Mostrando entradas con la etiqueta El sueño de visnu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El sueño de visnu. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de diciembre de 2013

Versión inglesa: El sueño de Visnu por Jacob Steinberg


My life. My life no. My life never. My life was never a bird bleeding stamen from its wings. My life never carried a crown of splinters on its skull. My life never was. My life was not nor tomorrow will it be a butterfly caught in a girl’s braids. My life was not nor is it today an old heart of wood."

(David Meza, from Vishnu's Dream)

Tradución de Jacob Steinberg

Todos nuestros libros en 
WWW.elgaviero.com

viernes, 7 de junio de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Layla Martínez


El sueño de Visnu

Hay poetas que son capaces de describir el delirio. De enjuagarse los ojos con el polen blanco de la locura y traducir en palabras lo que ven. De transcribir los alaridos de los locos o de los bebedores de láudano o de los ángeles de alas transparentes como las polillas. David Meza es uno de esos poetas. De los que escriben empujados por la fiebre, sin contar sílabas, ni versos, ni figuras literarias. De los que conocen el lenguaje de los místicos y la ubicación exacta de sus estigmas. De los que deambulan por las calles esperando que llegue la noche en que van a celebrarse todos los bailes y encenderse todas las hogueras. 

Creo que Meza ha escrito este libro en estado de trance. Seguramente ni siquiera sea un libro, sino un alarido. Creo que se ha arrodillado frente a los altares de los santos salvajes[1] y estos le han hablado y él ha transcrito sus palabras. De hecho, el libro es tan bueno, que existe la posibilidad de que no lo haya escrito Meza. De que solo lo haya escrito la mano de Meza, pero no él. Es decir, existe la posibilidad de que entre las 17.47 y las 18.52 de distintos días de 2011 Meza fuese poseído por el espíritu de Vicente Huidobro, como demuestra el hecho de que Altazor El sueño de Visnucomiencen con la misma frase, aunque luego se bifurquen en caminos distintos. También existe la posibilidad de que Meza fuese poseído por Juan Carlos Mestre, que actualmente no está muerto pero pudo estarlo entre las 17.47 y las 18.52 de distintos días de 2011. Otra posibilidad es que Huidobro estuviese escribiendo Altazor en el mismo momento que Meza El sueño de Visnu y hubiese algún tipo de transferencia entre ambos. La física sabe que el tiempo no es lineal, que el pasado y el presente no son más que ilusiones de la mente, porque en realidad todos los momentos están sucediendo ahora mismo. Incluso los que nunca han sucedido ni sucederán, también están sucediendo ahora mismo en un plano de realidad distinto[2]. En este sentido, también es posible que Meza sea el que haya influido a Huidobro. Nunca lo sabremos.

Vórtices temporales aparte[3], Meza tiene una de esas voces poéticas que hipnotizan. De las que son tan difíciles de encontrar que, cuando damos con una, nos obsesiona y nos fascina a partes iguales. El sueño de Visnu es un libro inmenso, uno de esos poemarios que hacen que la poesía se mi género preferido porque ninguno es tan libre ni tan salvaje. Podría poner muchos ejemplos de versos que justifican por si mismos el poemario entero. Podría decir “Mi familia quedó atrapada en un libro de botánica durante la guerra de los Ángeles”. O “Lloré todos los días y todas las noches y todas las casas de los decapitados”. O “Morí a los 25 años con 3 balas azules floreciendo en mis entrañas”. Pero no lo haré, porque entonces tendría que seguir escribiendo hasta transcribir el libro entero. Y es mejor que lo descubráis por vosotros mismos.


[1] Como Santa Gema, que tuvo estigmas tres días a la semana durante tres añoshttp://es.wikipedia.org/wiki/Gema_Galgani, o Santa Rita, que escupía abejas blancas por la bocahttp://es.wikipedia.org/wiki/Rita_de_Casia. “Que las abejas llevan a Dios dentro del pecho”, dice Meza.

[2] “En nuestro desenvolvimiento diario dividimos el tiempo en tres partes: pasado, presente y futuro. […] Por evidente que parezca esta exposición de sentido común, se opone, de plano, a los pronunciamientos de la física. Los físicos prefieren asumir que el tiempo está desplegado ya en su completitud –una suerte de paisaje temporal, análogo al espacial- con los sucesos del pasado y del futuro colocados allí todos juntos. Concepto que se suele denominar entramado del tiempo”.La flecha del tiempo, Paul Davies, 2002.  (texto encontrado en La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías, de Colectivo Juan de Madre).

