Mostrando entradas con la etiqueta Diario público. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario público. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de enero de 2012

Palabras con radioactividad escondidas en la red


La marea de google ha dejado en la playa, con cuatro años de retraso, esta reseña de Química de Sofía Rhei que escapó a nuestro catalejo.





La verdad es que la primera vez que me tomé un zumo de naranja en sillones de escay rojo con Sofía Rhei (Madrid, 1978), sospechaba que todos esos inventos que me iba descubriendo poco a poco –porque ella tiene un sexto sentido escénico que le impide el exhibicionismo barato– sólo podían salir de la curiosidad por apropiarse de lo más prosaico para volverlo poesía. Para hacerlo exótico. La sospecha se confirmó tras leer Química (recientemente publicado por los magos de El Gaviero Ediciones), en el que hace andar a los poemas desde la tabla periódica de los elementos. Imagínate, química y poesía. Para que lo entiendas, piensa en un Scrabble en el que se componen palabras y se acompañan de poemas, que casi son aforismos por la concreción y expresividad.

Elementos contrasistema

Sofía ha acercado tanto la poesía al ajetreo de la calle que la profundidad del arte ya no está reñida con el kitsch comercial. Y qué alivio encontrarse con actitudes como éstas, cuando hoy nos enfrentamos a la superproducción de memoria, de recuerdos, a la superproducción de lo viejo. Lo nuevo, por cierto, no significa la superación de lo viejo. Ni siquiera, una separación de lo viejo. La cualidad de lo nuevo, que es la que ostenta Rhei, supone que la regla para seguir la tradición es romper con ella. Ella lo hace con el optimismo de la voluntad, contra el pesimismo de la inteligencia. “Creo mucho en el optimismo”, dice como insinuando que no escribiría si no fuese para cambiar algo. Para el optimismo todo tiene explicación, porque con el optimismo, al parecer, se revela el genuino interés por todo.

Esto no es un juego
Química es un libro para los descubrimientos: para la química de los flujos que llevan al enamoramiento, para pellizcar en las pequeñas señales y para ver cómo la ciencia estimula la metafísica, paradójicamente. Su interés por la ciencia (Biología era una de sus asignaturas favoritas) hace creer en el lector como el responsable último de un acto de lectura creativa. Con el lector en plena encrucijada de preguntas cruzadas, en las que se cuestiona si es realmente objetivo el lenguaje científico y si la expresión poética es tan, tan privada, la poeta se presenta como alguien que muestra, no como alguien que ve. Eso quiere decir que Química evita la evidencia para no caer en desencantos, para no generar banalidades, para decirlo en breve, para no agotarse. Así que se exprime para limpiar toda la gaseosa, todo truco, todo lo que sobra. Y se escurre los adentros para hablar de amor, otra vez, y soltar un: “Crecer no basta si no es en dirección a ti”, Pim. Un “Me basta la mitad de espacio para darte el mismo tiempo”, Pam. Un “No debes preocuparte: no dejarás de existir de repente porque estaré para mirarte”, Pum.




Sofía Rhei, Química.
Prólogo: Pedro Cañas Navarro
Postfacio: Antón Faedo

Ilustración: Jacqueline Toon
ISBN: 978-84-935544-6-0
PVP: 14 €
Datos técnicos
Primera edición, 800 ejemplares, 666 numerados.
90 páginas.
19,5 x 16 cm.
Papel Cyclus de 100 gr. para el interior, y Cartoncillo Bigris de 1350 gr. para la cubierta.
Tipos Garamond.

Puedes comprar el libro  aquí 


sábado, 14 de enero de 2012

Fragmentos de cal y la necesidad de la Memoria

Voz: Ruth Becerro

Habrá que derrumbarlo todo o hacerlo saltar por los aires. Habrá que acabar con lo que no podemos y aceptar dónde nos duele. Nunca nadie dijo que reír fuera fácil, ni que para la defensa personal de los sueños bastase con un par de vinos. Nadie jamás que todo lo malo fuese para siempre. Hasta eso se viene abajo. Pero hay que acercarse mucho al dolor para combatirlo.



