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jueves, 19 de diciembre de 2013

Equilibristas del asombro

Ilustración de Carmen Fernández Agudo para El domador de objetos.

Equilibristas del asombro

Un circo. Un circo infinito. Un espectáculo de diámetro imposible. Una función caótica y redonda, sin principio ni fin. Una selva de árboles circulares donde perder la razón. Una sobrecarga de imágenes y cuerpos y breviarios. Un trasatlántico con todas las banderas. Retales de civilizaciones extintas desafiando al viento. El universo en miniatura y cada estrella un ser que brilla y se va, brilla y después se va, apagándose en una genealogía sin fin, en un catálogo de lo extraño y de lo
   raro
   de lo raro
   de lo raro

   que alguien se encargará de recoger en un cuaderno del asombro
cuyas hojas son manos solícitas y bocas y miradas y también noches sin sueño y aviones y fiebre y picaduras de mosquito y risas enlatadas
  
   y estupor.

Ana Tapia, El polizón desnudo


El Asombrario cumple un año y El Gaviero recuerda este poema de Ana Tapia y esta ilustración de Carmen Fernández Agudo. Mantener el asombro, caminar sobre el fino hilo de las palabras, un año y otro y otro. Ese es nuestro deseo.

martes, 10 de diciembre de 2013

Escándalo o poesía? Tetas, pezones, pechos, senos, mamas.



(Imagen correspondiente a la portada del número 2 de Salamandria dedicado al pezón)
Autora: Ana Santos Payán


Sus pechos fuentes de mi pequeño nocturno.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

Tus senos eran dos botones blancos abriéndose bajo la luna.

David Meza, El sueño de Visnu


No hay tetas más hermosas que las tuyas;
ven, reclínate, clávame tus puyas.
por esto, yo tornaría a nacer.
Ángel Guache, Veinte sonetos de amor y una declaración desesperada

El cirujano plástico es el poeta de la medicina y los implantes mamarios son el soneto.
Camilo de Ory, 300



Tengo miedo. Las barrigas respiran. Sin piel y sin huesos
se balancean esos hombres que agarran tetas con sus manos.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre


Descubrir al final de una noche, bruscamente,
que ese amanecer culpable y aquellos tiernos pechos
que nunca osamos imaginar que llegaran a serlo
ya no serán nuestros.

Harkaitz Cano, Alguien anda en la escalera de incendios


Tus pezones no tienen igual
puedo recordártelo
son belleza y diversión
pero nunca resolverán el hambre del mundo
David Fishkind, VOMIT



por favor nada más
que un culito de champán por ver su carita asomar su sonrisa pícara sus
revistas de tetas grandes y su saliva caer desde el cielo a la calva de algún viejo
sin futuro
Maite Dono, Circus girl

y después
nos frotamos los senos con savia de almendro.
Como estamos tan locas ya da igual lo que hagamos.
Como ya hemos pecado es un deber disfrutarlo.
Ana Tapia,  El polizón desnudo


Tiene las tetas descubiertas por un inmenso escote, y un abrigo largo de peluche blanco a punto de taparlo por si las luces que viera giraran rítmicamente. Ya paso junto a ella: Ciao, tesoro. Hai una
sigaretta? Y le doy una.
Antonio Portela, Ciudadano romano

Al levantarse
me han rozado sus pechos
interminables.
Eduardo Moga, Los haikus de tren

las sirenas seducen con olas de cabellos como
líneas de infinitos colores, con senos que te roban la pureza, y más arde la
llama y el frescor que hay en tu corazón, y se agudiza tu sordera
Fatena al-Gurra, Excepto yo



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www.elgaviero.com


martes, 20 de agosto de 2013

El barco gaviero

Una puerta se abre y aparece un río de piedras. Me convierto en un barco.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre



en mi barco pirata no hay maldad pero en mí sí
Elise Plain, Pan para la princesa


un barco zarpa
dejando así los peces
sobre la orilla
Noah Cicero,VOMIT


Y ahora sobre la cubierta del barco, zarandeado por la tormenta, no entiendes. No comprendes. Deseas pensar en el kraken, pero sabes que no se trata de eso. Deseas pensar en las sirenas y su canto, pero no es un canto, y no aturde sino que duele. Deseas pensar, pero tu mente poco a poco se va hundiendo en la lluvia febril. En el aullido que desnuda las aguas. Tu mente, frente a algo inconcebible que emerge de las aguas, desapareciendo, dejando de ser.
Raúl Quinto, Idioteca

