viernes, 10 de julio de 2009

Cuaderno estival 5

Canoas al agua!!!
Imagen: Roberto González Fernández

Olímpica tercera
a David Cal

La mañana es un reino diferente.
Otra temperatura y otra luz.
Temprano es la palabra. Todavía
el agua está mezclada con el amanecer.
El remo los remueve. La proa los separa.
Raras categorías alfanuméricas
organizan las clases de los competidores,
para hacer abstracción del onanismo
que llegan a exhibir los más audaces
entre los navegantes solitarios.
La canoa es concreta,
su material ultraligero acota una fracción de horizonte
que se puede tocar,
¿y quién discutirá que resulta atractivo
participar de la condición del centauro
montando una fracción de horizonte que avanza
imparable hacia el cruce
con la línea ideal, parecida al futuro
porque sólo es visible sobre la foto finish?
Energía del cuerpo: ¿y los que han madrugado
sólo para mirar? ¿No contribuyen
a deshacer los nudos de las ondas?
Pero el héroe los corta con su espada de nauta.
Estrictas son las órdenes que da la adrenalina:
desactiva bostezos, empuja la epopeya,
hace volar el torso como en algunos sueños
e ilumina la cara de los más contenidos.
Después de la victoria, por natural impulso
los versos se dirigen hacia Crónica Regia.
La Reina y el Atleta, aturdidos, despiertos,
intercambian saludos de animales insólitos,
de especies protegidas por la Europa ecológica.
El viento comunica sus cabezas cercanas.
Virtud propia de príncipes es la serenidad.
El triunfador, según el periodista,
no ha tenido problemas para dormir anoche.
Es serio, está llamado
a su propio interior. Entrenaba escuchando
rock urbano en formato mp3,
por horas infinitas.
En internet lo llaman un tímido de oro.
El piercing de su boca es un punto de acero.
Ama los monosílabos.
Es de un pueblo pequeño. Cada día cargaba
con esa embarcación esbelta y frágil
y remaba en el mar de la monotonía
inconsciente, constante, lo mismo que el asceta
que reitera ejercicios para salir del mundo,
así durante meses, así durante años,
para llegar a esto,
a esta mezcla del chándal y el olivo,
a esta clara mañana
en la que está de pie sobre el mapa de Grecia.

Juan Antonio González Iglesias, Olímpicas, El Gaviero Ediciones, p. 53.