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jueves, 17 de octubre de 2013

Pequeña antología de fragmentos doloridos



me robé la verdad
todo mi cuerpo es
un solo dolor
Ana Carrete, VOMIT

Sólo en circunstancias excepcionales (al curar la herida de un niño especialmente desvalido o al confortar a una moribunda de voz atiplada para paliar nuestro dolor ante su partida) me parece justificada la vergonzante ternura.
Camilo de Ory, 300


Este poema sin voz. Este retorno.
La venganza del dolor
por esta tu ciudad vacía.
Kepa Murua, Cantos del dios oscuro

Y eso es el dolor
Ay!
Eso es el dolor
Maite Dono, Circus girl

El cuerpo está por todas partes, y a pesar de los esfuerzos de la iglesia por cristianizarlos, por hacerles padecer el dolor mártir que arrastra consigo todo erotismo, los torsos romanos prevalecen a las estolas y
los santuarios. Se imponen a las misas.
Antonio Portela, Ciudadano romano

el dolor se eterniza;
la felicidad no
Jordan Castro, VOMIT


¿Adónde va el dolor que nos transforma?
¿Se convierte en sangre, y la sangre en agua?
¿El dolor es mar y su esp’ritu un espectro
de dientes desiguales, podredumbre y caries?
Teresa Domindo, Luzbel de penumbra

El dolor es la nieve por la que no me voy a deslizar.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

El héroe que de verdad rompe los límites acaba rompiéndose por dentro. La carrera sin final  siempre encuentra la meta al otro lado del dolor humano.
Raúl Quinto, Idioteca

Es necesario decirte todo esto. Es necesario enfrentarse al dolor sin ninguna máscara. Sin ningún gesto falso que te salve la vida.
David Meza, El sueño de Visnu

Mi poesía es fruto del dolor
no de la primavera.
Sara R. Gallardo, Epidermia

El placer y el dolor son extremos opuestos de un mismo destino.
Álvaro Salvador, Después de la poesía

Pero a quien se le ha dado
la sed de los sentidos,
(que excavan y afilan y bordan y punzan)
sabe (y siente, y oye, y huele)
que el don no es otra cosa
que el dolor.
Sofía Rhei, Química

Como la dinamita o la tristeza,
el dolor y su afán de cal amanecida.
Ana Gorría, Araña

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jueves, 19 de septiembre de 2013

La bicicleta como alternativa poética


Humo como ofrenda al alma
de la bicicleta apoyada en la pared.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Parían a sus hijos al otro lado del cementerio de bicicletas,
allí enterraban a los muertos de noche
en grescas afiladas con puñal y espada;
allí enterraban a los hijos de los muertos,

Tendidos a infinito, doblados como radios
increíbles de bicicletas prehistóricas
deformados por el tiempo llegamos a este hangar
[con la forma de la ría de Ortigueira en los talones
y una Tierra de Campos arada nuca arriba,
todo Origen Olvidado que empieza por o y también por cero]
a este margen de papel del color de un hueso extinto.
Estíbaliz Espinosa, papel apunto de


sólo se hacen 16 años una vez! me huele la boca a donut light
tal vez en el cielo haya más sitio
ha roto 4 camas, 6 tazas de retrete y 5 bicicletas
regresar a ese instante feliz
y morir lejos de la cárcel de trenzas
Elise Plain, Pan para la princesa

Son las once y media. Las bicicletas esquivan el agua de las fuentes mientras el sol de la primavera calienta la hierba y le otorga el brillo y la materia.
Antonio Portela, Ciudadano romano

PORQUE tengo tanto tanto miedo porque siempre tuve un miedo porque la luz calmada en el espejo refleja tus cosas porque hay locos que me siguen en bicicletas amarillas de segunda mano
Maite Dono, Circus girl

Me buscarás, TÚ, en los circos y teatros, en los cuadros de bailarinas de ballet, en bicicletas rosas con blancos canastos. Y allí estaré. Mi piruleta remendada, mis ojos verdes, la felicidad a flor de piel
Alejandra Vanessa, El hombre del saco

