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martes, 3 de diciembre de 2013

Lapiceros gavieros por Navidad

Subrayar o no subrayar los libros.


Eso lo decides tú. 


Nosotros esta Navidad te regalamos un lápiz en cada pedido.


Hay quien sostiene que un hombre que maltrata a los animales no puede ser bueno. Yo digo que un hombre que maltrata a sus lápices viejos tampoco puede serlo: romper un lápiz usado es como tirar a la basura el osito de peluche con el que uno ha dormido durante su infancia sólo porque ya no hay infancia.

Camilo de Ory, 300

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www.elgaviero.com

sábado, 13 de abril de 2013

Caricias poéticas para celebrar el Día Internacional del Beso


Javier de Juan, Tres besos

los besos son la abreviatura del amor
Pedro Casariego, Qué más da


Nadie será capaz de imaginar cuánta luz genera un beso
Incompleto
Un beso a la mitad
Húmedo y repleto de dios
Maite Dono, Circus girl


Tu beso, tú por primera vez, el beso y el temblor, el vino desembocó en la sangre, descendió por la garganta. Un paso adelante en vertical. Mi alma desnuda.
Natalia Manzano, Apnea

suplicaré en la inmensidad del beso
un rapto de sangre
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


la temprana luz del día es como la llama del gas
cuando taladra la persiana el amanecer:
azul, como un último beso ferroviario.


Él quería un beso negro,
un dulce beso negro
al final de su vida de juguete.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

Este lugar de donde huyó la escarcha ofrece besos como cicatrices que estoy obligada a aceptar. 


Un beso es la excusa del verano.
Elena Medel, Vacaciones

El beso nos une al otro durante el tiempo justo para tantear sus dones sin que nos tomen al asalto sus defectos. Es, por tanto, un engaño voluntario que nos conduce al necesario amor carnal: he ahí el porqué de un gesto tan universal y caprichoso.
Camilo de Ory, 300

Quisiera escribir un poema
corto y rotundo,
como saben tus besos.
Germán Guirado, Menos tú


Y el presente se resume en un beso.
Sara R. Gallardo, Epidermia



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jueves, 3 de enero de 2013

Oscuras amapolas: breve antología de la fragilidad


Para Luna 

Sale el sol,
y se cruzan en un mar las amapolas,
se besan las alondras,
y se acarician los árboles dormidos.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


Paseo entre los vigías infantiles. Entre las oscuras amapolas. Llega un viento que
arroya mi alma, lleno de rostros inocentes. Me siento en el umbral de tus labios como
un poema pequeñísimoooooooo.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre


El catártico susurro de las amapolas
ha desatado impetuosamente
el nudo de mi corazón.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Sus movimientos son extraños,
pero su mente es fuerte. No puede ser cegada por amapolas modificadas.
Natalia Manzano, Apnea


Es el tiempo de la siega y las amapolas,
de los verdes que grisean,
de tardes que se alargan
por encima de las miradas.
Carles Duarte, Los inmortales


Descansemos en la pradera
de amapolas instantáneas.
Guillermo Lago, Qué es lo que es


Imagino que me sueña escribiendo, como ahora, cosas de ella y los tres dioses que se recuestan y le hacen el amor sobre un puñado de amapolas negras.
David Meza, El sueño de Visnu

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lunes, 31 de diciembre de 2012

2012: Diario de a bordo



El Gaviero construye una nave para viajar a Marte y se enfrenta a la prueba de las cárdenas llanuras. Una escafandra protege apenas del veneno solar.

La expedición integrada por 300, mi padre y yo, busca lo que se escapa de una sonrisa.

Al borde de estos abismos palpita nuestro interior metafísico y se pregunta qué transgresión crea mundos.

Más allá sólo existe la magia de un velo azul, un ser de cuatro brazos que yace y sueña..., Visnu trabaja.


FELIZ 2013 a todos los gavieros!!


