Mostrando entradas con la etiqueta Química. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Química. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de junio de 2012

Summertime



Sofía Rhei, Química.
Prólogo: Pedro Cañas Navarro
Postfacio: Antón Faedo
Ilustración: Jacqueline Toon
ISBN: 978-84-935544-6-0
PVP: 14 €


Puedes comprar el libro aquí 

lunes, 6 de febrero de 2012

Ojos que leen, corazones que sienten. Díselo con libros.



Si quieres sorprender el día de los enamorados, El Gaviero Ediciones te recomienda:

La erótica guasona de Ángel Guache en Veinte erosonetos y una declaración desesperada.

Pariré este soneto mal parido,
me comeré tus peras y tu higo,
y así una y otra vez yo te bendigo
por lo que habrá de ser bien digerido.

La realidad física del amor en Química de Sofía Rhei.

porque me hundo al mirarte, en un océano de órbitas,
en una corriente levógira de espuma de elipses,
en un caudal de antimateria dis olv  e  n   t    e

O el amor desgarrado de Maite Dono en Circus girl.

Estoy podrida
Una vez más estoy podrida a la altura del amor
Y el amor apenas corresponde como debe
Apenas esto apenas esto apenas esto





Trato de revitalizar el soneto clásico a partir del humor, y de transmitir las experiencias más enloquecidas de la pasión.
Ángel Guache
Ángel Guache, Veinte erosonetos y una declaración desesperada.
Prólogo: Antonio Orejudo

Ilustración: Pepe Yagües

ISBN 84-934411-2-0

PVP 12 €



La vida en Química se traduce siempre por amor.
Ignacio Vleming
Sofía Rhei, Química.

Prólogo: Pedro Cañas Navarro

Postfacio: Antón Faedo

Ilustración: Jacqueline Toon

ISBN: 978-84-935544-6-0

PVP: 14 €


Una voz que en su suave articulación encierra el dolor que supone estar vivo.
Ana Gorría


Maite Dono, Circus girl.

Ilustración: Cristina Llorente

ISBN : 978-84-936617-1-7

PVP 14 €


Puedes comprar los libros  aquí 

domingo, 15 de enero de 2012

Palabras con radioactividad escondidas en la red


La marea de google ha dejado en la playa, con cuatro años de retraso, esta reseña de Química de Sofía Rhei que escapó a nuestro catalejo.





La verdad es que la primera vez que me tomé un zumo de naranja en sillones de escay rojo con Sofía Rhei (Madrid, 1978), sospechaba que todos esos inventos que me iba descubriendo poco a poco –porque ella tiene un sexto sentido escénico que le impide el exhibicionismo barato– sólo podían salir de la curiosidad por apropiarse de lo más prosaico para volverlo poesía. Para hacerlo exótico. La sospecha se confirmó tras leer Química (recientemente publicado por los magos de El Gaviero Ediciones), en el que hace andar a los poemas desde la tabla periódica de los elementos. Imagínate, química y poesía. Para que lo entiendas, piensa en un Scrabble en el que se componen palabras y se acompañan de poemas, que casi son aforismos por la concreción y expresividad.

Elementos contrasistema

Sofía ha acercado tanto la poesía al ajetreo de la calle que la profundidad del arte ya no está reñida con el kitsch comercial. Y qué alivio encontrarse con actitudes como éstas, cuando hoy nos enfrentamos a la superproducción de memoria, de recuerdos, a la superproducción de lo viejo. Lo nuevo, por cierto, no significa la superación de lo viejo. Ni siquiera, una separación de lo viejo. La cualidad de lo nuevo, que es la que ostenta Rhei, supone que la regla para seguir la tradición es romper con ella. Ella lo hace con el optimismo de la voluntad, contra el pesimismo de la inteligencia. “Creo mucho en el optimismo”, dice como insinuando que no escribiría si no fuese para cambiar algo. Para el optimismo todo tiene explicación, porque con el optimismo, al parecer, se revela el genuino interés por todo.

