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viernes, 7 de junio de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Layla Martínez


El sueño de Visnu

Hay poetas que son capaces de describir el delirio. De enjuagarse los ojos con el polen blanco de la locura y traducir en palabras lo que ven. De transcribir los alaridos de los locos o de los bebedores de láudano o de los ángeles de alas transparentes como las polillas. David Meza es uno de esos poetas. De los que escriben empujados por la fiebre, sin contar sílabas, ni versos, ni figuras literarias. De los que conocen el lenguaje de los místicos y la ubicación exacta de sus estigmas. De los que deambulan por las calles esperando que llegue la noche en que van a celebrarse todos los bailes y encenderse todas las hogueras. 

Creo que Meza ha escrito este libro en estado de trance. Seguramente ni siquiera sea un libro, sino un alarido. Creo que se ha arrodillado frente a los altares de los santos salvajes[1] y estos le han hablado y él ha transcrito sus palabras. De hecho, el libro es tan bueno, que existe la posibilidad de que no lo haya escrito Meza. De que solo lo haya escrito la mano de Meza, pero no él. Es decir, existe la posibilidad de que entre las 17.47 y las 18.52 de distintos días de 2011 Meza fuese poseído por el espíritu de Vicente Huidobro, como demuestra el hecho de que Altazor y El sueño de Visnucomiencen con la misma frase, aunque luego se bifurquen en caminos distintos. También existe la posibilidad de que Meza fuese poseído por Juan Carlos Mestre, que actualmente no está muerto pero pudo estarlo entre las 17.47 y las 18.52 de distintos días de 2011. Otra posibilidad es que Huidobro estuviese escribiendo Altazor en el mismo momento que Meza El sueño de Visnu y hubiese algún tipo de transferencia entre ambos. La física sabe que el tiempo no es lineal, que el pasado y el presente no son más que ilusiones de la mente, porque en realidad todos los momentos están sucediendo ahora mismo. Incluso los que nunca han sucedido ni sucederán, también están sucediendo ahora mismo en un plano de realidad distinto[2]. En este sentido, también es posible que Meza sea el que haya influido a Huidobro. Nunca lo sabremos.

Vórtices temporales aparte[3], Meza tiene una de esas voces poéticas que hipnotizan. De las que son tan difíciles de encontrar que, cuando damos con una, nos obsesiona y nos fascina a partes iguales. El sueño de Visnu es un libro inmenso, uno de esos poemarios que hacen que la poesía se mi género preferido porque ninguno es tan libre ni tan salvaje. Podría poner muchos ejemplos de versos que justifican por si mismos el poemario entero. Podría decir “Mi familia quedó atrapada en un libro de botánica durante la guerra de los Ángeles”. O “Lloré todos los días y todas las noches y todas las casas de los decapitados”. O “Morí a los 25 años con 3 balas azules floreciendo en mis entrañas”. Pero no lo haré, porque entonces tendría que seguir escribiendo hasta transcribir el libro entero. Y es mejor que lo descubráis por vosotros mismos.


[1] Como Santa Gema, que tuvo estigmas tres días a la semana durante tres añoshttp://es.wikipedia.org/wiki/Gema_Galgani, o Santa Rita, que escupía abejas blancas por la bocahttp://es.wikipedia.org/wiki/Rita_de_Casia. “Que las abejas llevan a Dios dentro del pecho”, dice Meza.

[2] “En nuestro desenvolvimiento diario dividimos el tiempo en tres partes: pasado, presente y futuro. […] Por evidente que parezca esta exposición de sentido común, se opone, de plano, a los pronunciamientos de la física. Los físicos prefieren asumir que el tiempo está desplegado ya en su completitud –una suerte de paisaje temporal, análogo al espacial- con los sucesos del pasado y del futuro colocados allí todos juntos. Concepto que se suele denominar entramado del tiempo”.La flecha del tiempo, Paul Davies, 2002.  (texto encontrado en La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías, de Colectivo Juan de Madre).

