miércoles, 1 de julio de 2009

Cuaderno estival 3

Golpe de calor gaviero
Imagen: María Suárez
MUERTOS DE GOLPE

Hay muertos que se te quedan mirando con cara de muerto, preguntándote con los ojos muy abiertos por qué o para qué se han muerto. Los muertos que no dan crédito a lo ocurrido son los que más pena dan porque tú ya no puedes hacer nada y no puedes darles ninguna razón convincente para consolarlos, así que les cierras los ojos y los dejas a oscuras. El muerto, por muy sorprendido que esté, no puede moverse por definición, pero eso no le quita la mala hostia, y se queda esperando a que alguien lo despierte o le cuente qué es lo que realmente ha ocurrido, aunque nadie lo hace, y en lugar de eso llega la UVI móvil y le mete dos descargas en el pecho que lo dejan definitivamente muerto. No contentos con eso, una ATS muy dinámica le inyecta en su cuerpo inerte dos jeringazos de algún producto que haría las delicias de más de uno, pero ni con esas; entonces el jefe de la UVI móvil ordena que le abran una vía, que lo intuben y yo qué sé cuántas cosas más con tal de que el muerto no se les muera, y lo meten en una ambulancia de carreras y se lo llevan a toda velocidad hasta el hospital más próximo (a punto de matarse). Por el camino le hacen una traqueotomía porque al jefe de la unidad móvil le molesta sobremanera que la gente se muera en su turno y se pone más terco que una mula. Con tanto ajetreo el muerto empieza a darse cuenta de qué va la cosa, se relaja un poco y ya no le importa para qué se ha muerto o por qué, sólo da gracias a dios por haber estado muerto antes de que le hicieran todo aquello.


Juan Pardo Vidal, Tus Muertos, El Gaviero Ediciones, 2004, pp. 27-28.