viernes, 10 de mayo de 2013

Sobras de Maite Dono por Usue Juárez


Es pecado no volar cuando se tie­nen alas

Al igual que la voz poé­tica de Sobras (El Gaviero, 2013) escu­cha aten­ta­mente la mano izquierda de un tal Glenn y lo sigue por donde quiera lle­varla, así escu­cho yo a Maite Dono(1969) y la sigo por donde quiera lle­varme, “Si lejos, mejor que mejor/ A las arne­las pla­yas”, reto­mando sus pala­bras. Y asisto al poder, al hechizo que ejerce sobre mí su pala­bra poé­tica. Por­que la poe­sía de Maite Dono es ante todo sinó­nimo de liber­tad. Dono escribe como y sobre lo que quiere: “(Quede un espa­cio aquí para lo que se quiera)”, escribe, y, acto seguido, hace uso de ese espa­cio nuevo y rein­venta, invade. Por­que ella puede. Es capaz. Des­pués, con­ti­núo fiel con la lec­tura, la observo verso a verso y, justo cuando creía com­pren­derla, dibuja un círculo con la boca y se me escapa como un pez entre las manos. Viva. Libre. Y su voz se torna “Pez crucial/ Pez frágil/ Pez de calle/ Pez out of pecera/ Pez de la barbarie/ Pez sónico/ Pez urdidor/ Pez blablabla/ Pez pozo/ Pez susu­rro”, como ella dice.

Si alguien me pre­gun­tara por qué me gustó tanto la Maite Dono de Cir­cus Girl (El Gaviero, 2009) y por qué ahora me ha gus­tado tanto la Maite Dono de Sobras, no sabría que con­tes­tar de entrada. Pasa­dos unos segun­dos, me asal­ta­rían varias razo­nes y comen­za­rían a agol­parse una detrás de otra. Pri­mero, por la plu­ra­li­dad de voces que, mediante el empleo de los pun­tos sus­pen­si­vos, pare­cen rami­fi­carse a lo largo del poe­ma­rio pero que al mismo tiempo for­man una voz uní­voca repleta de mati­ces, dudas, súpli­cas (“Mátame/ Mátame/ Mátame/ Glenn mata a esta”), pre­gun­tas (“¿Qué haces remo­viendo mi mierda?”), sen­ten­cias (“Puta/ Tú no cono­ces la ciu­dad), pro­pues­tas (“Inva­dir de len­guas el espa­cio mixto de la boca/ Arrumacarnos/ Infec­tar­nos de silencio/ Olvi­dar len­guas maternas/ Abe­ce­da­rios”), obser­va­cio­nes (“Aún no he com­pren­dido ese pasaje y tu grito”) o des­crip­cio­nes del pai­saje inte­rior (“Ella cie­rra los ojos/ Al pai­saje nevado/ Por donde una y otra vez cami­na­mos la tristeza/ La nieve que existe está toda dentro/ Por muy blan­cas que se hagan las cumbres/ Sólo espectros/ …)”).
Segundo, por ese poder de rein­ven­ción del que se ha hablado. Por ejem­plo, en la capa­ci­dad de vol­ver a hablar del “cuervo” y de mos­trar este ani­mal desde otro prisma, junto a un pai­saje que la poeta pue­bla de per­so­na­jes excén­tri­cos (“Los pája­ros de nom­bre cuer­vos inva­den la pra­dera pretérita/ Esos negros ala­dos comían ingen­tes can­ti­da­des de gusanos/ Y alguien llo­raba en la ducha/ Y entre las camelias/ Y se daba cabe­za­zos con­tra una piedra/ Y hacía coreo­gra­fías en su cabeza/ Y encon­traba esque­le­tos de pájaros/ Que cla­vaba en puertas/ Que eran cua­dros”) e imá­ge­nes mor­bo­sas o, si no mor­bo­sas, que cau­san extra­ñeza:”Tam­bién maté a un pollo por­que lo amaba demasiado/ Era blanco y lo llené de agua con una cuchara/ Reventó como una vieja presa/ Quise morir de algo/ Fracasé/ …/ Eres sólo un cajón, sólo un cajón/ Estoy lleno de cajones/ Me odio”.
Por­que, me repito, esta escri­tora se atreve, expe­ri­menta y no se queda a medio camino en la mera inda­ga­ción. Lo con­si­gue. Uti­liza el sexo, uti­liza voca­blos como “puta” del mismo modo que uti­liza “grito”, “frío”, “sopita” o “Venus”. Y todo casa. Y nada queda fuera de lugar, por­que los tex­tos se entre­te­jen mediante un mate­rial que no deja res­qui­cios ni bre­cha alguna: la poe­sía. En estado puro.
Por­que sus poe­mas son extra­ños y pican como una herida, enton­ces tú ras­cas y ras­cas, per­fo­ras. Y llega el poema-morbo, la ima­gen que espanta y atrae al mismo tiempo, el ritmo, una espe­cie de caden­cia donde aflora el talento musi­cal de Dono. Poe­mas que pene­tran pri­mero como un grito y te habi­tan luego como un eco y hablan de una grieta que, en fun­ción del lec­tor, puede tomar cuerpo de una u otra forma, pero es grieta uni­ver­sal, grito y silen­cio. De ahí que todos reco­noz­ca­mos sus síntomas.
Por­que sólo ella escri­bió los ver­sos “Sal fuera de mí/ Déjame en mi silencio/ La ven­tana por la que entraste sigue abierta/ Creo/ Ven a mí y jódeme/ Cie­rra esa puta ven­tana de una puta vez y quédate/ Qué es la pureza?/ Tú lo sabes?/ Jódeme” (Cir­cus Girl) y por­que sólo ella ha escrito“Con las uñas y los dien­tes del silencio/ he arran­cado len­ta­mente esta carne caliente/ Humeante carne de amar/ Humeante mar­mita de emoción/ Emoción-revolución/ Sólo siento/ Sólo soy esto/ Te jodes/ …/ Ahora sién­tate y escucha/ Esta­mos hechos/ Aban­dona a Kant y jódeme/ Jódeme/ El uno para el otro?”.
Por­que no hay muchos poe­tas que sean capa­ces de aga­rrar el dolor y la nada en un puño y lan­zár­noslo hecho poema. Y Maite Dono lo logra.
Por eso.

Fuente: Koult