Mi sueño no es un barco cubierto de nieve.
David Meza, El sueño de Visnu


y en el antiguo zoco una gitana
me echa las cartas en un velador
en donde se reflejan los gavieros
y me habla de la fama, de los barcos,
de un amor absoluto
Verónica Aranda, Postal de olvido 



No importa si me oxido en el odio intenso por mi barco cuerpo
Maite Dono, Circus girl


Puedo mirar los grandes barcos grises
que me vencen al cielo descubierto,
y sentir Tu presencia en el destierro
que cincela en mi piel las cicatrices.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

Es mediodía, y duele.
Apenas hay luz.
Sin embargo, llega a mis oídos
el crujir de los cascos de los barcos
sobre el silencio, en selecto orden sonoro.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

El viento aleja tortugamente un barco sobre papel satinado
Maite Dono, Sobras


Es posible que ésta no sea la vida
que queremos.
Hubiésemos preferido
un barco y una bolsa 
de guineas
para reinventarnos cada vez en un mar
distinto.
Ana Tapia, El polizón desnudo



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viernes, 14 de junio de 2013

Donar sangre en cada verso


Ilustración de Ana Canteras para Cenicienta en Sangre de Begoña Callejón
Mira la sangre y bébela
Maite Dono, Circus girl

Aprendemos que la tierra oculta agua y que los animales ocultan sangre. 
Ana Tapia, El polizón desnudo

palabras invisibles que fluyen
como sangre de una herida mortal
Germán Guirado, Menos tú


De mí mana la vida
y ellos abren sus bocas para libar la sangre
pactada.
Sara R. Gallardo, Epidermia

La muerte y sus heridas que supuran,
la muerte y sus quirófanos precarios,
cuando la madrugada escupe sangre
sobre algún sequedal con girasoles.
Verónica Aranda, Postal de olvido

Un ábaco de sangre te dio la cifra exacta, el día preciso, la transparente hora. 
Antonio Lúcas, Qué la fuerza te acompañe

La sangre es la vida
Branca Novoneyra, Almanaque poético

Esta lluvia de números de códigos
que van entrelazándose que tejen
la sangre en las arterias y la savia
en el núcleo de anillos de los árboles
José Pablo Barragán, La Nave


Escribí tu sangre y tu sangre me volvió un campo de uvas el vientre.
David Meza, El sueño de Visnu

Yo no sé nada de las ratas que nadan en mi sangre
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Los dientes convocan sangre, la paralizan.
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de

Un corazón, un solo cuerpo,

y en las venas
sangre, y más sangre
para el pájaro oblicuo
de la eternidad.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

Arden los ojos
en un poniente de ciruelas
y de sangre derramándose.
Carles Duarte, Los inmortales

Cadencia de sangre agolpada contra el espigón.
Natalia Manzano, Apnea

¿mintiendo como los colores artificiales a los insectos,
o prometiendo
con la levedad de la sangre de la amapola blanca
endulzar los tallos de los glóbulos rojos?
Sofía Rhei, Química

Si me abrigas prometo cauterizarte cuando sangres
Maite Dono, Sobras

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martes, 18 de diciembre de 2012

Siguen nuestras ofertas navideñas con una pareja de viaje

Dos viajes para combatir el olvido. 
Dos catálogos de sensaciones desnudas. 
Dos libros que experimentan en el camino.
Ana y Verónica registran burbujas de memoria, reivindican con fuerza una mirada maravillada ante el espectáculo del mundo, porque a pesar de todo, siempre se puede inventar un lenguaje, un código que nos salve.


