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miércoles, 20 de febrero de 2013

Cristina Llorente, arte en la gavia

Nació en Almería, se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Granada y actualmente reside en Barcelona. Como ilustradora ha participado en exposiciones, impartido talleres de ilustración, colaborado con diversos magazines y aparece en el Atlas de la Ilustración Contemporánea publicado por Mao Mao Publications. Trabaja para Editorial El Gaviero en su colección Cuarto Menor. En sus ilustraciones busca trascender el sentido de algunas cosas y las palabras escritas, deshojarlas como margaritas, y sobre todo, ir evolucionando y nuevos proyectos.


Ilustraciones para la colección Cuarto Menor.

Ilustración para Sobras de Maite Dono

Ilustraciones para Almanaque poético. Doce poetas para un año.
Ilustración para Idioteca de Raúl Quinto

Ilustración para el número 20 de la Revista Salamandria, dedicado al Círculo.

El Gaviero agradece a Cristina su confianza y su visión del mundo.


Todos nuestros libros aquí

lunes, 18 de junio de 2012

Idioteca de Raúl Quinto por Sofía Castañón


Encontrar las palabras para hablar de
Ilustración de Cristina Llorente








Ahora que llego al último poema de Ruido blanco (La Bella Varsovia, 2012) como quien llega de un paseo largo en el que el paso de los días importa poco porque nosotros secuenciamos de otra forma, ahora me atrevo a hablar de Idioteca. Tras casi dos años de lectura y relectura desde que llegó a mis manos. De imposibilidad para. De escasez para decir que. Todo este tiempo asumiendo que hablar de aquello que nos importa es mancharlo, distorsionarlo, aburrirlo. Como con todo, siempre, destrozamos al tocar. Pero con aquello que nos importa no queremos, no sabemos. Qué contar, por más que el entusiasmo grite “compartir”. Los lectores entusiastas no somos buenos para hablar de los libros que nos entusiasman. O no siempre.
Entrar en Idioteca tiene esa cosa de museo virtual, muy blanco, en el que nos paramos frente a pantallas. Como una sala con vídeoinstalaciones en la que perder la noción del tiempo y de las distancias para con el tiempo. El modo en el que los ítems, los temas, se hipervinculan en la mente de Quinto y cómo lo cuenta. La épica que hay tras el Coyote como un Sísifo con piedra ACME, como la metáfora del American Way of Post-industrial Life. Aprender y desaprender con Itten, un limón, un campo abrupto y amarillo, porque la representación de las cosas es representación. El autor dobla las cuerdas del tiempo para decirnos que Goya escuchaba “Shadow of a doubt” de Sonic Youth mientras pintaba su Perro ahogándose en la arena, la más angustiosa y al tiempo sensata de sus pinturas negras.

Si pensamos en el arte como elemento explicativo del mundo, las cronologías no son eje sino opción. Dice Alberto Santamaría en el prólogo “hologramas”, y no le falta razón, porque el recorrido a pies descalzos que el lector hace porIdioteca no puede ser en soportes analógicos. Sin rebobinar con esperas, todo se activa con la mirada, (si queremos decir digital, con la yema de los dedos, pero no). Esta galería de seres que lo son por lo que hacen, pintan, dicen, aguanta como funambulistas cuando cae sobre ellos la mirada de Quinto. Cuestionar sin miedo al anacronismo porque eso también es un constructo.
Por dónde andará Saussure piensa esta lectora, entre tanto pulso de significante y significado. Lo que es y lo que decimos. Y lo que entendemos y. Dónde andará el tipo y qué diría frente un café con los del círculo de Viena y Raúl Quinto. Lo que hay y su forma representativa, la elección de una forma y no otra para.
Cómo no pensar, después de cerrar el poemario Ruido blanco, que Quinto lleva tiempo diciéndonos que no nos entendemos. Y que no nos entendemos porque no nos da la gana, porque seguimos pautas que. Porque forzamos análisis y no miramos otros análisis. Se titula Idioteca y sin embargo es un libro tremendamente político éste que (como siempre) publica con cuidado y gusto El Gaviero Ediciones. Como si quienes pueblan las páginas de este texto híbrido estuviesen aislados del mundo, pero no la mirada.
A Raúl Quinto le preocupa el mundo en el que vivimos desde las formas en que lo interpretamos y expresamos. Es el verbo el que nos hace carne. Y qué hacemos entonces con el verbo, su plasticidad, su código. No todo vale, pero todo lo que vale puede, por un momento, intercambiarse.
Fuente: Blog de Sofía Castañón

Puedes comprar el libro aquí 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Raúl Quinto, Idioteca y el museo imaginado por Babelers