Barrado es poeta visual y eso lo aprovecha en este volumen para dejar las palabras en los huesos, quitándole carne de fanfarria. Y así es como evita el panfleto la poesía de la conciencia, gracias a la sugerencia.


-¿Se puede hablar de todo con la poesía?

-Yo creo que sí. Es muy real, muy crudo, muy desnudo. No tiene una vía de escape hacia otros ámbitos, hacia el modernismo, es un libro crítico, ácido. Yo pensé que nunca se iba a publicar, es demasiado desagradable, no son poemas fáciles, de amor, sino de realidad. Hablo de campos de concentración, de los enfermos de cáncer en Cádiz, de los animales que matan en África, de los vertidos de petróleo...a mí eso me llega, y me siento afectado por todo eso.




Catorce centímetros. A Juan Manuel (Poeta Visual) Barrado no le bastan los convencionales espacios sencillo o doble (o 1’5, para los indecisos) de Word. En la página-lienzo, sus versos flotan ingrávidos, alejados unos de otros, solos. Se leen a saltos de ojo y de mente. Y cada hueco vacío se llena de significado.

Fragmentos de cal es un juguete roto que sólo nuestra lectura repara. Verbalmente desarticuladas, todas las estructuras de esta poesía (la sintáctica, la tipográfica, la esperable) se quiebran en discontinuidad, en desmesurados espacios en blanco entre verso y verso, en la ridiculez de nuestro mundo bárbaro : “los que solapan en fin su alevosía / bajo esvásticas artísticas / aprenderán geografía en los bosques calcinados”. Entendidas como objetos sobre una superficie, las palabras colonizan el papel con autonomía: no se obedece a idus o calendas (“derrota en la edad media / beatitud en la zona cero / bajo las dos torres de babel / melancolía de nueva york”), se demuestra lo peligroso de las amistades semánticas (“fracasa más / fracasa mejor / en el equinocio oscuro / el urinario de duchamp es ignorado”) o se cancela, exhausta, la metáfora en que sobrevive el haiku: “maleza de casas abandonadas / bodegones de rosas / que melodiosamente se pudren”. Sólo el poema alfa (“donde hubo paraíso / mi madre come manzanas / nueces / donde quiso el destino / si eso es posible”) y el poema omega (“donde hubo paraíso / mi padre pone en marcha la dinamo / perfecciona la rueda / macha los ajos / naturalmente / en mitad del camino de la vida”) apuntalan las ruinas. Y en el medio, cincuenta demostraciones de que la escritura es geometría y la poesía, música. 


Juan Manuel Barrado, Fragmentos de cal.
Prólogo: Ricardo Senabre
ISBN: 978-84-935544-9-1
Colección: Salamandria 4
PVP: 20 €
Datos técnicos
Primera edición, 666 ejemplares numerados.
80 páginas.
17 x 27 cm.
Papel: Woodstock Arachide 110 gr.
Cubierta: cartulina Woodstock Camoscio 285 gr.
Tipos: Woodytype Ornaments, Bernhard, Galliard y Bodoni.

Puedes comprar el libro  aquí 

miércoles, 20 de abril de 2011

Entrevista de Paula Corroto a Fatena Al-Gurra

Las escritoras árabes se destapan

Las poetas Fatena al-Gurra y Maram al-Masri muestran un nuevo perfil de mujer que se enfrenta al fundamentalismo. La temática sexual y los textos reivindicativos sortean la censura gracias a internet. 

Paula Corroto, 19 de abril de 2011.

Maram al-Masri y Fatena al-Gurra, en Córdoba, durante el festival de poesía Cosmopoética. enríque gómez

Maram al-Masri y Fatena al-Gurra, en Córdoba, durante el festival de poesía Cosmopoética. Enríque Gómez