Lo peor debe ser cuando llevas tanto tiempo de pie en la bicicleta que sentarse ya no es posible. Cuando estás entre los mejores, cualquier gesto quiere decir algo, y eso lo sabe muy bien el perdedor. 
Juan Manuel Gil, Inopia


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lunes, 1 de octubre de 2012

1 de octubre: inicio de la ciudadanía romana de Antonio Portela


1 de octubre de 2004
Academia de España

La Academia de España forma parte del terreno español de Roma. Está situada en el Gianicolo, por eso tiene las mejores vistas de la ciudad. Es un edificio adjunto a San Pietro in Montorio y a la Embajada de España. Es curioso que esté emplazado en un lugar decisivo para Italia como estado moderno. Aquí Garibaldi luchó por su país posando como en una postal, con lo mejor de Roma detrás de él. Si he de morir en la batalla, quiero que sea frente al objetivo futuro de las tiendas de recuerdos. 

A la Academia, que era antiguamente un convento franciscano, no le faltan pasillos. Están decorados con cuadros y esculturas (con mayor o menor acierto artístico) de becarios anteriores. Arquitectónicamente es un laberinto propicio para una novela de asesinato, pero quienes encajarían mejor en este género son algunos de sus moradores. No me refiero a los becarios solamente. 

Mi habitación está bien, teniendo en cuenta que me separa de mi vecino, Daniel Crespo, el fondo del armario, y no hablo de ropa sino de madera. La planta en donde duermo está destinada a escritores y a investigadores. Yo creía que todos los estudios eran iguales. Pero los de los artistas son inmensos, con vistas a Roma y baño incluido. Cosas de no ser un artista. Al menos ten-go un balcón compartido con otros cuatro estudios, por donde pueden venir si desean sus habitantes. Antonio ha decidido que abandone la academia… El balcón, por cierto, da a unos jardines cuidados con verdadera devoción desde las…, siete de la mañana, la hora en que el jardinero pasa el cortacésped. Por estos jardines paseé la noche en que llegué. 

Ayer conocí a Emilio Gañán, y me enseñó su estudio. Está en la llamada torre de los pintores. Ve toda Roma desde unos ventanales inmensos, y la luz de la ciudad entra en la estancia tomando cada rincón y cada milímetro. Luego le enseñé la mía. Disgusto. Por mi parte, claro.


La biblioteca ha sido arrasada continuamente por los becarios, pero entre sus escasos tesoros se halla la Espasa, esa enciclopedia de pura literatura que dejaba a la Britannica como manual de primaria. Por encima de ella, se ha situado la sala de ordenadores. Tres para todos. He observado que si uno no se previene sobre este sitio, puede devorarle. Las horas en la Academia tienden a dejarte sin fuerza, te cierran la perspectiva de que debajo de ella está la ciudad más hermosa del mundo, y te conducen a una espiral de minidepresiones que hacen que no te muevas en una semana de sus pasillos. Y eso sólo cuando te das cuenta. 

Ya he realizado la salutatio al Director de la Academia, Juan Carlos Elorza. Me comenta que soy el más joven de todos. Me llevó ayer en su coche a Piazza Navona, y me estremecí. Un detalle me emocionó el primer día. Junto al teléfono del estudio han dejado una lista fotocopiada de todos los becarios y sus habitaciones. Han puesto a cada uno su especialidad. Me designan como poeta, y no como escritor. Se percibe que en la Academia se cuidan estos detalles, que sirven para que uno pueda sentirse más a gusto, reconocido con exactitud. Afortunadamente, no se respetan las categorías sociales tradicionales. La delicadeza de nombrarme como poeta y no como escritor me alegra. Me afirma, en cierto modo, en mi condición verdadera. No puedo ser escritor, por más que lo intente. Un escritor vive para escribir, y un poeta vive para vivir. Y he venido para eso. Para vivir como un griego en Roma.

