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jueves, 19 de septiembre de 2013

La bicicleta como alternativa poética


Humo como ofrenda al alma
de la bicicleta apoyada en la pared.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Parían a sus hijos al otro lado del cementerio de bicicletas,
allí enterraban a los muertos de noche
en grescas afiladas con puñal y espada;
allí enterraban a los hijos de los muertos,

Tendidos a infinito, doblados como radios
increíbles de bicicletas prehistóricas
deformados por el tiempo llegamos a este hangar
[con la forma de la ría de Ortigueira en los talones
y una Tierra de Campos arada nuca arriba,
todo Origen Olvidado que empieza por o y también por cero]
a este margen de papel del color de un hueso extinto.
Estíbaliz Espinosa, papel apunto de


sólo se hacen 16 años una vez! me huele la boca a donut light
tal vez en el cielo haya más sitio
ha roto 4 camas, 6 tazas de retrete y 5 bicicletas
regresar a ese instante feliz
y morir lejos de la cárcel de trenzas
Elise Plain, Pan para la princesa

Son las once y media. Las bicicletas esquivan el agua de las fuentes mientras el sol de la primavera calienta la hierba y le otorga el brillo y la materia.
Antonio Portela, Ciudadano romano

PORQUE tengo tanto tanto miedo porque siempre tuve un miedo porque la luz calmada en el espejo refleja tus cosas porque hay locos que me siguen en bicicletas amarillas de segunda mano
Maite Dono, Circus girl

Me buscarás, TÚ, en los circos y teatros, en los cuadros de bailarinas de ballet, en bicicletas rosas con blancos canastos. Y allí estaré. Mi piruleta remendada, mis ojos verdes, la felicidad a flor de piel
Alejandra Vanessa, El hombre del saco

Lo peor debe ser cuando llevas tanto tiempo de pie en la bicicleta que sentarse ya no es posible. Cuando estás entre los mejores, cualquier gesto quiere decir algo, y eso lo sabe muy bien el perdedor. 
Juan Manuel Gil, Inopia


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domingo, 26 de mayo de 2013

Su vecino y él de Juan Manuel Gil para la resaca del Día del Orgullo Friki.


CLUB DE FANS

Este vecino es raro de cojones. Otra vez está en el ascensor disfrazado de eso negro. Ha vuelto a decirme que tras la escafandra siempre hay ojos que miran. Te aseguro que me han entrado unas ganas locas de golpearle la cabeza con el palo que lleva siempre. El día que me asuste al niño con sus estupideces lo mando al espacio de una patada en el culo. A ver si allí está a gusto. A ver si hay ojos o no tras la escafandra. Que sólo a un loco puede importarle una cosa así. Seguro que es él quien llama de madrugada al portero automático y se calla. Es un salido. ¿Sabes que una vecina dice haberlo visto desintegrarse varias veces en el descansillo de la escalera? Yo a estas alturas me lo creo todo sobre este capullo.

Juan Manuel Gil, Qué la fuerza te acompañe

Foto: Ana Santos Payán

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lunes, 13 de mayo de 2013

Inopia de Juan Manuel Gil por N. N. Foquet

Imagen: Libros Fouquet

En el prólogo, Enrique Vila-Matas anticipa que encontraremos “una novela de género llamémosle híbrido, que reúne cinco historias unidas por el tema general de la desaparición” y de eso se trata.

Con una estructura extraña, donde se suceden brevísimos capítulos que avanzan hacía una inevitable cuenta atrás, con una gran habilidad narrativa para plasmar brevemente instantes de vidas diversas, con descripciones casi poéticas, sin una tensión real, el lector se siente atrapado por una historia en la que aparentemente no pasa nada, pero sucede de todo, donde la desaparición, en sus variadas formas y circunstancias, es el nexo de unión entre personajes diversos, simultáneos, con vidas conectadas pero que suceden paralelas. Relatos que se fragmentan y se alternan.

