sábado, 10 de noviembre de 2012

Fragmentos de sueños: David Meza


Nací el 39 de Marte de 1559. Nací en una pradera de murciélagos y rosas muertas. Crecí con los dedos cortados. Crecí sangrando arena. Mi arena sepultó un patio de tambores. En la mano de mi madre se posó un gorrioncillo con sangre en las patas. Lloré. Lloré todos los días y todas las noches y todas las casas de los decapitados. Lloré con los matemáticos y con los pájaros sobre un campo geométrico y fabuloso.


Tengo una mariposa de cemento revoloteando en mis pulmones
Me sale por la boca y dice:

18:39
El tiempo no existe. Y si existe nada quiero saber de él.


Solo me queda el curso detenido de estos trenes marcándome
la boca con el ardiente pulso de su riel.


Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo
y no una postura frente a los años


Y así, también entonces, le digo que este es un nuevo siglo, y no estamos en tiempos de cambiar el mundo, sino de crear de nuevo el mundo, y he ahí la belleza de la palabra recreo; este es un nuevo siglo, y en nuestros labios aún está la narración del mundo.


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