[3] Teoría confirmada por Jorge Díaz Martínez http://www.culturamas.es/blog/2013/01/26/el-sueno-de-visnu/

Fuente: Poemofilia

Todos nuestros libros en 
www.elgaviero.com

miércoles, 3 de abril de 2013

México, Salamanca, Iowa, Santiago de Compostela, Almería...


                                                     Caminante no hay camino
                                                     sino estelas en la mar.

                                                                                                        Antonio Machado




Todos nuestros libros en 

martes, 12 de marzo de 2013

David Meza, o la cosmología del sueño. Por Arturo Sánchez


Podemos ver al mundo como una respuesta orgánica del sueñoDM
Imagen
Dice Yves Bonnefoy que una de las grandes diferencias entre la lectura de novela y la lectura de poesía es que el lector de una novela no levanta jamás la vista del papel, sino que va consumiendo páginas sin descanso; una de las características del género narrativo es que permite ser devorado. Sin embargo, continúa Bonnefoy, en la lectura de poesía sucede el fenómeno opuesto: tendemos a levantar la mirada constantemente, a tomarnos multitud de breves pausas para dejar que el texto poético se sedimente en nuestra conciencia. Levantar la mirada del papel con frecuencia es signo de que el texto poético cumple su propósito, pues solo en la interrupción se cumple la poesía. Sin embargo, algo especial sucede con la poesía de David Meza (Ciudad de México, 1990) en El sueño de Visnu(El Gaviero Ediciones, 2012), puesto que nos encontramos frente a una poesía que permite ser devorada – o incluso que lo exige, en un torrente de imágenes que, a medida que son consumidas, aumentan la avidez del lector. Las noventa páginas del poemario piden ser devoradas, acaso sin levantar la mirada ni una sola vez.

Esta devoración del texto tiene que ver con una poética del desbordamiento. De hecho, solo hace falta ojear el libro, ver la disposición tipográfica y la volumetría de los párrafos para que el adjetivo “desbordante” se imponga como inevitable. David Meza introduce al lector (suerte de lector-buzo) en un torrente poético inagotable, en el que las imágenes se suceden a cada frase en un flujo continuo, creando una imaginería de una riqueza inaudita.  De hecho, el arte de la imagen en David Meza no deja de recordar a la “imagen surrealista” tal como fue definida y planteada por André Breton: es decir, como una asociación fortuita, casi accidental (que tiene que ver con la iluminación) entre dos realidades que, al colisionar en la imagen, producen un destello que es la esencia de lo poético. Cuanto más cercanas o similares sean las dos realidades que se comunican en la imagen, más pobre será el efecto de dicho destello. Cuanto más alejadas estén (es decir, cuanto más difícil de premeditar sea su asociación), más potente será. El arte de la imagen surrealista según Breton consiste pues en hacer colisionar dos realidades distantes en una asociación improbable; colisión de la que surge una chispa extraña pero que se impone como exacta, necesaria, aunque su exactitud no pueda ser razonada. Si tuviera algún sentido hablar de algo parecido a una “imagen surrealista” para describir el estilo de un joven poeta mexicano del siglo XXI, habría que decir que David Meza la practica con un acierto impresionante.
Emilio me mostró a los chicos de la playa, pero me dijo que no podía besarlos porque  sus labios ardían y en ellos estaban las semillas del futuro. Encima del mar galáctico volaba el pájaro vagabundo, su reflejo se repetía como un caleidoscopio de estrellas. Mis amigos y mis amigas comenzaron a bailar con los muchachos de la playa, mientras Frida y yo íbamos a los montes del pasado a cazar mariposas. Mi madre construyó  un sarcófago de barro para sepultar el cadáver del sol. Mi madre fue asesinada por Adán en la mano derecha de un marciano. Crecí ocultándome de los colores en el interior de los arbustos. El sueño me mordía la nuca. Recuerdo  que los grillos saltaban de planeta en planeta hasta ser tragados por un hoyo rojo en el espacio, cuya terminación era mi pecho que se abría y chorreaba instrumentos rotos.   
Sin embargo, una de las cosas que aleja a la escritura de Meza de los objetivos surrealistas es el acaso paradójico grado de control al que es sometido el torrente de imágenes (mucho más relacionado en el surrealismo con la escritura automática). Contemplando el desfile de la imaginería del mexicano, tenemos irremediablemente la sensación de estar frente a un desbordamiento controlado.