La construcción narrativa es original. Los saltos de una historia a otra no permiten al lector aburrirse con ninguna de las tramas; a la vez que la cuenta atrás de los capítulos crean la sensación de un inminente desenlace, una especie de agujero negro que va a arrastrando a los personajes y al lector hacia la desaparición y la huída.

Es innegable la habilidad como escritor de Juan Manuel Gil, si bien algunos de sus experimentos narrativos pueden desconcertar al lector y hacerle sentir que se está perdiendo algo, por lo que es recomendable leer Inopia de un tirón.

La edición del título es ya de por sí interesante. Inopia forma parte de la colección Troquel de El Gaviero Ediciones, en la que se da espacio a publicaciones de jóvenes escritores andaluces. La novela se presenta en forma de cuaderno con espiral que, a la vez que original, permite una cómoda lectura. Con la curiosidad de formar parte de tiradas numeradas (mi ejemplar es el nº 570). Estos cuidados detalles de edición aportan un valor añadido al libro, no siendo sólo un continente de palabras, sino un objeto artístico en si mismo.

Una lectura única en una edición original.

“Las posibilidades de salir indemne de una lectura, por suerte, son escasas” (J.M. Gil 2008:63)

Fuente: librosfouquet

jueves, 11 de abril de 2013

Mi padre y yo. Un western, de Juan Manuel Gil por Fernando Sánchez Calvo


Foto: El Gaviero Ediciones
Sesenta y ocho aforismos al servicio del diálogo. Sesenta y ocho debates entre dos entes dulcemente irreconciliables (padre e hijo) como lo pueden ser Dios y el diablo, el agua y el vino, el alma y la carne. Sesenta y ocho duelos irónicamente tensos donde las balas de «la humildad, el ingenio, la rapidez, el humor, la brevedad y el silencio (muchísimo silencio)» sitúan a vástago y progenitor frente a frente en dos espacios míticos para la familia: el hogar paterno y la variable franja sentimental de centímetros que traza la línea entre dos teléfonos.
No hay ni uno de estos duelos que gane Juan Manuel Gil en esta pequeña joya que la Editorial El Gaviero edita en su colección más anfibia, “Salamandria”, donde cada nuevo título se adapta en formato a lo que se cuenta. Y lo que se cuenta aquí, al estilo de las antiguas novelas del oeste que tantos cajones ocupan todavía, es una tierna derrota autobiográfica que el mismo autor asume y en la que rinde tributo a la figura paterna y, en concreto, a la figura de su padre, quien con tan sólo seis tipos de balas apunta, dispara y fulmina cualquier amago de soberbia por parte del hijo, cualquier traición a la humildad bien aprendida en casa y, en definitiva, cualquier alejamiento de los orígenes. Lo que ha escrito Juan Manuel Gil no es un conjunto de chistes, de anécdotas o de episodios más o menos graciosos. Lo que ha escrito Juan Manuel Gil es un manual del buen hijo que admira a su padre por todo aquello en lo que no le dejó ni deja convertirse.

Ahí va un duelo:
«[Al teléfono]
YO: Papá, ¿Cómo estás hoy?
MI PADRE: Espera, que es tu madre la que lleva ese asunto. Te paso con ella.»

Ahí va otro duelo:
«YO: Domingo soleado en el sur. ¿Se puede pedir más?
MI PADRE: Silencio.»
Y otro:
«YO: Me han invitado a un encuentro de poetas andaluces.
MI PADRE: Juan, creíamos que ya habías salido de todo eso.»
Y el último:
«YO: Feliz cumpleaños, papá.
MI PADRE: Juan, acabemos con esto cuanto antes. Suéltalo ya.
YO: Vale. Ahí va: te quiero.
MI PADRE: Yo también.»

¿Se pueden desmitificar tantas cosas en más o en menos palabras? Ni siquiera sé si procede la pregunta, porque lo que aquí importa es que las utilizadas por Juan Manuel Gil valen para que cada uno de nosotros, partiendo de estos duelos concretos, miremos con admiración a aquél que, por muy buen revólver que compremos, siempre acertará primero.



