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sábado, 23 de junio de 2012

Dos poemas de Martín Espada para celebrar el día E




LECCIÓN REVOLUCIONARIA DE ESPAÑOL 

Siempre que alguien
pronuncia mal mi nombre,
quiero comprarme una pistola de juguete,
ponerme gafas oscuras,
inclinar mi boina,
peinarme la barba de punta,
secuestrar un autobús lleno
de turistas Republicanos
de Wisconsin,
y obligarlos a cantar
consignas anti-Americanas
en español,
y esperar
a que el SWAT bilingüe
nos sobrevuele en helicóptero,
y me suplique
que sea razonable


NUEVA NORMATIVA PARA LOS LAVABOS DEL INSTITUTO INGLÉS

Los chavales cascan en español 
en el lavabo
mientras el director
escucha desde su cabina

La única palabra que reconoce
es su propio nombre
y eso lo estriñe

Así que decide
prohibir el español
en los lavabos

Ahora ya puede relajarse

Martín Espada, Soldados en el jardín.
Traducción: Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel
Ilustración: Carlos Horacio Valera
ISBN: 978-84-936617-3-1
Primera edición, 666 ejemplares numerados.
124 páginas.
PVP: 20 €

Puedes comprar el libro aquí 


viernes, 4 de mayo de 2012

golpes de conciencia



Martín Espada, Soldados en el jardín.
Traducción: Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel
Ilustración: Carlos Horacio Valera
ISBN: 978-84-936617-3-1
PVP: 20 €

Puedes comprar el libro aquí 

domingo, 8 de abril de 2012

Se abre el telón y aparecen...


Se cierra el telón. 

Cómo se llama la película?

Pista 1: los protagonistas habitan cerca del mar y sobreviven gracias a sus pequeñas alegrías y rutinas.
Pista 2: "Conmueve, arranca sonrisas y remueve la conciencia." (Carlos Marañón: Cinemanía) 


Todos nuestros libros aquí 

sábado, 31 de marzo de 2012

Un poema de Martín Espada en Sillón Voltaire

El pasado 28 de marzo se emitió en la radio de El Círculo de Bellas Artes el capítulo 39 del programa El Sillón Voltaire dirigido por Sofía Castañón. El programa llevaba por título  "Canciones para antes de una huelga" y desde el gaviero participamos con la lectura de un poema de Soldados en el Jardín de Martín Espada.


+ sobre Sillón Voltaire
Aquí podría estar sentado Martín Romaña. También el lector de "Continuidad de los parques", de Cortázar. Sobre todo queremos que te sientes tú. Un programa dirigido por Sofía Castañón para la Radio Círculo. www.circulodebellasartes.com
"Nos cuentan muchos cuentos pero... ¿cuánto hace que alguien no te cuenta una historia?"
El sillón Voltaire llena las tardes de los miércoles de ficción, narrativa, de historias que suceden o que podrían haber sucedido.Un programa de radio del Círculo de Bellas Artes (Madrid). Los miércoles, de 17.00 a 18.00 en Radio Círculo.

+ sobre Sofía Castañón
+ sobre Soldados en el jardín


Martín Espada, Soldados en el jardín.

Traducción: Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel

Ilustración: Carlos Horacio Valera

ISBN: 978-84-936617-3-1
PVP: 20 €

Puedes comprar el libro aquí 

lunes, 30 de enero de 2012

Un poema de Martín Espada para el Día de la Paz


Diseno de portada: Carlos Valera

SOLDADOS EN EL JARDÍN
Isla Negra, Chile, septiembre de 1973.

Después del golpe militar
los soldados aparecieron
una noche en el jardín de Neruda
blandiendo linternas para interrogar a los árboles,
maldiciendo a las piedras que los hacían tropezar.
Desde la ventana del dormitorio
podrían haber sido
conquistadores de galeones hundidos
de vuelta del mar para terminar
el saqueo de la costa.

