas del incremento de hasta un 60% en el precio de un libro por la distribución? ¿Qué se ve más afectado: la calidad del libro, la supervivencia de una editorial, el bolsillo del autor o la propia venta del libro?
Hay gente que entra en el Corte Inglés, en la Fnac o en la Casa del Libro y compra un libro de la primera mesa de novedades que encuentra. Eso tienen un precio y hay editores que se lo pueden permitir.