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miércoles, 3 de abril de 2013

México, Salamanca, Iowa, Santiago de Compostela, Almería...


                                                     Caminante no hay camino
                                                     sino estelas en la mar.

                                                                                                        Antonio Machado




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domingo, 31 de marzo de 2013

El libro más allá del libro. Harkaitz Cano the kid.

Un libro, y esa el la magia, siempre puede mutar en las manos del lector.
Harkaitz Cano disfrazado de cowboy.
“Todos los disparos fueron de frente”.

Los disparos certeros de mi padre aún me hacen reír y reflexionar.

Juan manuel Gil, Mi padre y yo. Un western.



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lunes, 25 de marzo de 2013

Mi padre y yo. Un western, de Juan Manuel Gil por Juan Carlos Sierra

Sergio Fernández Castañón y su padre Memel Fernández.
Foto: Laura Castañón

Duelo dialéctico con papá

Eso que llaman inspiración, esa súbita invitación de las musas a dejarlo todo para escribir en un arrebato casi místico, a estas alturas posmodernas de la historia de la creación no hay quien se lo crea; en caso de que no te pille trabajando, como creo que dijo Antonio Machado, es decir, en tu cocina de escritor,... Ahora, además, para contribuir a la dispersión de los tiempos, a muchos las musas los visitan revisando el correo, saliendo distraídos del puerto de Google hacia el no se sabe dónde de las procelosas páginas de la red o consultado las últimas ocurrencias de los "amigos" de Facebook. Y así no hay quien escriba nada medio decente.

O sí, porque a veces en el medio, en la herramienta, se halla la respuesta creativa; o la inspiración. Precisamente en la red social Facebook se encuentra el origen de Mi padre y yo. Un western. Los que tenemos a Juan Manuel Gil como "amigo" en la red creada por Mark Zuckerberg empezamos a leer hace más de un año los breves e hilarantes diálogos que mantenían dos personajes: YO y MI PADRE. De cuando en cuando, esas entradas se van haciendo más frecuentes y al final aparecen recogidas en el libro que hoy reseñamos.

El modo cortante, aunque cariñoso, de MI PADRE, sus latigazos dialécticos -trasunto pacifista del olor a pólvora en O.K. Corral-, su superioridad moral -intachable y coherente- en los asuntos más pragmáticos del día a día,… dibujan sin mucha dificultad en la imaginación del lector a uno de esos sheriff de 'western' que no quieren en su pueblo a forasteros que perturben la ley, o sea, a él.

Lo que añade el personaje creado por Juan Manuel Gil al modelo es un sentido del humor demoledor, sin contemplaciones, rozando la "mala follá" granadina, pero siempre desde el cariño, se entiende, de un padre hacia su hijo escritor -ese forastero que viene a romper la armonía de la familia con las excentricidades propias de los de su calaña-.

Este 'western' almeriense del siglo XXI además contiene un sano ejercicio de autocrítica o de humildad para quienes se dedican a esto de la literatura. A veces es necesario dejar a las musas en sus alturas olímpicas o, simplemente, no ejercer de escritor pesado y pedante las veinticuatro horas del día, porque puede pasar que algún sheriff familiar en zapatillas de paño y pijama nos ponga en nuestro sitio y nos baje a base de cañonazos ingeniosos y certeros de nuestra intimidad con las divinidades de las artes.
            
YO: Papá, a veces siento un gran vacío interior que no sé nombrar. Quizá nostalgia. Quizá melancolía. Quizá miedo.
MI PADRE: Juan, si fueses normal simplemente sería hambre.
           
MI PADRE: Anoche vi en la tele un programa sobre literatura.
YO: ¿Y qué tal?
MI PADRE: Siguen sin hablar de ti.

[Al teléfono]
MI PADRE: Juan, en la radio dicen que un escritor ha rechazado un premio nacional de seis mil euros. ¿Has sido tú? Si has sido tú, por aquí no aparezcas.

