miércoles, 30 de noviembre de 2011

Epidermia de Sara R. Gallardo por Carlos Fidalgo



Voy a escribirles un relato de vampiros. Voy a escribir que se acaba el café que hay en el tarro y se acaban los azucarillos que edulcoran el vacío.
No. No voy a escribirlo. Eso ya lo ha escrito Sara R. Gallardo. Y no quiero levantarle la piel.
Mejor voy a escribir un cuento de fantasmas. Un cuento de impúdica belleza. Aquí sólo hay polvo y viento. Y un agujero por donde se escapan las horas. Escribir. Aquí sólo hay muerte. Un río y una roca. Y una serpiente que se retuerce, a punto de morder. Ya siento el dolor de las agujas dentadas.
No. No voy a escribir que el mundo se acaba. Eso ya lo ha escrito Sara antes de que se le cayeran las tazas de las manos. Sara R. Gallardo, que nació en Ponferrada hace casi 22 años y es la autora de Epidermia, un poemario o una autobiografía fragmentada. La llamada de auxilio de una voz desgarrada, herida, que pronuncia palabras en busca de su sentido oculto.
Y no lo escribo yo. Lo escribe José Luis Piquero en el prólogo del libro que acaba de editar El Gaviero. Nadie se siente más viejo que el adolescente cuando de la infancia sólo quedan recuerdos arrugados, escribe el poeta asturiano desde Islantilla. Ochenta y nueve páginas de recuerdos arrugados. Fruto del dolor y del invierno. Fruto de la tierra baldía, de las lecturas de Sylvia Plath y T.S. Eliot, de Alejandra Pizarnik y de Anne Sexton.
Un libro hecho de retales. Hecho de remiendos. Hecho de girones y arañazos. Y alguna dentellada.
Mejor morir de sed que morir de lenguas nómadas, escribe Sara. Mis palabras de aceite, de cera de luna y de materias orgánicas. Y yo reproduzco.
Puedo postear tu ausencia, añade, como Neruda. Puedo seguir la dirección de las balas. Tengo licencia de armas y estoy apuntando más lejos.
El caos del pensamiento, escribe Piquero. Epidermia es un primer libro, dice. Un tanteo en busca de una voz. Un decir entrecortado. Una confesión. Un desafío.
Ochocientos ejemplares de un cuaderno de rastrojos, 666 marcados en rojo sobre papel de 100 gramos, cubierta de cartoncillo y letras de tipo Gill Sands y Garamond. Antes de volar a México para seguir el curso de un río, le eché un ojo al número 087 y se me ocurrió escribirles un relato de vampiros.
Pero ya lo había escrito Sara.