Seguimos lanzando ofertones. En este caso puedes obtener los títulos Polizón desnudo de Ana Tapia y Postal de Olvido de Verónica Aranda por 20 euros (ahorro de 10 euros). Sólo tienes que escribirnos a elgaviero@elgaviero.com para solicitar los libros, indicando como asunto: baile de ofertas. (Gastos de envío incluidos en territorio nacional)*


Además, si lo deseas te lo envolvemos gratis.


Ana Tapia, El polizón desnudo.
Prólogo: Ana Gorría
Ilustración: Carmen Hernández
ISBN: 978-84-936617-2-4
Verónica Aranda, Postal de olvido.
Prólogo: Antonio Gala
Ilustración: Marta Useros y Javier Cantalapiedra
ISBN: 978-84-936617-9-3

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*Oferta válida hasta el 6 de enero de 2013

sábado, 17 de noviembre de 2012

Triste España, triste Comunidad Internacional paralizada, triste poesía

Foto: Ana Santos Payán

Querida Ana: qué tristeza hoy, qué día pálido. "Je ne sais pas" es la canción imaginaria que suena dentro de mí. A veces preferiría estar muerta, mais...
Elise Plain, Pan para la princesa

al pie de los párpados
la tristeza ha rebasado sus límites
el corazón ya no resiste
Maite Dono, Almanaque poético

Un poco de tristeza hace brillar a una menta que llora
Fatena al-Gurra, Excepto yo

Escribo en nombre de ellos, para los que el Coliseo sigue siendo una muestra de tristeza y tortura.
David Meza, El sueño de Visnu

La luz de tu suicidio. La tristeza en los ojos. Hace falta morir para dibujarte desnuda.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Pero nosotros no tenemos palabras para ti;
no hay nombre que valga para la tristeza de tu rostro.
Martín Espada, Soldados en el jardín

en la peluquería se desentraña el cardado de la soledad
el pasador de la tristeza sujeta
con los bigudíes del olvido
la permanente rizada del tiempo
María Eloy-García, Cuánto dura cuanto

Boca sembrada de grietas.
Cuerpo opaco de la tristeza.
Germán Guirado, Menos tú

Eeva aprendió a hablar español y Moira aprendió a dejar que su tristeza fluyera en
torrente calle abajo.
Natalia Manzano, Apnea

Pobre siglo veinte
vapuleado por nuestra tristeza.
Yo nací en él. Nací en él.
Y le he sobrevivido.

Tanto deseo en
medio de toda esta
tristeza de sal.
Sara Gallardo, Epidermia

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Otoño: la rendición de la clorofila

Foto: Ana Santos Payán
Cercano el otoño, se rindió. 
Ana Tapia, El polizón desnudo

El baile, el sollozo y el negro persistente
se rebelan en las hojas de otoño 
Fatena al-Gurra, Excepto yo

La obra que acababa de hacer no era para los hombres, era para la vida. Las ramas seguirían creciendo, las hojas naturales se caerían al llegar el otoño, pero las suyas permanecerían. Había injertado en aquel árbol la eternidad posible.
Antonio Portela, Ciudadano romano

En otoño hacíamos batallas de hojas secas hasta que mis mejillas estaban rojas.
Natalia Manzano, Apnea

Otra cena que se retrasa.
Es un imperio esta acera,
pan tierno en el bocadillo del otoño.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

Octubre.
El primer frío.
Su memoria arde ya
en el país del-viento.
ver llegar el-otoño una mañana desde el
Café Comercial. juntar todas-las-barras de todos-los-bares del mundo
es una película francesa.
Elise Plain, Pan para la princesa

En el bosque
es otoño y las putas
son cuadros de Rafael,
negro y carmín.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

informe:
un cielo repleto de otoño…
es como tartamudear la
soledad
Mónica Valenciano, Almanaque poético

Escombros de la paz y del otoño, última habitación de la impotencia. 
Ana Gorría, Araña

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jueves, 22 de marzo de 2012

Palabra hecha de sangre y agua: pequeña antología de poesía líquida

A Elena Pedrosa, Ynma Niego y Teresa Claramunt

Tu palabra,
hecha de sangre y agua.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

Lo primero es un punto, lo segundo un movimiento, lo tercero una línea, lo cuarto una figura geométrica, diez, cien, miles de ellas. Lo quinto es el agua. 
Agua que fluye por las venas del mundo. Quizá los muertos se muevan bien en el agua. Agua de Samarra, de Kairuán, de Al-Ándalus, porque ellos siempre amaron el agua. Cómo no amar lo que no se tiene. 