Quien tenga diez minutos libres y quiera pasar un buen rato, quien sea escritor y quiera que la misma literatura le ponga los pies en la tierra, sin duda acertará pasándose por las apenas 35 páginas de Mi padre y yo. Un western


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lunes, 4 de marzo de 2013

sábado, 2 de marzo de 2013

Concurso gaviero: Tu padre y tú, otra del Oeste.

Óscar y Paola. 2007, Almería.
Foto: Ana Santos Payán
Queridos gavieros,
quizás ya estéis pensando en el regalo del próximo 19 de marzo para vuestro padre...
Si queréis regalar el exitoso Mi padre y yo. Un western sin que os cueste un euro, podéis participar en el sorteo de tres ejemplares del libro de Juan Manuel Gil.
Los ejemplares estarán dedicados por el autor y acompañados de su primer libro en El Gaviero: Inopia.

BASES

1. Envíanos una fotografía en la que se te vea, de pequeño, acompañado por tu padre. Sólo podéis estar los dos en la foto y no se admiten fotomontajes, ni recortes.

2. Lanza este post en alguna de las redes sociales en las que participes.

3. Síguenos en twitter, @anagaviera: los comunicados de este concurso se realizarán a través de esta red.

4. Debes residir en España.

5. Este concurso acaba el 10 de marzo de 2013, así los libros llegarán con tiempo suficiente a los premiados.

6. Envía la foto a la siguiente dirección: anagaviera@gmail.com

7. Junto a lo foto envía los siguientes datos: tu nombre y el de tu padre, el nombre del autor de la foto y el lugar en que se hizo. Los dos últimos datos no son obligatorios. Añade el nombre de la red en la que lanzaste esta propuesta y el de las redes en las que sigues a El Gaviero.

8. Los nombres de los ganadores se comunicarán el 11 de marzo de 2013.

9. El jurado estará compuesto por los fotógrafos Isabel Aranda, Diego de Haro, por el escritor Juan Manuel Gil y por El Gaviero Ediciones.

10. Las tres fotos ganadoras podrán ser utilizadas por El Gaviero en presentaciones o actos sobre el libro de Juan Manuel Gil.

11. Las fotos participantes se subirán a la página pinterest integrando una carpeta que podrá ser consultada. La dirección será la siguiente: http://pinterest.com/anagaviera/tu-padre-y-tu-otra-del-oeste/


12. El hecho de participar conlleva la aceptación de estas bases.


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viernes, 8 de febrero de 2013

Mi padre y yo. Un western. Dos reseñas y una entrevista


Foto: Ana Santos Payán
Mi padre y yo. Un Western por David Urgull para Factor Crítico