Para explicar este fenómeno estilístico deberíamos antes echar un vistazo al proyecto global de David Meza, sorprendente por su ambición y su complejidad.El sueño de Visnu es el primer volumen de la trilogía Trimurti, que debe ser completada por El sueño de Brahma y El sueño de Siva. A su vez, El sueño de Visnu está dividido en dos partes o libros: Rebeca Luis, que corresponden a distintas voces poéticas con diferentes búsquedas estilísticas. Esta estructura ordenada y jerarquizada, y su referencia a la triple divinidad hinduista creadora y destructora del universo, comienzan a revelar la ambición literaria de David Meza: el establecimiento de una cosmología poética. Dentro de este proyecto, el primer volumen corresponde al instante de creación (Visnu es el dios creador del Trimurti), con Rebeca como “reencarnación” y Luis como “crecimiento”. El texto de David Meza nos convierte en espectadores de un nuevo nacimiento del cosmos.

En verdad, la intuición de un desbordamiento controlado empieza a cobrar sentido. El texto de Meza nos transporta a un mundo de torrencial belleza, con bloques de texto de varias páginas en los que desfilan imágenes tras imágenes, que se asemeja a la belleza de un caos primordial, un caos fundador, en el que empieza a nacer un orden: el orden poético. David Meza no se cansa de repetirlo: la poesía no se escribe, se sueña. Y la esencia del sueño es el caos. Lo que surge de este primer libro es, en cierto modo, una definición de la poesía como un sueño ordenado.
Y en ese momento, al fin, comprendí que los sueños, o van en contra de la segunda ley de la termodinámica, o son la manifestación más hermosa del caos. 
 El objetivo – o tal vez no ya el objetivo sino la consecuencia inevitable – de esta cosmología del sueño no es otra que la (re)creación de lo que Meza llama recurrentemente el uni-verso, y que debemos interpretar, en primer lugar, en su sentido astronómico. Sin embargo, también es lo que está unido por el verso, o mejor dicho, unido como un verso. Desde este punto de vista, la composición poética del caos hace del poema el uni-verso; pero también el hombre es el uni-verso, y sobre todo, el universo es el uni-verso. Para entendernos, la idea clave es la siguiente: David Meza comprende que el poema es un hermoso ordenamiento del caos. Del mismo modo se podría definir el funcionamiento del universo (del cosmos, que no significa otra cosa que orden a partir del caos), del hombre, de cualquier ser vivo, tal vez incluso de cualquier objeto. Desde este punto de vista, la palabra es un ser vivo, y el poema es un organismo, al igual que el hombre y el universo: el poema es el uni-verso, y el uni-verso no tiene una esencia distinta a la del poema. Poema, hombre y uni-verso son ontológicamente idénticos.
Yo confesé que era escritor, primero, a mí mismo, una noche en cuyo cielo no había estrellas y le dije a Gaby que El cielo estaba avergonzado de sus astros. (No porque expresara lo inexpresable, ni porque apresara lo inapresable, sino porque entendí que la Palabra es un ser vivo y también tiene el derecho de ser libre). 
David Meza contribuye a la tarea de reconciliación entre las disciplinas artísticas y científicas que algunos poetas han venido trabajando los últimos años, y propone sobre todo una idea brillante: la poesía no es una forma de ver el mundo, sino que es una forma de crearlo de nuevo; de igual manera, la ciencia no descifra el funcionamiento del mundo, sino que lo crea, lo ordena y lo inventa. “Comprendo la métrica del pensamiento” nos dice, pensamiento métrico del arte y la ciencia. La conclusión que se desprende de la búsqueda de David Meza es la siguiente: todo poema tiene el poder de, literalmente, volver a crear el mundo. Tal cual.

Lo cierto es que la lectura de El sueño de Visnu cambia en el lector la percepción del universo (tanto astronómico como poético, que pasan a ser lo mismo). Peso mis palabras. De hecho, odio encontrar en reseñas, artículos o comentarios críticos frases como la que acabo de escribir: la lectura de este texto cambia el mundo, nos cambia la vida, etc. Irritantes y simplonas. Sin embargo, resulta que es muy exactamente lo que sucede con este texto. Justamente porque es una poesía que es consciente de que le es imposible cambiar el mundo – sin embargo sabe que puede crearlo de nuevo.

