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jueves, 13 de diciembre de 2012

El sueño de visnu de David Meza por Luna Miguel

Diamante que abruma, palabra que acerca (sobre la poesía de David Meza).

Uno. El libro de David Meza que El Gaviero Ediciones acaba de publicar no es otra cosa que un cofre repleto de joyas. Algunas menos pulidas, brillantes, o fascinantes que otras. Pero todas joyas, al fin y al cabo: un cofre repleto de demasiada belleza. No soy la primera lectora que se siente abrumada por este exceso de brillo. Sin embargo este “principal problema” en la poesía de Meza, es también su “principal virtud”. Lo hablaba con los editores. Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde. Por eso nos deja sin aliento y así nos traga. Por eso queremos formar parte de él.
Dos. El libro de David Meza se titula El sueño de Visnu, y contiene las dos primeras partes de otras cinco que ya irán apareciendo en la misma editorial. Mi preferida hasta el momento es la primera, quizá por ese toque femenino, por esa narradora que el poeta elige para que nos cuente su vida. Su delirante y poética vida. Su vida que no es sino una crítica a un país (México), un reflejo de una tradición, y un dardo a una generación (aquella que celebra y a la que anima, aquel 1990 que tanto significado y color cobra en este texto).
Tres. Precisamente David Meza me recuerda a Roberto Bolaño. El sueño de Visnu podría ser una especie de nueva versión de Los perros románticos, o bien, el propio David Meza podría representar un retrato en carne y hueso de nuestro querido García Madero, protagonista de Los detectives salvajes. Pero esta comparación no es tanto de estilo como de espíritu. Estilísticamente hablando El sueño de Visnu guarda una voz con ecos de Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero o incluso Pedro Casariego Córdoba. Su poema es el del gran aliento, con ese rasgo narrativo que ha caracterizado algunos de los grandes poemarios de nuestra quinta. Hablo de El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, o de Tara, de Elena Medel. Voces brutas que narran, cantan, pesan.
Cuatro. El libro de David Meza es un logro y una esperanza. Una piedra que nos llega desde el otro lado del charco -ese lado al que, a veces, poco miramos- y que empieza a llamarnos cargado de voces distintas y de juventud. Junto a la suya, me emocionan también otras poéticas. Las de Natalia Litvinova, Kevin Castro, Daniel Saldaña, Miguel Avero, Daniela Camacho, Agostina Ciccone, Lucas Ruppel, Carolina Quiñonez, Yaxkin Melchy, Karen Valladares... ¿Quizá El sueño de Visnu sea el comienzo de algo más grande? ¿Quizá no sólo la muerte de México será hermosa, sino también la muerte de América, la muerte de Europa, la muerte de toda palabra que imponga frontera? ¿Quizá es a este feliz flujo de palabras al que Meza canta en su fabuloso manifiesto? ¿Quizá...?
Cinco. Terminaré este post, entonces, con una cita. Con Esa cita. Juzgad ahora vosotros:

A las siguientes generaciones. Manifiesto.
Quiero que la muerte de México sea hermosa
Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros
Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro
Quiero que mi nombre sea la vida
Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis
Quiero que mi sexo sea la vida
Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas
Quiero que mi patria sea la vida
Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario
Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos
Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años
Quiero que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario
Quiero que mi clase social sea la vida
Quiero que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia
Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso
Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque
Quiero que mi nacionalidad sea la vida
Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso
Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio
Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos
Quiero que mi edad sea la vida
Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura
Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro
(David Meza)

Fuente: Blog de Luna Miguel

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jueves, 29 de noviembre de 2012

El sueño de visnu de David Meza por Elena Medel

Foto: Ana Santos Payán
David Meza nació en Charleville en 1854, en Santiago de Chuco en 1892 y en Santiago de Chile en 1953. Tataranieto de Rimbaud, bisnieto de Vallejo e hijo de Bolaño, la poesía de este defeño de 1990 —ahora sí— recoge los más intensos frutos de semejante árbol genealógico. El sabor de los descubrimientos osados y puros, la sensación de que habla otro idioma de significados mucho más ricos que el nuestro, la literatura como enfermedad, la belleza-sobre-todas-las-cosas: «mi madre me regañó por llevarme un puñado de tierra a la boca». El volumen que ahora edita El Gaviero contiene dos poemarios, Rebeca y Luis, del total de siete que compondrán 'El sueño de Visnu'; a este libro de libros lo seguirán —o no: ¿no recuerdan las novelas de las novelas de Bolaño?— otras dos entregas, 'El sueño de Brahma' y 'El sueño de Siva', que se unirán en la trilogía Trimurti. 

