jueves, 30 de julio de 2009

Cuaderno estival 7

Foto: Ana Santos Payán
Postales de este suelo

Pajarillo

La madre de un amigo encendió el extractor de humos de su cocina para que no se llenara la casa de olor a comida, pero el extractor no tiraba. Lo apagó y lo volvió a encender, pero la cosa no terminaba de arrancar, así que abrió la ventana y se resignó a no usarlo esta vez.
Cuando el padre de mi amigo volvió del trabajo para comer, se quejó de que toda la casa olía a comida y la madre le explicó lo que había pasado. El padre probó con el interruptor dos o tres veces, pero aquello no funcionaba. Se sentaron a comer y un rato después, el padre cogió un destornillador y empezó a desmontar la campana. Dentro del motor encontró un pajarillo moribundo que respiraba a duras penas. Lo sacaron y lo lavaron como pudieron, enjabonándolo bien para quitarle la grasa que tenía incrustada en el cuerpo y en las alas. Había zonas que tenían la grasa tan asimilada que les era casi imposible arrastrarla sin hacerle sangrar y no ahondaron demasiado para que no sufriera.
Lo extendieron en la terraza sobre una toalla para que el sol derritiera la grasa y esperaron a ver cómo evolucionaba. Al día siguiente, el pajarillo estaba mucho mejor. Toda la familia seguía pendiente y se agolpaba junto al lavabo del cuarto de baño para ver cómo el padre mojaba el cuerpecillo del pájaro. Lo volvieron a enjabonar y a aclarar, y los últimos restos negros de aceite quemado se desprendieron de sus plumas.
Tuvieron la paciencia de calentarlo con el secador de pelo y lo volvieron a dejar en la toalla. El pajarillo empezó a moverse por el suelo de la terraza y todos se pusieron muy contentos. Veían que ya era inminente que se fuera volando. Un rato después, mi amigo se acercó a la terraza para ver cómo seguía aquel pequeño visitante enfermo y avisó a sus padres y a sus hermanos. El pájaro había muerto. No había podido aguantar tanto cariño.

Antonio García Fernández, La eterna promesa, El Gaviero Ediciones, 2005.

2 comentarios:

ana dijo...

Sale muy guapo en esta foto.

estibaliz dijo...

Una vida sin una historia con un pájaro es menos vida, con certeza.