Prólogo: Ana Gorría
Ilustración: Carmen Hernández
ISBN: 978-84-936617-2-4
Prólogo: Antonio Gala
Ilustración: Marta Useros y Javier Cantalapiedra
ISBN: 978-84-936617-9-3
Cada poema nos propone un viaje que participa de lo introspectivo y de lo físico. Verónica Aranda, es una consumada viajera; algunos de sus libros son un resumen sus experiencias vitales en países lejanos. Tal es el caso de Cortes de luz, que centra su mirada en India y por el que le dieron el año pasado un accésit al premio Adonáis. Este libro es el resumen de una larga estancia, donde asistimos a escenas cargadas de emoción con una mirada solidaria hacia un entorno lleno de contrastes y carencias que quedan magníficamente retratadas, sin dramatismos añadidos, con serenidad. De modo que finalmente quien se adentra por sus páginas tiene la certeza de haber viajado con ella por aquel vasto país cuyo latido nos acerca con una mirada cómplice, lejos, muy lejos de cualquier atisbo turístico. De la misma manera que cuando se lee Roma, peligro para caminantes, uno tiene la sensación de que en esos sonetos de Alberti se capta la quintaesencia de la Roma eterna. Postal de olvido. Verónica Aranda
Prólogo de Antonio Gala
Ilustraciones de Marta Useros y Javier Cantalapiedra
El Gaviero Ediciones (Almería, 2010)
A menudo se viaja con la cámara a cuestas para ir dejando constancia gráfica de lo visto y que los amigos y familiares, a la vuelta, se cansen envidiando nuestro periplo. Pero ¿y lo vivido? ¿Cómo relatamos la vivencia más allá de las imágenes, más allá de las postales que enviamos o que olvidamos enviar? En la respuesta, tal vez, hallemos la diferencia entre el turista y el viajero: en las diferentes maneras de vivir el viaje y en cómo después lo asimilamos y compartimos.
Por supuesto, también el poeta viaja con la parcialidad de una mirada, con su forma de ver el mundo a vuela pluma. Verónica Aranda, joven poeta y traductora pero con un amplísimo bagaje a sus espaldas, con esta Postal de olvido, -con prólogo de Antonio Gala e ilustraciones de Marta Useros y Javier Cantalapiedra, en una edición muy cuidada y bella, en forma de cuaderno, como habitualmente nos tiene acostumbrados la editorial almeriense El Gaviero Ediciones- nos trae la atención con la que ha viajado en forma de poemas. Viajar poniendo atención es viajar recuperando imágenes y detalles, que, tal vez, la colectividad olvidó, pero que ahora, la poeta tendrá la capacidad o la habilidad de hacernos recordar: desvelar.
Toda visión es fragmentaria y lo visto, incluso lo fotografiado, puede ser olvidado con mucha facilidad. Pero lo vivido, las sensaciones, es lo que puede permanecer sin necesidad de soporte gráfico; y en este caso la palabra escrita, el poema permanece y Verónica nos lo anuda. La poeta no se limita a enviar postales desde diferentes lugares del planeta, en cada uno de los poemas que conforman este trayecto, sino que implica la sucesión de acontecimientos y reabre la realidad que oculta cada lugar a través de todo aquello que allí sucedió, con cierto aire de anacronismo o de viaje en el tiempo, para atraparlo en versos libres y palabras de amada y sencilla exactitud, donde repetir, poema tras poema, el extrañamiento, o el olvido, de la propia existencia en un presente al que no tenemos más remedio que regresar. Al igual que en un buen viaje, disfrutamos de su lectura, y no deseamos que llegue nunca la última página.
Agustín Calvo Galán
http://visualpoetry.blog.com.es/
Fuente: Revista de letras
Cape Cross (Namibia)
El aislamiento es como este hotel
de muros gris lavanda, desolado
fuera de la estación vacacional.
De repente sentimos
un deseo imperante de escribir
a los viejos amantes: la memoria,
el desaliento de la lejanía,
el olvido que encierra una postal
desde una playa atlántica con niebla,
chacales y preguntas silenciadas.
Más allá los desiertos, el aullido
de colonias de focas en la costa
donde los portugueses dejaron una cruz.
Poco más queda de los navegantes.
Verónica Aranda, Postal de olvido, El Gaviero Ediciones, 2010.