Fragmento del artículo "Somos nuevos aquí", dedicado a nuevos talentos.

Fuente: Númerocero.es

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jueves, 11 de octubre de 2012

Muy pronto en el gaviero: El sueño de Visnú (David Meza)

David Meza

Sobre David y su libro 


David Meza es una de las voces emergentes de la poesía mexicana (y en lengua española) más importantes y contundentes del momento.  Sus poemas han sido publicados en varias revistas y antologías a nivel nacional e internacional y algunos de sus versos y ocurrencias han sido celebradísimos por los lectores, llegando a suponer sus palabras casi un himno generacional (véase su “Mil Novecientos Violeta”, en referencia al año en que nació, esto es 1990).
La poesía de Meza es una poesía de largo aliento, esto es, una poesía que se expande por la página cual hiedra que crece invadiendo una pared blanca: la voz, la generación, el país, la infancia, la poesía por la poesía y la brutalidad de nuestro tiempo son algunos de sus temas, y todos ellos los guarda en el libro El sueño de Visnú que la editorial El Gaviero Ediciones publicará por tomos a lo largo de los próximos meses.
Entre Juan Carlos Mestre o Roberto Bolaño, su verso es impredecible, su intención honesta, y el resultado que consigue: una verdadera delicia. 

Quién es David

Meza Ramírez, David (Ciudad de México, 1990)

Escribo un libro llamado Trimurti. Me gusta la magia, la relectura y ACDC. Creo en la poesía como en la gota de sangre que sucede al pinchazo. Formo parte de un grupo imaginario de poetas llamado Kraken. Me interesa la reivindicación del llanto, la ética como el arte. Estudio Letras Hispánicas en la UNAM. 


Qué piensa David de El Sueño de Visnú

La primera lágrima de un ángel (o Breves palabras sobre mi libro)

Empecé a escribir mi libro a los 19. Tenía la vida hecha polvo. Fue Rebeca Rojas (que es como me llamaba en ese momento) la que principió el grito. Luego la noche, con sus estatuas como errores. Mi vida entonces ondeaba del mástil pequeñito de mi pluma. Toda mi tristeza, toda mi risa, todos mis sueños. Después vino Luis, y dibujó una historieta en el cráneo de mi muerte. Frida me dio las ganas, se lo agradezco. En ese entonces una de mis hermanas (de apenas 13) intentó suicidarse. “Intentó tragarse todas las pastillas de la casa, y al pasarlas sintió que eran planetas resbalando por su boca”. Entonces llegó Leonel, otra de mis reencarnaciones. Tenía el cabello negro, un mazo de naipes. Y me dijo: No te detengas. Meses después nació Verónica, un ensayo demasiado inquieto para ser flor, pero también demasiado romántico para ser ángel. 
Es, El sueño de Visnu, (Vishnú, como lo escriben los eruditos), no el delirio de un dios azulado y sidéreo, sino el de un muchacho. El muchacho ahora tiene 21, está enamorado de Jazmín, y todavía tiembla de miedo en su primera clase. Escribo por necesidad. Mis amigos son las fogatas para el invierno de mi patria. Cada capítulo es un personaje, yo mismo no soy más que un personaje. La historia no sé bien quién la está contando. Y al punto: es mi primer libro. (En caso de que ésta sea mi primera vida. Si no, tratase sólo de uno más de mis poemas). El manifiesto, la mente, pues, del pájaro de estambre, está al final de Rebeca. Es la semilla de mi libro, el kilométrico fuego artificial antes de ser estallado. 
Tengo las manos puestas en el año 90. Miro la ola desde lejos, y le adivino el nombre: todavía. Es el desdoblamiento del yo. Bajo 4 de mis 7 cartas, de mis 7 caras. La noche dirá si está conmigo. Escribo: La magia arde como un fuego silencioso entre mis manos. Ya veremos. 
El autor agradece la publicación, saluda a todos, festeja la vida, estrecha las manos. “Esta mañana he decidido escribir, no poesía, no tratados, no alfileres, no escritorios, no mi vida o una novela, sólo escribir. Sólo tallarme los ojos con la pluma, para ver al mundo lleno de rayones,  y una de mis lágrimas sea tinta”.