La poeta Fatena al-Gurra, nacida en Gaza hace 36 años, no utiliza velo para hacer esta entrevista. Viste vaqueros y deja suelta su melena negra, aunque a la hora de hacerse fotos no duda en colocarse el pañuelo. "Es un símbolo de respeto a mi familia", aclara. Maram al-Masri (Siria, 1962), también escritora, va más allá: maquillada, sonríe seductora a la cámara mientras juega con su largo pelo. Y en ningún momento se le ocurre cubrirse la cabeza.
Al-Gurra y Al-Masri son amigas. Como mujeres árabes, musulmanas y escritoras ambas participaron hace unos días en el Festival Cosmopoética de Córdoba, las dos tienen un pasado común: huyeron de sus respectivos países y de sus familias, muy conservadoras, sobre todo en el caso de la escritora palestina, y ahora viven en Europa. Al-Masri en París y Al-Gurra en Amberes, donde consiguió un apartamento después de pasar seis meses en un centro de refugiados, tal y como contó a este periódico en febrero de 2010. Las dos se dedicaron también a los versos como forma de supervivencia. "La poesía es el aire que me sirve para respirar", comenta Al-Gurra, que en España ya ha publicado el poemario Excepto yo (El Gaviero). "Es mi lucha contra la violencia, porque la poesía siempre es compasión. Y, si empecé a escribir, fue porque quería recobrar mi identidad. Estaba muy enfadada con la cultura de mi país", matiza Al-Masri, autora de Cereza roja sobre losas blancas (Lancelot), un poemario que lleva ya cuatro ediciones en nuestro país.Estudiantes universitarias (Al-Gurra es licenciada en Literatura árabe y Al-Masri en Literatura inglesa), ejemplifican lo que se está viviendo en estos momentos en el mundo árabe: la rebelión por parte de la mujer educada y formada con respecto a la interpretación más fundamentalista y machista de los textos religiosos, y que del mismo modo conservan ciertas tradiciones como símbolo cultural. Sus nombres se unen al de otras escritoras árabes jóvenes musulmanas y cristianas recientemente traducidas al español como Saphia Azzedine (Confesiones de Alá, en Demipage) y Joumana Haddad (Espejos de las fugaces, Vaso Roto), que con sus textos y declaraciones muestran que algo importante se está moviendo en la otra orilla del Mediterráneo en el ámbito de las mujeres.
"El velo es como cualquier otra prenda. Nadie debe decir lo que otro debe llevar. Sé que es un símbolo islámico, pero para mí tiene un significado más cultural y en público quiero llevarlo por respeto a mi madre. Delante de ti no lo uso, porque me ofreces confianza", explica Al-Gurra, que reconoce ser creyente. En el caso de Al-Masri, a pesar de profesar la religión musulmana, procede de una familia donde las mujeres nunca llevaron pañuelo, por lo que no se ve obligada a utilizarlo. Tampoco critica a aquellas que se cubren su rostro con él: "Si toman esa decisión, ¿por qué se lo tienen que prohibir?", señala.
Interpretaciones del Corán
Afortunadamente, como Al-Gurra y Al-Masri confirman, cada vez hay más mujeres en sus países que se lanzan a la escritura, que leen y que no están dispuestas a pasar por el aro que mutiló a sus madres y abuelas. Muchas ni siquiera pretenden emigrar a Europa, como les sucedió a las dos poetas, sino que desean desarrollar su talento en sus países y soltarse de las amarras. Uno de los campos en los que se están conociendo las nuevas voces es internet. La red está abriendo el camino para que las escritoras cuelguen sus poemas amorosos, incluso eróticos, y textos reivindicativos.Las dos escritoras saben también que las palabras pueden manosearse y cambiar su significado. Las lecturas de los textos siempre son múltiples. Desde sus pequeñas atalayas, luchan por mostrar la otra cara del Corán, la que no está teñida por proclamas fundamentalistas, que "son las que están atacando cada vez más a la mujer en nuestros países", señala Al-Masri. Para Al-Gurra, el gran problema del texto coránico es que ha sido interpretado por hombres, los cuales han tergiversado los significados. "Ahora mismo la interpretación del Corán está totalmente equivocada. Si lo hubieran traducido las mujeres, sería un texto diferente. Por ejemplo, en ningún momento dice que la mujer no pueda hablar con un hombre desconocido, que es algo a lo que mí me obligaron en mi adolescencia", añade.
La presencia de la temática sexual escrita por mujeres es uno de los cambios más importantes de los últimos años. Mientras por la calle las mujeres cada vez van más tapadas, el destape ha llegado a internet. "En el mundo árabe sí es un motivo transgresor, y hay muchas revistas, artículos, escritos por mujeres en la red, en los que se aborda este tema. También aparecen cada vez más mujeres desnudas en diferentes webs de revistas", cuenta Al-Masri.
Pero la red es también el sendero para sortear la censura. Es la herramienta para evitar lo que le ocurre a los textos de Al-Gurra y de Al-Masri: que no existen en sus respectivos países. En sus versos, la poeta siria aborda las relaciones entre hombres y mujeres con una gran carga de sensualidad. No omite tampoco la violencia que sufren muchas de ellas por parte de los hombres, como muestra en su último poemario Señales del cuerpo. Cada vez que un hombre me abandona me vuelvo más hermosa / más hermosa, escribe Al-Masri en uno de los poemas. "Siempre he querido expresar el deseo, la decepción, el dolor, pero también la felicidad de las mujeres", afirma. Y le ha salido caro. "A los 19 años intenté publicar mi primer libro y no pude hacerlo", confiesa.
Internet también ha sido uno de los medios que ha posibilitado las revueltas en los países árabes en los últimos meses. De nuevo, ha sido el reflejo del movimiento soterrado que hay en estos países, principalmente entre los jóvenes. Tanto Al-Masri como Al-Gurra simpatizan con lo sucedido en estos países, pero no cantan victoria. "No estoy muy segura de que las potencias occidentales les dejen conseguir sus sueños. Pueden volver a convertirse en dictaduras con otra cara", apostilla Al-Gurra. Ambas están en desacuerdo con la intervención en Libia. "No lo están haciendo por el bien de los libios. Estoy en contra del loco de Gadafi, pero ahí hay también muchos intereses", apostilla la poeta palestina.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Artículo de Guillaume Fourmont para el diario Público