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miércoles, 3 de octubre de 2012

Demasiados pájaros: breve antología del vuelo

Foto: Ana Santos Payán

Trenzo mi abrazo con el hilo de luz de tu pelo,
con la cuerda que tira de la cometa hacia la nube,
del pájaro a su canto,
de la paloma al centro de la sala de baile,
del pedazo de pan al corazón de la paloma.
Luz Pichel, Almanaque poético

Un pájaro en picado
recorta allá tu imagen
y arroja sobre el iris
el pespunte de un vuelo ávida luz.
Lorenzo Oliván, La noche a tientas

las lentes son la trinchera. se van yendo. idus de
marzo. pájaros sefardíes dan a luz mis pupilas. charcos borrosos.
Sara R. Gallardo, Epidermia

El juez ahuecó
su toga
como un pájaro negro
sacudiéndose la lluvia:
Martín Espada, Soldados en el jardín

imparcialmente pájaros
oxígeno
guerra en nombre de dios
Juan Manuel Barrado, Fragmentos de Cal


Un corazón, un solo cuerpo,
y en las venas
sangre, y más sangre
para el pájaro oblicuo
de la eternidad.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

No conozco el
ECO de la muerte, pero quiero ser el pájaro que mendiga esos labios
moribundos.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Se ocupa de mis células con método
y se me agita el espíritu cual pájaro
sacadle el corazón mientras está mirando.
Fatena al-Gurra, Excepto yo

Dadme Pájaros y Arrabal por donde perderme en
Tarde en Luna en Sabor en Sal.
Eva Hibernia, Almanaque poético


y algo no metálico cruje ahí dentro,
porque es una de esas pensiones nocivas,
insalubres y peligrosas
y al parecer los colchones están llenos
de pájaros muertos.

No hay más olor que aquel que reescribe el universo
hay música de pájaros y de insectos estallando en la oscuridad como
otro mapa estelar.
Sofía Rhei, Química

Hoy las tripas de los cerdos
están llenas de los cientos
de pájaros volando,
y sólo hay uno en el cielo
escapando.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

Este pájaro no sustituye a la teoría
pero su fe amarilla
en el espacio nos hace débiles
como el agua.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

Los pájaros hablan lenguas extrañas
Hablan de ti
Que mientes
Mientes
Maite Dono, Circus Girl
La noche, ese pájaro
que te nombra y te perdona.
Ese miembro obsceno.

No tenía nada más. Tampoco tenía tiempo que perder. Buceaba afanosamente. Ansiaba pescar un pájaro de plomo. Un pájaro condenado a volar en las profundidades del océano.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da

la nostalgia vive en el sexto piso
tira un papel por la ventana
y por un segundo
se confunde con el vuelo migratorio
de un pájaro que quiere aparearse
María Eloy-García, Cúanto dura cuanto

Un pájaro se instala en el hueco de mi persiana; a
pesar de que su piar resulta muy molesto, soy incapaz
de desbaratar su nido, lo cual prueba que no estamos
hechos para pelear con enemigos pequeños y que nuestro
destino es bailar con la muerte o con su hermana
pequeña la gloria.
Camilo de Ory, 300

No se oyen pájaros,
sino el zureo gris
de los metales.
Eduardo Moga, Los haikús del tren

Soñó con pájaros que nunca antes había visto.
Juan Manuel Gil, Inopia


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jueves, 13 de septiembre de 2012

Misión gaviera a Marte: seguimos explorando

"sobre el polvo color cobre rojizo"
J. P. Barragán

Detalle de La Nave cerca de los depósitos de CO2 congelado en Marte.


En capítulos anteriores:
Pase usted caballero
Aquí puede encontrar lo que siempre ha buscado
J. P. Barragán


Constantemente más allá del horizonte
Quiero felicitar a los hombres y mujeres de nuestra familia...
Curiosity Rover
Desde el principio de los tiempos

Hola. Soy Charlie Gaviero, Administrador de la GAVIA
Hablando con USTED
A través de la capacidad de difusión del Curiosity Rover
Que ahora está en la superficie de Marte
Desde el principio de los tiempos 
La curiosidad humana nos ha llevado a buscar algo nuevo...
Constantemente
Nuevas opciones de vida más allá del horizonte
Quiero felicitar a los hombres y mujeres de nuestra familia 
De la GAVIA, 
Así como a nuestros socios y amigos de todo el mundo 
Por haber dado un paso más en Marte

Constantemente más allá del horizonte
Quiero felicitar a los hombres y mujeres de nuestra familia...
Curiosity Rover
Desde el principio de los tiempos





"El precio de ser libre es estar solo"
J. P. Barragán

La preocupación campaba a sus anchas en nuestra BSA (Base de Seguimiento Aeroespacial), no llegaban noticias de la expedición a Marte. Pero las computadoras acaban de recoger la señal de un mensaje cifrado, unas extrañas imágenes en las que se aprecia al Gaviero sobre la superficie marciana. Una inquietante figura surge al final de la secuencia, ¿alguien puede ayudar a su identificación o descifrar el mensaje? Esperamos que gracias a vuestras aportaciones, esta misión tenga un final feliz.



