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martes, 25 de septiembre de 2012

Recordando a Pizarnik con Pablo Gallo, Begoña Callejón y Fernando Sánchez Calvo

40 aniversario del fallecimiento de la escritora argentina Alejandra Pizarnik (1972)


Imagen de Hiperhíbridos de Pablo Gallo


y de fondo, en el viento azul de Ildaboth –no quiero ser otra cosa que un
suspiro–, el eco de la atormentada voz de los poemas de Alejandra
Pizarnik…
Begoña callejón, Cenicienta en sangre.


un amigo mío, Arseni Burlaiev, leía mucho a Paul Celan, Walter Benjamin, Alejandra Pizarnik y Silvia Plath entre otros, y un día que le pregunté qué pensaba de los que se apartan de la vida, así, sin más, me contestó:
–Es una opción.
Fernando Sánchez Calvo, Muertos de anda por casa.


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lunes, 26 de marzo de 2012

Cenicienta en sangre en Tendencias 21

Fragmento de la entrevista realizada por Mar Benegas a Begoña Callejón para Tendencias 21 + un cuento.


Profundizando en tu obra, he detectado un salto cualitativo en el poemario “Cenicienta en sangre”, un salto que va del "yo" al "nosotros". En este libro, se muestra la búsqueda interior por un paisaje dantesco, un recorrido por la ciudad fantasma de Ildaboth. En él, la niña que busca a su madre, la mujer pelirroja, el enterrador… en definitiva, todos los personajes ofrecen imágenes de gran potencia visual, a través de mitos de cuentos infantiles. Además, en “Cenicienta en sangre” se expresa la eterna búsqueda, el paso a la vida adulta; y se percibe un avance hacia la madurez poética, como también ocurre en “Palabras para un cuerpo de ceniza”. ¿Fue “Cenicienta en sangre” para ti un cierre de una determinada voz, que dio paso a una búsqueda nueva? 

No fue un cierre, más bien fue una necesidad del momento. Como he comentado, suelo escribir según las emociones que sienta en la época en la que me encuentre, y “Cenicienta en sangre” llegó así, casi sin darme cuenta. 
El “yo” se ve un poco desdibujado en este poemario, pero siempre está ahí. Crear un lugar imaginario, Ildaboth, dio paso a otras voces, a otros personajes que querían salir. 
En este libro quienes nacieron primero fueron Cenicienta y el enterrador y, a partir de ahí, nacieron los cuentos infantiles vistos desde otra perspectiva. En ese momento lo cerré, pero a la hora de la publicación quise ampliar la historia, y entonces fue cuando vi la imagen de la madre y la pérdida de la infancia. Ildaboth fue formándose poco a poco en mi mente. 
Pero, pesar de haber buscado otras voces o nuevas temáticas mi voz sigue estando ahí, pienso que otorgando fuerza al poema. Además, siempre me ha llamado la atención tanto la escritura automática como el surrealismo, y pienso que ambos se dejan ver a través de mis textos. 


Fuente: Tendencias 21


Donde los muertos

Cenicienta llega a un lugar sombrío. Siente escalofríos al adentrarse por una valla entre escombros y raíces. Todo es gris allí. Está en el cementerio de Ildaboth. Ve tumbas atrapadas por enormes ramas de árboles ya muertos. Se acerca a mirar las primeras lápidas. Se imagina parientes de rodillas, llorando por sus seres queridos. Todo está oscuro, lo único que brilla es la luna que hay sobre su cabeza. Busca al enterrador, quiere saber si su madre yace entre aquellas sombras. Entonces ve algo a lo lejos, se acerca, se acerca más y más. Ve una tumba abierta y a un hombre sudoroso follándose a una muerta. Al principio quiere gritar pero pronto se tranquiliza. –¿Ha visto por aquí al enterrador de tumbas? –le dice. El hombre queda paralizado, y deja caer al suelo el cadáver. –Sí, soy yo –contesta. El enterrador la mira con lascivia. –¿Está aquí mi madre? –pregunta. –Vamos a mirar entre mis libros…, pero, a cambio, ¿qué harás tú por mí?. JEJEJE. –No sé. ¿Qué le apetece? –Mejor no te lo digo, niñita burguesa. La a, la b, la c…, y la z. No, no está aquí. Lo siento. Si quieres ven conmigo a casa y te cuento unos cuentos que me contó hace mucho tiempo mi abuela que en paz descansa. Venga, no tengas miedo, no voy a hacerte nada que tú no quieras. –¿Podré comer algo?, estoy hambrienta. –Claro, comerás, comerás hasta reventar. Cenicienta lo sigue sin saber muy bien por qué. Se adentran en un habitáculo pequeño y sucio. Sobre la mesa hay una vela blanca casi consumida. Ella se sienta en un sofá, es lo más limpio que ve, y él coge una silla
que está junto a la mesa y comienza a hablar… 

Como si fuera la versión repugnante de Sherezade

No quiere dejarla escapar.

Begoña Callejón, Cenicienta en sangre.


Prólogo: Natalia Zarco
Ilustración: Ana Canteras
ISBN: 978-84-936617-5-5
PVP: 14 €

Puedes comprar el libro aquí 

sábado, 20 de agosto de 2011

Grandes lectores de pequeñas editoriales por Maribel Martínez Asenci.

Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?


Foto: Maribel Martínez Asenci
Amalia Bautista y Alberto Porlán, Pecados, El Gaviero Ediciones.