Idioteca de Raúl Quinto es uno de esos raros libros tocados por la gracia y el esplendor. A medio camino entre media docena de géneros y subgéneros, los veintidós textos de Quinto se internan en un camino intermedio y a menudo más interesante (y menos previsible) que una mera hibridación genérica.
Sin duda, lo que le otorga a la obra un valor propio, y que la haría destacar en una librería de sus compañeros de estante, es la impresión continua que el lector recibe al comenzar cada micro-ensayo de estar ante las puertas de un catálogo de un museo imaginario, de una guía de viajes de un país interior.
No es casual que el primer texto reciba el nombre de “pórtico”; ya que la puerta se convierte aquí en la metáfora por excelencia de la maquinaria que hace girar cada texto (cada forma de mirar la realidad).
El eclecticismo, así como la exuberancia de temas y tratamientos, nos lleva desde la antigüedad a la pantalla del televisor, en un camino inédito, lejos de las aburridas superposiciones de imágenes a que nos tiene acostumbrados la literatura última. En estos textos el autor se despereza y reinventa a Goya, a Lovercraft, a Cave, toma pulso y los hace convivir en un espacio común con Sonic Youth, con Kepler y hasta con la selección de Dinamarca, en un fino hilo de pensamiento.
Pero insistimos que no debe el eclecticismo ocultarnos el valor sustancial de la obra, que nos es más (ni menos) que el de encontrarnos ante una puerta, ante una búsqueda entre materia y realidad, ante el descubrimiento constante en la reelectura; y lo más importante ante la posibilidad de hacer del mundo un lugar menos previsible.
Acuda a su librería más próxima, encárguelo, insista si la distribución no es rápida, acuda a su casa, cierre la puerta tras de sí: deje el prólogo para más tarde si quiere, vaya a la página 17, meta la nariz entre el texto y respire a pulmón abierto. Se sentirá mejor.
Fuente: Babelers

También puedes comprarlo en nuestra tienda on-line

martes, 20 de septiembre de 2011

bye bye summer



Queridos gavieros,
termina un verano en el que el estilo marinero ha sido la tendencia estrella. Nos despedimos de él con algunos enlaces a revistas, blogs y programas de radio que en estos calurosos meses han confiado en el lenguaje navy del gaviero para vestir sus programaciones:

El Gaviero entrevistado por Juan Carlos Vicente para Culturamas
Pablo Gallo en El ojo crítico de RNE
Hiperhíbridos de Pablo Gallo por Patricio Pron
Hiperhíbridos por Sergi Bellver para BCN Weeks
Hiperhíbridos por Estíbaliz Espinosa
Elise Plain En la nube de Radio3
Pan para la princesa de Elise Plain por María del Mar Domínguez
Francisco J. Martínez Morán En la nube de Radio3
Peligro de vida de Francisco J. Martínez Morán por Óscar Santos 
Peligro de vida por Javier Molina
Circus Girl de Maite Dono en Carne Cruda de Radio3 
Fatena al-Gurra por Elena Medel para Quimera
Reseña fotográfica de Idioteca por Jorge Díaz Martínez
Menos tú de Germán Guirado por María del Mar Domínguez

Un abrazo de mar.

El Gaviero


miércoles, 22 de junio de 2011

Idioteca de Raúl Quinto por Agustín Fernández Mallo


IDIOTECA, de Raúl Quinto, (edit El Gaviero). Este libro extraño y brillante del poeta almeriense, cuyo título alude a la memorable canción Idioteque, de Radiohead, se editó en 2010 y no lo había leído hasta ahora. Las concatenaciones teóricas, derivas emocionales, discurso acerca del sentido de las imágenes -imágenes que en otras manos serían imposibles, como la relación entre la pintura de Goya y el ruidismo de Sonic Youth, y que Raúl Quinto convierte en plausible-, así como el pulso narrativo del excelente poeta que es el autor, lo convierten en uno de los libros más interesantes que he leído en mucho tiempo. Una feliz mezcla de pensamiento audaz, narrativa de precisión y poseía sintética en lectura transversal de la contemporaneidad. Ah, se me olvidaba decirlo: es ficción. (Prólogo a cargo de Alberto Santamaría).

domingo, 16 de enero de 2011

Idioteca de Raúl Quinto, por Vicente Luis Mora

Imagen: Cristina Llorente



Raúl Quinto, Idioteca; El Gaviero, Almería, 2010
Lanzarse a la representación es lanzarse al vacío. Tras dejar atrás el absurdo o al menos limitado intento de mímesis, el artista se encuentra con que ha abandonado lo real sin tener muy claro a dónde tiene que llegar. El texto “El limón de Itten” de Quinto explora ese hiato y apunta a la angustia como forma de sintetizar la experiencia del artista que da el salto y se expone a la caída de la representación. Frente a otras caídas metafísicas en lo real narradas por la filosofía occidental, Quinto se centra en la caída en lo irreal, o en esa nueva forma de realidad en que la obra de arte consiste. “Y donde digo arte se entienda que hablo también de literatura, de estas mismas palabras que ahora estoy escribiendo” (p. 78). El libro de Quinto es un elemento extraño, situable en un difícil lugar entre la escritura angélica y la infernal. Su género, si tiene alguno, es la distopía cultural, el momento en que un libro comienza a preguntarse, tomándose a sí mismo por ejemplo, sobre los límites de la representación y la muerte de la cultura, o la cultura de la muerte. De lo mejor del año que acaba.
Vicente Luis Mora, diciembre, 2010.


