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viernes, 14 de junio de 2013

Donar sangre en cada verso


Ilustración de Ana Canteras para Cenicienta en Sangre de Begoña Callejón
Mira la sangre y bébela
Maite Dono, Circus girl

Aprendemos que la tierra oculta agua y que los animales ocultan sangre. 
Ana Tapia, El polizón desnudo

palabras invisibles que fluyen
como sangre de una herida mortal
Germán Guirado, Menos tú


De mí mana la vida
y ellos abren sus bocas para libar la sangre
pactada.
Sara R. Gallardo, Epidermia

La muerte y sus heridas que supuran,
la muerte y sus quirófanos precarios,
cuando la madrugada escupe sangre
sobre algún sequedal con girasoles.
Verónica Aranda, Postal de olvido

Un ábaco de sangre te dio la cifra exacta, el día preciso, la transparente hora. 
Antonio Lúcas, Qué la fuerza te acompañe

La sangre es la vida
Branca Novoneyra, Almanaque poético

Esta lluvia de números de códigos
que van entrelazándose que tejen
la sangre en las arterias y la savia
en el núcleo de anillos de los árboles
José Pablo Barragán, La Nave


Escribí tu sangre y tu sangre me volvió un campo de uvas el vientre.
David Meza, El sueño de Visnu

Yo no sé nada de las ratas que nadan en mi sangre
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Los dientes convocan sangre, la paralizan.
Estíbaliz Espinosa, papel a punto de

Un corazón, un solo cuerpo,

y en las venas
sangre, y más sangre
para el pájaro oblicuo
de la eternidad.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

Arden los ojos
en un poniente de ciruelas
y de sangre derramándose.
Carles Duarte, Los inmortales

Cadencia de sangre agolpada contra el espigón.
Natalia Manzano, Apnea

¿mintiendo como los colores artificiales a los insectos,
o prometiendo
con la levedad de la sangre de la amapola blanca
endulzar los tallos de los glóbulos rojos?
Sofía Rhei, Química

Si me abrigas prometo cauterizarte cuando sangres
Maite Dono, Sobras

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sábado, 13 de abril de 2013

Caricias poéticas para celebrar el Día Internacional del Beso


Javier de Juan, Tres besos

los besos son la abreviatura del amor
Pedro Casariego, Qué más da


Nadie será capaz de imaginar cuánta luz genera un beso
Incompleto
Un beso a la mitad
Húmedo y repleto de dios
Maite Dono, Circus girl


Tu beso, tú por primera vez, el beso y el temblor, el vino desembocó en la sangre, descendió por la garganta. Un paso adelante en vertical. Mi alma desnuda.
Natalia Manzano, Apnea

suplicaré en la inmensidad del beso
un rapto de sangre
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


la temprana luz del día es como la llama del gas
cuando taladra la persiana el amanecer:
azul, como un último beso ferroviario.


Él quería un beso negro,
un dulce beso negro
al final de su vida de juguete.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

Este lugar de donde huyó la escarcha ofrece besos como cicatrices que estoy obligada a aceptar. 


Un beso es la excusa del verano.
Elena Medel, Vacaciones

El beso nos une al otro durante el tiempo justo para tantear sus dones sin que nos tomen al asalto sus defectos. Es, por tanto, un engaño voluntario que nos conduce al necesario amor carnal: he ahí el porqué de un gesto tan universal y caprichoso.
Camilo de Ory, 300

Quisiera escribir un poema
corto y rotundo,
como saben tus besos.
Germán Guirado, Menos tú


Y el presente se resume en un beso.
Sara R. Gallardo, Epidermia



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domingo, 10 de febrero de 2013

2013 año de serpientes y versos. Otra antología gaviera.


Monstruo de Pelayo Romero Suárez

Pronto las flechas lloverán sobre nosotros con
un sucio silbido de serpientes malheridas.
Francisco J. Martínez Morán, Peligro de vida


Tengo las células de estambre y el abecedario se me desliza como una serpiente de tinta por las piernas.
David Meza, El sueño de Visnu

La cabeza letal de la serpiente,
la que se vuelve mano que estrangula,
sin perder la cabeza que aún es
y que canta,
        macabra, 
su veneno.
Lorenzo Oliván, La noche a tientas

Ángel había dicho las mujeres son como serpientes, cuando muerden te matan de amor.
Natalia Manzano, Apnea

De mi boca comienzan a caer serpientes
en putrefacción. No busquéis más. La locura no existe.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

y todas las serpientes saldrán de sus letargos para matarme porque con seguridad me abandonarán un día lo harán
Maite Dono, Circus girl