Esta ambición cercana a lo demiúrgico tiene una de sus razones de ser en una idea que parece obsesionar a David Meza: la idea de su generación, de las nuevas generaciones y de la renovación. Meza espolvorea su texto de manifiestos, artes poéticas y declaraciones de intenciones, a menudo brillantes y que logran no romper jamás el tono ni la estética del conjunto. Podemos pues de imagen en imagen toparnos con paréntesis de reflexión metapoética (“un hombre no poetiza al mundo, sino que desmundiza al poema que es el mundo”; “Un poeta no resignifica las palabras. Un poeta resignifica la tierra, el agua, la noche, la luz. (…) Un poeta no resignifica la tierra, el agua o la noche. Un poeta es aquel que es resignificado por la tierra, el agua y la noche”; “A Sartre / Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras”), o con verdaderos poemas-manifiestos como el que encontramos al final de Rebeca, y del que reproduzco algunas estrofas:
Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos

Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no frente a los años

Quiero que la poesía se confunda con la narrativa, y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario

[…]

Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso

Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque

Quiero que mi nacionalidad sea la vida

Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso

Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio

Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos

Quiero que mi edad sea la vida
Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura


Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro

A fin de cuentas, la obsesión primordial de la poesía de Meza es la regeneración del cosmos y la literatura, de la vida y la poesía como una sola y misma cosa. Duro con la distinción entre vida y obra (“La vida es la extensión literaria de un sueño”), con lo repetitivo, con el canon, con la academia, con la universidad y sobre todo con la resignación de los literatos, Meza nos propone recrear el mundo en un texto escrito para las generaciones venideras. Sin embargo, este no es un texto de ideas. Del mismo modo que Meza no distingue entre vida y obra, tampoco entre idea y estilo. Meza es un poeta del estilo, no de la idea – o mejor, la idea de Meza solo vive en el estilo. Su escritura se resiste ferozmente a cualquier tipo de comentario, de tentativa hermenéutica o de elucidación. Por ende, soy consciente de que todo lo que yo pueda decir sobre Meza es estéril y superficial comparado con el contacto directo con su escritura, así que voy a terminar dejando al autor la última palabra. Otro de sus morceaux de bravoure:

Déjenos la escritura, sus soles negros, sus soles rojos, sus soles verdes, sus soles de aluminio a nosotros, los que de verdad necesitamos de ella. Y no nos digan qué hacer. Tratar de darle forma de soneto a un poema que se escribe entre los empujones del metro es imposible. Uno llega muy cansado como para contar los versos, los adjetivos, las sílabas; o seguir al pie del cañón las instrucciones de Baudelaire. Este es un nuevo siglo. La poesía ya no es un lujo más de los poderosos-eruditos, la poesía es una necesidad, es un grito, es un atentado con sueños, con lápices y esa sangre que se queda pegada a la ropa. Este es un nuevo siglo y el No poder se nos muestra como un acto del pasado. Este es un nuevo siglo. En todo caso No al poder. No al poder que te da vender los sueños en un tianguis literario. No al poder que te da arrancarte las uñas y agachar la cabeza. No al poder que te dan por escribir con un diccionario en las piernas. No al poder que te da diseccionar un poema que murió hace 400 años. No al poder que se otorga a los que renunciaron al vandalismo del arcoíris. No al poder de los que leen libros como sumando puntos. No al poder de los que envejecieron a los 20 años y empezaron a llorar pintura. No al poder de los poetas para los que la vida y la obra son una cosa distinta. No a los que sustituyeron la palabra disección por la palabra vivisección  de un texto. Estamos cansados. Los poderosos nos han quitado todo. Fedro dijo “Nunca es fiel la asociación con los pudientes”, así, en español, porque Fedro no es un autor latino, sino un autor mexicano que gana tres veces el salario mínimo y contempla el vuelo de las aves. Y así, también entonces, le digo que este es un nuevo siglo, y no estamos en tiempos de cambiar el mundo, sino de crear de nuevo el mundo, y he ahí la belleza de la palabra recreo; este es un nuevo siglo, y en nuestros labios aún está la narración del mundo. 
Arturo Sánchez (10-03-2013)
(Mil gracias a Luna por el consejo de lectura)
Fuente: www.palpitatiolauri.com/

domingo, 10 de marzo de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Alberto García-Teresa


