viernes, 8 de febrero de 2013

Mi padre y yo. Un western. Dos reseñas y una entrevista


Foto: Ana Santos Payán
Mi padre y yo. Un Western por David Urgull para Factor Crítico

Los juegos freudianos existían antes de que el doctor Freud hablara de ellos, pero fue el vienés quien les dio nombre y cierto colorido onírico con olor a puro. Las relaciones paterno-filiales siempre han dado para mucho y por mucho que cambien los parámetros familiares seguirán dando para más. En eso pueden estar tranquilos los defensores de la familia tradicional, esos que enarbolando la cruz reclaman un único modelo familiar, los papás (el Papa también) seguirán jodiendo a los hijos y viceversa. Los lazos familiares son un tópico literario, uno de los grandes temas desde que el ser humano aprendió a reflexionar sobre sí mismo, como el amor y la muerte. Son los cimientos que marcan nuestro carácter, los pilares indivisibles que nos hacen ser lo que quiera que seamos y que en el caso de los escritores siempre quedan visibles en su narración. Luego está el enfoque que se le quiera dar (o que se le pueda dar) a esa relación tan íntima que cada cual tiene con su progenitor. Los hay que optan por la introspección psicoanalítica y sacan sus fantasmas a relucir en cada frase compartiendo las torturas internas con el lector. Los hay que prefieren la aniquilación total de aquel que aportó su semen para que él existiera y practican un fratricidio sangriento y macabro con luz y taquígrafos.  Los hay que lo camuflan y hacen juegos de sombras con ese espectro del que nunca logran librarse. Por último, los hay que eligen el humor, la ironía, el sarcasmo, para enfrentarse cara a cara, para dejar las cosas claras con su papi. Juan Manuel Gil pertenece a este último grupo.
Juan Manuel Gil es un treintañero que le da al verso; que nació en Almería; que estuvo algún tiempo bajo las faldas protectoras de la Fundación Antonio Gala, aunque no parece que la experiencia le haya dejado mayores secuelas; que escribió un buen libro de rimas hace unos años: Inopia, Premio de Poesía Andalucía Joven 2008; que colabora en La voz de Almería; que fabrica un blog llamado La casa del nadador y que acaba de publicar un libro titulado: Mi padre y yo, un western.
Ya el título merece por sí solo toda la atención. Es en sí mismo un verso redondo, un aforismo inapelable, toda una narración completa, con planteamiento, nudo y desenlace al más puro estilo Monterroso, un microrelato que le dicen ahora. Con eso valdría, no me digas más, Juan Manuel, sé de qué me hablas, mi padre y yo, un puto duelo al sol, mi padre y yo, solo ante el peligro. Sin embargo hay que abrir el libro, es corto, apenas cuarenta páginas, así que no da pereza. El prólogo despista y ambienta a la vez, como una buena melodía de armónica al más puro estilo Morricone. Y enseguida empieza el tiroteo, porque eso es este libro, un tiroteo incesante entre un hijo que busca al padre y un padre que dispara todo el cargador contra su hijo. Ahora bien, no hay que asustarse, no es una película de Peckinpack, aquí no muere nadie. Más bien al contrario, el tambor del revólver del padre está cargado de retranca, de sorna, de ingenio, de un sarcasmo que te perfora las neuronas y que con socarrona malaleche va mostrando al hijo esas verdades que solo un padre conoce. Un ejemplo, un disparo:
YO: A veces siento un vacío interior que no sé nombrar. Quizá nostalgia. Quizá melancolía. Quizá miedo.
MI PADRE: Juan, si fueses normal simplemente sería hambre.
Y así todo el libro, con el padre siempre disparando entre ceja y ceja sin errar un tiro. Puede parecer, con tanto desencuentro, que esta última obra de Juan Manuel Gil reflexiona sobre la eterna y recíproca pregunta que siempre subyace entre un padre y un hijo: ¿Quién coño eres tú? Así es, pero no. Según se gastan las balas uno va descubriendo la ternura camuflada del padre, la intención didáctica de sus reflexiones, el traspaso de la brújula vital que ayude al vástago a seguir el camino correcto o al menos a no ir por la senda por donde él ya fue. Claro que, como siempre, al final, los hijos hacemos lo que nos da la gana, igual que hicieron nuestros padres con sus padres. Pero algo queda, allá en lo profundo.


¿Está papá?, que se ponga. Por Juan Luis Tapia para Ideal
El trabajo de creación literaria se exhibe a través de "el diálogo intergeneracional de dos seres obligados a vivir cada uno en un momento determinado"

Yo: Papá, ¿cómo estás hoy? / Mi padre: Espera, que es tu madre la que lleva ese asunto. Te paso con ella. /... [Al teléfono]/ Mi padre: Juan, nada, que estoy aquí con la familia charlando de esto y aquello y queríamos preguntarte. ¿A que no pasa nada si me dejo tu libro a la mitad?». Esta es una de las muchas conversaciones padre e hijo que contiene 'Mi padre y yo. Un western' (Ed. El Gaviero), del almeriense Juan Manuel Gil, y que un día colgó en Facebook. «El libro es una recopilación de las conversaciones que mantenía con mi padre, y que trasladaba al Facebook», dice Gil. «Aquellas conversaciones tuvieron mucho éxito y me convertí en un cazador de las contestaciones de mi padre, unas charlas que eran como un duelo de western, de ahí el título del libro», comenta. 'Mi padre y yo' contiene la naturalidad y la espontaneidad de las conversaciones, pero sobre todo un humor que conduce a la reflexión. No ha sido una mera transcripción de los diálogos entre Juan Manuel y su padre, «porque debía crear el personaje, que a la vez es mi padre, recrear las situaciones que se describen, contextualizarlas», explica el autor.
El trabajo de creación literaria también se exhibe a través de «el diálogo intergeneracional de dos seres obligados a vivir cada uno en un momento determinado, en el que salen a la palestra una serie de historias que bien pueden constituir un relato, la confrontación de dos puntos de vista. Dicen que Juan Manuel Gil se encuadra en esa nueva generación de autores españoles con Luna Miguel, entre otros, a la cabeza, así como Camilo de Ory. Su literatura, afortunadamente en estos tiempos de etiquetas y narrativas previsibles, es inclasificable. "Mi padre y yo" va camino de convertirse en un libro de culto. Las razones las da el poeta granadino Antonio Mochón: «El autor da en la tecla exacta para retratar un mundo muy particular, el que se crea entre un padre nada convencional y su hijo, y lo hace mediante unos brevísimos e inspiradísimos diálogos que trazan un camino de aprendizaje donde el humor señala, en un puzzle que el lector enseguida reconoce y recompone, el camino hacia el amor».
«Este libro me pone en mi sitio. Me hace reír y pensar. Me obliga a estar despierto. Me sacude con una ternura absolutamente despiadada. Este libro no lo he escrito yo solo. Bueno, no lo he escrito yo. Mejor aún: seguirá escribiéndose. Aquí subrayo la idea principal: este libro es un extraño divertimento protagonizado por mi padre. Ese hombre que leía novelas del oeste», dice Gil. Ante tanta 'literhartura' llega este frescor que rompe la monotonía experiencial de la poesía, de los textos y recupera la rebeldía literaria. Juan Manuel Gil demuestra que la risa hace pensar, y que no duele.

Fuente: Ideal


"Mi padre y yo. Un western" en el programa "Atrévete a leer". 

Aquí podéis descargar el audio. Fecha de 02/05/13.

Fuente: Radio Ejido


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