La serpiente empujaba
y a Eva le entró el gusanillo.
Germán Guirado, Menos tú

Cuidado pues con la mujer libre. Cuidado con el ángel tembloroso de la lujuria. Dalila, Salomé, la ruina del pueblo griego entre los labios de Helena. Cuidado con ellas pues una serpiente habita en su corazón y su mordedura es invisible y mortal.
Raúl Quinto, Idioteca

No agites las velas, que amaine el viento
para que el mar no se cubra de serpientes.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra

Monstruo de Pelayo Romero Suárez

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jueves, 3 de enero de 2013

Oscuras amapolas: breve antología de la fragilidad


Para Luna 

Sale el sol,
y se cruzan en un mar las amapolas,
se besan las alondras,
y se acarician los árboles dormidos.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


Paseo entre los vigías infantiles. Entre las oscuras amapolas. Llega un viento que
arroya mi alma, lleno de rostros inocentes. Me siento en el umbral de tus labios como
un poema pequeñísimoooooooo.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre


El catártico susurro de las amapolas
ha desatado impetuosamente
el nudo de mi corazón.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro


Sus movimientos son extraños,
pero su mente es fuerte. No puede ser cegada por amapolas modificadas.
Natalia Manzano, Apnea


Es el tiempo de la siega y las amapolas,
de los verdes que grisean,
de tardes que se alargan
por encima de las miradas.
Carles Duarte, Los inmortales


Descansemos en la pradera
de amapolas instantáneas.
Guillermo Lago, Qué es lo que es


Imagino que me sueña escribiendo, como ahora, cosas de ella y los tres dioses que se recuestan y le hacen el amor sobre un puñado de amapolas negras.
David Meza, El sueño de Visnu

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sábado, 17 de noviembre de 2012

Triste España, triste Comunidad Internacional paralizada, triste poesía

Foto: Ana Santos Payán

Querida Ana: qué tristeza hoy, qué día pálido. "Je ne sais pas" es la canción imaginaria que suena dentro de mí. A veces preferiría estar muerta, mais...
Elise Plain, Pan para la princesa

al pie de los párpados
la tristeza ha rebasado sus límites
el corazón ya no resiste
Maite Dono, Almanaque poético

Un poco de tristeza hace brillar a una menta que llora
Fatena al-Gurra, Excepto yo

Escribo en nombre de ellos, para los que el Coliseo sigue siendo una muestra de tristeza y tortura.
David Meza, El sueño de Visnu

La luz de tu suicidio. La tristeza en los ojos. Hace falta morir para dibujarte desnuda.
Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Pero nosotros no tenemos palabras para ti;
no hay nombre que valga para la tristeza de tu rostro.
Martín Espada, Soldados en el jardín

en la peluquería se desentraña el cardado de la soledad
el pasador de la tristeza sujeta
con los bigudíes del olvido
la permanente rizada del tiempo
María Eloy-García, Cuánto dura cuanto

Boca sembrada de grietas.
Cuerpo opaco de la tristeza.
Germán Guirado, Menos tú

Eeva aprendió a hablar español y Moira aprendió a dejar que su tristeza fluyera en
torrente calle abajo.
Natalia Manzano, Apnea

Pobre siglo veinte
vapuleado por nuestra tristeza.
Yo nací en él. Nací en él.
Y le he sobrevivido.

Tanto deseo en
medio de toda esta
tristeza de sal.
Sara Gallardo, Epidermia

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Otoño: la rendición de la clorofila

Foto: Ana Santos Payán
Cercano el otoño, se rindió. 
Ana Tapia, El polizón desnudo

El baile, el sollozo y el negro persistente
se rebelan en las hojas de otoño 
Fatena al-Gurra, Excepto yo

La obra que acababa de hacer no era para los hombres, era para la vida. Las ramas seguirían creciendo, las hojas naturales se caerían al llegar el otoño, pero las suyas permanecerían. Había injertado en aquel árbol la eternidad posible.
Antonio Portela, Ciudadano romano

En otoño hacíamos batallas de hojas secas hasta que mis mejillas estaban rojas.
Natalia Manzano, Apnea

Otra cena que se retrasa.
Es un imperio esta acera,
pan tierno en el bocadillo del otoño.
Alberto Santamaría, Interior metafísico con galletas

Octubre.
El primer frío.
Su memoria arde ya
en el país del-viento.
ver llegar el-otoño una mañana desde el
Café Comercial. juntar todas-las-barras de todos-los-bares del mundo
es una película francesa.
Elise Plain, Pan para la princesa

En el bosque
es otoño y las putas
son cuadros de Rafael,
negro y carmín.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro

informe:
un cielo repleto de otoño…
es como tartamudear la
soledad
Mónica Valenciano, Almanaque poético