El mexicano David Meza (1990) posee una voz joven pero vigorosa. Comparte una poesía desbordante, de raíz experimental, que despliega imágenes de gran potencia, movidas por impulsos irracionalistas. En su primera obra, El sueño de Visnu, demuestra una gran capacidad imaginativa y mucha habilidad para mantener la tensión poética.
Se trata la suya de una práctica poética extraordinariamente inquieta y fértil, que busca la renovación de la palabra y también del ser humano. Con una gran intensidad, parte de un anhelo existencial, y el poema se va trenzando con una fabulosa biografía imposible. En ese sentido, se mueve con aliento cósmico, a través de referentes astronómicos, y precisamente la biografía hace posible el anclaje con lo concreto, con lo humano, en ese deslumbrante entramado textual que gira en torno a lo astrológico. Así, constituye el extremo de una línea que asciende hasta la inmensidad.
Extrae lo maravilloso de la realidad y lo potencia, lo extrema, lo dota de una nueva dimensión. Se acumulan las asociaciones asombrosas, las imágenes sorprendentes, relacionadas mediante una lógica onírica, compuestas por elementos imaginarios.
A su vez, plantea una subversión del tiempo, o una nueva dimensión de él, que ya no sería lineal sino conceptual. «El tiempo no existe. Y si existe no quiero saber nada de él», repite.
Esa es su apuesta: fracturar lo posible con su imaginería. Ese es su impulso. De hecho, su poesía es consciente de su potencia, y por eso no se queda en lo cercano sino que aspira a los maximalismos; aspira a la creación de la realidad hasta el punto de querer codearse con el Creador. No en vano, señala: «Un hombre no poetiza al mundo, sino que desmundiza el poema que es el mundo»; «un poeta no resignifica las palabras. Un poeta resignifica la tierra, el agua, la noche, la luz».
Por todo ello, El sueño de Visnu resulta un poemario excepcional; una obra memorable.


Puedes comprar el libro aquí

domingo, 27 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza por Jorge Díaz Martínez


173740498096144735_Fls6PO77_c
El sueño de Visnu de David Meza

 El Gaviero Ediciones, 2012



¿Dónde empieza el Barroco y dónde acaba? ¿Puede hablarse de un barroco anterior al siglo XVII? ¿Qué paralelismos podemos encontrar entre la épica mitológica, las alegorías pictóricas medievales, las imágenes surrealistas del inconsciente o el sudamericano realismo mágico? A responder preguntas como estas –y no siempre con las mismas conclusiones- dedicaron  importantes estudios teóricos tan influyentes como Wölfflin, Hauser, Walter Benjamin o Eugeni d´Ors, entre muchos otros. Estas mismas cuestiones me vuelven a la mente durante la lectura de El sueño de Visnu, de David Meza, un verdadero bildungsgedicht del cual ésta es solo la primera entrega. Maravillosa escritura, maravillosa en el mismo sentido que se puede decir de las obras de Lezama Lima, García Márquez, Octavio Paz, Valle Inclán, García Lorca, Góngora, Apollinaire, Dalí, Escher, Hieronymus Bosch (El Bosco), Cortázar, Magritte, Rimbaud… con la peculiaridad de que el autor contaba tan solo veinte años en el momento de su publicación. Si la precocidad es notoria, no lo es menos el talento.  

Las cosas están cambiando en la poesía española, y posiblemente también en la de otros países. Los versos de este joven mexicano publicado en Almería recuerdan a los versos de otros jóvenes (y no tan jóvenes) poetas españoles como Juan Andrés García Román, Alberto Santamaría, Elena Medel o David Leo García, entre otros. Estos autores tienen en común -en distintas proporciones- la determinación del verso libre, libérrimo, la inclinación por las formas abiertas, también una tendencia hacía la mirada infantil -el espíritu lúdico combinado con la melancolía-, todos ellos exhiben con gusto su artificio, las construcción de conjunto de sus libros, la intención de exprimir los recursos poéticos hasta apurar el jugo. Todo esto lo encontramos también profusamente en El sueño de Visnu, un prodigio de desparrame verbal, de exuberante desorden que no resta por ello coherencia a una poética unitaria de sentido, un discurrir que recuerda a veces casi a una narración donde el poeta ha querido sembrar brillantes aforismos junto a declaraciones de toda índole:

Mi vida es una nota al pie de mi obra.

Comprendo tres veces mejor lo que sentía Góngora como poeta, que lo que yo, como humano.

Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras.

El lector no es una cosa distinta del poema

Y el sueño más hermoso de mi generación es poder seguir soñando.

Ruega, Señora, por nosotros las marionetas

En algún momento escribí Copérnico en el cielo y el centro del hombre siguió siendo el mismo

Quiero que mi clase social sea la vida


También me gustaría mencionar la extraña mezcla de ingenuidad y sublimidad que se trenza en la escritura de David Meza, una extrañeza a la que se refiere Luna Miguel en su blog: “Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde.” (01/12/2012). Efectivamente, en ocasiones pensamos que a este libro le sobran demasiadas mariposas y estambres y nos sorprende que alguien pueda ser tan contundente y liviano a la vez. Puede que la explicación consista, simplemente, en que al autor no le importe. Tal vez David Meza entienda que su poesía debe comprenderlo todo, desde el versito más rosa hasta el onirismo ideológico más inesperado. Tal vez David Meza piense que no puede hacer caso a unas censuras que pertenecen también a esa normativa literaria de la que su poesía voluntariamente se aleja. En cualquier caso, junto a la inteligencia y la imaginación desbordada de este poemario,  no puede molestar el vuelo de algunas lepidópteras.