Fragmento seleccionado 

* (Poema de aire)

Mi vida. Mi vida no. Mi vida nunca. Mi vida nunca fue un pájaro sangrando estambre por las alas. Mi vida nunca llevó en el cráneo una corona de astillas. Mi vida nunca fue. Mi vida no fue ni será mañana una mariposa apresada en las trenzas de una chica. Mi vida no fue ni tampoco es hoy un viejo corazón de madera. Nací el 24 de junio de un año que se rehusó a ser éste. Mi padre estaba borracho de níquel y envuelto en aluminio. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Mi madre me dio el nombre de Rebeca, y me talló los ojos con arena. Tengo miedo. El miedo usa una corona de estrellas. Hace 3 días soñé que mi padre me golpeaba. Hace 2 días soñé que mi madre me cosía la boca. No me reconozco. Miro el espejo y encuentro a un ángel deshojando el mundo. Tengo el terrible deseo de gritar mi nombre. Tengo el abecedario tatuado en los tobillos. Nací el 24 de junio de mil novecientos violeta. Nací en una pradera de tuercas y filósofos llorando rocas y esquirlas y teorías astrogramaticales encima de una rosa. Mi vida nunca fue un pájaro con las entrañas llenas de estambre parado en la estructura ósea de una estrella. No tengo recuerdos de mi casa. Pienso que soy un caballo con la mandíbula rota. (...)


Autor: David Meza
Título: El Sueño de Visnú
Colección: Salamandria 13

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viernes, 30 de marzo de 2012

Cómo no escribir: merecemos salvarnos

Foto: Ana Santos Payán


Duerme abismo mío, los reflejos dirán
que el descompromiso es total
pero tú hasta en sueños dices que todos
estamos comprometidos que todos 
merecemos salvarnos

Roberto Bolaño, La universidad desconocida, 2007.

sábado, 4 de febrero de 2012

No tendré miedo

Roberto Bolaño dijo que Literatura + Enfermedad = EnfermedadSin embargo, quienes han mirado directamente a los ojos del cáncer, a los ojos de la cicatriz, a los terribles ojos de la incertidumbre..., saben que Literatura + Enfermedad sólo puede ser igual a Esperanza. Con este espíritu surgió 444, proyecto sin temor de El Gaviero Ediciones.


444 es una publicación no venal, iniciativa de El Gaviero Ediciones con la que la editorial almeriense se sumó en 2011 al Día Mundial contra el Cáncer. 4 poetas como Maite Dono, Julio Fuertes, Luna Miguel y Alejandra Vanessa ofrecieron su voz para combatir con la palabra poética el miedo a nombrar la enfermedad.

Si la cultura grecolatina transmitió a las religiones actuales la creencia en el poder curativo de la palabra, El Gaviero se contenta con una poesía que no se esconda a la vida.


martes, 26 de abril de 2011

Editores retorcidos o el mono de la edición

Foto: Lucía García
Resurrección
La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Balatón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.
Roberto Bolaño, La Universidad Desconocida, Anagrama, 2007.

sábado, 23 de octubre de 2010

El Gaviero y el Mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán

En ocasiones, cuando estaba solo o con sus compañeros, fingía que era un buzo y que estaba otra vez paseando por el fondo del mar. Nadie, por supuesto, se daba cuenta, aunque si hubieran observado con mayor detenimiento los movimientos de Reiter algo, una ligera variación en su forma de caminar, en su forma de respirar, en su forma de mirar, habrían notado. Una cierta prudencia, una premeditación en cada paso, una economía pulmonar, una vidriosidad en las retinas, como si se le hincharan los ojos por efecto de un bombeo de oxígeno deficiente o como si, sólo en aquellos momentos, toda su sangre fría lo abandonara y se viera de pronto incapaz de controlar el llanto, que por otra parte no acababa nunca de llegar.