lunes, 27 de mayo de 2013

Virginia Woolf como excusa para la complicidad

1. La librera.
Ana Amézcua, la librera, me adelanta que la editorial del mes x será Lumen y que traerá a la librería la exposición de piezas que ilustran la nueva edición de Un cuarto propio de Virginia Woolf. Me pregunta si querría acompañar a la editora, Silvia Querini, que dará una charla sobre la autora. Lo pregunta con cautela pues sabe que me da pánico enfrentarme al público y ante su sorpresa acepto. Me hace feliz la idea de conocer a una editora con la trayectoria de Silvia.

2. La  hija
Llamo a Luna, le cuento que presentaré a Silvia Querini en Almería. Luna se alegra, habla con cariño de la editora y me recuerda el día que salimos a comprar juntas Un cuarto propio.

3. La red social
Silvia y yo conectamos. Esto no debería importar pero el guiño cinematográfico me parece gracioso.

4. La escritora
Reviso viejas lecturas, vuelvo a los diarios, recomendación del poeta Javier Rodríguez Marcos. Me detengo en una señal al margen. La página está señalada con una tarjeta postal antigua, comprada en algún mercadillo. Un hombre me mira fijamente. Boticcelli es un autor de detalles. Boticceli siempre me roba el aire. Pero volvamos a la cita, en ella Virginia Woolf dice "el pasado es hermoso, nunca se comprende una emoción en su momento".

La lectura es igual de hermosa, pero no digo más, pues en el orden original de los acontecimientos, esta reflexión aún no se ha producido.


5. La hija secreta (de Virginia Woolf)
Leticia Bergé 

6. Las piedras
Me obsesionan -en ciertas posturas- la caverna de Platón,
la caña de Pascal, la almohada de Shonagon,
el sello del anillo de Spinoza, el brazo perdido de Valle y sus barbas
y las de Tolstoi y las de Whitman, similares en caos y alegría.
El maldito maletín negro de Benjamin
y la calidad de las piedras en el bolsillo de Woolf.

                                                   Estíbaliz Espinosa, papel a punto de 


7. La persiana
Vuelvo a la información desordenada, entiéndanme, a posteriori las conexiones se ven más claras. Silvia sube cada día la persiana de su despacho pensando en su responsabilidad con la vida y  la literatura. Virginia Woolf sube la persiana del pensamiento sobre la mujer de las escritoras más jóvenes.

8. La enfermedad
-Virgina Woolf: muerta / cáncer de agua
                                                   Luna Miguel, La tumba del marinero

9. El agua


Pienso en ti…

Como pipas en una placita

Ciega de…

Miguitas de pan a los estorninos

Wolf

Woolf

Sangre de poeta loco

Piret

Piedras al río

Piedras en los bolsillos y al Ouse

Woolf al Ouse

Lluviosa

Quién dice…?

Qué dice?

¿?

Madre…

Maite Dono, Sobras

10. Las respuestas
Cuando Ángel Arqueros y Teresa Claramunt leyeron a Virginia Woolf, intuyeron que un día x responderían con su experiencia a mis dudas?

11. La narradora, Un cuarto propio y la pregunta
Por mi parte, sólo quiero dejar constancia de que Virginia, con este libro, ha hecho más por mí que la mayoría de libros, hombres y mujeres. Como a día de hoy el cuarto propio y el dinero son difíciles para todos pero no inaccesibles por sexo, lo que necesitamos es el talento y que alguien nos diga al otro lado: señoritas, ya no hay más excusas.
No las hay. Ahora, a trabajar.

Y por ti Silvia, qué hizo por ti Virginia Woolf?

12. La editora
La lectura de Virginia Woolf es como el pasado para Virginia Woolf. Volver a Virginia es regresar a la emoción que nunca comprendimos, buscarla en otras voces y apuntalar con su sensibilidad un catálogo. Un catálogo es una casa. Silvia nos invita a pasar. Pasamos.


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www.elgaviero.com