El único lujo aquí
es el agua caliente.
La certeza de tener
una piel
limpia.
La dignidad del gesto,
gota a gota,
sin jabón ni perfume.

El agua me llegó
inesperadamente (o desesperadamente?) hasta las rodillas, los muslos... El agua,
otra vez, sube por mi cintura hasta el pecho blanco y pequeño, me toca los labios.
Al final, un frescor in fi ni to de algas y sal in-va-de todo mi cuer po. ¿Qué tiene la
alegría? ¿De dónde nace? Como la tristeza va y viene, viene y va.
Elise Plain, Pan para la princesa

Y tu espejismo es agua
y el agua no se sacia desde el ay de la alquimia enterrada en el umbral de “Aanat”
el ay es el secreto de la creación
y el de la memoria
Fatena al-Gurra, Excepto yo

Glosa de Waldo Leyva: “Toda el agua que hoy limpia, lo más seguro es que mañana manche.”

Recitaban, los labios, las olas del placer.
De agua,
esencias de vida fluyen en nuestros cuerpos.
Carles Duarte, Los inmortales

Rebotamos contra las paredes de esta cárcel del idioma, instalada sobre la estera de un desierto. Qué pájaro querrá beber de este charco de autocomplacencias. Qué humano se contemplará en toda esta agua por la que circula con lentitud de vaca el universo. Una huella seca significa más que esto, relata mejor lo que se entusiasma y se pudre.
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de

Cuatro pasos de agua son frontera
entre su ombligo y la autopista.
Confío en la ruta de mordiscos de su espalda.
Elena Medel, Vacaciones

Se abren grietas en el suelo. El agua fluye por la cascada de Shiraito; ahora mis pies descansan.
Pablo López Carballo, Crea mundos y te sacarán los ojos

Pregón de lejanía y socorro
como una olvidada noche de agua.

Este pájaro no sustituye a la teoría
pero su fe amarilla
en el espacio nos hace débiles
como el agua.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

Pinos, penumbra.
El agua del crepúsculo
apaga el bosque.
Eduardo Moga, Los haikús del tren

Deseas pensar, pero tu mente poco a poco se va hundiendo en la lluvia febril. En el aullido que desnuda las aguas. Tu mente, frente a algo inconcebible que emerge de las aguas, desapareciendo,
dejando de ser.
Raúl Quinto, Idioteca
Agua en la noche,
da a mi incierto interior
sonoros
hilos.
Y un norte
siempre en fuga.
Y una abstracción
de viajes.
Lorenzo Oliván, La noche a tientas

Terminarás por casarte con ella, ya lo verás, no digas de este agua no beberé porque el agua puede convertirse en vino, es ley de vida.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da


Antología ampliada el 22 de marzo de #2013añopoético

Digamos que como Cristo camino sobre las aguas
Veo el nombre
El nombre, en el ronsel de las aguas
Se dibuja el nombre después de cada naufragio
Maite Dono, Sobras

Escribí Copérnico en el agua y
se formaron 300 órbitas azules.
David Meza, El sueño de Visnu


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jueves, 8 de marzo de 2012

Todas las mujeres del universo sois tú


Todas las mujeres del universo
sois tú.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

Tú lo decías mamá
Que no leyera tantos libros que tu bien sabes
Que trastornan el entendimiento como al pobre del quijote
Y quitan las ganas de ser mujer de mi casa
Y cuidar de mi hombre y de mi ristra de hijos
Maite Dono, Circus girl

Cuando una mujer desaparece, no se ha perdido.