Tras años de lucha, Mahmud Darwish, el gran escritor palestino, la voz de la resistencia, cuyos versos expresaban la humillación de un pueblo, dijo que debía ante todo responder a "las preguntas del poeta" e iniciar "un viaje interior". En ese momento de su vida se encuentra Fatena Al-Gurra. Tiene 35 años, nació y vivió en la Franja de Gaza, y eligió el exilio. Mejor dicho: la obligaron a exiliarse. Sus poemas, que la editorial El Gaviero reúne por primera vez en castellano en Excepto yo, hablan de algo muy peligroso: de la relación de la mujer con su cuerpo, de la libertad.

Fatena Al-Gurra se encuentra en Sint Niklaas, ciudad del norte de Bélgica. Reside en un centro de acogida para refugiados. El pasado lunes 22 de febrero de 2010, la Justicia belga la entrevistó por última vez antes de posicionarse sobre su petición de refugiada política. "La vista duró dos horas y media, estoy muy positiva", explica en una conversación telefónica. "Me tratan bien. Y es la primera vez que veo, piso y toco la nieve. Hace mucho frío, pero ¡es bellísimo! Tengo ganas de salir fuera, viajar", exclama. Nadie sabe cuánto puede durar su espera en el hogar. "Quizá en diez días sepa algo", confía.

En Gaza, Al-Gurra era una persona famosa, su rostro era conocido. Era presentadora en la televisión palestina y trabajó para medios extranjeros. Hasta que temió por su vida y decidió exiliarse primero a Egipto, en 2008, y luego a Europa, el pasado noviembre. Fatena había "despertado como mujer", según sus palabras, y animaba a sus compatriotas a hacer lo mismo.

En los poemas de Fatena, nunca aparece la palabra sexo, pero están impregnados de sexualidad. "¡Muchas mujeres árabes de 30 años no saben lo que es un orgasmo! ¡Desconocen hasta la palabra!", exclama la escritora. "Me casé y luego, ¡gracias a Dios!, me divorcié. Necesitaba ser libre, ser yo misma", continúa. Al-Gurra −quien lleva velo− no quiere, sin embargo, que se confunda Islam y tradición: "El problema no es la religión, sino la cultura de sociedades cerradas. Desde pequeña, te dicen que gozar está mal, que como mujer no puedes hacer esta cosa u otra, mientras que los hombres lo tienen todo. Las mujeres no saben qué es una relación con un hombre, la aceptan como si fuera un trabajo, pero no se les permite ser ellas mismas".