Los juegos freudianos existían antes de que el doctor Freud hablara de ellos, pero fue el vienés quien les dio nombre y cierto colorido onírico con olor a puro. Las relaciones paterno-filiales siempre han dado para mucho y por mucho que cambien los parámetros familiares seguirán dando para más. En eso pueden estar tranquilos los defensores de la familia tradicional, esos que enarbolando la cruz reclaman un único modelo familiar, los papás (el Papa también) seguirán jodiendo a los hijos y viceversa. Los lazos familiares son un tópico literario, uno de los grandes temas desde que el ser humano aprendió a reflexionar sobre sí mismo, como el amor y la muerte. Son los cimientos que marcan nuestro carácter, los pilares indivisibles que nos hacen ser lo que quiera que seamos y que en el caso de los escritores siempre quedan visibles en su narración. Luego está el enfoque que se le quiera dar (o que se le pueda dar) a esa relación tan íntima que cada cual tiene con su progenitor. Los hay que optan por la introspección psicoanalítica y sacan sus fantasmas a relucir en cada frase compartiendo las torturas internas con el lector. Los hay que prefieren la aniquilación total de aquel que aportó su semen para que él existiera y practican un fratricidio sangriento y macabro con luz y taquígrafos.  Los hay que lo camuflan y hacen juegos de sombras con ese espectro del que nunca logran librarse. Por último, los hay que eligen el humor, la ironía, el sarcasmo, para enfrentarse cara a cara, para dejar las cosas claras con su papi. Juan Manuel Gil pertenece a este último grupo.
Juan Manuel Gil es un treintañero que le da al verso; que nació en Almería; que estuvo algún tiempo bajo las faldas protectoras de la Fundación Antonio Gala, aunque no parece que la experiencia le haya dejado mayores secuelas; que escribió un buen libro de rimas hace unos años: Inopia, Premio de Poesía Andalucía Joven 2008; que colabora en La voz de Almería; que fabrica un blog llamado La casa del nadador y que acaba de publicar un libro titulado: Mi padre y yo, un western.
Ya el título merece por sí solo toda la atención. Es en sí mismo un verso redondo, un aforismo inapelable, toda una narración completa, con planteamiento, nudo y desenlace al más puro estilo Monterroso, un microrelato que le dicen ahora. Con eso valdría, no me digas más, Juan Manuel, sé de qué me hablas, mi padre y yo, un puto duelo al sol, mi padre y yo, solo ante el peligro. Sin embargo hay que abrir el libro, es corto, apenas cuarenta páginas, así que no da pereza. El prólogo despista y ambienta a la vez, como una buena melodía de armónica al más puro estilo Morricone. Y enseguida empieza el tiroteo, porque eso es este libro, un tiroteo incesante entre un hijo que busca al padre y un padre que dispara todo el cargador contra su hijo. Ahora bien, no hay que asustarse, no es una película de Peckinpack, aquí no muere nadie. Más bien al contrario, el tambor del revólver del padre está cargado de retranca, de sorna, de ingenio, de un sarcasmo que te perfora las neuronas y que con socarrona malaleche va mostrando al hijo esas verdades que solo un padre conoce. Un ejemplo, un disparo:
YO: A veces siento un vacío interior que no sé nombrar. Quizá nostalgia. Quizá melancolía. Quizá miedo.
MI PADRE: Juan, si fueses normal simplemente sería hambre.
Y así todo el libro, con el padre siempre disparando entre ceja y ceja sin errar un tiro. Puede parecer, con tanto desencuentro, que esta última obra de Juan Manuel Gil reflexiona sobre la eterna y recíproca pregunta que siempre subyace entre un padre y un hijo: ¿Quién coño eres tú? Así es, pero no. Según se gastan las balas uno va descubriendo la ternura camuflada del padre, la intención didáctica de sus reflexiones, el traspaso de la brújula vital que ayude al vástago a seguir el camino correcto o al menos a no ir por la senda por donde él ya fue. Claro que, como siempre, al final, los hijos hacemos lo que nos da la gana, igual que hicieron nuestros padres con sus padres. Pero algo queda, allá en lo profundo.


¿Está papá?, que se ponga. Por Juan Luis Tapia para Ideal
El trabajo de creación literaria se exhibe a través de "el diálogo intergeneracional de dos seres obligados a vivir cada uno en un momento determinado"

