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sábado, 23 de febrero de 2013

9 años 9 libros. Sorteo.


Cumplimos nueve años y queremos celebrarlo regalando libros. Sortearemos un lote de nueve libros. Uno por cada año cumplido. 

Participar en el sorteo es muy fácil, sólo debes residir en España y seguir estos tres pasos:

Paso 1 - Seguirnos en Facebook: https://www.facebook.com/ElGavieroEdiciones y en Twitter: @anagaviera.

Paso 2 - Compartir este sorteo en el perfil de, al menos, una de estas dos redes sociales.

Paso 3 - Dejar un breve comentario en esta entrada acerca de lo que significa para ti ser gaviero.

Puedes participar hasta el día 28 de febrero. El día 1 de marzo daremos a conocer al ganador.

El lote de libros se compone de los siguientes títulos:

2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013

¡Mucha suerte!

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jueves, 10 de mayo de 2012

Especial poesía en la revista DELIBROS por Irene Porras

El pasado mes de abril la revista DELIBROS dedicó un dossier a la edición de poesía. Del texto firmado por Irene Porrás hemos extraído las líneas que dedicaron a El Gaviero. Nuestro agradecimiento a Irene y a la revista por acordarse de nosotros.

Fuente: Delibros, 263, abril 2012

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martes, 17 de abril de 2012

Planes gavieros para celebrar el día del libro

Se acerca el día del libro y los gavieros ya tienen planes: 

El 18 de abril Javier Corcobado leerá poemas de Yo quisiera ser un Perro a las 19 h. en el Aula B3 de la Facultad de Bellas Artes. Universidad de Salamanca.


El jueves 19, Sara R. Gallardo presentará Epidermia en Loop Bar & Records de Granada a las 21:00 h. Calentará  motores para su participación los días  20 y 21 de abril en Ninguna voz es la mía.I Encuentro de poesía joven en Baeza.

El 23 de abril Teresa Domingo Català, recitará en la Biblioteca María Zambrano (de 15.30 a 17.00 horas) de Madrid (II ciclo de las letras Univ. Complutenses). 
Y entre el 19 y el 23 podréis visitarnos en la Feria del libro de Soria.



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lunes, 19 de marzo de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo Por Juan Andrés Garcia Román


La poesía y otras enfermedades

Sara R. Galardo y Juan Andrés García Román. Foto: Ana Santos Payán
«Mi poesía es fruto del dolor / no de la primavera» (p. 25) reza uno de esos haikus rotos con que a modo de declaración de principios, se abre esta Epidermia (El Gaviero, 2011) libro inaugural de la poeta Sara R. Gallardo (1989), una de las nuevas voces que reivindican un espacio en el panorama, tan difícil siempre de dibujar, de la poesía española contemporánea.
El dolor, un dolor de realidad que desearía distanciarse de la quejumbre lírica decimonónica y de la historia de la poesía en general, incluida la más reciente, la generación inmediatamente anterior, para la que la queja era asumida en el mismo gesto de búsqueda de sentido, en una problematización de lo real y un análisis exhaustivo de “lo visible”. Y es que una de las características más notables de muchos de los (y sobre todo las) poetas más jóvenes (algunos de ellos reunidos en la antología Tenían veinte años y estaban locos, La Bella Varsovia, 2011), es el prurito de realidad, hiperrealidad y hasta feísmo. Pues si bien ello no desbanca paradójicamente el gusto por la imagen inquietante o audaz, sí contribuye al predominio de lo rabiosamente vital (reivindicación incluida o no) sobre el afán especulativo, intelectual o lingüístico.
Dentro de esta tendencia, la poesía de Sara R. Gallardo es una de las que más airadamente se rebelan contra el discurso heredado, hasta el punto de lograr incardinarse en la coordenada (¿en la tradición?) de la anti-poesía, del anti-poema, la preferencia por lo carnal y lo corporal («La piel nos conduce a lo ajeno», p. 35) frente a lo literario y lo simbólico. En este sentido, el libro propone un viaje a la intimidad del yo lírico a lo largo de sus tres secciones, desde el aforístico “Cuaderno de rastrojos” al hamletianamente disconformestream of consciousness de “Cartas mitológicas”, pasando por “Historial”, segunda sección del libro en la que predomina el poema en prosa, novelado, narrativo. Sin embargo,   el camino hacia la (creciente) confesionalidad que vertebra el poemario no está desde luego privado de obstáculos y de preguntas por la propia legitimidad de la poesía, hasta el punto de que el relato de la historia íntima vaya ligado a la subversión del decir contra la capacidad representativa o apelativa. Porque, en fin, a lo que asistimos es a un suicidio textual, a la conciencia de una vivencia propia e inintercambiable, así como a la rabia por no poder expresarla o hacerla perdurar en las palabras del otro, de los otros, unos otros de repente percibidos como enemigos.
Ocurre por ejemplo que a medida que avanzamos en la lectura, vamos siendo conscientes de que el tú apelado en los poemas no es un deíctico al uso, sino que parece corresponderse con una y solamente una identidad real y empírica o biográfica. Entretanto, el lector va tornándose en ineficaz compañero de viaje de esa maniobra de desguace, desmonte, de lo literario. Hasta que acabamos asistiendo a un tono que no por epistolar es menos inefable y un discurso que, aun desbordante, percibimos cada vez más solo, y hasta desesperadamente solo, como apunta en su prólogo José Luis Piquero: el aria de un solista en un teatro vacío. «Gatina» (p. 81) es como se hace llamar en uno de esas cartas el sí mismo, el yo, recordando que en algún tiempo el destinatario de la carta la llamaba así. Porque nadie comprenderá su significado excepto ella, la Sara R. Gallardo que escribe y no la que se refleja en el dudoso espejo de sus versos. «Gatina», dice, igual que quien dibuja en el tronco de un árbol un corazón de una forma irrepetible. Igual también que las palabras «Oh Isidoro» y «Oh lenguaje» con las que Alejandra Pizarnik “ensució” una pizarra antes de morir. Su último poema, el que no puede escribirse, el verdaderamente suyo: «Y eso me hace recordar la forma exacta y el color exacto de tus ojos, tus ojos diferentes, tus ojos-fantasma, el cíclope que compartíamos. Y siempre tuviste una mancha en el brazo, una mancha parecida a Gran Bretaña» (p. 86). Hablamos por tanto de una experiencia no representativa, no asimilable tal vez a un yo distinto al de la autora. Nadie tal vez volverá a decir «Gatina»; y esto puede recordarnos al balbuceo incomprensible del niño de Auschwitz Hurbinek, sus “palabras” (mass-klo matisklo) que seguramente evocaban un nombre propio o un juego infantil, pero sin realidad para los que lo rodeaban, por más que Primo Levi tomara buena nota de ello.
Así pues, la marca del yo, del relato autobiográfico, el yo de las cartas y de los poemas, que constituyó para Käte Hamburger el eje en torno al cual giraba toda posibilidad de lo lírico en cuanto género literario, se topa aquí con la palabra de quien no quiere ser ese sujeto lírico, quien no desea entenderse ni sentirse entendido, consolado en el mal de muchos de la literatura. La poeta parece detestar el reconocimiento de su talento poético y la capacidad para tener un acceso a lo social por esa extraña vía de emergencia que es el poema y sus ancianos conceptos -palmadita en la espalda incluida- de belleza, bondad, enamoramiento: «y amamos la belleza. eso lo sé. yo amo. llamas bonitos a mis ojos. Como si la poesía pudiera ser bonita. no amas mis ojos. no amas la belleza de mis ojos. amas, al fin y al cabo, la idea. al fin y al cabo, al fin, no son mías las golondrinas. no son míos ni los picos ni el amor. Como otros dijeron exigieron “aparta, aléjate de mí, llévate, sucia, de aquí, estos poemas”» (p. 46).
Esto es, nos hallamos muy cerca de los poemas finales y de renuncia de la austriaca Ingeborg Bachmann («¿Debo exprimir la libido de las consonantes?») de su “Ningúndelicatessen”. Y bien sabemos que en alemán la palabraDelikatessen no se refiere sólo al bouquet para un paladar exquisito, sino también a la carne, la carne muerta de las charcuterías; la carne, la piel, el cuerpo del delito ejercido por los otros, “lo ajeno”, en definitiva.
No es, por lo tanto, en vano que de las bécquerianas golondrinas se singularice el “pico”, la boca que devora, que picotea, y no la garganta que canta o las alas que vuelan. La poesía no es bella ni tampoco inocente. Además, la poesía no puede decir, no sabe generalizar sin idealizar, sin sublimar lo que sencillamente no desea ser reconocido como amor. Tampoco los poemas de Sara R. Gallardo quieren ser poemas de amor. Y sin embargo Epidermia es en gran medida, o acaso en toda su medida, un cancionero o anti-cancionero amoroso. Los poemas adquieren a veces la apariencia de adolescentes cartas de amor, -“Posible contestación a las cartas no recibidas” (p. 80 - 81)- pero se trata solamente de eso, una apariencia, porque el discurso sabe al pie de la letra el camino de su extinción, de su revocación. El aparente desaliño de los versos encabalgados o de los fragmentos en prosa, a veces sonoramente indiferenciables del verso, adquiere su dimensión y también su verdad cuando nos revela sus torsiones, sus requiebras, su hesitación y su coherente incoherencia.
Pero hay, para finalizar, un aspecto más que, al hilo de lo que estoy diciendo, se me antoja verdaderamente significativo, lo es, de esta (anti-) poética, de esta diría que “voz propia” de la que Epidermia es testimonio. Quiero referirme a cómo la expresión de la denuncia y la reivindicación de unos principios o valores éticos se vuelca en el poema por mediación de un desvío, o, por la misma lógica distorsionada, lo confesional se deriva de un circunloquio, de una incapacidad de decir y, también de un “afuera” (eso que llaman “extimidad” y se relaciona con la expresión de estados personales en redes sociales y, por tanto, públicas).
Es curioso, en efecto, que todos los aparentes “buenos” valores de nuestro estado social sean abordados por sus contrarios, analizados extramuros, como si al verlos a contraluz expresasen mejor a un ser humano que ya se encuentra completamente preso de la máquina que instrumentalmente construyó. Creo que existe una relación directa en el hecho de que el sujeto (del conocimiento, de la ciencia y la técnica, del discurso) sea contemplado mejor desde la perspectiva del objeto y el hecho de que amor sea reivindicado desde su materialidad: el sexo por ejemplo (como en el conmovedor poema “Filme”). Y en este orden de cosas, también resulta elocuente que la ternura o la piedad sean reclamadas desde el odio, desde la voz impía e inhumana de un “ello” monstruoso.  
Ocurre con el poema en el que una mujer -en realidad un usuario de cualquier chat y a la vez el trasunto más depravado y triste de la prostituta baudelairiana- recibe un mensaje electrónico incierto y casi terrorífico: «Ven, anda. Solo puedes inspirar pena. // A veces deseo ser tú. Pero luego pienso en tu inválida existencia, en tu miseria. Y, sí, entro a ver si estás. Ahí, enchufada a la corriente. Drogada, creyendo que esto se parece a la vida» (p. 60-61). ¿Pero quién está escribiendo? Eso no lo sabemos, quizás un algo o un alguien que, como el egoísmo o los monstruos de nuestra vieja razón, ha llegado a suplantar nuestra identidad. Una identidad que sabemos viva en libros como Epidermia, precisamente porque en sus páginas los conceptos de verdad, intimidad o poesía continúan buscando una definición.  
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domingo, 18 de marzo de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo por Diego Nieto Velasco



Si cada libro de poesía contiene la posibilidad de un país, puede que un chorro de sangre seca componga la bandera adecuada para Epidermia, el debut de Sara R. Gallardo en el panorama lírico joven. Que no cunda el pánico. Epidermia es un digno asalto a las múltiples voces que un autor ha de habitar antes de atarse al mástil de la propia, pero también un catálogo de ausencias y de pladur, de ventanas que no se cierran del todo y dan la bienvenida a los insectos en invierno. Sabe el lector desde el principio que no hay nada gratis en Epidermia, y quizá eso lastre un tanto al conjunto, demasiado solemne, preocupado en celebrar un paradójico aislamiento actualizado, táctil, aparentemente incapaz de levantar la mirada de las ruinas inevitables y proponer una huida, porque el dolor es un agradecido lugar de debate. 

Soledad, desarraigo, culpabilidad, confrontación con el mundo. No hay otro campo de juego que no sea el de la propia piel. Sara R. Gallardo devora la cáscara del huevo pese a sus aristas. Una piel irritada tras el placer. La difícil convivencia con el recuerdo revisitado, casi siempre puesto bajo sospecha. Las madres/ (ahora lo sé)/ nunca entraron a buscarnos. Las carencias culturales de una infancia suburbana. Pero ¿Estaba la solución en las bibliotecas de los otros niños? 

Muero porque me arrojo [...]/porque quiero vivir en el fuego, escribió Vicente Alexaidre. 

Dividido en tres partes: Cuaderno de Rastrojos como entrante salado, Historial que ilustra un Internet con su desengaño a domicilio, y la incómoda conciencia de las Cartas Mitológicas, Epidermia supera al personaje de Bruce Willis, y lo hace sin metralleta, pese a manejar bazookas en direcciones contrarias. Descalza ante una jungla de cristales rotos no duda en zapatear como un b-boy febril. Epidermia es sobre todo un sacrificio ritual que adquiere forma de confesión. Pero si la poesía confesional aspira a ser algo más que una mera purga, esta tiene que venir dotada de imagenes solventes. Así es como el poemario consigue abrirse paso entre zarzas. Y es que en Epidermia se puede leer que la piel conduce a lo ajeno, que es mejor morir de sed que de lenguas nómadas, que aún queda tanto deseo/ en medio de toda esta/ tristeza de sal, y de repente esa bandera herida empieza a tener sentido. Unas imágenes que progresivamente se van apeando de la sintaxis, creando un discurso sincopado, el de alguien desnudo que afila un hacha, sin saber qué quiere o debe hacer con él. 

La edición del Gaviero, en su colección Troquel, es tan singularmente frágil como la situación en entredicho del soporte físico de los libros, y sin embargo esta fragilidad se convierte en su razón de ser, en una defensa del libro como monumento físico a lo que guarda, una oda a las texturas, a lo no digitalizable. 

Epidermia nos devuelve la duda de si es más bella la hemorragia que la cicatriz.

Fuente: Blog del Festival de la palabra de Valladalid (2012)


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viernes, 16 de marzo de 2012

Petite interview

Entrevista de María Jesús Recio (Canal Sur) a propósito del octavo aniversario de El Gaviero Ediciones + lectura de Sara R. Gallardo (Epidermia, 2011). 

Agradecemos la recuperación de las imágenes de nuestra visita en 2006 al Instituto Cervantes de Nueva York para presentar la instalación sonora Jardín de versos. Así como el seguimiento, apoyo y sensibilidad que siempre hemos encontrado en los profesionales de la casa.


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martes, 13 de marzo de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo por José Enríquez Martínez


Esa palabra muda que sangra


Mientras otra poeta joven, Martha Asunción Mateo, pide Detener la primavera, otra más joven aún, Sara R. Gallardo opone en Epidermia: «Mi poesía es fruto del dolor / no de la primavera». Y aún reafirmará: «A mediados / de mayo / anidó otra vez el invierno». Nada queda aquí de la alegre primavera garcilasiana, ni de su dulce fruto, porque el tiempo se ha instalado en el imaginario de la poeta en forma de desconsuelo, de soledad, de dolor. Y estos sentimientos de derrota prematura pueden ser la respuesta a la madre que no quiere tatuajes que corrompan «la carne que salió de sus entrañas»: «—Toda carne, madre / (también mi carne) / tiene veinte años / y está corrompida». Como se observa, los versos suenan a golpes repentinos, semejan brochazos sueltos en el gran cuadro del poemario, latigazos o sarpullidos como este poemita: «Una suerte de puta por / rastrojo». Qué extraño es que en otro golpe se resuma una poética: «Poesía, / esa palabra muda / que sangra». El lector habrá percibido lo que esta poesía tiene de fragmento, arañazo y forma lapidaria, y lo que sustenta: una juventud frágil y ya desengañada, con el poso (con el peso) del tiempo sangrando por la herida de las palabras, que, a veces, dejan de ser lapidarias como en la primera parte para expandirse en poemas más extensos o en prosas que podemos llamar poéticas si estamos de acuerdo en que poético es todo texto aceptado como tal. A esa liberación de límites ha llegado la poesía. También en estos poemas largos de las dos partes últimas del poemario las palabras arañan y sangran, porque «la poesía es una herida sajada que cose con el verbo desgastado», y por cuanto la poeta, si sale de su laberinto es para ingresar en otro en el que otras niñas tiene «los ojos perdidos», sin hilo salvador, un hilo de Ariadna que en algunos poemas fue o no fue la madre: «escribo con mis manos suyas — escribo con sus manos mías», ternura y reproche: «gritaba el nombre de mi madre / que nunca contestaba». En estos poemas—relato que son las prosas todo respira entrecortadamente. La frase corta, punzante, invita al jadeo. Algo se narra, no necesariamente completo, no son cuentos, ni microrrelatos, aunque podrían aspirar a serlo. Y han aparecido los otros, un mundo donde la propia soledad se acompaña de otras soledades, un yo que con Bécquer afirma que «sé que conozco a muchas gentes / a las que no conozco». Esas otras soledades tiene a veces nombre propio, Lottie o Sara R. Gallardo: los otros, la extranjera de la parte última, que se cierra con un largo texto que es un poema o que son cuatro poemas sobre un espacio de amor demasiado estrecho: «Era un colchón demasiado pequeño / y mis alas de mariposa que crecían y crecían». En todo caso, es un yo poderoso el que da voz a esta poesía distinta, fresca, ansiosa de salir de carriles transitados. El poemario lo prologa, excelentemente por cierto, José Luis Piquero, que habla de «autobiografía fragmentada» del gran tema de la soledad, de lo formal (sintaxis destruida, la síncopa, etc.), de la voz desgarrada y de un desengaño y una sabiduría precoces.
Fuente: Filandón. Diario de León.

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miércoles, 7 de marzo de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo por David Refoyo


Esta manera de irrumpir nos envejece a los que estábamos y a los que estaban mucho antes que nosotros. Sara R. Gallardo ha subido al Olimpo de la literatura para probar las mieles de su éxito, para aprender unas cuantas canciones y enseñarnos su poética debutante, su sentimiento, su “Epidermia”. El título es lo suficientemente significativo, una palabra contundente y abierta, capaz de insinuar la autopista, en permanente construcción, entre el cuerpo de la autora y el de los otros, los extranjeros. Porque este libro es un libro solitario, un canto volcánico donde brota el magma interior e imperecedero del amor o de la falta de él. Del desconsuelo producido por los golpes de realidad que nos asaltan. Reconocemos ingredientes naturales de la adolescencia, de esa primera poesía que nos obliga y nos señala a todos en determinado momento, pero trabajados desde la vitalidad y la potencia, desde la formulación de límites y fronteras del propio cuerpo. Es en esa conducta impropia, en esa rebeldía vocal, donde subyacen las letras y la música pinchada en el plato, el rap, el hip-hop, la constante galaico-leonesa de la lírica, de la música popular, la vena trágica y dulce del noroeste español, referenciada en algunas citas: “eres tú la única extranjera” de Nacho Vegas, por ejemplo. Porque, de alguna manera, este libro es música, es estruendo, un sonido metálico que se introduce por dentro, hasta saciar nuestra sed de despojos y cadáveres. Sara R. Gallardo no esconde sus cartas, las pone bocarriba y las marca si es necesario, para que juguemos su partida, con sus reglas, con esa delicadeza salvaje de la que hace gala, capaz de mostrar el lado más mórbido y oscuro de la vida mientras nos obsequia con pequeñas píldoras de parques e infancias enganchadas en la rama de un arbusto. Se trata de un libro 2.0, que se expresa a través de una pantalla, donde la radicalidad de Internet se mastica, pero a la vez es un libro sereno y conciso, trabajado hasta la extenuación, un título del que Sara no tendrá que esconderse cuando, de aquí a unos años, consiga una bibliografía asentada en el panorama poético nacional, porque estoy seguro de que lo logrará. Sus mimbres son fuertes, sus herramientas dóciles y su capacidad para leer y extraer enseñanzas de todo tipo de artistas y disciplinas, una pista de despegue inicial, una ráfaga de disparos sobre el horizonte. Y es que Epidermia decorará los anaqueles de alguna de nuestras casas durante mucho tiempo, porque las joyas hay que conservarlas en épocas de crisis, una joya del diseño editorial a manos de El Gaviero que, como viene siendo habitual, demuestra pasión por la literatura, por el buen hacer, por los libros que no terminarán de desaparecer nunca por mucho que Amazon lo intente. Sara R. Gallardo, además, defenderá el libro en directo con una solvencia envidiable. Se le da bien el escenario, la defensa de sus textos, la calidez de sus palabras y el respeto por lo que hace. Y ese legado es recíproco.


Fuente: Una ciudad llamada perdición


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domingo, 26 de febrero de 2012

bienvenidos a bordo: crónica visual de un golpe de verso

Bienvenida en Pequod libros

La piel de Sara R. Gallardo en Almería

El golpista Camilo de Ory en imagen de archivo proporcionada por el autor. 

Pablo López Carballo y Javier Moreno creando mundos en Madrid

Elevación metafísica de Alberto Santamaría y Carlos Alcorta en Santander.

Resolviendo sonetos: Carlos Moseguí, Robert Juan-Cantavella y Luna Miguel en Barcelona.

Estíbaliz Espinosa y Antía Otero a punto de pantalla en A Coruña
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Noticia relacionada con: Crecer en la palabra

viernes, 24 de febrero de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo por Elena Pedrosa


Sara R. Gallardo y Juan Andrés García Román durante su visita a la gavia I.
Foto: Ana Santos Payán
"La poesía no es únicamente el poema escrito, sino todo aquello referido a la vida cotidiana capaz de instaurar en su flujo monocorde un sobresalto por el cual es posible considerar la existencia como sorprendente y extraña, como un don singular que debemos apurar hasta el fondo. La poesía, entendida como poiesis, creación de mundo y sensibilización de lo que nos rodea, proporciona una vivencia inmediata, no intelectual sino anímica, desorientadora y, por eso mismo, amplia". 

(Manuel Crespo, en http://www.gruposurrealistademadrid.org/node/118)
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El Gaviero, Ana y Pedro, viven a golpe de verso, y eso es un acto poético.

Diego de Haro, ilustrador de "Epidermia" (lo sé porque le conozco de cerca) crea y vive, y comparte sus vivencias de mirada a mirada, que es lo que hacen los fotógrafos, abrir mucho los ojos para absorber la luz y la vida, para proyectarla luego, y que ilumine hacia afuera. Y él es un acto poético. 

Sara R. Gallardo y sus letras, que se cuelan por mis entrañas como si fueran mucho más que escritos, se muestra como una mujer desnuda: frágil por fuera, densa y fuerte por dentro. Poética, experimental, ilimitada, rebelde, escéptica, surrealista. 

Sara habla de la permanencia de las cigüeñas sobre sus nidos en un mundo en el que la fugacidad y el cambio nos convencen de que no somos humanos. Es por eso que el desarraigo nos hace sentirnos solos. Es por eso que la poesía en ocasiones deja de serlo. Somos cigüeñas, que cambian de nido según la estación, aves carroñeras que vuelan en círculo "alrededor de sus memorias": "Desaparecer. No existir. En confrontación con los demás, lo de afuera". "Epidermia" es un diálogo de Sara con su propia piel y la de otros, en el que se refuerzan capas de tejidos con costuras, que evidencian cicatrices pero invitan a la resistencia: "Estarás segura aunque te sientas aislada". 

Quien se define como antipoeta puede ser a la vez quien más ame la poesía. En este caso vivirla es un acto de consciencia: "Ver tu vida como si no fueras tú y a la vez ver la vida de los otros. Descubrirte en ti mismo como si te miraras en otros ojos". Pero esa misma consciencia que la hace mirarse, la vuelca también hacia el texto, creándolo tal como es, a golpe de mirada, sin aditivos: "No es necesario revestir la poesía de nada, si elaboramos un discurso estamos ya manipulando nuestros pensamientos". Es por eso que se muestra desnuda, con esa "desnudez impúdica". 

Sara ironiza con la poesía "bonita", porque sabe que no sería un calificativo para la vida, para cualquier vida. Ella que padece el inamor, cuyo estómago rechaza la luz, porque es "un animal que busca alma y manos", sabe que la existencia es "sorprendente y extraña" y la nostalgia "una película que se termina en la penúltima escena".  Nos muestra la mirada de quienes hoy escogen el camino de las letras para buscar en la tierra, ahondando, algún que otro puñado de razones que llevarse hacia la superficie: "la luz que me recorre por debajo de la piel y dentro de los órganos".

Un ritual de huesos astillados, óxido y heridas la muestra en su lado más surrealista: "El sonido borroso del sol y del día", del invierno en mayo. Una postura cuando menos existencialista, que la lleva a no ser y a no usar el verbo. Pero a través de esa sensación, denuncia. Denuncia un lugar donde las palabras no son libres, por mucho que así lo queramos: "Voy aprendiendo el oficio. Aprendo a callar"; denuncia una época en la que la imagen ya no comunica: "Tú no sales en la foto, eres objeto observante"; denuncia a corazones mediatizados para los que cada escena vital es ya susceptible de convertirse en espectáculo: "3,2,1, cámara, acción."

Porque la poesía también sirve para denunciar. Y sin ella lo que hagamos no será digno del verbo Vivir. No será un acto poético. "Epidermia" llega, conmueve y denuncia. "Y estoy apuntando lejos". 


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martes, 21 de febrero de 2012

Ocho años a golpe de verso


El próximo 23-F la editorial El Gaviero Ediciones celebrará por todo lo alto su octavo aniversario. Seis presentaciones para seis novedades en seis ciudades distintas: Almería, Madrid, Málaga, Santander, Barcelona y La Coruña son los lugares elegidos para presentar los últimos títulos publicados.

El pistoletazo de salida se dará en Almería el día 22. Allí se presentará el poemario Epidermia, de la joven Sara R. Gallardo (Ponferrada, 1989). Sara es periodista y actualmente termina sus estudios en Alemania gracias a una beca Erasmus. Además se contará con la presencia de Anabel Mateos (coordinadora del IAJ de Almería) y del poeta Juan Andrés García Román, quien tomará las riendas de la presentación. Epidermia es un primer poemario que ha causado mucho revuelo entre los lectores de poesía. En palabras de Carlos Fidalgo este primer cuaderno es un libro hecho de retales. Hecho de remiendos. Hecho de girones y arañazos. Y alguna dentellada. (Hora: 19.30. Lugar: Librería Picasso, c/ Reyes Católicos, 10).

El 23 de febrero el Golpe de verso continuará con cinco actos casi simultáneos en otras cinco ciudades. En Madrid el escritor Javier Moreno se encargará de presentar Crea mundos y te sacarán los ojos, una suerte de primera novela que, según Rosa Benéitez, trata de señalar el carácter ilusorio de la parte más tranquilizadora y confortable de la literatura. La condición siniestra que alberga el ámbito cotidiano de cualquier individuo. Su autor es Pablo López Carballo (León, 1983) conocido por su faceta como poeta y, sobre todo, por su importante labor como crítico literario. (Hora: 19.30. Lugar: Arrebato Libros, c/ la Palma 21).

A la misma hora que el acto de Madrid se desarrollarán las presentaciones de Málaga y Santander. En la primera ciudad el polémico Camilo de Ory (Segovia, 1970) dará a conocer junto al escritor José Luis González Vera, su nuevo libro de aforismos titulado 300: un recopilatorio espartano que recoge aforismos e ingeniosos estados de Facebook y que supone el segundo número de la pequeña colección de ensayo de El Gaviero Ediciones. (Lugar: Librería Prometeo, c/ Puerta de Buenaventura ,6 ) En la segunda se presentará el poemario Interior metafísico con galletas de Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976). Alberto es poeta y ensayista, así como uno de los autores mejor valorados del panorama actual. El poeta Carlos Alcorta será quien presente este libro, definido por el propio autor como una road movie metafísica. (Lugar: Librería Gil, c/ Hernán Cortés, 23 )

A las 20 horas en la Librería Pequod de Barcelona (Carrer de Milà i Fontanals, 59) el novelista Robert Juan-Cantavella (Almassora, 1976) presentará su primer y experimental libro de poemas titulado Los sonetos junto con la bloguera y crítica Carlota Moseguí. El pasado mes la revista Quimera publicó una reseña del poemario Los sonetos en donde Raúl Quinto le dedica esta fantástica sentencia: El soneto es un animal salvaje, un dragón: Valente dio instrucciones de cómo pintarlo y Robert Juan-Cantavella nos exige darle caza.

Por último, en La Coruña, Estíbaliz Espinosa (La Coruña, 1974) sorprenderá a su público con la lectura y presentación de papel a punto de, complicado y deslumbrante, que ha conseguido captar la atención de críticos de la talla de Lector Mal-herido. En el poemario, dice Juan Mal-herido, hay mucha escritura como materia de sí misma, y ya desde el título se nos propone la sintaxis como un ADN fiabilísimo de las cosas que nos pasan. El ser en los poemas de Espinosa es siempre un ser para el papel, desde el papel o, mayormente, desde la errata. El acto se desarrollará en la Librería Cascanueces (Travesía de Cordonería, 10), de la mano de la también actriz y poeta Antía Otero. (Hora: 20.30).

En definitiva, estos seis libros y sus autores darán cuenta de la variedad y el compromiso de El Gaviero Ediciones por el arte de vanguardia. Seis propuestas estéticas muy diferentes pero que coinciden en la ausencia de complejos a la hora de enfrentarse al lector y en la búsqueda del pálpito, de la palabra exacta y de la hibridación.

