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martes, 28 de agosto de 2012

Fragmentos de verano vencido


Foto: Ana Santos Payán

Del verano ya apenas quedaba nada. Un rapto tardío de calor
Ana Tapia, El polizón desnudo

VERANO
querido verano, you are in my pocket, in my
emptiness
Elise Plain, Pan para la princesa

A veces se sorprendía echando de menos el sol y las canciones
del verano
Antonio García, La eterna promesa


Se lleva el verano, la tramontana.
Llora el atardecer su oscuro destino.
Carles Duarte, Los inmortales


Jamás la volví a ver, minúsculo amor de verano.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Charco de papel en verano: Salto. Estoy dentro. Aún no me atrevo a amar. Verano
caluroso.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre
En cada esquina
un ojo hiere el aire
y no hay verano 
José Pablo Barragán, La nave


yo la miro
esa brasa anaranjada de las noches del verano
-la soledad de otros, eso sí nos acompaña
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de 


Ciudades que nos abren sus bodegas oscuras
o ciudades-buhardilla
donde esperar que algún desconocido,
al final de una tarde de verano,
nos cite en una plaza de obeliscos.
Verónica Aranda, Postal de olvido

muchacha de blusa blanca
olías a tarde de verano
Juan Manuel Barrado, Fragmentos de cal

Su voz es su silencio
agarra el balancín para cubrir la duda
y toma la lluvia como excusa, se reconcilia así con el verano
Fatena al-Gurra, Excepto yo


al escapar de las olas sus mechones derramaban
a contratiempo, columna vertebral abajo,
el dulce escalofrío del verano.
Elena Medel, Vacaciones

repetirseZAP indispensable en su hogarZAP los peritos evalúan los dañosZAP ¡la
canción del verano!ZAP
Natalia Manzano, Apnea

Argenterías secas.
Pliegues de las ruletas
de veranos vencidos.
Sangre sola vertida
en los atrios paganos.
Antonio Portela, Ciudadano romano
Las nubes deslizándose
como enemigos demacrados del verano.
Nada más.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas


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miércoles, 17 de marzo de 2010

CÓMO NO ESCRIBIR…

Y cómo, preguntaron, cómo
escribir después de Auschwitz.
Y después de Auschwitz
y después de Hiroshima, cómo no escribir.
(José Ángel Valente)
Y cómo no escribir después de Irak, de Gaza, de Ciudad Juárez, del terrorismo doméstico y bancario, después de la explotación infantil, de la sed, cómo no escribir.
El compromiso une a los buenos poetas. Ya no se entienden viejas disputas decimonónicas. Que los pandilleros no nos vendan más motos. ¿O acaso no son comprometidos también los versos de José Ángel Valente con los que hemos empezado?
Sorprende la gran cantidad de obras que una editorial tan pequeña y humilde como El Gaviero recibe con una temática social o comprometida. Los poetas se implican, y en nuestro catálogo empiezan a abundar los poemarios combativos. Quizás como lectores nos guste cierta agitación o cuando menos encontrar voces discordantes.
Así que El Gaviero canta y protesta con varios títulos: los dardos malévolos de Álvaro Salvador en Después de la poesía (aforismos); la artillería de Hitler contra la de Petrarca en Fragmentos de cal de Juan Manuel Barrado; la mirada irónica a la realidad más cotidiana y mísera de María Eloy-García en Cuánto dura cuanto; la defensa del otro, de la cultura diferente en El polizón desnudo de Ana Tapia; o las trincheras plagadas de muertos que valen más que cualquier idea en Infierno sostenido de Óscar Santos. Las novedades de El Gaviero también siguen esa línea: Soldados en el jardín del neoyorquino Martín Espada; y Excepto yo de la poeta palestina Fatena al-Gurra. El primero, un compendio contra las injusticias del imperialismo yanqui; el segundo, la valentía de una mujer rebelde que denuncia los estragos del fanatismo, y del machismo.
En nuestro “Manifiesto SciFi”, publicado hace un par de años, actualizamos el conocido lema de la poesía comprometida “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya, con la pistola láser de Han Solo y el vergonzoso presente. Porque este mundo corre tanto que mirar más allá del horizonte resulta impertinente: la poesía es una pistola láser cargada de presente.
Ana Santos y Pedro J. Miguel
(Texto publicado en el número 11-12 de la revista Nayagua. Diciembre 2009)