Yo: Papá, ¿cómo estás hoy? / Mi padre: Espera, que es tu madre la que lleva ese asunto. Te paso con ella. /... [Al teléfono]/ Mi padre: Juan, nada, que estoy aquí con la familia charlando de esto y aquello y queríamos preguntarte. ¿A que no pasa nada si me dejo tu libro a la mitad?». Esta es una de las muchas conversaciones padre e hijo que contiene 'Mi padre y yo. Un western' (Ed. El Gaviero), del almeriense Juan Manuel Gil, y que un día colgó en Facebook. «El libro es una recopilación de las conversaciones que mantenía con mi padre, y que trasladaba al Facebook», dice Gil. «Aquellas conversaciones tuvieron mucho éxito y me convertí en un cazador de las contestaciones de mi padre, unas charlas que eran como un duelo de western, de ahí el título del libro», comenta. 'Mi padre y yo' contiene la naturalidad y la espontaneidad de las conversaciones, pero sobre todo un humor que conduce a la reflexión. No ha sido una mera transcripción de los diálogos entre Juan Manuel y su padre, «porque debía crear el personaje, que a la vez es mi padre, recrear las situaciones que se describen, contextualizarlas», explica el autor.
El trabajo de creación literaria también se exhibe a través de «el diálogo intergeneracional de dos seres obligados a vivir cada uno en un momento determinado, en el que salen a la palestra una serie de historias que bien pueden constituir un relato, la confrontación de dos puntos de vista. Dicen que Juan Manuel Gil se encuadra en esa nueva generación de autores españoles con Luna Miguel, entre otros, a la cabeza, así como Camilo de Ory. Su literatura, afortunadamente en estos tiempos de etiquetas y narrativas previsibles, es inclasificable. "Mi padre y yo" va camino de convertirse en un libro de culto. Las razones las da el poeta granadino Antonio Mochón: «El autor da en la tecla exacta para retratar un mundo muy particular, el que se crea entre un padre nada convencional y su hijo, y lo hace mediante unos brevísimos e inspiradísimos diálogos que trazan un camino de aprendizaje donde el humor señala, en un puzzle que el lector enseguida reconoce y recompone, el camino hacia el amor».
«Este libro me pone en mi sitio. Me hace reír y pensar. Me obliga a estar despierto. Me sacude con una ternura absolutamente despiadada. Este libro no lo he escrito yo solo. Bueno, no lo he escrito yo. Mejor aún: seguirá escribiéndose. Aquí subrayo la idea principal: este libro es un extraño divertimento protagonizado por mi padre. Ese hombre que leía novelas del oeste», dice Gil. Ante tanta 'literhartura' llega este frescor que rompe la monotonía experiencial de la poesía, de los textos y recupera la rebeldía literaria. Juan Manuel Gil demuestra que la risa hace pensar, y que no duele.

Fuente: Ideal


"Mi padre y yo. Un western" en el programa "Atrévete a leer". 

Aquí podéis descargar el audio. Fecha de 02/05/13.

Fuente: Radio Ejido


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lunes, 28 de enero de 2013

Mi Padre y yo. Un western en Granada es cool


Martes 29 de enero 20.00h en la Biblioteca de Andalucía (C/ Profesor Sainz Cantero 6). Entrada libre.

Hay libros que desbordan. Páginas que contienen letras pero que son incapaces de contener todo lo que éstas significan. Historias de las que apenas se nos presenta un corte longitudinal suficiente para cautivarnos precisamente por el material que falta, por lo que se intuye detrás. Hay libros que dejan un regusto duradero muy parecido a la felicidad. Mi padre y yo. Un western (El Gaviero, 2012) es uno de esos libros.
Camino de convertirse en un libro de culto, esta obra del almeriense Juan Manuel Gil se ha ganado ya el derecho de ser una de las mejores noticias editoriales de los últimos meses. ¿Por qué? Les dejo un apunte: el autor da en la tecla exacta para retratar un mundo muy particular, el que se crea entre un padre nada convencional y su hijo, y lo hace mediante unos brevísimos e inspiradísimos diálogos que trazan un camino de aprendizaje donde el humor señala, en un puzle que el lector enseguida reconoce y recompone, el camino hacia el amor.
Juan Manuel Gil estará en Granada presentando esta genial incursión en la literatura más inclasificable.
[Al teléfono]
Yo: Papá, ¿cómo estás hoy?
Mi padre: Espera, que es tu madre la que lleva ese asunto. Te paso con ella.

Escrito por Antonio Mochón 

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jueves, 24 de enero de 2013

La nave de José Pablo Barragán y Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Agustín Calvo Galán