Fuente: Culturamas

Puedes comprar el libro aquí

viernes, 18 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza y Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Óscar Santos


LIBROS

Para qué seguir escribiendo y amontonando folios en carpetas y cajones, anotando palabras y frases en libretas de diseño o en servilletas de cualquier bar. Para qué, yo lo que quiero es leer, esconderme y leer. Y digo esto porque cuanto más leo más necesidad tengo por olvidarme de escribir. Es una ecuación inversamente proporcional, pura matemática. Tengo que dejar de escribir y de fumar. Tengo que leer. Para qué seguir escribiendo cuando ya hay miles de libros que enamoran desde la tapa, que enganchan con una furia salvaje, acarician,  besan, aman, sodomizan, prostituyen, esclavizan... En fin, podría enumerarlos por los siglos de los siglos, por autores y generaciones, por románticos y drogadictos pero no lo voy a hacer. Sólo voy a citar tres libros y tres autores que me animan a dejar de escribir. Del primero ya se ha hablado mucho en la red y no voy a descubrir nada, porque hay tipos y tipas mucho más duchos que yo en esas lides de la crítica literaria. Hablo desde mi punto de vista, de lector empedernido, alcoholizado por el olor de los libros, callejero y con nómina de grandes almacenes. El primero, como antes dije, es EL SUEÑO DE VISNU del escritor  DAVID MEZA editado por EL GAVIERO EDICIONES. Este poemario es la hostia, perdón por la expresión, pero así se definen muchas cosas en una sola palabra, ya sé, podría decir que es increíble, fantástico, innovador... que lo es, pero utilizo la otra expresión porque es de barrio, porque EL SUEÑO DE VISNU es belleza, palabra pura, imaginación, frescura, cuerpo de Cristo. Un poemario escrito desde un lugar no conocido, desde otra galaxia, desde una altura que divisa lo mortal e inmortal y lo entremezcla, y lo sueña y lo sirve en palabras como una ecuación de Einstein o de Feynman, como gol de Messi en la escuadra de la Capilla Sixtina. Tengo que dejar de escribir. El segundo y también de la misma editorial es MI PADRE Y YO. UN WESTERN de JUAN MANUEL GIL. Colección deliciosa esta SERIE B y este pequeño libro que imita a aquellos que se estrujaban en las estanterías de nuestros pescadores, maquinistas, albañiles, carpinteros...señores padres, que leían a sudor y olían a Roberto Alcázar y Pedrín. Un libro, este western, que destila sentido del humor, desbordando el tiempo de su lectura, un humor lleno de disfraces, tan necesario en los tiempos que corren, tan lúcido, tan lleno de ternura, humildad, ingenio, en definitiva, un magistral duelo de palabras vestido por la inteligencia de un escritor con varias muescas en su cinturón y que además sabe y reconoce que su padre, el tipo duro que tiene frente a él es mucho más rápido y más letal, de hecho, las muescas de su cinturón son infinitas. Tengo que dejar de escribir. Por último hablaré de un libro delicioso. Su título es CALCETINES de la editorial BAMBÚ y su autor FÉLIX JIMÉNEZ VELANDO. Es un libro para niños mayores de ocho años, osea para todos, porque quizá el adjetivo delicioso se queda corto. Al abrirlo uno se sumerge en una historia sencilla que se adentra en lo cotidiano con una magia exquisita, como viajar un continente real y que a cada paso nos asalte un hermoso sueño. Sólo alguien con talento puede convertir un cuento de dos calcetines en un largometraje, película con metraje de piel y cosquillas, de las de siempre, las que te enseñan mostrándote la verdad serena, el inteligente humor y una galaxia de sentimientos. FÉLIX J. VELANDO no es nuevo en esto de las palabras. Lleva mucho tiempo haciéndonos reír y embelesándonos, ya sea con su narrativa o con su curro diario siendo guionista de 7 VIDAS, LAS NOTICIAS DEL GUIÑOL, FÍSICA Y QUÍMICA...Literatura con letras mayúsculas. Tengo que dejar de escribir.
Fuente: Infierno sostenido

