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martes, 18 de diciembre de 2012

Siguen nuestras ofertas navideñas con una pareja de viaje

Dos viajes para combatir el olvido. 
Dos catálogos de sensaciones desnudas. 
Dos libros que experimentan en el camino.
Ana y Verónica registran burbujas de memoria, reivindican con fuerza una mirada maravillada ante el espectáculo del mundo, porque a pesar de todo, siempre se puede inventar un lenguaje, un código que nos salve.


Seguimos lanzando ofertones. En este caso puedes obtener los títulos Polizón desnudo de Ana Tapia y Postal de Olvido de Verónica Aranda por 20 euros (ahorro de 10 euros). Sólo tienes que escribirnos a elgaviero@elgaviero.com para solicitar los libros, indicando como asunto: baile de ofertas. (Gastos de envío incluidos en territorio nacional)*


Además, si lo deseas te lo envolvemos gratis.


Ana Tapia, El polizón desnudo.
Prólogo: Ana Gorría
Ilustración: Carmen Hernández
ISBN: 978-84-936617-2-4
Verónica Aranda, Postal de olvido.
Prólogo: Antonio Gala
Ilustración: Marta Useros y Javier Cantalapiedra
ISBN: 978-84-936617-9-3

www.elgaviero.com

*Oferta válida hasta el 6 de enero de 2013

jueves, 15 de noviembre de 2012

Poema abstemio de Verónica Aranda para el Día mundial sin alcohol


Shiraz (Irán)
 

Bebe vino y contempla la luna
evocando las muertas civilizaciones
que alumbró en su apogeo.

Omar Khayyâm

Las muchachas se sientan en la tumba de Hafez,
abren con fe el Diwan y, entrada ya la noche,
recitan sus poemas al relente
de los cipreses y los azulejos
con intensos turquesa. Te confieso
que me conformaría con dejar
un par de estrofas sabias que tuvieran
un tono de sentencia,
con amarte
como lo harían los poetas místicos,
ofreciéndote cofres llenos de ámbar
y tinajas con vino de Shiraz.
Pero no soy capaz de traducir
manuscritos en persa. Bebo agua azucarada
con un néctar de rosas, converso con libreros
acerca de Khayyâm o los derviches,
y en el antiguo zoco una gitana
me echa las cartas en un velador
en donde se reflejan los gavieros
y me habla de la fama, de los barcos,

de un amor absoluto. Borbotea
el té rojo en un samovar de cobre,
compro dos amuletos y me invade
el miedo irracional a los regresos
y a los salteadores de caminos.

Verónica Aranda, Postal de Olvido


Puedes comprar el libro aquí

lunes, 4 de junio de 2012

Velada poética con Verónica Aranda y Postal de Olvido



Verónica Aranda, Postal de olvido.
Prólogo: Antonio Gala
Ilustración: Marta Useros y Javier Cantalapiedra
ISBN: 978-84-936617-9-3
PVP: 16 €

Puedes comprar el libro aquí 

martes, 26 de octubre de 2010

Postal de olvido de Verónica Aranda por Ignacio Sanz

Cada poema nos propone un viaje que participa de lo introspectivo y de lo físico. Verónica Aranda, es una consumada viajera; algunos de sus libros son un resumen sus experiencias vitales en países lejanos. Tal es el caso de Cortes de luz, que centra su mirada en India y por el que le dieron el año pasado un accésit al premio Adonáis. Este libro es el resumen de una larga estancia, donde asistimos a escenas cargadas de emoción con una mirada solidaria hacia un entorno lleno de contrastes y carencias que quedan magníficamente retratadas, sin dramatismos añadidos, con serenidad. De modo que finalmente quien se adentra por sus páginas tiene la certeza de haber viajado con ella por aquel vasto país cuyo latido nos acerca con una mirada cómplice, lejos, muy lejos de cualquier atisbo turístico. De la misma manera que cuando se lee Roma, peligro para caminantes, uno tiene la sensación de que en esos sonetos de Alberti se capta la quintaesencia de la Roma eterna. 

Pues bien, en Postal de olvidoVerónica Aranda, siguiendo su vocación viajera nos hace un recorrido por alguna de esas ciudades, regiones o países que han dejado una huella especial en su ánimo. Oaxaca, Trinidad de Cuba, Pinar del Río, Castilla, Bagdad, Ammán, Teherán, Isfahan, Shiraz, Gaza, Kioto, Goa, Ceilán, Rawalpindi, Sudáfrica, Cape Cross, El Cairo, Bruselas, Lisboa, Óbidos, Oporto, Oslo, Tánger, Granada, Córdoba, Medina Azahara, Almería y Madrid. Este larguísimo viaje se abre con el poema “Embarque” que lleva una cita de “Itaca", el célebre poema de Kavafis

Cada poema es una postal que Verónica nos envía, pero que también se envía a sí misma, una postal donde queda patente la sensación primordial que le produce la ciudad. Lo deja claro en el segundo poema del libro: “Te escribo esta postal del Oaxaca/ en una plaza donde hay flamboyanes/ naranjas y el olor que tiene la pobreza:/ mazorca de maíz/ tostada en carromatos.» 

En algunas ciudades, como en Kioto, el homenaje es doble al utilizar el haiku, tan contenido, tan oriental, como forma de interpretación poética: «Lluvias continuas./ Desaparece el monje/ tras los cerezos.» 

