domingo, 14 de febrero de 2010

Martín Espada, abogado de oficio

A propósito de las reivindicaciones de jueces y universidades para garantizar el derecho a un juicio justo de los extranjeros en España, compartimos este poema del estadounidense Martín Espada en el que se hace eco de la importancia de los intérpretes en los tribunales.

Ofrendas a un dios ulcerado

Chelsea, Massachusetts


La Sra. López se niega a pagar el alquiler,

y queremos que se vaya

–dijo el abogado del casero,

jugando con su anillo de la Facultad.

El juez pidió un intérprete,

pero todos los intérpretes se habían ido

a traficar en español

a la sesión criminal

del segundo piso.


Un voluntario se levantó en el gallinero

La Sra. López le mostró

un abanico de fotos:

la rata erizada en una trampa adhesiva

junto a la nevera,

el agua congelada en el váter,

una puerta sin pomo.

[–Yo no pago el alquiler por esto. Conozco la ley

y quiero hacerme oír

–susurró al intérprete.]


–Dígale que tiene que pagar

y que tiene diez días para largarse

–dictaminó el juez, se puso en pie

para que el resto de la corte se levantara también,

y salió del tribunal; de repente

se dio por terminada la sesión:

el auxiliar del juzgado

recogió sus carpetas

y el alguacil se fue a almorzar.

La Sra. López se quedó ante la tribuna,

alzando aún su abanico de fotos

como una ofrenda que este dios ulcerado

rechazaba probar,

mientras el intérprete

sintió que una bocanada

de fuego salía de su garganta

al volverse despacio para mirarla a la cara.


Martín Espada, Soldados en el jardín, El Gaviero Ediciones, 2009.

(Traducción de Marisa Estelrich, Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel)