jueves, 24 de mayo de 2012

El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes.

Foto: Ismael Sellés
A veces el guerrero de la luz se comporta como el agua, y fluye entre los obstáculos que encuentra. En ciertos momentos se adapta a las circunstancias, acepta sin dañarse, que las piedras del camino tracen su ruta a través de la montaña. En esto consiste la fuerza del agua: nunca podrá ser destrozada por un martillo, o herida por un cuchillo. La espada más potente del mundo nunca podrá dejar cicatrices sobre su superficie.
El agua del río se adapta al camino posible, sin olvidar su propio objetivo: el mar. Frágil al manantial, poco a poco incorpora la fuerza de los otros ríos que encuentra. Y, a partir de ese momento, su poder es total.

Paulo Coelho, El guerrero de la luz


Texto seleccionado por María del Mar Domínguez Álvarez