La editorial celebrará así, a Golpe de verso, sus ocho años navegando, a lo largo de los cuales ha publicado 50 títulos más varias publicaciones no venales y una colección de postales Scifipoéticas. Comprometidos de manera especial con la poesía fuera de la edición, El Gaviero Ediciones también ha colaborado con distintas entidades públicas y privadas como ARCO, el Instituto Cervantes, la Feria del Libro de Madrid, la Semana Negra de Gijón o la Junta de Andalucía para sacar a ésta, la poesía, del ostracismo y marginalidad, y acercarla sobre todo a los jóvenes. El más reciente proyecto de gestión cultural ha sido la colaboración con Laboral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón para el desarrollo conceptual del LABoratorio de la PaLABra, un laboratorio experimental que ha trabajado la palabra desde aspectos educativos y lúdicos.

Apúntense, pues, a este 23-F y disfruten del Golpe poético. Disfruten de la palabra. 


lunes, 23 de enero de 2012

Epidermia de Sara R. Gallardo por Manuel Cuenya

Sara R. Gallardo en la presentación de su libro Epidermia el pasado mes de diciembre en Ponferrada.

Te desnudas, Sara, con tus palabras, con tu poesía, esa palabra muda que sangra, esa herida sajada que se cose con el verbo, y que es fruto del dolor, amasada con libros y tormentas. Te descubres mientras escribes con tus manos tuyas, con tus manos suyas, tu historia, tu infancia-laberinto, tu adolescencia, tu-ahora descreído, impregnado de escepticismo: Los humanos somos como los insectos, igual de gregarios, de inseguros, de estúpidos… follan porque saben que se les acaba la vida. Escribes para buscar el silencio, tu propio silencio. Miras el mundo con los ojos que ella te dio. El mundo no se acaba, y tus miradas son mundo, incluso lo reinventan. Y fumas, y piensas y sientes, con tu deseo, tanto deseo en medio de toda esta tristeza de sal. Y así descubres o re-descubres el mundo, tu mundo interior, el universo cibernáutico en que vivimos. Te abres al tiempo presente, acaso para arrojarte de súbito al mundo intangible, a las palabras, que re-cobran vida, que brotan de tus entrañas, porque tú, Sara, eres víscera que palpita, que bombea sangre. Despiertas, acaso bajo la lluvia, con el despertador sonando a blues y a apatía y a café. Pero te vas dejando amanecer. Rompes con la sintaxis. Eres soy como el alma animal. Amas la belleza que ignoro en mí. Dejas que fluya el espíritu de la sangre, te dejas fluir en un monólogo interior, entender y gozar. entender y gozar, que nos devuelve a alguna realidad o subconsciencia, tal vez a un relato de vampiros o fantasmas luna-sombra. En todo caso, tú, Sara R. Gallardo, has logrado, con tu Epidermia, con tus palabras de aceite, de cera de luna y de materias orgánicas o inorgánicas, sacudirnos el alma-cuerpo, abrasarnos la piel.

Fuente: Infobierzo

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miércoles, 18 de enero de 2012

El libro más allá del libro: Epidermia

Un libro es mucho más que un libro, mucho más que el hilo o el metal que engarza sus páginas, mucho más que el pantone de la tinta que lo cubre, mucho más que las palabras y los signos de puntuación, mucho más que el silencio en la voz del poeta o narrador que lo canta y cuenta, mucho más que los tipos elegidos por el editor, mucho más que el espacio que ocupa en las estanterías de bibliotecas, hogares y librerías. 

Un libro, y esa el la magia, siempre puede mutar en las manos del lector.


Improvisación y versión para piano del poema "Tampoco yo" de Sara R. Gallardo, incluido en Epidermia (El Gaviero Ediciones, 2011), compuesta e interpretada por Martin Walla.


Tampoco yo

Los periódicos locales
no publican noticias
Foto: Diego de Haro
que hablen de suicidios.

Voy aprendiendo el oficio.
Aprendo a callar.

Qué huérfanos
se quedan los muertos
arrojándose
desde los puentes de Norma Jeane
desde ese puente herrumbroso
que huele a azufre.
Ese puente feo.

Tú tambaleante,
un bebé en tu vientre:
simbólicamente yo.

Los periódicos
nada dijeron
cuando quisiste morir, madre.

Tampoco yo.



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