Todos nuestros libros aquí

viernes, 4 de enero de 2013

Lectores gavieros

Hay muchas clases de lectores. 
A todos dedicamos esta entrada. 
Leer es un acto de belleza insuperable.
Buzz Lightyear  y Mr. Potato Darth Vader en una de sus sesiones terapeúticas de lectura.
Foto: Ana Santos Payán

Vera leyendo Inopia de Juan Manuel Gil

Chus soñando en la gavia.
Foto: Ana Santos Payán
 Todos nuestros libros aquí

jueves, 3 de enero de 2013

Oscuras amapolas: breve antología de la fragilidad


Para Luna 

Sale el sol,
y se cruzan en un mar las amapolas,
se besan las alondras,
y se acarician los árboles dormidos.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


Paseo entre los vigías infantiles. Entre las oscuras amapolas. Llega un viento que
arroya mi alma, lleno de rostros inocentes. Me siento en el umbral de tus labios como
un poema pequeñísimoooooooo.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre


El catártico susurro de las amapolas
ha desatado impetuosamente
el nudo de mi corazón.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Sus movimientos son extraños,
pero su mente es fuerte. No puede ser cegada por amapolas modificadas.
Natalia Manzano, Apnea


Es el tiempo de la siega y las amapolas,
de los verdes que grisean,
de tardes que se alargan
por encima de las miradas.
Carles Duarte, Los inmortales


Descansemos en la pradera
de amapolas instantáneas.
Guillermo Lago, Qué es lo que es


Imagino que me sueña escribiendo, como ahora, cosas de ella y los tres dioses que se recuestan y le hacen el amor sobre un puñado de amapolas negras.
David Meza, El sueño de Visnu

Todos nuestros libros aquí

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012: Diario de a bordo



El Gaviero construye una nave para viajar a Marte y se enfrenta a la prueba de las cárdenas llanuras. Una escafandra protege apenas del veneno solar.

La expedición integrada por 300, mi padre y yo, busca lo que se escapa de una sonrisa.

Al borde de estos abismos palpita nuestro interior metafísico y se pregunta qué transgresión crea mundos.

Más allá sólo existe la magia de un velo azul, un ser de cuatro brazos que yace y sueña..., Visnu trabaja.


FELIZ 2013 a todos los gavieros!!


Todos nuestros libros aquí

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El sueño de Visnu de David Meza mejor sueño para El cuento de El Loco

El mejor sueño de 2012: El sueño de Visnu.

No es una novela, ni tampoco un poemario propiamente dicho. Este libro, «El sueño de Visnu», escrito por el joven poeta mejicano David Meza (El Gaviero Ediciones, 2012), es mucho más que todo eso... es, sin duda, una mayestática alquimia de verso y prosa, un enigmático híbrido narrativo, un sueño que roza una realidad paralela (casi distópica), el manifiesto vital más íntimo de todo el año 2012, es también una lectura que en ocasiones nos ha hecho sentir la inmortalidad más onírica posible, permitiéndonos levitar con el placer más lisérgico de la pureza existencial, ése que sus palabras encierran, ése que fluye por el laberinto de esta singular alegoría del universo. En fin: el mejor sueño posible o imposible de 2012.

Para el equipo que construye este blog «El sueño de Visnu» merece un apartado y una mención especial. Por todo ello aquí está:



Puedes comprar el libro aquí

lunes, 17 de diciembre de 2012

El sueño de Visnu de David Meza por Emily Roberts

David Meza y la poesía del universo.
Vámonos de autostop a otra galaxia. Si nos fuéramos de autoestop a otra galaxia, ¿qué encontraríamos? Probablemente, las mismas batallas por expresarnos, por entender la palabra, por crear un lenguaje, por hacerle seguir unos cánones, unas reglas. No como la poesía de David Meza, que tantas ganas tenía de leer. La poesía de David Meza no se acaba nunca: incluye todos los nombres, todas las vidas, todas las fechas, todas las constelaciones. Es un libro que se puede releer mil veces y no se acabaría. Un libro de libros. La poesía de David Meza son personajes que lloran, aman y sueñan. Que nacen y mueren. Que tienen padres y tendrán hijos. Es un libro sin reglas pero con argumento: la vida. Las vidas de gente que se construyen y se entrelazan y no se acaban nunca. La poesía de David Meza no se acaba nunca: el suyo es un libro infinito que se escribe a sí mismo y sale de sí. Y es que Meza así lo dice (y me creo que es importante): un hombre no poetiza al mundo, sino que desmundiza al poema que es el mundo. Establece así la artificialidad de las palabras, la naturalidad del poema como discurso que crece y gatea y vuela: Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras. Así es. El rol del poeta cuando narra: Un poeta no resignifica las palabras. Un poeta resignifica la tierra, el agua, la noche, la luz. El poema convierte al universo. El poema no es una cosa distinta al uni-verso. El poema son todas las cosas. El poeta tiene que aprender hablar como los animales y las plantas y las rocas, porque el poema es como los animales y las plantas y las rocas. Parte de ellos, uno de ellos. Así: Todo poema es un ser vivo y / Todo ser vivo es poema. Quién decía que no quedaba nada más por escribir. Quién que el poema empieza a deshojar. El poema tiembla. Y crece. Y es fuerte. El poema es todo. Así: no olvidar que estamos vivos.