Foto: Ana Santos Payán
Sin que sirva de precedente, voy a reseñar dos libros de una tajada, y no porque cada uno de estos libros no se merezca una reseña en solitario, sino porque ambos, con sus diferencias evidentes, presentan algunas características comunes: la principal, por supuesto, es que han sido editados por El Gaviero Ediciones, una editorial almeriense de pequeñas dimensiones pero de grandísima sabiduría estética y literaria (no me canso de recordarlo siempre que tengo oportunidad). Otra característica de ambos libros es generacional, pues los dos autores han entrado hace poco en la treintena. Y, además, en ambos libros encontramos una poesía novedosa, que abre las costuras de la poesía tradicional y que, a su vez, es capaz de generar varios niveles de lectura, así como de incorporar la ironía y la sonrisa como forma de armarse de razones críticas frente a la realidad que nos ha tocado vivir. Pero, vayamos por partes.
Por un lado nos encontramos con el libro La nave de José Pablo Barragán, donde la poesía se adentra en los confines gloriosos de una invención imaginativa y donde la ciencia-ficción es tomada no tanto como género, sino como contexto para hablar de temas actuales -y siempre universales- como la libertad, el paso del tiempo, la sociedad, el viaje, la muerte… y, por encima de todo, del amor y las relaciones entre personas.
El libro se divide en dos partes diferenciadas, pero que dialogan entre sí, con los títulos de  “Las islas” y “La nave”. “Las islas” se presentan como “distopías” (palabra que se usa como antónimo de utopías), espacios inventados (aislados) donde se desarrolla esa sociedad indeseada que no es otra cosa que la nuestra, donde no hace falta alejarnos demasiado en el tiempo y en el espacio para comprender que el peor de los mundos es posible y están en el nuestro.
La segunda parte, “La nave”, se presenta con el subtítulo de “homenajes”; en ella podemos encontrar una multiplicidad de referencia literarias y/o cinematográficas de lo más variadas -principalmente relacionadas con la ciencia ficción- que sirven de magnífica excusa al autor para elaborar retratos de personajes o recrear situaciones no evidentes que nos serán familiares, extrañamente familiares:
No hay nada más hermoso que tu cuello
temblando si lo rozan mis pseudópodos
En definitiva José Pablo Barragán crea una poesía fresca, llena de referencias e interpretaciones, con un estilo aparentemente sencillo pero que cuida las formas al detalle, trabajando la expresión escrita desde una creatividad alejada de estereotipos y, por tanto, muy personal.
Por otro lado, el libro de Juan Manuel Gil, con ese niño disfrazado de cowboy en una portada que tan estupendamente ha captado la estética de las novelitas de western que aún podemos encontrar en los kioscos -a las que se refiere el propio autor y que, al parecer, solía leer su padre con gran fruición cuando él era una niño- nos despierta, ya a simple vista, una simpatía y una ternura incondicional. Sin duda, en este pequeño gran libro se cruzan muchos caminos, y permite, al igual que el libro de José Pablo Barragán, varios niveles de lectura. De entrada nos encontramos con esa referencia estética a una literatura popular que apela directamente a nuestra infancia y, por tanto, a nuestra emotividad, y al adentrarnos en el libro descubrimos que se divide en 68 diálogos entre el autor y su padre, 68 joyas, 68 disparos certeros, 68 síntesis vivenciales repletas de una ironía y de una sinceridad extraordinarias, que podemos enmarcar en un diálogo generacional más amplio y, donde la familia, esa entidad que las instituciones religiosas que no la practican se quieren arrogar, se reafirma como raíz referencial de primer orden para los individuos:
48
Mi padre: Hoy me han preguntado si eres poeta.
Yo: ¿Y qué has contestado?
Mi padre: Que son rumores.
En ambas obras la ironía y el humor son muestra no sólo de amena creatividad sino sobre todo de inteligencia. Las jóvenes generaciones de poetas toman referencias nuevas, no evidentes, y las mezclan a su gusto con las tradiciones literarias heredadas, tanto populares como clásicas o vanguardistas -sin rehuir de ninguna-, para crear obras personales y contemporáneas, y que permitirán, -sería deseable-, a nuevas generaciones de lectores acercarse a la poesía. Tal vez, recordar al niño que fuimos todos, y el que no quería ser indio quería ser vaquero o quería ser astronauta, nos harán disfrutar aún más tanto de estas obras como de la vida misma.
Fuente: Revista de Letras

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viernes, 18 de enero de 2013

El sueño de Visnu de David Meza y Mi padre y yo. Un western de Juan Manuel Gil por Óscar Santos


LIBROS

Para qué seguir escribiendo y amontonando folios en carpetas y cajones, anotando palabras y frases en libretas de diseño o en servilletas de cualquier bar. Para qué, yo lo que quiero es leer, esconderme y leer. Y digo esto porque cuanto más leo más necesidad tengo por olvidarme de escribir. Es una ecuación inversamente proporcional, pura matemática. Tengo que dejar de escribir y de fumar. Tengo que leer. Para qué seguir escribiendo cuando ya hay miles de libros que enamoran desde la tapa, que enganchan con una furia salvaje, acarician,  besan, aman, sodomizan, prostituyen, esclavizan... En fin, podría enumerarlos por los siglos de los siglos, por autores y generaciones, por románticos y drogadictos pero no lo voy a hacer. Sólo voy a citar tres libros y tres autores que me animan a dejar de escribir. Del primero ya se ha hablado mucho en la red y no voy a descubrir nada, porque hay tipos y tipas mucho más duchos que yo en esas lides de la crítica literaria. Hablo desde mi punto de vista, de lector empedernido, alcoholizado por el olor de los libros, callejero y con nómina de grandes almacenes. El primero, como antes dije, es EL SUEÑO DE VISNU del escritor  DAVID MEZA editado por EL GAVIERO EDICIONES. Este poemario es la hostia, perdón por la expresión, pero así se definen muchas cosas en una sola palabra, ya sé, podría decir que es increíble, fantástico, innovador... que lo es, pero utilizo la otra expresión porque es de barrio, porque EL SUEÑO DE VISNU es belleza, palabra pura, imaginación, frescura, cuerpo de Cristo. Un poemario escrito desde un lugar no conocido, desde otra galaxia, desde una altura que divisa lo mortal e inmortal y lo entremezcla, y lo sueña y lo sirve en palabras como una ecuación de Einstein o de Feynman, como gol de Messi en la escuadra de la Capilla Sixtina. Tengo que dejar de escribir. El segundo y también de la misma editorial es MI PADRE Y YO. UN WESTERN de JUAN MANUEL GIL. Colección deliciosa esta SERIE B y este pequeño libro que imita a aquellos que se estrujaban en las estanterías de nuestros pescadores, maquinistas, albañiles, carpinteros...señores padres, que leían a sudor y olían a Roberto Alcázar y Pedrín. Un libro, este western, que destila sentido del humor, desbordando el tiempo de su lectura, un humor lleno de disfraces, tan necesario en los tiempos que corren, tan lúcido, tan lleno de ternura, humildad, ingenio, en definitiva, un magistral duelo de palabras vestido por la inteligencia de un escritor con varias muescas en su cinturón y que además sabe y reconoce que su padre, el tipo duro que tiene frente a él es mucho más rápido y más letal, de hecho, las muescas de su cinturón son infinitas. Tengo que dejar de escribir. Por último hablaré de un libro delicioso. Su título es CALCETINES de la editorial BAMBÚ y su autor FÉLIX JIMÉNEZ VELANDO. Es un libro para niños mayores de ocho años, osea para todos, porque quizá el adjetivo delicioso se queda corto. Al abrirlo uno se sumerge en una historia sencilla que se adentra en lo cotidiano con una magia exquisita, como viajar un continente real y que a cada paso nos asalte un hermoso sueño. Sólo alguien con talento puede convertir un cuento de dos calcetines en un largometraje, película con metraje de piel y cosquillas, de las de siempre, las que te enseñan mostrándote la verdad serena, el inteligente humor y una galaxia de sentimientos. FÉLIX J. VELANDO no es nuevo en esto de las palabras. Lleva mucho tiempo haciéndonos reír y embelesándonos, ya sea con su narrativa o con su curro diario siendo guionista de 7 VIDAS, LAS NOTICIAS DEL GUIÑOL, FÍSICA Y QUÍMICA...Literatura con letras mayúsculas. Tengo que dejar de escribir.
Fuente: Infierno sostenido

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