Escombros de la paz y del otoño, última habitación de la impotencia. 
Ana Gorría, Araña

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viernes, 8 de junio de 2012

Grande y dilatado mar: verso insondable


Museo Nacional de Arqueología subacuática (Cartagena)
Lugares cuyo nombre nadie ha pronunciado en siglos. Rutas interminables trazadas sobre un mapa, los océanos cosidos con una sutura invisible, como una madeja desliada en manos de un niño.
Raúl Quinto, Idioteca


La verdad es revolucionaria y la revolución empieza en la 
pobreza el deseo no me deja hablar me gustaría poder relatar las
frases salidas de los cubos de nuestro cuerpo, los diálogos a través
del timbre de la puerta, a través del teléfono, horas, a través del
océano, de las sábanas o incluso a través de la ciudad. poder relatar
cada una de nuestras lágrimas, en el extranjero o aquí mismo, en mi
balcón.
Elise Plain, Pan para la princesa


Nos querían secos, tristes, ordenados. No les hicimos caso. Ya todos
éramos parte de un océano minúsculo imparable.
Antonio Portela, Ciudadano Romano

La muerte está vencida Pero el precio
pagado ha sido atroz porque de mí
no quedan más que datos encriptados
que impulsos que tendrán que recorrer
el círculo sin fin de los océanos
eternos de las redes informáticas
el círculo implacable que jamás
por mucho que lo implore ha de cerrarse 
José Pablo Barragán, La nave

pero es el interior, su rostro, el que se aleja
por ejemplo en el océano respecto de todo
cualesquiera los puntos referidos, lejos
piensa
así que la distancia era el modo de caber
María Salgado, Almanaque poético

El temblor de la nada
acusó el movimiento de los ríos,
y de los ríos nacieron los océanos
que reflejaron una luna inmóvil,
cegada por la luz.
Teresa Domingo, Luzbel de penumbra



¿Por qué permanecer aquí? ¿Sólo porque es el punto de partida? Y su entorno pasó de ser la quinta hora de clase a convertirse en la visión del suelo del patio del que su punto de vista se aleja rápidamente hasta ver continentes y océanos.
Natalia Manzano, Apnea


La sed de purezas aisladas

bebe, sin embargo, del océano entrópico,
y encuentra,
y construye un orden complejo y elocuente,
ascendente y expansivo, 

y le da verbo.
Sofía Rehi, Química


Ciudad de Barcelona: el buque surcaba el océano
y el océano era un campo de trigo pensando en pan.
Y los rostros en las portillas pensaban: España.
Martín Espada, Soldados en el jardín


Porque mis tierras están sumergidas. Hay en ellas un cementerio blanquecino. Sus cruces brillan al sol tímido del fondo del océano. En el cementerio desvaído pescadoras jovencísimas lloran a sus ahogados. Fui yo quien los mandó al otro barrio con un golpe de mar o de furia.
Pedro Casariego Córdoba, Qué más da


Sus últimas palabras fueron:
–Somos dos recién casados
que andan sobre el océano transparente.
Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro



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martes, 15 de mayo de 2012

Tatuajes y cicatrices de la palabra poética

Foto: Ana Santos Payán


Los tatuajes son notas a piel.

Camilo de Ory, 300

La madre
no quiere tatuajes
en la piel
de su hija.

Sara R. Gallardo, Epidermia


Hipocampo de tatuaje,
dame tú un descanso de mí,
y déjame ser vivido por la vida
como una aventura.

Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro



La primera impresión de Roma me la da un joven guardia italiano, rubio hasta en el respirar, que dejaba ver por la camisa, de manera calculada, los agresivos tatuajes que le llenaban el pecho y los antebrazos. Tenía la nuca más bella del Mediterráneo. Benvenuto
a Roma, ragazzo.

Antonio Portela, Ciudadano Romano

Alabado sea el cocinero de cabeza rapada
y un tatuaje en el hombro que decía Oye

Martín Espada, Soldados en el jardín

Ciudades que habitan tatuadores,
dibujando en su piel cúpulas malva
o plumas de avestruz. Los marineros
no llevan en el brazo
un nombre de mujer sino de calle.

Verónica Aranda, Postal de olvido

los tatuajes
florecían hasta su vientre abultado como el bulbo de una vida.

Natalia Manzano, Apnea

Sailors Grave
Pacté con mi madre un tatuaje en el cuello.
Las dos compartiríamos marca,
las dos,
el sello de la tinta que nos une.

Ahora una cicatriz
en el lugar íntimo
separa nuestras nucas para siempre.