(Todas las citas pertenecen a El sueño de Visnu de David Meza, El Gaviero Ediciones, 2012.)

Fuente y foto: Emily Roberts


Puedes comprar el libro aquí

jueves, 13 de diciembre de 2012

El sueño de visnu de David Meza por Luna Miguel

Diamante que abruma, palabra que acerca (sobre la poesía de David Meza).

Uno. El libro de David Meza que El Gaviero Ediciones acaba de publicar no es otra cosa que un cofre repleto de joyas. Algunas menos pulidas, brillantes, o fascinantes que otras. Pero todas joyas, al fin y al cabo: un cofre repleto de demasiada belleza. No soy la primera lectora que se siente abrumada por este exceso de brillo. Sin embargo este “principal problema” en la poesía de Meza, es también su “principal virtud”. Lo hablaba con los editores. Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde. Por eso nos deja sin aliento y así nos traga. Por eso queremos formar parte de él.
Dos. El libro de David Meza se titula El sueño de Visnu, y contiene las dos primeras partes de otras cinco que ya irán apareciendo en la misma editorial. Mi preferida hasta el momento es la primera, quizá por ese toque femenino, por esa narradora que el poeta elige para que nos cuente su vida. Su delirante y poética vida. Su vida que no es sino una crítica a un país (México), un reflejo de una tradición, y un dardo a una generación (aquella que celebra y a la que anima, aquel 1990 que tanto significado y color cobra en este texto).
Tres. Precisamente David Meza me recuerda a Roberto Bolaño. El sueño de Visnu podría ser una especie de nueva versión de Los perros románticos, o bien, el propio David Meza podría representar un retrato en carne y hueso de nuestro querido García Madero, protagonista de Los detectives salvajes. Pero esta comparación no es tanto de estilo como de espíritu. Estilísticamente hablando El sueño de Visnu guarda una voz con ecos de Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero o incluso Pedro Casariego Córdoba. Su poema es el del gran aliento, con ese rasgo narrativo que ha caracterizado algunos de los grandes poemarios de nuestra quinta. Hablo de El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, o de Tara, de Elena Medel. Voces brutas que narran, cantan, pesan.
Cuatro. El libro de David Meza es un logro y una esperanza. Una piedra que nos llega desde el otro lado del charco -ese lado al que, a veces, poco miramos- y que empieza a llamarnos cargado de voces distintas y de juventud. Junto a la suya, me emocionan también otras poéticas. Las de Natalia Litvinova, Kevin Castro, Daniel Saldaña, Miguel Avero, Daniela Camacho, Agostina Ciccone, Lucas Ruppel, Carolina Quiñonez, Yaxkin Melchy, Karen Valladares... ¿Quizá El sueño de Visnu sea el comienzo de algo más grande? ¿Quizá no sólo la muerte de México será hermosa, sino también la muerte de América, la muerte de Europa, la muerte de toda palabra que imponga frontera? ¿Quizá es a este feliz flujo de palabras al que Meza canta en su fabuloso manifiesto? ¿Quizá...?
Cinco. Terminaré este post, entonces, con una cita. Con Esa cita. Juzgad ahora vosotros:

A las siguientes generaciones. Manifiesto.
Quiero que la muerte de México sea hermosa
Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros
Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro
Quiero que mi nombre sea la vida
Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis
Quiero que mi sexo sea la vida
Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas
Quiero que mi patria sea la vida
Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario
Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos
Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años
Quiero que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario
Quiero que mi clase social sea la vida
Quiero que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia
Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso
Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque
Quiero que mi nacionalidad sea la vida
Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso
Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio
Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos
Quiero que mi edad sea la vida
Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura
Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro
(David Meza)

Fuente: Blog de Luna Miguel

Puedes comprar el libro aquí