miércoles, 8 de agosto de 2012

Olímpica Tercera a David Cal en la Revista Estandarte


Olímpica Tercera a David Cal

Un poema de Juan Antonio González Iglesias al pindárico modo.

08 de agosto de 2012. Estandarte
Los Juegos Olímpicos han multiplicado la sensibilidad deportiva de Estandarte: si ayer te recomendábamos la expresión correcta para definir a quienes tiran la toalla con oscuros fines —dejarse ganar—, hoy recuperamos un poema de Juan Antonio González Iglesias a la manera de Píndaro, el célebre poeta de la Grecia clásica que cantó en sus versos las gestas de los héroes olímpicos, considerando que el triunfo del atleta equivale al triunfo de lo Hermoso y Bueno sobre la Mediocridad.
El protagonista de la particular olímpica de Juan Antonio González Iglesias es el palista gallego David Cal, que hoy miércoles luchará por una medalla. David Cal, en cuyo palmarés figuran ya cuatro metales olímpicos —un oro y tres platas, obtenidos en Atenas 2004 y Pekín 2008—, podría convertirse hoy en el deportista español con más medallas en los Juegos Olímpicos, si vence en la final de piragüismo C-1 masculino - 1000 metros que tendrá lugar a las 10.56 (hora española).
Por su parte, Juan Antonio González Iglesias es uno de los poetas en lengua castellana más prestigiosos. Nacido en Salamanca en 1964, es profesor titular de Filología Latina en la universidad de su ciudad natal y ha publicado poemarios comoEsto es mi cuerpo (Visor, 1997), Un ángulo me basta (IV Premio Internacional de Poesía Generación del 27; Visor, 2002) o Eros es más (XIX Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe; Visor, 2007).
Su poesía reunida se titula Del lado del amor (Visor, 2010) y Juan Antonio González Iglesias es autor, también, de un curioso y pertinente título: Olímpicas (El Gaviero Ediciones, 2005), que reúne todos sus poemas al pindárico modo. Versos a Javier Bosma y Pablo Herrera —ambos plata en Atenas 2004—, jugadores de vóley-playa, al lanzador de martillo Koji Murofushi —todavía en activo, oro en Atenas 2004 y bronce en Londres 2012—, su Olímpica primera a Martín López-Zubero —nadador que logró el oro en Barcelona 1992— o un poema a la selección española de gimnasia masculina acompañan al poema compuesto por Juan Antonio González Iglesias en honor de David Cal que hoy te ofrecemos.
¡Suerte a David Cal, e inspiración a los poetas!


Olímpica Tercera a David Cal

La mañana es un reino diferente.
Otra temperatura y otra luz.
Temprano es la palabra. Todavía
el agua está mezclada con el amanecer.
El remo los remueve. La proa los separa.
Raras categorías alfanuméricas
organizan las clases de los competidores,
para hacer abstracción del onanismo
que llegan a exhibir los más audaces
entre los navegantes solitarios.
La canoa es concreta,
su material ultraligero acota una fracción de horizonte
que se puede tocar,
¿y quién discutirá que resulta atractivo
participar de la condición del centauro
montando una fracción de horizonte que avanza
imparable hacia el cruce
con la línea ideal, parecida al futuro
porque sólo es visible sobre la foto finish?
Energía del cuerpo: ¿y los que han madrugado
sólo para mirar? ¿No contribuyen
a deshacer los nudos de las ondas?
Pero el héroe los corta con su espada de nauta.
Estrictas son las órdenes que da la adrenalina:
desactiva bostezos, empuja la epopeya,
hace volar el torso como en algunos sueños
e ilumina la cara de los más contenidos.
Después de la victoria, por natural impulso
los versos se dirigen hacia Crónica Regia.
La Reina y el Atleta, aturdidos, despiertos,
intercambian saludos de animales insólitos,
de especies protegidas por la Europa ecológica.
El viento comunica sus cabezas cercanas.
Virtud propia de príncipes es la serenidad.
El triunfador, según el periodista,
no ha tenido problemas para dormir anoche.
Es serio, está llamado
a su propio interior. Entrenaba escuchando
rock urbano en formato mp3,
por horas infinitas.
En internet lo llaman un tímido de oro.
El piercing de su boca es un punto de acero.
Ama los monosílabos.
Es de un pueblo pequeño. Cada día cargaba
con esa embarcación esbelta y frágil
y remaba en el mar de la monotonía
inconsciente, constante, lo mismo que el asceta
que reitera ejercicios para salir del mundo,
así durante meses, así durante años,
para llegar a esto,
a esta mezcla del chándal y el olivo,
a esta clara mañana
en la que está de pie sobre el mapa de Grecia.


(Poema de Juan Antonio González Iglesias incluido en Olímpicas, publicado en 2005 por El Gaviero Ediciones)

Fuente: Revista Estandarte