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Otoño: la rendición de la clorofila

Foto: Ana Santos Payán
Cercano el otoño, se rindió. 
Ana Tapia, El polizón desnudo

El baile, el sollozo y el negro persistente
se rebelan en las hojas de otoño 
Fatena al-Gurra, Excepto yo

La obra que acababa de hacer no era para los hombres, era para la vida. Las ramas seguirían creciendo, las hojas naturales se caerían al llegar el otoño, pero las suyas permanecerían. Había injertado en aquel árbol la eternidad posible.
Antonio Portela, Ciudadano romano

En otoño hacíamos batallas de hojas secas hasta que mis mejillas estaban rojas.
Natalia Manzano, Apnea

Otra cena que se retrasa.
Es un imperio esta acera,
pan tierno en el bocadillo del otoño.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

Octubre.
El primer frío.
Su memoria arde ya
en el país del-viento.
ver llegar el-otoño una mañana desde el
Café Comercial. juntar todas-las-barras de todos-los-bares del mundo
es una película francesa.
Elise Plain, Pan para la princesa

En el bosque
es otoño y las putas
son cuadros de Rafael,
negro y carmín.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

informe:
un cielo repleto de otoño…
es como tartamudear la
soledad
Mónica Valenciano, Almanaque poético

Escombros de la paz y del otoño, última habitación de la impotencia. 
Ana Gorría, Araña

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martes, 28 de agosto de 2012

Fragmentos de verano vencido


Foto: Ana Santos Payán

Del verano ya apenas quedaba nada. Un rapto tardío de calor
Ana Tapia, El polizón desnudo

VERANO
querido verano, you are in my pocket, in my
emptiness
Elise Plain, Pan para la princesa

A veces se sorprendía echando de menos el sol y las canciones
del verano
Antonio García, La eterna promesa


Se lleva el verano, la tramontana.
Llora el atardecer su oscuro destino.
Carles Duarte, Los inmortales


Jamás la volví a ver, minúsculo amor de verano.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Charco de papel en verano: Salto. Estoy dentro. Aún no me atrevo a amar. Verano
caluroso.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre
En cada esquina
un ojo hiere el aire
y no hay verano 
José Pablo Barragán, La nave


yo la miro
esa brasa anaranjada de las noches del verano
-la soledad de otros, eso sí nos acompaña
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de 


Ciudades que nos abren sus bodegas oscuras
o ciudades-buhardilla
donde esperar que algún desconocido,
al final de una tarde de verano,
nos cite en una plaza de obeliscos.
Verónica Aranda, Postal de olvido

muchacha de blusa blanca
olías a tarde de verano
Juan Manuel Barrado, Fragmentos de cal

Su voz es su silencio
agarra el balancín para cubrir la duda
y toma la lluvia como excusa, se reconcilia así con el verano
Fatena al-Gurra, Excepto yo


al escapar de las olas sus mechones derramaban
a contratiempo, columna vertebral abajo,
el dulce escalofrío del verano.
Elena Medel, Vacaciones

repetirseZAP indispensable en su hogarZAP los peritos evalúan los dañosZAP ¡la
canción del verano!ZAP
Natalia Manzano, Apnea

Argenterías secas.
Pliegues de las ruletas
de veranos vencidos.
Sangre sola vertida
en los atrios paganos.
Antonio Portela, Ciudadano romano
Las nubes deslizándose
como enemigos demacrados del verano.
Nada más.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas


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viernes, 8 de junio de 2012

Grande y dilatado mar: verso insondable


Museo Nacional de Arqueología subacuática (Cartagena)
Lugares cuyo nombre nadie ha pronunciado en siglos. Rutas interminables trazadas sobre un mapa, los océanos cosidos con una sutura invisible, como una madeja desliada en manos de un niño.
Raúl Quinto, Idioteca