El poeta se estaba muriendo:
el cáncer refulgía por su cuerpo
y lo tenía dando vueltas en la cama para matar las llamas.
Aún así, cuando el teniente irrumpió en el piso de arriba,
Neruda se encaró y le dijo:
–Aquí sólo hay un peligro para usted: poesía.
El teniente se llevó el casco al pecho,
pidió disculpas al señor Neruda
y se apresuró a bajar las escaleras.
Las linternas se disolvieron una a una entre los árboles.

Durante treinta años
hemos andado en busca 
de otro sortilegio 
que consiga que los soldados
se esfumen del jardín.



Puedes comprar el libro  aquí 

jueves, 17 de marzo de 2011

Soldados en el jardín por Jorge Aguilera López


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portada-espada.jpg Soldados en el jardín Martín Espada,
El Gaviero Ediciones,
España, 2009
Por Jorge Aguilera López
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Soldados en el jardín es un recorrido antológico por 20 años de labor poética de Martín Espada. Libro importante sin duda ya que nos permite asomarnos a la obra de un autor que ha sido consistente en su ejercicio creativo y consecuente con su credo poético. Apodado “el Neruda de los poetas norteamericanos” por la crítica de ese país, este neoyorkino de ascendencia portorriqueña ha sabido hacer confluir en sus poemas ambas tradiciones, la anglosajona y la hispánica. El mote puede sonar exagerado, pero tiene cuando menos la virtud de apuntar ilustrativamente hacia la veta lírica que Espada ha decidido explorar con resultados muy satisfactorios: la poesía social de tono conversacional. Aunque no es este el lugar para hacer las largas digresiones que el tema merece, es necesario mencionar que resulta grato leer la poesía de Espada y hallar en ella un tratamiento de honda calidad de temas políticos. La denuncia y la protesta ante las condiciones sociales de los grupos minoritarios (negros, latinos, inmigrantes), así como su mirada crítica y desencantada ante el american way of life, hacen de este poeta una voz necesaria para confrontar la abulia y el evasionismo en que parece sumida la poesía contemporánea.

El primer acierto de esta antología es su disposición por núcleos temáticos: al evadir el orden cronológico, nos permite leer la solidez de su obra, dado que la distancia temporal entre poemas pasa inadvertida para concentrarnos en la unidad del registro poético. Así, cada una de las siete secciones del libro puede leerse a partir de la temática que las unifica, si bien todas comparten al mismo tiempo la preocupación y el compromiso que Martín Espada ha asumido con la búsqueda de la justicia social.

En la primera sección, La ballena blanca, encontramos las claves que permiten entender la poética de Espada. En ella, resulta obvia su fascinación por la poesía chilena y su admirado Neruda, en poemas como Tengo una anguila en el corazón, Los poetas fugitivos de Fenway Park y sobre todo La república de la poesía, donde subvierte los horrores de la dictadura militar en acciones que, al volverse actos poéticos, permiten resignificar y acaso exorcizar hechos como el bombardeo al Palacio de la Moneda y el asesinato de Salvador Allende. El tema chileno, que aparecerá de forma recurrente a lo largo del libro, es significativo en tanto nos remite a poetas cercanos al estilo de Espada: además de Neruda, Enrique Lihn, Nicanor Parra o Gonzalo Rojas, por ejemplo. Esta connotación, que opera por contagio para un lector medianamente avezado, permite también constituir la atmósfera que estará presente a lo largo del libro.

La segunda sección, Abogado de Oficio, es una muestra de lo que el autor ha llamado “poesía de abogacía”. Su experiencia como defensor legal de inmigrantes latinos en asuntos de vivienda, actividad que desarrolló durante la década de los ochenta y principios de los noventa en Massachusetts, le permitió testimoniar en sus poemas las injusticias que el sistema legal estadounidense comete contra este sector, impedidos como parecen estar para defenderse de los abusos a que son sometidos por su situación migratoria. Poemas como Neumáticos apilados en los pasillos de la civilización, Ofrendas a un dios ulcerado o La ventana rota de Rosa Ramos son muestra contundente de los alcances de este "mester de abogacía". En ellos, el tema es tratado con sobriedad, y evita caer en el recurso efectista del dramatismo victimizante; por el contrario, el discurso poético se logra a partir de la enunciación casi expositiva de los problemas, y en el contraste con el absurdo del sistema judicial se establece una dicotomía insoluble que asegura el efecto irónico a nivel temático y retórico.

