jueves, 8 de octubre de 2009

Química por Ignacio Vleming

Química: no hay nada más romántico que la ciencia
Reivindico un libro difícil y hermoso. He de reconocer que la primera vez que leí Química, el poemario de Sofía Rhei que celebro aquí, no entendí nada. Pero también es cierto que sigo sin comprender muchas de mis obras de arte favoritas. Química se parece sorprendentemente a las clases de formulación que nos deslumbran y nos desconciertan a los 16 años, sin remisión. Recuerdo con terror aquel examen en el que las formas más absolutas de la belleza, se condensaban en estructuras cristalinas, que todavía me cuesta creer que existan.
Aquellos que en su adolescencia preferíamos las letras descubrimos cómo Química lo trastoca todo, y de pronto la tabla periódica de los elementos se convierte en un extraño alfabeto y la formulación no es más que una variante de la gramática. Los títulos de este poemario serían una especie de moléculas imaginarias, o no tanto, como si el flujo de la poética no se diferenciara al de la biología. Así dice “sucede que el texto de tus / genes / es literatura” y la palabra “Vicio” resulta de sumar Vanadio + Yodo + Carbono + Yodo + Oxígeno y la palabra “Función” de Flúor + Uranio + Nitrógeno + Carbono + Yodo + Oxígeno + Nitrógeno. En esto hay un concepto muy parecido al de la métrica. Si bien estos poemas son de verso libre, la concreción y exactitud con la que Sofía coloca cada elemento y pronuncia cada palabra, hacen de Química un texto absolutamente medido y calculado, una estructura molecular, también propia del barroco.
Porque Química está lleno de alusiones estéticas “No existe escultor, ni dibujante, capaz e aproximarse siquiera / a tus huesos nítidos” Ya que al igual que el artista genera la obra, las fuerzas de la naturaleza generan la vida. La vida que en Químicase traduce siempre por amor. Así comienzan a generarse todo un sistema de metáforas donde amante y amado, son energías que se contrarrestan, que se oponen y se disparan. Y son también la estrella y el satélite, si tomamos por metáfora la astronomía, o la plata y la luz, si tomamos por metáfora la fotosíntesis. Como en la mejor literatura amorosa, la paradoja es otro de los artilugios poéticos al que Química recurre más frecuentemente “de día / no sé mirarte sin verte en mi sueño, / inundándolo de vigilia luminosa”
De esta manera Química hace de la ciencia el método más romántico.
Artículo de Ignacio Vleming en Minotauro Digital