martes, 28 de junio de 2011

Peligro de vida, de Francisco J. Martínez Morán por Javier Molina

El mal existe y está en el hombre, unas veces latente, otras de forma explícita, pero siempre acarrea consecuencias fatales.


Saludamos desde el Desván de la Casa Usher la apuesta de las editoriales independientes por autores nuevos que tienen algo que decir en el panorama literario. El Gaviero Ediciones, sello independiente de Almería, le ha dejado un hueco a Francisco José Martínez Morán, poeta ganador del premio Hiperión 2009. “Peligro de vida”, su nuevo libro, es una colección de 46 textos breves, reunidos en apenas 145 páginas. Podría decirse que esta obra se encuadraría en el difícil arte del microrrelato, y que por ello es de lectura sencilla y rápida: nada más lejos de la realidad.
Por definición, un microrrelato debe contar una historia de intensidad máxima con el menor número de palabras posible. El texto debe tener por tanto la fuerza suficiente para captar rápidamente la atención del lector, llevarlo del ronzal durante el desarrollo al lugar y al momento que le interesa al autor, y sorprender al lector (o “golpearle”, como me gusta decir a mí) con la última frase o palabra. Lograrlo no es fácil porque para contar con la complicidad del lector, el autor debe seducirlo con una historia impactante por su temática, o hacerle reír si el relato es hilarante, o asustarlo si es de terror, o bien moverlo a la reflexión, o llevarlo a territorios marcados por las reglas de un mundo fantástico o surrealista. Y para ello el autor debe contar siempre con la misma herramienta: la palabra justa y precisa. Cada palabra tiene su valor, su medida y su sonoridad.
Y de eso sabe Francisco José Martínez Morán, que ha logrado además con este “Peligro de vida” sacudir la conciencia del lector hasta límites que hacía tiempo no recordaba al leer un libro de microrrelatos. (Si acaso recordaría quizá la impresión que me causaron otros dos libros que leí hace tiempo: “Noticias de la frontera”, de Juan Gracia Armendáriz; y “El artista y su cadáver”, de Fernando Aramburu, dos magníficos ejercicios de estilo y contenido). En cada texto del libro que nos ocupa, Francisco J. Martínez Morán muestra una forma de destrucción del hombre… O más bien, de autodestrucción. El mal existe y está en el hombre, unas veces latente, otras de forma explícita, pero siempre acarrea consecuencias fatales. En sus páginas encontraremos ejecuciones, asesinatos, torturas, muertes absurdas y otras justificadas por la vileza, accidentes que vienen a compensar un mundo en precario equilibrio, y sobre todo la guerra y sus consecuencias, que a mi entender, marca claramente el sentido antibelicista del libro (Por cierto, un inciso: ¿cualquier guerra es mala por definición? ¿También la que se hace contra el mal absoluto, es decir, el nazismo? Yo creo que no, pero en fin…). Obviando este pequeño apunte, la verdad es que la lectura no da ninguna tregua y cada texto es una denuncia, un puñetazo al corazón, una ventana abierta a la realidad más sucia y mezquina de la condición humana.
En la presentación que hizo en la librería Arriero el pasado abril, a la que asistí, el autor admitió haber encontrado la inspiración al repasar las noticias de los periódicos, o en los telediarios, donde se muestra sin pudor esa cruda realidad mientras comemos. Una velada crítica a la banalización del mal, que es acaso otra manera de manifestarse. Este libro hay que paladearlo con calma, nos invita (o más bien, nos fuerza) a reflexionar tras cada relato, por eso debe saborearse despacio. Porque al mismo tiempo, nos daremos cuenta de que la factura de los textos, su ritmo, su sonoridad, está en consonancia con la altura de su compromiso moral: nada sobra, ni es casual. Este es un libro de poeta.
Lean “Peligro de vida” y lo comprobarán. Y después, relájense para reponerse.
Sólo tengo una duda que quizá me podría aclarar El Gaviero Ediciones. ¿Por qué la tirada de “Peligro de vida” es de 666 ejemplares numerados? ¿Tendrá que ver este hecho con el diablo, ese que una vez leído el libro, sospechamos que habita en todos nosotros?
En cualquier caso, espero que el ejemplar que tengo en mis manos, el 399, no tenga un especial significado… ¿O habré de temer algo?