Me acuso de vivir viviseccionada
de no poder escribir lo que desearía y cuanto desearía
por sobredosis de mujerismo.
Me acuso de no haber parido la gran novela que prometía a los 12 años
sino un hijo, algo que, según Onetti o Jelinek
impide a las mujeres alcanzar el estatuto de verdaderas artistas.
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de

¿Es la mujer
la que roza la mano,
o es la luna?
Eduardo Moga, Los haikús del tren

Letrero: W.C. Huellas. Urinarios. Error. Media vuelta: __ Allá arriba. Biombos. Escaleras. Mujeres en letras desgastadas. Mugre. Dos puertas.
Sara R. Gallardo, Epidermia

El perfume no borra la necesidad de ser mujer.
Pablo López Carballo, Crea mundos y te sacarán los ojos

En mayo los hombres pisarán el cuello de las mujeres
Y pisarán el cuello de las mujeres
Y les dirán con la bota en el cuello
sonríe, puta, ha salido el sol, la vida es bella

Era una mujer tan distante que su luz me llegó al cabo de dos millones de años, cuando ella ya no existía.
Camilo de Ory, 300

no llevo la boca roja me abrazo a su abrigo ruido de abrigos “es una
cuestión sólo de botas” lloro
de alegría por la mujer y de tristeza por la niña. él no puede
saberlo. se apagó el último rayo
Elise Plain, Pan para la princesa

Las aguas de lodo y hueso
de mujer. Su telar y marisma
a nado. Un solitario icono.

Sé tú, mujer, mi lengua eterna
sácales de los laberintos del saber
y engulle sus preguntas vacías
Fatena al-Gurra, Excepto yo

No te importaría nacer mujer en otra vida.
Puede que incluso te gustase.
Toda metamorfosis es una retorcida forma de poder
para quien supo conservar la memoria de lo que fue.

Lo que vi fue una mujer que nunca se reía que, de repente, se rió y sus dientes eran como gárgolas enmohecidas.

Es un imperio esta acera,
pan tierno en el bocadillo del otoño.
Sin pudor una mujer cambia el pañal
a un niño. Otra mastica su edad
ante un número atrasado de Vogue.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

En la mano abierta tiene escrito la mujer un verso con tinta de color naranja.

La impasible mujer con la que duermo está a todas horas tan cerca de mí que su corazón y sus pulmones se confunden con los míos, tan cerca de mí que los crueles peces de mi estómago se adentran inadvertidamente en el suyo.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da

la mujer es el bosque donde está perdida

Y cada vez tú
eras otra persona, otra historia,
otra mujer
Guillermo Lago, Qué es lo que es



a Autores y Autoras
 porque este día es sólo un día más en el calendario, pero también un recordatorio de lo que la palabra mujer significa en nuestro país, y, sobre todo, en la poesía.


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miércoles, 23 de junio de 2010

EL POLIZÓN DESNUDO de Ana Tapia por Carmen Moreno

Foto: Ana Santos Payán

Difícilmente se encuentra un libro como este de Ana Tapia. Difícilmente se encuentra a un/a poeta que sea capaz de trasladar al verso la antropología. Pero, sobre todo, difícilmente se encuentra hoy en día un libro de poemas tan perfecto y tan heterogéneo como el que nos presenta El Gaviero.

El polizón desnudo es un libro que nos adentra en lo peor del ser humano (en esa estancia conquistadora que somete, aunque para ello haya que derramar sangre), en la ternura más limpia, en la libertad más demoledora.

Hacía mucho que no leía un libro como el de Ana, de esos que te miran a los ojos y te clavan cada verso en las retinas. Porque todo está medido, cada palabra es la que es y no podría ser otra; la rabia está contenida en la poeta para que se desborde en el lector.

ANA TAPIA (Almería, 1974). Licenciada en Psicología y en Antropología Social. Ha sido profesora de Escritura Creativa en los Talleres Castalia de Granada. Colaboró en revistas como El fantasma de la glorieta, Iguazú y El Coloquio de los perros, así como en el diario La Voz de Almería. Fue redactora jefe de Campus (Universidad de Almería). Algunos de sus relatos aparecieron en antologías como Todos somos diferentes (Asociación de Derechos Civiles, Madrid, 2000), Relatos Martín Vivaldi(IAJ, 999) y Microrrelatos Art Nalón (Langreo, 2006). Su poemario Túnel de espejos deformantes (Andrómina Ediciones, 2006) recibió el Premio Leonor de Córdoba. Obtuvo premios de relato como el Premio Carmen de Burgos por El baile de las agujas (Almería, 999) y el Premio Martín Carpena por La Misión de Gorio. Trabaja como profesora en un instituto de secundaria.