La verdad es revolucionaria y la revolución empieza en la 
pobreza el deseo no me deja hablar me gustaría poder relatar las
frases salidas de los cubos de nuestro cuerpo, los diálogos a través
del timbre de la puerta, a través del teléfono, horas, a través del
océano, de las sábanas o incluso a través de la ciudad. poder relatar
cada una de nuestras lágrimas, en el extranjero o aquí mismo, en mi
balcón.
Elise Plain, Pan para la princesa


Nos querían secos, tristes, ordenados. No les hicimos caso. Ya todos
éramos parte de un océano minúsculo imparable.
Antonio Portela, Ciudadano Romano

La muerte está vencida Pero el precio
pagado ha sido atroz porque de mí
no quedan más que datos encriptados
que impulsos que tendrán que recorrer
el círculo sin fin de los océanos
eternos de las redes informáticas
el círculo implacable que jamás
por mucho que lo implore ha de cerrarse 
José Pablo Barragán, La nave

pero es el interior, su rostro, el que se aleja
por ejemplo en el océano respecto de todo
cualesquiera los puntos referidos, lejos
piensa
así que la distancia era el modo de caber
María Salgado, Almanaque poético

El temblor de la nada
acusó el movimiento de los ríos,
y de los ríos nacieron los océanos
que reflejaron una luna inmóvil,
cegada por la luz.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra



¿Por qué permanecer aquí? ¿Sólo porque es el punto de partida? Y su entorno pasó de ser la quinta hora de clase a convertirse en la visión del suelo del patio del que su punto de vista se aleja rápidamente hasta ver continentes y océanos.
Natalia Manzano, Apnea


La sed de purezas aisladas

bebe, sin embargo, del océano entrópico,
y encuentra,
y construye un orden complejo y elocuente,
ascendente y expansivo, 

y le da verbo.
Sofía Rehi, Química


Ciudad de Barcelona: el buque surcaba el océano
y el océano era un campo de trigo pensando en pan.
Y los rostros en las portillas pensaban: España.
Martín Espada, Soldados en el jardín


Porque mis tierras están sumergidas. Hay en ellas un cementerio blanquecino. Sus cruces brillan al sol tímido del fondo del océano. En el cementerio desvaído pescadoras jovencísimas lloran a sus ahogados. Fui yo quien los mandó al otro barrio con un golpe de mar o de furia.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da


Sus últimas palabras fueron:
–Somos dos recién casados
que andan sobre el océano transparente.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro



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jueves, 2 de febrero de 2012

Tiritas para el frío: antología gélida improvisada


Foto: Ana Santos Payán

pero qué importa el frío si ya es invierno todo el año

Sofía Rhei, Química


Nadie quiere hablar. Pocos
pueden elevar la mirada.
Las manos son cárceles de adoquines fríos
como la nieve.




La gripe, la afonía, la tos,
el crotoreo, los saxos.
El humor transparente
granulado
de paracetamol.
Ramblas de agua y plumas y saliva.
Tiritas para el frío
e hilos sueltos para cubrir la sangre viscosa
del astro que anida sobre tejados y nubes rojas sobre bailarinas enfermas.

Sara R. Gallardo, Epidermia



He escrito este poema en la nieve
para que cada uno encuentre su camino,
para que alguien tropiece con él y lo borre,
un poema en la nieve, humilde como éste
que por otra parte, nada nuevo dice
más allá de la quejumbrosa falta de correspondencia,
de la soledad de siempre y de la imposibilidad
de que frío y dolor coincidan en los huecos de las muelas,
cuando uno cierra la boca y aprieta
su dentadura imperfecta.






Tengo frío. ¿Veis los dedos, como tallos, nacer de la tierra
húmeda?. Orgullosa y temblorosa cae mi boca hacia la mesa. En el cenicero aún queda
alguna idea.