Fuente: Diario de lecturas. Vicente Luis Mora.

jueves, 28 de octubre de 2010

Idioteca de Raúl Quinto por Mario Cuenca Sandoval

Idioteca de Raúl Quinto. Prólogo de Alberto Santamaría.  El Gaviero Ediciones, Almería, 2010. 146 pp.
Esto no es un libro, pero no se asuste. Siga mis instrucciones. Antes de entrar en Idioteca, tendrá que atravesar un pórtico. Deberá ingresar en el estado mental propicio, poner entre paréntesis el mundo exterior, ajustar su ritmo cardíaco, aceptar la apuesta. Porque Idioteca no es una novela, ni un conjunto de relatos, ni de poemas en prosa, ni siquiera el catálogo de una exposición. Es, como acierta Alberto Santamaría en su espléndido prólogo al libro, un extraño museo, hecho de fantasmas que se alzan alrededor de nosotros, de hologramas. Y es sabido que se precisa de cierto estado de sugestión para ver fantasmas.
Si quiere ver fantasmas, haga epoché, ponga entre paréntesis el hecho de que hay un mundo fuera del texto, y ponga entre paréntesis que el texto forma parte de ese mundo. Entonces, las piezas que componen esta cámara-libro, o caverna-libro, comenzarán a girar a su alrededor, veintidós textos en prosa con los que, diseccionando la vida y obra de ilustres convidados como Goya, William Blake, Klein y los artistas del Nuevo Realismo, etc.  Raúl Quinto (Carboneras, 1978) disecciona para usted las particulares obsesiones e intereses de Raúl Quinto, su mundo propio, su idion, de ahí el título que el poeta toma en préstamo de Radiohead.
Pero, insisto, no se asuste: no se trata de aceptar obsesiones en préstamo; usted ha sido convocado a la cabina central del panóptico. La imagen del panóptico de Bentham, eliminadas sus connotaciones punitivas, viene como anillo al dedo a esta colección de fragmentos: todo gira alrededor de una conciencia que ocupa la cabina central, o que no la ocupa. En el segundo caso, ocupe usted el asiento. Una de las ventajas del panóptico, a juicio deBentham, era que los presos circundantes se sentirían siempre vigilados, sin que hubiera necesariamente un vigía en la cabina. Ahora conoce el secreto: tal vez en el corazón de Idioteca no haya un yo, un sujeto, una identidad firme, sino sólo un centro imaginario en torno al que giran veintidós proyecciones, un narrador convertido en ojo, «un texto entendido como una forma de mirar» (p. 12), escribe Alberto Santamaría en su prólogo. El puesto vacante le pertenece; reclámelo.
A esta altura estará usted implicado en el enigma fundamental de la poética de Raúl Quinto: el problema de la representación, la relación entre el mundo y la mirada, entre pintura y realidad, entre palabra y realidad. Pero no en el sentido de que el lenguaje sea un espejo, no en el sentido del lenguaje-retrato del que hablaba Wittgenstein: la pregunta es qué le hace la representación a la realidad, qué daños provoca, qué heridas, o qué fantasmas pone en pie. La pregunta no es cómo el arte retrata lo real, sino cómo lo real es manoseado, mimado o lacerado por el arte. Por eso sostiene Quinto que la pintura nació «para hacer más real lo real» (p. 21). A Raúl Quinto le interesa peculiarmente la materialidad de la palabra, incluso el carácter orgánico de la palabra, y de ahí su preocupación por el arte pictórico, en donde representación y carne se aúnan, a diferencia de lo que sucede en el lenguaje, la casa del ser, decía Heidegger, pero su casa inmaterial, su palacio en el aire. El de Raúl Quinto, insisto, es un lenguaje que querría ser materia. Se pregunta cómo nació la representación pictórica; tal vez no fuera cosa de los hombres ni los dioses, sino que esté relacionada con la materia orgánica: con la «saliva, heces, sangre menstrual, orina, esperma, heridas abiertas, barro en las pezuñas, baba blanquecina en las quijadas» (p. 22).
Bienvenido, entonces, a un texto híbrido, a medio camino entre la narración, el ensayo, la estampa, el texto de catálogo artístico, donde alta y baja cultura, si existen esas dos alturas, se dan la mano y «Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante» (p. 32).
Fuente: Culturamas