"Antes yo era una ingenua, mi propio cuerpo me daba vergüenza. Hablar de la sensualidad, de la sexualidad, es tabú. Pero el cuerpo es la clave para entender el alma. De eso tratan mis poemas: hablan de mi cuerpo como puerta para llegar hasta mi alma", explica. Como en este verso que respira sensualidad: "Llevado por tu boca que a raudales emana leche y miel, tus dedos bautizan a quien marcha a tu luz desde la oscuridad de su pecado original, permitiendo que el mar despliegue velas que tu esencia olvidó".Sus palabras asustaron a Hamás "esos talibanes" y ella se sintió amenazada. "Gaza está pasando por un momento terrible, no puedes ni vestirte como quieras. Fue muy duro irme, echo de menos a mi familia, a mis amigos, a mi tierra. Pero tenía que hacerlo, tenía miedo. Iban a matarme", asegura.

Imágenes herméticas
Sus palabras son, sin embargo, herméticas, utiliza imágenes complejas. Fatena habla de "él" y de "ella", de una "presencia que desconcierta". La poetisa no se refiere a los enemigos más evidentes: la ocupación, la guerra. Habla de todas las mujeres. "Desde el primer momento, no quiero tratar de mi caso personal, ni de Palestina. Lo importante es el ser humano y lo que busca. No quiero ser uno de esos escritores que sólo hablan de Gaza. Ya son muchos. ¿Qué se sabe de las mujeres en mi país, de sus miedos, de sus sentimientos? Escribo para despertar preguntas", explica.

En el capítulo El libro de los sabores, Al-Gurra habla de la mujer de menta, de uva, de café y de almendra. Muchas referencias a los olores, a las especias, al mar, como en la tradición literaria árabe antigua. "Al-Gurra pertenece a una generación de jóvenes que quieren contar el mundo en el que viven. Atados a su patrimonio, también son los testigos del mundo de ahora y quieren hablar de los desafíos actuales", explica el arabista Pedro Martínez Montávez.

La literatura y la poesía palestina está marcada por la noción de tierra como símbolo. Frente a la opresión y al exilio, los escritores se impusieron el deber de construir su historia, su memoria, para no desaparecer. "El creador palestino se enfrenta a dos retos: la palestinidad, definirse como pueblo perseguido en una tierra que es suya; y la personalidad, definir su propia identidad", explica Martínez Montávez.

Para el arabista, la poesía de Al-Gurra está marcada por la de Darwish, pero bebe de los versos de Adonis, poeta sirio literalmente entregado al amor: "Adonis representa la gran encrucijada de la poesía árabe. Además de la palestinidad y de la identidad, Fatena se hace ver como mujer".

Adonis es conocido entre los escritores árabes por sus juegos de palabras, sus imágenes. "Fatena hace como él, cuando usa una sintaxis ambigua. Su poesía es creativa", confirma Rosa Isabel Martínez Lillo, profesora de Filología Árabe y traductora de Excepto yo. Los arabistas aprovecharán la edición bilingüe del poemario y podrán ver ejemplos de los juegos de Al-Gurra. En árabe, el artículo definido siempre se une gráficamente a la primera palabra de una frase. A veces, la autora separa el artículo del arranque del verso con tres puntos suspensivos, "una innovación", según Martínez Lillo.

Al margen de la violencia cotidiana, de las bombas israelíes y del férreo control islámico de Gaza por Hamás, hay que vivir, hay que escribir. Al-Gurra leyó a Darwish, aunque le gusta más Isabel Allende. "Es mi escritora favorita, trata muy bien el tema de las relaciones. Todos los problemas, incluso los políticos, vienen de la relación entre hombre y mujer", dice la poetisa.

¿Pero no resulta difícil escribir sin pensar en Gaza, en la guerra, en los más de cuatro millones de refugiados palestinos? "Aspiramos a la liberación, pero hablar de ello no cambia nada. Hay que investigar sobre uno mismo. Creo que me he encontrado, aunque a veces me miro en el espejo y pienso: ¿quién soy yo?", se pregunta. Su nombre en árabe, Fatena, se emplea en algunos países como piropo para una mujer guapa. Fatena significa seducción... y lucha.


Fuente: Público