Un libro dividido en seis partes que podrían ser una, o seis libros diferentes. Porque, como dice Ana Gorría en el excelente prólogo que inaugura al polizón: "Todo creador de símbolos arriesga una aventura." Tapia crea los símbolos pertinentes para señalar con una extraña fiereza todo lo que cree denunciable, aquello que nos han querido inculcar como la norma y no es sino la regla sin medidas que establecen unos para los otros.

Y es que este libro habla de eso, de lo que Benedetti llamó la "otredad", pero con un filtro único, sustancialmente distinto a todo lo que se ha visto, porque Ana tiene el sentido crítico de la filántropa.

Por otra parte, la reivindicación del llamado por las sociedades patriarcales "el sexo débil", se transforma aquí en una lucha llena de belleza y sensualidad.
Si se acercan a las palabras y los versos de esta almeriense, no van a poder evitar terminar recomendando su lectura como, ahora yo, estoy recomendándosela a ustedes.

APUNTES SOBRE EL CORAZÓN DE MARGARET MEAD

El mundo entero es un lugar
que rezuma hogares
donde poder vivir.

No se mide el amor a un hogar
por el tiempo
o por la antigüedad de sus hechuras
sino por la vivacidad que allí reside.

He visto el mundo y sé que es un hogar
de muchas chimeneas
desde el que al fin podré mirar
el vuelo de las ocas que se marchan al sur.


miércoles, 17 de marzo de 2010

CÓMO NO ESCRIBIR…

Y cómo, preguntaron, cómo
escribir después de Auschwitz.
Y después de Auschwitz
y después de Hiroshima, cómo no escribir.
(José Ángel Valente)
Y cómo no escribir después de Irak, de Gaza, de Ciudad Juárez, del terrorismo doméstico y bancario, después de la explotación infantil, de la sed, cómo no escribir.
El compromiso une a los buenos poetas. Ya no se entienden viejas disputas decimonónicas. Que los pandilleros no nos vendan más motos. ¿O acaso no son comprometidos también los versos de José Ángel Valente con los que hemos empezado?
Sorprende la gran cantidad de obras que una editorial tan pequeña y humilde como El Gaviero recibe con una temática social o comprometida. Los poetas se implican, y en nuestro catálogo empiezan a abundar los poemarios combativos. Quizás como lectores nos guste cierta agitación o cuando menos encontrar voces discordantes.
Así que El Gaviero canta y protesta con varios títulos: los dardos malévolos de Álvaro Salvador en Después de la poesía (aforismos); la artillería de Hitler contra la de Petrarca en Fragmentos de cal de Juan Manuel Barrado; la mirada irónica a la realidad más cotidiana y mísera de María Eloy-García en Cuánto dura cuanto; la defensa del otro, de la cultura diferente en El polizón desnudo de Ana Tapia; o las trincheras plagadas de muertos que valen más que cualquier idea en Infierno sostenido de Óscar Santos. Las novedades de El Gaviero también siguen esa línea: Soldados en el jardín del neoyorquino Martín Espada; y Excepto yo de la poeta palestina Fatena al-Gurra. El primero, un compendio contra las injusticias del imperialismo yanqui; el segundo, la valentía de una mujer rebelde que denuncia los estragos del fanatismo, y del machismo.
En nuestro “Manifiesto SciFi”, publicado hace un par de años, actualizamos el conocido lema de la poesía comprometida “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya, con la pistola láser de Han Solo y el vergonzoso presente. Porque este mundo corre tanto que mirar más allá del horizonte resulta impertinente: la poesía es una pistola láser cargada de presente.
Ana Santos y Pedro J. Miguel
(Texto publicado en el número 11-12 de la revista Nayagua. Diciembre 2009)