Luna Miguel, Almanaque poético


No puedes escaparte La tendrás
anclada en tu memoria para siempre
como una cicatriz o una fractura

José Pablo Barragán, La nave


No se trata de buscar una cicatriz, sino de encontrar la señal de iniciación
del protagonista. Hay que buscar el sentido de su historia.

Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

La luz como un puente destruido
por el polvo. El tacto de tus botones,
el aroma de tu blanco cabello, esa
cicatriz en el pecho. Esta ropa por amor
y gastada por el deseo.


Una cicatriz trincha la frente de su marido
donde los médicos extrajeron el tumor, donde las células cancerosas se desparraman como un puñado de hormigas.

Martín Espada, Soldados en el jardín

Cierro los ojos en mi cama:
la almohada hecha una doblez
(tras la espalda),
los ojos cicatrizados,
cuerpo y mente al acecho de Drácula…
Y el tiempo suscitando cosas horribles sobre mis piernas.

Alejandra Vanesa, El hombre del saco

A veces, la hendidura,
la cicatriz de un cuerpo que sostiene
su propia intrascendencia.
Ana Gorría, Araña

con las manos en la barra tensa de los trenes de cercanías
con el lexatín de cada alzarse
con las marcas hechas por el ultravioleta
con las estrías que son logos corporativos
a mi cuerpo vencido por la resistencia de la desidia
a mi cuerpo le bastan solamente
los dedos levantados del orgasmo

Maite Dono, Circus girl

En todas las trincheras
hay una cicatriz abierta y desoída,
un estuche de sueños con metralla,
alguien que falta a la mesa
y que cogía el tren a menos cuarto.

Óscar Santos, Infierno sostenido



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martes, 24 de enero de 2012

El libro más allá del libro: apnea


Un libro, y esa el la magia, siempre puede mutar en las manos del lector.

Ilustración de Carmen Fernández Agudo

Dejar de respirar no siempre es fácil.



Dejas atrás todo para confundirte en el azul. Azul azul. Tu piel se desliza. El sonido de cristal de las piedras rozando en la orilla. Eres anémona mecida por las corrientes. La luz dibuja dunas variantes en la arena de fondo. Suave latido de nácar silencioso. Cuando Umbra era niña detenía la vida adentrándose en el mar. Allí donde los gritos no llegan. Eres ligera. Casi no estás.

Natalia Manzano, Apnea - Método de inmersión -, El Gaviero Ediciones


Natalia Manzano, Apnea. Método de inmersión.
Prólogo: Espido Freire
Ilustración: Patricia Martínez
ISBN: 84-934411-1-2
PVP: 12 €
Datos técnicos
Primera edición, 800 ejemplares, 666 numerados.
90 páginas.
19,5 x 16 cm.
Papel Velvet de 90 gr. para el interior, y Cartoncillo Bigris de 1350 gr. para la cubierta.
Tipos Garamond.

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jueves, 6 de mayo de 2010

El Gaviero en la Feria del Libro de Sevilla

Troquel es una colección híbrida, o mejor, una colección construida con libros híbridos en los que todos los géneros tienen cabida. Libros en los que se mezclan narrativa, monólogos teatrales, guiones cinematográficos, poesía, ensayo, idiomas, música, sms..., con total libertad y coherencia.


Los libros publicados hasta la fecha son:


- Antonio García, La eterna promesa.

Prólogo: Francisco Martínez

Ilustrado por Alejandro Ortega


- Ana Gorría, Araña

Prólogo: José Luis Gómez Toré

Ilustrado por Pepa Cobo

Partituras: Juan Gómez Espinosa


- Natalia Manzano, Apnea

Prólogo: Espido Freire

Ilustración Patricia Martínez


- Antonio Portela , Ciudadano romano

Prólogo: Juan Bonilla

Ilustración: Fran Úbeda


- Alejandra Vanessa, El hombre del saco

Prólogo: Matías Clemente

Ilustración: Aurora Rumí


- Germán Guirado, Menos tú

Prólogo: Javier Corcobado

Ilustración: María Ángeles Hernández. Maki

- Sofía Rhei, Química

Prólogo: Pedro Cañas Navarro

Postfacio: Antón Faedo

Ilustración: Jacqueline Toon


- Juan Manuel Gil, Inopia

Prólogo: Enrique Vila-Matas

Ilustración: Ramón David Morales


- Ana Tapia, El polizón desnudo

Prólogo: Ana Gorría

Ilustración: Carmen Hernández


- Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

Prólogo: Natalia Zarco

Ilustración: Ana Canteras


- Raúl Quinto, Idioteca

Prólogo: Alberto Santamaría

Ilustración: Cristina Llorente