Ubicación de "La Nave" según parámetros enviados por la NASA, junto al recorrido de Curiosity.



El Gaviero sube a "La Nave". Primer vuelo tripulado hacia Marte. Despegue sin incidencias reseñables. 



Construcción del artefacto scifipoético "La Nave" por el ingeniero JP Barragán, afincado en Iowa.


José Pablo Barragán, La nave, 2012

Puedes comprar el libro aquí 

lunes, 10 de noviembre de 2008

Gatos sensatos


Rítmicos maullidos

Por Jaime Siles

La literatura tiene fauna y flora propia, como las ciudades que se precien, jardines, parque y zoo. El zoo de la literatura está integrado por animales en los que los hombres proyectan sus fantasmas. En sus jaulas más prestigiosas están el passer de Catulo, el tigre de Blake, la pantera de Rilke, el lagarto de Lorca, la serpiente de Aleixandre, los perros de Alberti y los gatos de Baudelaire, primos hermanos de los de Luis Felipe Comendador, Pilar Paz Pasamar y Miguel García-Posada.
Los gatos de la poesía son -como los de la realidad- rápidos y silenciosos. De ahí la dificultad de ponerles un nombre. Eliot lo sabía y de ahí la primera de aquellas composiciones suyas que acabaron convertidas en un clamoroso éxito musical: «Ponerle nombre a un gato, no te asombres / es cosa complicada y no banal. / Seguro que piensas que estoy muy mal, / pero es que un gato ha de tener tres nombres».
Estos tria nomina se explican porque «los gatos / que son muy soberbios, / han de emplear apodos contundentes / que les ayuden a ir entre las gentes / con paso firme y sin perder los nervios». Pero el nombre tercero, el que -por ser sagrado- constituye un secreto, es «el nombre más profundo: / el que les sirve para amar el mundo».
Humor inteligente. Este primer poema programático -del que Bonilla ha hecho una recreación brillante- expone la materia de este libro: su tema y el tono, que invita tanto a la sonrisa cómplice como a un humor inteligente basado en códigos, claves y cifras que -como el autor- también el traductor sabe explotar. Exploración lingüística del pareado en «Una gata muy gorda» -un texto que es una canción y que utiliza el estribillo- y dominio del cuadrante de la estrofa en «Último episodio de Tigre Fiero», un poema excelente que narra con precisión las aventuras de un felino cuyos ojos «venden miedo», y en el que se practica con soltura la tmesis que tanto gustaba a Fray Luis.
En el siguiente -«Rum Tum Tuggen»- se opta por la sintaxis del verso más que por la de la estrofa, y se propone soluciones con alguna rima fácilmente mejorable, pero que mantienen tanto el carácter y condición del texto como su ágil y cómica musicalidad.
«La canción de los melifluos» contiene hallazgos como éstos -«Dedican el día a aseo y descanso, / se secan las patas con mucho cuidado, / lavan sus orejas hasta que en el cielo / asoma la luna meliflua brillando»- y, sobre todo, éstos: «Los gatos melifluos son blancos y negros / los gatos melifluos de poco tamaño, / los gatos melifluos, la luna en sus ojos, / los gatos melifluos brincando en sus zancos».
Veloces y eficazmente descriptivos son los versos de «Mungojerrie y Rumpelteazer», que destacan por su natural suavidad y la sapiencia de su máxima: «Pues discutir carece de sentido». La misma artificiosa y natural fluidez discursiva recorre «Deuteronomio el Viejo», en el que los coloquialismos a lo Jules Laforgue articulan el núcleo emocional del mismo.
Muy lograda es la fonación en «De la terrible batalla entre pequineses y pollicles, donde también se cuenta la participación de pugs y poms y la intervención del gran gato Jaleo» con la divertida acotación «En la ocasión que ahora se presta a ser narrada / hacía una semana que no pasaba nada» y la asonancia «ladran ladran ladran ladran / hasta que en todo el parque sólo se oyen sus palabras».
Luz de cristal. Dúctil y ajustada es «El señor Mistoffeless», descrito como «pequeño, negro y de alma inquieta / de las orejas hasta la cola», que «es capaz de meterse en una grieta / y sostenerse con una pata sola». Lo mismo podría decirse del verso largo de «Macavity, el gato misterioso» y de «Gus, el gato del teatro», uno de los poemas más interesantes por la melódica dicción obtenida con los recursos de la lengua coloquial aquí muy bien intensificada, como lo está también la cartografía urbana aplicada al gato de etiqueta Bustopher Jones o «la luz de cristal verde» que brilla en los ojos de «Skimbleshanks, el gato del tren», cuyas funciones y atributos, más que enumerarse, se relatan.
Los dos últimos poemas logran, por distintos caminos, mantener y seguir en el mismo sistema y nivel de esta dicción con -y a partir de- la cual Bonilla ha creado un universo paralelo, en parte similar y, en cierto modo, autónomo. Lo que lo convierte en coautor de los gatos de Eliot, porque coautor -y, en este caso, me atrevería a decir que también autor- es el traductor que, recreando, crea. Algunos pensarán que esto no es traducción en sentido estricto, pero no estoy muy seguro de que no lo sea en su sentido clásico.
Eliot había hecho en Cats no un libro de poemas sino un artefacto lírico-dramático que acabó convertido en un musical. Bonilla ha sido fiel al espíritu y ha reescrito su libreto, salvando su gracejo y manteniendo, en lo posible, su sabor y su propiedad. Eso y la belleza de las ilustraciones de Laia Arqueros, que lo acompañan, hacen de este exquisito libro un auténtico placer poético e intelectual.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Harkaitz Cano por Elena Medel