Begoña Callejón, Cenicienta en sangre




Hay nieve fresca para cenar
Y unos muslos fríos en la cama
Esperando
Esperando
(...)
Ven
El frío se expande
Y es la cena que tenemos
El amor que nos cubre
Dulce y congelada sábana

Maite Dono, Circus girl


porque mi vida ni siquiera es vida,
es un susurro frío en un alma hambrienta,
un crepúsculo hermoso tirado a la basura


Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro



Enmudece la nieve
con un deshielo atroz
y su nido es el destierro de las almas.


Teresa Domingo Catalá,  Luzbel de penumbra


huelo el frío y duele y hay
un frío silencioso que se me deshace entre los dedos

Elise Plain, Pan para la princesa




La nevera: allí la poesía era un saltamontes en el cuenco de sus manos,
lápiz cincelando letras a lo ancho de su cuaderno
como el relato de los hechos de un faraón sobre los muros de una pirámide;
metáfora derramada de la luz que atrapaba
en sus párpados, lámparas de palabras incandescentes;
rima armonizada por las voces
de bisabuelas y aparceros cantantes de blues
cuando el sueño comenzaba a silbar en su aliento.
Y el frío era una manta para él.

Martín Espada, Soldados en el jardín




La vía del tren no es una almohada confortable,

el frío gris no permite acomodar las ideas sin peligro.





Situar la exhuberancia en los fríos salones palaciegos es un acto de afirmación vital.

Antonio Portela, Ciudadano romano



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martes, 21 de junio de 2011

Gavieros al sol


Nunca he creído demasiado en el concepto de libros para el verano, considero que un buen libro merece siempre ser leído en cualquier época del año, sin embargo y tan sólo porque se trata de la casualidad de que vamos entrando en calor en todos los sentidos, trataré de dar lo que a mi juicio son letras imprescindibles para encomendarse al sol o a la sombrilla.

Mi primera relación con El Gaviero tuvo que ver con Ciudadano romano de Antonio Portela. Mientras leía sus páginas visité Roma, no físicamente pero sí con el alma. Yo también pertenecí al asfalto romano, devolví a las estatuas una sonrisa mórbida, y me sentí inmortal cuando la lluvia de Roma mojó mis pestañas.  Era parte de la historia del protagonista, una historia corriente que tiene de especial la ilusión, la amistad, el ansia de soñar y de estar vivo. Un diario novelado, que incorpora la lírica como medio para alcanzar el éxtasis. Comprendo a Portela, hice sus sensaciones las mías y le doy las gracias por haber sumergido la luz itálica en todas sus palabras.

María del Mar Domínguez


lunes, 4 de abril de 2011

Grandes lectores de pequeñas editoriales

Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?


No les hicimos caso. Ya todos eramos parte de un océano minúsculo, imparable.

Antonio Portela

Fotografía: María del Mar Domínguez

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cuaderno estival 12

Foto: Ana Santos Payán

30 de noviembre de 2004

Pasear
Always been a shoe made for the city
[…] accuse me of just singing about places

Rufus Wainwright

El príncipe es aquel que dispone de su tiempo para sí. Luego, yo soy un príncipe. Me ordenaron cuando llegué a Roma que no me encerrara en mi estudio más de dos días. Que este tiempo se me había concedido para otras labores, no para perder la vida. Eso lo digo yo. Yo he decido que mi tarea será aprender el gusto de andar sin dirección por Roma, sabiendo que nadie me espera y que no tendré que revelar los lugares en los que detuve mis rutas. He llegado a olvidarme de los destinos programados y las guías turísticas. Me sirvieron, no las olvido. Me he perdido en todas las franjas horarias posibles, a veces en barrios por donde circulaba la inquietud, pero siempre he vuelto. Cansado y alegre de haber extraviado las direcciones he regresado a mi cama a cualquier hora. He llegado a conocer el orgullo del paseante ocioso. Jamás volveré a ser tan libre. Perderé mi condición real, lo sé, y sólo podré disculpar mi corazón sin mudanza diciendo que paseé mil veces hasta perder los pasos por la única ciudad que se hizo para eso.
Antonio Portela, Ciudadano romano, El Gaviero Ediciones, 2006.