La reflexión sobre su labor introspectiva vuelve de nuevo en el poema que dedica a Cape Cross (Namibia): «De repente sentimos/ un deseo imperante de escribir/ a los viejos amantes: la memoria,/ el desaliento de la lejanía,/ el olvido que encierra una postal/ desde una playa atlántica con niebla,/ chacales y preguntas silenciadas.» O en el poema que dedica a El Cairo que comienza de manera inequívoca: «Quise ser escritora en un hotel de El Cairo.» Y que concluye con un puñado de versos metaliterarios, como si la poeta viajara impelida también por el recuerdo de ciertas lecturas: «Y aplazar el momento de entrar en la ciudad/ cubierta de monóxido, entrevista/ desde las fortalezas./ Y en el Khan el Jalili/ sentarse en un café a matar la tarde,/ donde fuman narguile/ los personajes de Naguib Mahfuz.» 

La sombra de los grandes autores también la acompaña en Tánger, de tal modo que, además del viaje, Verónica lleva en su memoria esas lecturas esenciales que la ayudan a calibrar con más hondura las escenas en las que fija su mirada: «Existen los navíos/ porque existe tu rostro, te diría/ con palabras de Andrade, en la baranda/ del ferry, en plena hora.» 

Estas postales de ciudades vividas nos trasmiten escenas de la vida cotidiana, a veces con olor a miseria, pero tampoco se escapan de cierta nostalgia familiar que se centra sobre todo en Cuba, donde el bisabuelo castellano anduvo de soldado y la nieta lo recuerda a través de viejas fotografías que han dejado huella en su memoria. 

En definitiva, estamos ante una jovencísima poeta, inquieta y cultivada, que se conmueve y nos conmueve al acercarnos las emociones que sus viajes por ciudades de medio mundo, una poeta cuya mirada profunda y solidaria se aleja por completo de las sensaciones felices que nos trasmiten las agencias de viajes. 

El lector, encerrado con este libro, siente el vértigo del vacío cuando llega al final, al último poema, “Fragmento de postales” y lee, con nostalgia ya de la propia lectura que concluye y con los ecos de Cavafis que acude a cerrar el círculo: «Ciudades-languidez de hombres enjutos/ fumando pipas de ámbar o ciudades/ con heridos de bala/ y huelga general. Lechos de juncos/ donde yacen, exhaustos, los amantes./ Ésta es tu poética, viajero./ No dudes en los cruces de caminos./ Demora tu regreso varios años.»


viernes, 28 de mayo de 2010

Postal de olvido de Verónica Aranda por Agustín Calvo Galán

Postal de olvido. Verónica Aranda
Prólogo de Antonio Gala
Ilustraciones de Marta Useros y Javier Cantalapiedra
El Gaviero Ediciones (Almería, 2010)

A menudo se viaja con la cámara a cuestas para ir dejando constancia gráfica de lo visto y que los amigos y familiares, a la vuelta, se cansen envidiando nuestro periplo. Pero ¿y lo vivido? ¿Cómo relatamos la vivencia más allá de las imágenes, más allá de las postales que enviamos o que olvidamos enviar? En la respuesta, tal vez, hallemos la diferencia entre el turista y el viajero: en las diferentes maneras de vivir el viaje y en cómo después lo asimilamos y compartimos.

Por supuesto, también el poeta viaja con la parcialidad de una mirada, con su forma de ver el mundo a vuela pluma. Verónica Aranda, joven poeta y traductora pero con un amplísimo bagaje a sus espaldas, con esta Postal de olvido, -con prólogo de Antonio Gala e ilustraciones de Marta Useros y Javier Cantalapiedra, en una edición muy cuidada y bella, en forma de cuaderno, como habitualmente nos tiene acostumbrados la editorial almeriense El Gaviero Ediciones- nos trae la atención con la que ha viajado en forma de poemas. Viajar poniendo atención es viajar recuperando imágenes y detalles, que, tal vez, la colectividad olvidó, pero que ahora, la poeta tendrá la capacidad o la habilidad de hacernos recordar: desvelar.

Toda visión es fragmentaria y lo visto, incluso lo fotografiado, puede ser olvidado con mucha facilidad. Pero lo vivido, las sensaciones, es lo que puede permanecer sin necesidad de soporte gráfico; y en este caso la palabra escrita, el poema permanece y Verónica nos lo anuda. La poeta no se limita a enviar postales desde diferentes lugares del planeta, en cada uno de los poemas que conforman este trayecto, sino que implica la sucesión de acontecimientos y reabre la realidad que oculta cada lugar a través de todo aquello que allí sucedió, con cierto aire de anacronismo o de viaje en el tiempo, para atraparlo en versos libres y palabras de amada y sencilla exactitud, donde repetir, poema tras poema, el extrañamiento, o el olvido, de la propia existencia en un presente al que no tenemos más remedio que regresar. Al igual que en un buen viaje, disfrutamos de su lectura, y no deseamos que llegue nunca la última página.

Agustín Calvo Galán
http://visualpoetry.blog.com.es/

Fuente: Revista de letras

lunes, 12 de abril de 2010

El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán


Cape Cross (Namibia)


El aislamiento es como este hotel

de muros gris lavanda, desolado

fuera de la estación vacacional.

De repente sentimos

un deseo imperante de escribir

a los viejos amantes: la memoria,

el desaliento de la lejanía,

el olvido que encierra una postal

desde una playa atlántica con niebla,

chacales y preguntas silenciadas.


Más allá los desiertos, el aullido

de colonias de focas en la costa

donde los portugueses dejaron una cruz.


Poco más queda de los navegantes.


Verónica Aranda, Postal de olvido, El Gaviero Ediciones, 2010.