martes, 16 de junio de 2009

La gavia tiene un polizón y no lleva ropa

Imagen: Carmen Hernández

Shock cultural

Y qué cojones hago yo aquí
frente a estos tipos que escupen
baba verde y me enseñan la polla
como bienvenida.
Tengo hambre y sueño y quiero a mi mamá
y mi colchón de siempre.
Oh dios hay niños piojosos que me tocan
la cara para ver si soy cierto.
Yo me vuelvo, yo me vuelvo.
Mañana me vuelvo.
Pero que paren ya que dejen de bailar
y de babear
por favor.
Voy a desmayarme.
Da igual. De todas formas
moriré de tristeza.
Fracaso de antropólogo. El cerebro
empieza a adormecerse y todo
es irreal y estoy algo borracho
de mi propia locura.
Alguien me escupe
algo de baba verde y ahora sí
me desmayo.
Después otros intentan reanimarme
con un líquido gris
en el que flota un bicho.
Pero yo ya he cruzado al otro lado
de la confusión.
Dejo que hagan conmigo lo que quieran.
Extraño soy. Esclavo de otros mundos:
mi alma no es sólo mía
y puede que mañana
no quiera regresar, después de todo.

De El polizón desnudo de Ana Tapia.