[3] Teoría confirmada por Jorge Díaz Martínez http://www.culturamas.es/blog/2013/01/26/el-sueno-de-visnu/

Fuente: Poemofilia

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www.elgaviero.com

domingo, 27 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Jorge Díaz Martínez


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El sueño de Visnu de David Meza

 El Gaviero Ediciones, 2012



¿Dónde empieza el Barroco y dónde acaba? ¿Puede hablarse de un barroco anterior al siglo XVII? ¿Qué paralelismos podemos encontrar entre la épica mitológica, las alegorías pictóricas medievales, las imágenes surrealistas del inconsciente o el sudamericano realismo mágico? A responder preguntas como estas –y no siempre con las mismas conclusiones- dedicaron  importantes estudios teóricos tan influyentes como Wölfflin, Hauser, Walter Benjamin o Eugeni d´Ors, entre muchos otros. Estas mismas cuestiones me vuelven a la mente durante la lectura de El sueño de Visnu, de David Meza, un verdadero bildungsgedicht del cual ésta es solo la primera entrega. Maravillosa escritura, maravillosa en el mismo sentido que se puede decir de las obras de Lezama Lima, García Márquez, Octavio Paz, Valle Inclán, García Lorca, Góngora, Apollinaire, Dalí, Escher, Hieronymus Bosch (El Bosco), Cortázar, Magritte, Rimbaud… con la peculiaridad de que el autor contaba tan solo veinte años en el momento de su publicación. Si la precocidad es notoria, no lo es menos el talento.  

Las cosas están cambiando en la poesía española, y posiblemente también en la de otros países. Los versos de este joven mexicano publicado en Almería recuerdan a los versos de otros jóvenes (y no tan jóvenes) poetas españoles como Juan Andrés García Román, Alberto Santamaría, Elena Medel o David Leo García, entre otros. Estos autores tienen en común -en distintas proporciones- la determinación del verso libre, libérrimo, la inclinación por las formas abiertas, también una tendencia hacía la mirada infantil -el espíritu lúdico combinado con la melancolía-, todos ellos exhiben con gusto su artificio, las construcción de conjunto de sus libros, la intención de exprimir los recursos poéticos hasta apurar el jugo. Todo esto lo encontramos también profusamente en El sueño de Visnu, un prodigio de desparrame verbal, de exuberante desorden que no resta por ello coherencia a una poética unitaria de sentido, un discurrir que recuerda a veces casi a una narración donde el poeta ha querido sembrar brillantes aforismos junto a declaraciones de toda índole:

Mi vida es una nota al pie de mi obra.

Comprendo tres veces mejor lo que sentía Góngora como poeta, que lo que yo, como humano.

Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras.

El lector no es una cosa distinta del poema

Y el sueño más hermoso de mi generación es poder seguir soñando.

Ruega, Señora, por nosotros las marionetas

En algún momento escribí Copérnico en el cielo y el centro del hombre siguió siendo el mismo

Quiero que mi clase social sea la vida


También me gustaría mencionar la extraña mezcla de ingenuidad y sublimidad que se trenza en la escritura de David Meza, una extrañeza a la que se refiere Luna Miguel en su blog: “Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde.” (01/12/2012). Efectivamente, en ocasiones pensamos que a este libro le sobran demasiadas mariposas y estambres y nos sorprende que alguien pueda ser tan contundente y liviano a la vez. Puede que la explicación consista, simplemente, en que al autor no le importe. Tal vez David Meza entienda que su poesía debe comprenderlo todo, desde el versito más rosa hasta el onirismo ideológico más inesperado. Tal vez David Meza piense que no puede hacer caso a unas censuras que pertenecen también a esa normativa literaria de la que su poesía voluntariamente se aleja. En cualquier caso, junto a la inteligencia y la imaginación desbordada de este poemario,  no puede molestar el vuelo de algunas lepidópteras.

Fuente: Culturamas

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