Poemas como fotos en un álbum, entradas en un diario, páginas en una agenda

Un poeta que aún no ha cumplido los treinta años viaja a Nueva York; escudriña la ciudad desde su apartamento, retrata a sus vecinos («gente que habita la escalera») y se desplaza en «los autobuses de línea regular llenos de gente / que acude a los hospitales». Se llama Harkaitz Cano; además de poeta es novelista, guionista y traductor. Y el jugo de su sueño americano es esta obra, Alguien anda en la escalera de incendios, que apareció en euskera con la llegada del siglo xxi y que el propio autor ha vertido ahora al castellano, casi diez años después, lo suficiente para que se colapsaran esas Torres Gemelas, que no asoman en ningún verso.
«SONRÍE. ÉSTA ES PARA EL ÁLBUM»
Porque el Nueva York de Alguien anda... huye de los rascacielos y las cenas con glamour y de los tacones contra natura, apuesta por bloques humildes en altura y condición, se centra en sus habitantes: recorre a los demás para hablar de nosotros mismos. «Veo mi juventud como un mapa extendido ante mí», escribe Harkaitz Cano. Las imágenes de su poemario actúan como fotografías en un álbum y los datos que se cuelan por cada estrofa —un lugar, una fecha, «29 de diciembre, muerto de frío», o la memoria antes de Twitter— lo transforman en diario personal.
Los nombres propios saltan entre los poemas: de manera especial en el segundo bloque, por aquí se pasean Donald Siegel, «la hija desconocida de Frida Kahlo», Tonetti y El Malasnoticias, Paul Klee, «la chica que te dejó», Basquiat y «el intérprete de temblores», un heterónimo constante. Y también Raymond Carver, su decir sin abalorios, el eco más oído en estos versos. Mendigos, anónimos que se cruzan en su año neoyorquino, pero también carteles en la pared y cuadros en los museos: porque la poesía es sagrada, aunque no tanto.
Contiene vida Alguien anda en la escalera de incendios, y también, reflexiones sobre la escritura: después de todo, si en los versos hay —parafraseando a Walt Whitman— un hombre, en el hombre hay un poeta. «Un buen libro de poemas ha de ser / como una caja de pescado», anuncia Cano. «Y así habría de ser, / como un buen libro de poemas, / nuestra vida». Los poemas se escriben para certificar un momento, para resucitarlo cuando los años nos ganen, para calmar nuestros huecos «pensando sólo en las palabras precisas / que uno ha de pensar mientras espera».
Por cierto: si escribimos «un poeta que aún no ha cumplido los treinta años viaja a Nueva York», resulta inevitable que aparezca un nombre. La sombra de Federico García Lorca es alargada, pero Harkaitz Cano se zafa tan bien de ella que se permite dedicarle el último poema del libro (a «FGL») y a todos los «que han visto a alguien / en la escalera de incendios / a esa hora en la que una mirada de odio / no puede distinguirse de una de amor».