Las secciones tercera y cuarta del poemario, Los espada y Ángeles de pan, recurren a la biografía del propio Espada para hablar de la cotidianeidad en los barrios bajos, por ejemplo el Harlem, y en las espacios labores menos estimados: la construcción, los restaurantes y las fábricas. Poemas como La araña y el ángel, Negrito Bembón o Alabanza para la sección 100, son textos que alcanzan la difícil sencillez de un lenguaje lírico y al mismo tiempo directo, cercano al hombre promedio. La poetización de esa parcela de realidad comunica emociones simples, pero que conectan con la sensibilidad humana, haciendo imposible no conmoverse ante la explotación, la injusticia y el maltrato denunciados en estos textos; pero también es difícil no estremecerse con uno de los mejores poemas del libro, Ezequiel, donde las reminiscencias bíblicas del nombre contrastan con la figura del ser humano específico en quien se inspira el poema, inmigrante muerto en la frontera sur de ese país, en medio de un operativo militar para decomisar droga. Este poema, con independencia de su actualidad temática, constituye un gran acierto lírico: las imágenes son poderosas verso a verso, el eco del Antiguo Testamento dota al texto de un tono profético que en su resignificación política recuerda a los Salmos de Ernesto Cardenal.

Las tres últimas secciones del libro, Olvidados tras el saqueo, Lección de español y Blues para soldados, acogen poemas que en su mayoría dan cuenta de la contradicción cultural de Martín Espada y la manera en que éste la aprovecha para hacer una crítica feroz, siempre desde la poesía, a los imperialismos de todo tipo: políticos, económicos, culturales y lingüísticos. La incapacidad de los conquistadores para entender lo diverso y su arrogancia para imponer normas de conducta aparecen en contraste con la capacidad de resistencia de los sojuzgados: los indígenas ante Colón, el español frente al inglés, los perseguidos políticos frente a la dictadura militar; estos temas son poetizados por Martín Espada desde un registro lúdico, donde la ironía es el recurso principal que activa la protesta social y desnuda las miserias de los opresores. El tema chileno reaparece en dos poemas memorables: El general Pinochet en la librería y el que da título al libro, Soldados en el jardín. El primero, humaniza la figura del dictador chileno al punto de empequeñecerlo en sus actitudes y su figura para así destacar la miseria de sus actos. El segundo, un poema prodigioso que recurre de nuevo a la figura de Pablo Neruda, recordando el episodio en que los militares aparecieron en la casa de aquél para apresarlo después del golpe de estado de 1973, y donde reivindica la capacidad de la poesía para incidir en la realidad: Neruda encara al teniente que iba al mando y en un acto poético le espeta: “Aquí sólo hay un peligro para usted: poesía”. Los versos finales del poema sintetizan la búsqueda de Espada por lograr que su poesía sea un acto efectivo de acción política: “Durante treinta años/ hemos andado en busca/ de otro sortilegio/ que consiga que los soldados/ se esfumen del jardín."

En suma, Soldados en el jardín es un libro que nos reconcilia con la poesía social. Como todo buen poeta, Martín Espada consigue, sin inmolar en ningún momento el sentido estético del poema, dotar a su obra de emoción poética y compromiso verdadero con las causas que ha decidido asumir. 



Fuente: Períodico de poesía de la UNAM

viernes, 3 de diciembre de 2010

De cómo Carlos Horacio Valera creo una portada gaviera


  • Cover of "Soldados en el jardín". Poems by Martín Espada.