Esto no es un juego
Química es un libro para los descubrimientos: para la química de los flujos que llevan al enamoramiento, para pellizcar en las pequeñas señales y para ver cómo la ciencia estimula la metafísica, paradójicamente. Su interés por la ciencia (Biología era una de sus asignaturas favoritas) hace creer en el lector como el responsable último de un acto de lectura creativa. Con el lector en plena encrucijada de preguntas cruzadas, en las que se cuestiona si es realmente objetivo el lenguaje científico y si la expresión poética es tan, tan privada, la poeta se presenta como alguien que muestra, no como alguien que ve. Eso quiere decir que Química evita la evidencia para no caer en desencantos, para no generar banalidades, para decirlo en breve, para no agotarse. Así que se exprime para limpiar toda la gaseosa, todo truco, todo lo que sobra. Y se escurre los adentros para hablar de amor, otra vez, y soltar un: “Crecer no basta si no es en dirección a ti”, Pim. Un “Me basta la mitad de espacio para darte el mismo tiempo”, Pam. Un “No debes preocuparte: no dejarás de existir de repente porque estaré para mirarte”, Pum.




Sofía Rhei, Química.
Prólogo: Pedro Cañas Navarro
Postfacio: Antón Faedo

Ilustración: Jacqueline Toon
ISBN: 978-84-935544-6-0
PVP: 14 €
Datos técnicos
Primera edición, 800 ejemplares, 666 numerados.
90 páginas.
19,5 x 16 cm.
Papel Cyclus de 100 gr. para el interior, y Cartoncillo Bigris de 1350 gr. para la cubierta.
Tipos Garamond.

Puedes comprar el libro  aquí 


jueves, 8 de octubre de 2009

Química por Ignacio Vleming

Química: no hay nada más romántico que la ciencia
Reivindico un libro difícil y hermoso. He de reconocer que la primera vez que leí Química, el poemario de Sofía Rhei que celebro aquí, no entendí nada. Pero también es cierto que sigo sin comprender muchas de mis obras de arte favoritas. Química se parece sorprendentemente a las clases de formulación que nos deslumbran y nos desconciertan a los 16 años, sin remisión. Recuerdo con terror aquel examen en el que las formas más absolutas de la belleza, se condensaban en estructuras cristalinas, que todavía me cuesta creer que existan.
Aquellos que en su adolescencia preferíamos las letras descubrimos cómo Química lo trastoca todo, y de pronto la tabla periódica de los elementos se convierte en un extraño alfabeto y la formulación no es más que una variante de la gramática. Los títulos de este poemario serían una especie de moléculas imaginarias, o no tanto, como si el flujo de la poética no se diferenciara al de la biología. Así dice “sucede que el texto de tus / genes / es literatura” y la palabra “Vicio” resulta de sumar Vanadio + Yodo + Carbono + Yodo + Oxígeno y la palabra “Función” de Flúor + Uranio + Nitrógeno + Carbono + Yodo + Oxígeno + Nitrógeno. En esto hay un concepto muy parecido al de la métrica. Si bien estos poemas son de verso libre, la concreción y exactitud con la que Sofía coloca cada elemento y pronuncia cada palabra, hacen de Química un texto absolutamente medido y calculado, una estructura molecular, también propia del barroco.
Porque Química está lleno de alusiones estéticas “No existe escultor, ni dibujante, capaz e aproximarse siquiera / a tus huesos nítidos” Ya que al igual que el artista genera la obra, las fuerzas de la naturaleza generan la vida. La vida que en Químicase traduce siempre por amor. Así comienzan a generarse todo un sistema de metáforas donde amante y amado, son energías que se contrarrestan, que se oponen y se disparan. Y son también la estrella y el satélite, si tomamos por metáfora la astronomía, o la plata y la luz, si tomamos por metáfora la fotosíntesis. Como en la mejor literatura amorosa, la paradoja es otro de los artilugios poéticos al que Química recurre más frecuentemente “de día / no sé mirarte sin verte en mi sueño, / inundándolo de vigilia luminosa”
De esta manera Química hace de la ciencia el método más romántico.
Artículo de Ignacio Vleming en Minotauro Digital