Foto: Maribel Martínez Asenci
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre, El Gaviero Ediciones.

Puedes comprarlo 
aquí

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Grandes lectores de pequeñas editoriales (por Paco Lozano)

Nunca os habéis preguntado qué libros leen vuestros juguetes cuando se quedan solos en casa?

Necesito escuchar música desnudo
y que mi alma se evapore entre las cosas
dejando el recuerdo
de un esqueleto sucio

Óscar Santos Payán


Como una virgen desnuda
el bosque se pinta en papel.
Lenguas al aire. Quietas.
Nada hay entre mis piernas.

Begoña Callejón

Fotos y selección de textos: Paco Lozano.

jueves, 22 de abril de 2010

Cenicienta en sangre, por Isabel Murcia

Foto: Ana Santos Payán

DE CÓMO LA REALIDAD DEVORÓ A CENCIENTA

Cuenta la leyenda que, no mucho tiempo atrás, existió una escritora de aspecto frágil y rostro inocente, que dio a luz un libro. Y ese libro devoró a todos los cuentos. Hablan los ancianos de ese libro que dejaba la piel magullada y el ánimo desbaratado, porque narraba la historia de una niña, inocente, como su autora, que emprendió un largo viaje, un descenso desde el candor hasta el infierno.

En busca de su madre y con los bolsillos llenos de rencor, esa niña Cenicienta se paseó por las situaciones más sórdidas. Y no tuvo hada madrina que convirtiera calabazas en carrozas o ratones en graciosos pajes, sino que, en su lugar, topó con un cuentacuentos necrófilo, que mató a Pulgarcito, hizo enloquecer a Simbad el Marino y suicidó a Rapunzel. Pero el camino continuaba, y la niña Cenicienta siguió buscando a la madre que la convirtió en monstruo, hasta que llegó a un mar, como a la orilla Estigia, y se convirtió, así, en la Caperucita que torturó al lobo.

Ese libro acabó con los cuentos con perdices y puso el guisante bajo los mullidos almohadones de nuestras lecturas. Desterró para siempre la ñoñería de nuestro imaginario colectivo.

Ese libro se titulaba Cenicienta en sangre. Y su autora, Begoña Callejón.

jueves, 4 de febrero de 2010

Cenicienta en sangre por Joseph Macgregor

Ojo por ojo de Ana Canteras

Para Begoña Callejón, la tragedia de Cenicienta no reside tanto en el hecho de que fuera explotada por su madrastra y objeto de burla de sus hermanastras, ni que no tuviera un traje adecuado para asistir al Baile Real. Lo peor de Cenicienta es que nunca conoció a su madre. Cenicienta en sangre toma esta premisa como punto de partida y todo el poemario se construye alrededor de esta idea: la búsqueda de la madre desaparecida por parte de un adolescente (Cenicienta) perdida en una país imaginario llamado Ildaboth. Así, Cenicienta,"animal perfecto encerrado en un corazón que llora" será expulsada al País de las Calabazas, "aquí sólo verás lo que quieras ver. Calabaza o zapatito de cristal..."

Inicia una búsqueda de su madre no exenta de reproche y odio ("
Hiciste de una niña un monstruo. Hiciste que te creyera muerta. Papá sólo te obedeció. Te odio. Maldita ramera.") por un mundo de pesadilla, decadencia y horror. A partir de aquí asistimos a un bombardeo de imágenes impactantes, en donde se entremezcla lo onírico con lo surrealista ("Los niños muertos clavados en la verja esperan su cumpleaños de sangre derramada"); versos que son como un esputo de sangre en el rostro; trozos de espejos que estallan sobre nuestros ojos, clavándose en nuestras pupilas, y en cada pedazo hay reflejado una parte de lo que somos, lo más oscuro, lo que permanece en lo más escondido de nuestro subconsciente: miedo, culpa, rechazo, sadismo, autocastigo y egocentrismo pero también soledad, desamor y angustia vital: "mi útero parece querer expulsar algo: un tronco sin cara." / "Me encontré haciendo el amor con un peluche, desnudo, pintado como un niño".

En muchas ocasiones, los poemas adoptan la forma de un pequeño cuento gótico de terror en el que están presenten un enterrador necrófilo cuentacuentos (
versión repugnante de Scherezadecomo él mismo se define) o el mismísimo Satán, que es invocado varias veces como un amante ausente cuya presencia se requiere con ansiedad desesperada. Imágenes alucinantes y alucinadas que me evocaron ese mundo fantástico de sangre y sexo reprimido que estalla en mil pedazos descrito por Neil Jordan en el film En compañía de lobos, versión corrupta del cuento de Caperucita.

Cenicienta pierde la inocencia y ya no cree en los cuentos, no los escucha, embobada con el runrun de sus obsesiones y el dolor que la anula: "
Vi un payaso adolescente que daba golpes en su tumba. Hilaba poemas, cantaba y saltaba delante de sus heces."/ "Yo no sé nada de las ratas que nadan en mi sangre". Los conceptos o símbolos típicos de los cuentos y las palabras mágicas adquieren ahora otro matiz, un significado siniestro o torturado.


Begoña Callejón, Cenicienta en sangre
El Gaviero Ediciones
Colección Troquel nº10
Prólogo: Natalia Zarco
Ilustración: Ana Canteras
ISBN: 978-84-936617-5-5
PVP: 14 €