    Translation by: Diego Zaitegui and Pedro J. Miguel

    Edited by: El gaviero
    Called the Latino poet of his generation and the Pablo Neruda of North American authors, Martín Espada was born in Brooklyn, New York in 1957. He has published seventeen books in all as a poet, editor, essayist and translator. www.martinespada.net/

  • Illustration made by hand and manipulated in Photoshop to give the appearance of airbrushed like an old revolutionary image.

    Technical Data
    First edition, 666 copies.
    124 pages.
    17 x 22 cm.
    Paper: 1.65 Coral white book of 90 gr.
    Cover: cardboard Chromocard 300 gr.
    Types: Garamond.

  • References and inspiration.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Poesía para el 11-S

Foto: Ana Santos Payán

Alabanza para la sección 100

para los 43 afiliados de la Sección 100 del Sindicato de Trabajadores de Hoteles y Restaurantes, que trabajaban en el restaurante Windows on the World y que perdieron sus vidas en el ataque contra las Torres Gemelas


¡Alabanza! Alabado sea el cocinero rapado

y tatuado en el hombro con la palabra Oye,

un puertorriqueño de ojos azules con familia en Fajardo,

un puerto de piratas siglos atrás.

Alabado sea el faro de Fajardo, una vela

que brilla blanca para rendir culto al oscuro santo del mar.

¡Alabanza! Alabada sea la gorra amarilla de los Piratas de Pittsburgh

que el cocinero lucía en nombre de Roberto Clemente, y su avión

incendiado en mitad del océano cargado con latas para Nicaragua,

para todas esas bocas que sólo masticaban cenizas de seísmos.

¡Alabanza! Alabada sea la radio de la cocina, conectada

antes que el horno, para que la música y el español

subieran antes que el pan. Alabado sea el pan. ¡Alabanza!


Alabado sea Manhattan desde lo alto del piso 107,

como una Atlántida vislumbrada desde un acuario antiguo.

Alabados sean los ventanales de la cocina donde los inmigrantes

entornaban los ojos y casi veían su mundo, y oían el canto de las naciones:

Ecuador, México, República Dominicana,

Haiti, Yemen, Ghana, Bangladesh.

¡Alabanza! Alabada sea la cocina matutina,

donde el gas brillaba azul en cada fogón

y los extractores disparaban sus diminutas hélices,

las manos cascaban huevos con rápidos pulgares

o descuartizaban cajas de cartón para levantar un altar de latas.

¡Alabanza! Alabada sea la música del ayudante, el tintineo

de la vajilla y la cubertería en el barreño.


¡Alabanza! Alabado sea el fregón, el friegaplatos

que trabajó esa mañana porque otro friegaplatos

no dejaba de toser, o porque necesitaba horas extra

apilando sacos de arroz y frijoles para una familia

que flotaba a la deriva en alguna isla caribeña plagada de ranas.

¡Alabanza! Alabada sea la mesera que escuchaba la radio en la cocina

y cantaba para sí misma sobre un hombre que se fue. ¡Alabanza!


Despúes del trueno más salvaje que el trueno,

despúes del profundo temblor en el vidrio de los ventanales,

despúes de que la radio callara como un árbol lleno de ranas aterradas,

despúes de que la noche reventara el dique del día e inundara la cocina,

por un tiempo brillaron los fogones en lo oscuro como el faro de Fajardo,

como el alma del cocinero. Alma, digo, aunque los muertos no puedan hablarnos

de los pelos erizados en la barba de Dios, porque Dios no tiene rostro,

alma, digo, para nombrar a los seres de humo lanzados en constelaciones

a través del cielo nocturno de esta ciudad y de ciudades venideras.

¡Alabanza!, digo, aunque Dios no tenga rostro.


¡Alabanza! Cuando la guerra comenzó, desde Manhattan y Kabul

dos constelaciones de humo se levantaron y se acercaron a la deriva,

mezclándose en el aire helado, y una dijo en afgano:

–Enséñame a bailar. No tenemos música aquí.

Y la otra contestó en español:

Yo te enseñaré. Música es todo lo que tenemos.


Martín Espada, de Soldados en el jardín, El Gaviero Ediciones.

(Traducción: Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel).